martes, 13 de octubre de 2015

Cap.-4 Agentes de la Interpol

Cap.- 4 Agentes de la Interpol.

Un sol cegador deslumbró a todos los pasajeros al atravesar la espesa capa de nubes tras alcanzar los cuatro mil metros de altitud. El vuelo con destino a Londres de la compañía British Airways había salido puntual del Aeropuerto del Prat a las nueve y cinco de la mañana. Era la primera vez que viajaba en primera clase y también la primera vez que viajaba con él en avión. En realidad toda aquella experiencia era una novedad para ella. Habían sido seleccionados para trabajar en una misión de la Interpol en Londres por su eficacia en la resolución de casos de renombre como el de los Helldogs que supuso el cierre de siete casos de asesinato entre ellos el del capitán Oporto de la Armada Española, y tras el rápido cierre del secuestro de Joan Plà. Debían aparentar ser un joven matrimonio británico que volvía de un largo viaje de negocios en la Ciudad Condal. Sergi sería durante como mínimo dos meses Max Russell, de veintiocho años, bróker para la compañía Sheldon Brothers, con sede en el 30St Mary Axe, también conocido como The Gherkin debido a su peculiar forma. Hijo único y de padres divorciados residiendo su madre en Noruega y su padre en Peterborough con su nueva esposa de poco más de treinta años, a poco más de una hora de tren al norte de Londres. Ella hacía el papel de una administrativa de la misma oficina, aunque en otra planta, de padres británicos y ascendencia francesa por parte materna, llamada Sophie Katic aunque al ser la esposa de Max era la sra Russell. Que se habría quedado embarazada apenas cuatro meses después de casarse a los veinticuatro años. El niño, Daniel Russell tenía ahora casi tres años, lo conocerían al llegar. Daniel era el verdadero hijo de los sres Russell, muertos hacía escasos meses cuando se encontraban colaborando con la Interpol, en un accidente de tráfico. Era drástico pero se había aprovechado esta situación para enviar a los agentes en su lugar, debido también al gran parecido físico que tenían con sus verdaderos progenitores. El pequeño había sido cuidado en su ausencia por James Pullings, mejor amigo de los verdaderos Max y Sophie y agente del MI6, la única persona de su entorno que conocía sus fallecimientos y la nueva misión.
Habían estado preparándose toda esa información durante tres semanas, recibiendo hasta clases para mejorar el acento y sobre los horarios y costumbres más básicos, por lo que estaban bastante preparados. Lo que la inspectora aún desconocía era como sería convivir con él como un matrimonio. Apartó la mirada de la ventanilla y se encontró con los profundos ojos azules de Sergi, más incluso que la visión que ahora tenía del inmenso cielo azul por encima de las nubes. Él dijo algo que no comprendió bien, pensó que le hablaba en catalán, pues aún no lo dominaba del todo, pero cayó en la cuenta de que debían hablar siempre en inglés, hasta entre ellos. Debido a su cara de incomprensión él volvió a repetírselo con su perfecto acento británico.
- Qué visión tan espectacular.- dudó si la miraba a ella o al paisaje al decir esto.- No me canso de volar.
- Ni yo.- permanecieron en silencio un rato más. Sergi se aflojó el nudo de la corbata.
Llevaba un carísimo traje de raya diplomática azul marino y corbata a juego. El pelo rubio peinado hacia atrás e iba perfectamente afeitado. Llevaba las uñas muy bien cortadas, aunque esto último no era en él una novedad, y debido a su papel debía llegar gafas de pasta para el trayecto aunque no estaban realmente graduadas. Al llegar a Londres el MI6 se las cambiarían por unas con software incorporado.
Ella llevaba un traje de mujer de falda y americana negra con una camisa azul celeste, el pelo le caía en cascada por los hombros hasta el comienzo del pecho, donde empezaba el primer botón de esa camisa. Agradeció que el avión se comunicara directamente con el aeropuerto mediante tubo y no tuviera que bajar a pista por las escaleras pues ya era diciembre y en Londres hacía bastante frío. Saldrían rápido pues solo llevaban maleta de mano. En la casa en la que vivirían tenían ropa y menaje completo, como debían aislarse por completo de su verdadera identidad habían dejado en España su documentación, pistola y móvil. Los de la Interpol les habían proporcionado nuevos pasaportes y recibirían las armas a su llegada para casos de emergencia.
- ¿Estás nerviosa?- dijo cogiéndola de la mano. Sintió un escalofrío que le recorrió toda la espalda ante su electrizante contacto.- Tienes que acostumbrarte a ciertas cosas.
- Son demasiadas pero el negocio no deja de ser interesante.- aunque ella no había estado todos los veranos en Inglaterra como él si había estado de Erasmus y tres años de noviazgo con John, por lo que su acento era también bastante bueno.
- Tómatelo como un reto para fortalecer nuestras aptitudes y lo más importante, nuestra vida como pareja.- con eso se refería como compañeros de trabajo, tenían que entenderse con segundas todo el tiempo.
- Creo que podré.- sonrió. Él le devolvió otra sonrisa y le soltó la mano. Esto alivió su tensión. Se acomodó en su asiento y volvió a admirar las vistas que le ofrecía la ventanilla.
Tras unos minutos el comandante anunció que sobrevolaban Francia y que podían quitarse los cinturones.
- Podríamos revisar las condiciones del contrato ahora, Max.- dijo guiñándole un ojo. El subinspector se levantó y cogió el portátil del portaequipajes.
La pequeña zona de primera clase se encontraba junto a la cola del avión, separada por una cortina azul. En aquel momento solo estaban ellos y cinco personas más de las cuales una dormía, otra escuchaba música, otros dos trabajaban con el ordenador o la tablet (pensó que este último tal vez estuviera jugando con alguna app) y el quinto bebía champán mientras observaba el paisaje. Podían trabajar tranquilamente.
Sergi encendió el MacBook y seleccionó la carpeta “Acciones España” en la que en un documento con contraseña se encontraban datos sobre su caso y el sospechoso al que debían seguirle la pista, el empresario Richard Fox, de treinta y ocho años. Se decía que trataba con un cártel de la droga de Colombia y favorecía el tráfico de sustancias hacia Reino Unido. El objetivo de su infiltración era realizar una unión comercial con él y a partir de ahí elaborar el plan de captura. Mientras la fusión no se terminara los del MI6 tendrían tiempo de encontrar más pruebas. Pasaron el resto del vuelo repasando esta información y cuando les quedaba media hora de trayecto Sergi apagó y guardó el ordenador y pidió una copa de vino para cada uno y algo de picar.
- Propongo un brindis por nosotros. Porque todo salga bien y no haya ningún problema.- alzó su copa acerándola a la de Arantxa. Ella le respondió acercando la copa.
- Salud
Al aterrizar en el LCY la humedad de la lluvia le caló los huesos. En la sección de llegadas, donde un gran panel luminoso rezaba Arrivals: Welcome to London City , esperaba un hombre trajeado y con gorra de chófer y con un cartel en el que se leía Mr & Ms Russell.
Todo transcurrió muy rápido pues el LCY estaba en medio de la city y apenas cuarenta y cinco minutos después de aterrizar estaban frente al Gherkin, bajo el mismo paraguas negro con los abrigos puestos y sus maletines en la mano. Hacía cinco grados centígrados, que contrastaban bastante con los habituales quince de Barcelona en esas fechas próximas a la Navidad.
- Volvamos al trabajo.- dijo él agarrándola por la cintura.- No te mojes.
La condujo al interior del imponente edificio de cristal, situado a orillas del Támesis, en el lugar donde la IRA detonó el famososo Baltic Exchange y que debido a su dificultad para ser reconstruido, se decidió aprobar el proyecto de Norman Foster, una construcción dedicada al sector inmobiliario y bancario que la gente no tardó en apodar por su forma como El Pepinillo (The Gherkin). Dejó el paraguas negro en el vestidor del Hall junto con sus abrigos. Subieron luego por el ascensor hasta la planta once. Las vistas eran increíbles pero no debían parecer sorprendidos pues supuestamente trabajaban ahí. Al abrirse las puertas descubrió una gran sala repleta de pantallas y ordenadores de última generación, donde trabajaban personas muy ajetreadas. Nadie se dio cuenta de que eran unos extraños, es más, algunos incluso los saludaron levantando la barbilla ligeramente o sonriendo desde su puesto como si los conociesen de toda la vida.
- ¿Sres Russell?- dijo una mujer de rasgos japoneses- El sr Skinner les espera en su despacho. Acompáñenme.
Mr Skinner era el contacto de la Interpol y el Mi6 en la empresa. Vicepresidente de Sheldon Brothers & co. y gran amigo del presidente, Luke Sheldon. Era algo más bajo que Sergi, o Max, tenía el pelo canoso y tendría entre cuarenta y cincuenta años.
- Bievenidos sres.- dijo.- Natsuki, mi asistenta les entregará las llaves de su Audi A8 gris perla que me encomendaron antes de irse. Sobre su hijo Daniel me he permitido el lujo de recogerlo para que lo vean, estarán deseando abrazarlo. Ya que soy su padrino... Está en la sala de al lado, es un primor.- La secretaria entregó las llaves al sr Henry Skinner.
- Muchas gracias por todo. Saludos de mi padre, William Russell.
- Comuníquele mis respetos.- dijo con un leve movimiento de cabeza.- Sentaos.
Hicieron lo que les había indicado. Henry le indicó a su secretaria que trajera café y esta salió de la sala. Sergi posó sus gafas sobre la mesa.
Hablaron durante al menos una hora sobre los detalles de la misión. Esta consistiría en investigar al empresario Richard Fox y encontrar las pruebas necesarias para inculparlo. Mientras, vivirían la vida de una familia británica de clase media algo adinerada e incluso trabajarían en la oficina. Habían sido elegidos, además de por su efectividad y su claro parecido con los verdaderos Max y Sophie, por su gran nivel de adaptación y superación. Sergi sería bróker, cosa que no necesitaba mucho esfuerzo debido a que su padre real lo era y él había estudiado económicas. En cuanto a ella, sería agente de publicidad. Nunca había hecho ese trabajo, aunque le habían enseñado antes de la misión, esperaba que se le diese bien porque lo que ambos hicieran tendría consecuencias reales, no se trataba de un juego. A Sergi se le entregó un iPhone último modelo negro, como el que tenía la inspectora en España, y a ella el modelo anterior en blanco. Dentro de los dispositivos encontrarían música, iBooks, apps e incluso fotos aunque mayoritariamente capturas y trabajo. Además recibieron una placa de la Interpol y una pistola para casos de emergencia, pero que aún no les sería entregada. Así que una vez confirmado todo, finalizaron la reunión.
- Recuerden que siempre vienen en metro y que son una pareja activa, ya saben a lo que me refiero.
- ¿Activa? Ah...- dijo sonrojándose.
- Sí, con esto quiero decir que simulen la felicidad matutina, lo comenten con sus compañeros... No hace falta que hagan nada que no quieran. Pero la convivencia, la adrenalina de la investigación y el dormir en la misma cama son factores que pueden causar que surja algo entre ustedes. Sería normal y lo entenderíamos. Lo único que pedimos es que usen la protección que encontrarán en casa. No queremos embarazos indeseados.
- Yo tampoco, gracias.- respondió la inspectora. Sergi la miró y rió, poniéndose las gafas.
- Cumpliremos con nuestro trabajo, nada más. En nuestra comisaría no se nos permitiría.
- Ni aquí se permite fumar.- encendió un cigarrillo.- ¿Quieren?
- No, gracias.- dijo la inspectora.
- Yo sí con su permiso.- Sergi cogió el cigarro que le ofrecía.
Lo fumaron hablando tranquilamente y después, tras un toque en el teléfono la asistenta asiática les condujo hasta su supuesto hijo.
Estaba sentado en un enorme sillón de piel negro. Era rubio platino y tenía unos preciosos ojos entre azul y verde muy claros. Era de la altura normal para un niño de casi cuatro años y jugueteaba con un peluche de un gatito. Llevaba unas bermudas marrones, camisa blanca y jersey azul. A ambos, Sergi y Arantxa, se les dibujó una sonrisa en la cara.
- Daniel, hijo, ¿Cómo estás?- dijo Sergi, agachándose junto a él. El niño le miró a los ojos y torció levemente la cabeza.
- ¿Papá?- preguntó.
- Sí, Danny, han pasado muchos meses pero aquí estamos tu madre y yo.- dijo Coll. Arantxa se acercó y se sentó a su lado.
- Lo siento, cariño, no volveremos a dejarte tanto tiempo solo.- lo abrazó.
- ¡Mamá!- dijo el niño devolviéndole el abrazo. Ella sintió un nudo en la garganta, le mataba engañar a un niño tan pequeño. Tenía tres años y nueve meses y supuestamente ellos se habían ido hace cinco, el tiempo en el que sus verdaderos progenitores habían fallecido. Nadie excepto la Inteligencia británica, la española y la Interpol, sabían de sus muertes, ni sus familiares cercanos.
- ¿No le das un abrazo a tu padre?- dijo separándose y acariciándole el rubio cabello. Danny miró a Max y sonrió en respuesta, lanzándose a su cuello. Éste lo tomó en brazos y se puso de pie. Intercambió una sonrisa amarga con su compañera.
- ¿Vamos a casa?- preguntó el niño.
- No, cielo, tenemos que trabajar. Te prometo que esta tarde jugaremos los tres ¿vale?- dijo la inspectora acariciándole la espalada y poniéndole bien el jersey.
- Joo.- refunfuñó.-¿Papá también jugará?
- Te doy mi palabra, hijo. Pero ahora tienes que volver al cole, ¿de acuerdo?- asintió en respuesta. Sergi lo soltó, besándole en la frente. La inspectora le dio otro beso al niño intercambiaron una sonrisa.
Era encantador, hasta Sergi había sucumbido y eso que no le gustaban los críos según él. La canguro lo llevaría hasta el parvulario y ellos pasarían a recogerlo en unas horas, sobre las cuatro.

El día transcurrió con normalidad, no comieron juntos pero sus compañeros de trabajo no notaron que eran unos suplantadores, ya que incluso le preguntaron por su viaje a España.
- ¿Qué tal estos meses a solas con Max? ¿Habéis retomado la pasión de antes de Danny?- preguntó Coraline, una mujer de rasgos afroamericanos.
- Hemos trabajado mucho, apenas hemos tenido tiempo para nosotros.- contestó.
- No te hagas de rogar, no has de sentirte culpable por haber dejado al chico aquí. Lo mejor era que siguiera con su vida en Londres.- le dijo Kate, una chica rubia de ojos azules de su edad aproximadamente, dándole la mano.
- Bueno, está bien, sí hemos retomado un poco esa pasión aparcada.- enrojeció al tener que dar dicha respuesta pues se le vino una imagen de ella con Sergi.
- ¡Lo sabía! Os he visto más unidos que en los últimos meses.- “¿Más unidos? ¿Tan mal estaban Sophie y Max? ¿O tan bien estamos nosotros?” pensó.
Tras el almuerzo volvió a su puesto de trabajo de publicista. No se cruzó con él en toda la jornada. No estaba acostumbrada a no verlo. Por fin, tras enviar el último archivo a su jefe, recogió sus cosas y subió hasta la planta donde trabajaban los brokers donde reinaba el habitual griterío de una oficina de tal ende. Sergi, mejor dicho, Max, estaba en la sala del café. Se acercó al reconocerlo desde la ventanita, pero paró en seco al verlo charlar animadamente con otra mujer, pelirroja y alta, vestida con un estrecho vestido gris que le miraba no muy ortodoxamente. Sintió un pinchazo en el estómago y retrocedió sobre sus pasos. Él no era su marido en realidad, pero simulaban serlo, no podía tontear con otras. Se le vino a la cabeza la fiesta de su cumpleaños, Sergi le había prometido que solo irían los de siempre pero sin embargo había invitado a una chica alta y de larga melena rojiza, se llamaba Irene que era claramente más atractiva, o eso le parecía a ella. Este dato no le hubiera molestado tanto si no hubiera descubierto que en su cuello también tenía una marca como la de Sergi, ella era quién le había hecho el chupetón. Coll le había prometido que ni se acordaba de su nombre, y sin embargo ahí estaba, tonteando con él en su celebración de cumpleaños, cuando supuestamente iba a esperarla lo que hiciera falta.
Sergi salió de la sala sin verla y volvió al pie del cañón. Dirigió un estresante momento de compra-venta de acciones. Arantxa no entendía casi nada de lo que estaba pasando. Hubo un gran silencio seguido por un estruendo final. Todos felicitaban a Max, había conseguido grandes beneficios en solo cinco minutos. Alzó las cejas al reconocerla entre la multitud y se acercó, dándole dos besos.
- ¿Qué haces aquí?- dijo apartándole el pelo que le caía de la coleta de la cara
- He terminado y venía a ver cuanto te quedaba.- le separó la mano.- Pero ya he visto lo entretenido que estabas tomando café con la chica del vestido gris.- dijo esquiva.
- ¿Estás celosa?- rió.
- Estamos aquí para trabajar, y supuestamente eres mi marido, pero ya veo lo poco que te importa.- debía parecer una discusión de pareja pero a la vez se transmitían el mensaje.
- Por favor, no montes un numerito aquí, no intento nada con ella. Solo tengo ojos para ti y para nuestro hijo.
- ¿Has visto como te miraba? Intenta mantener la distancia, por favor.
- Nunca te engañaría, eres mi esposa.- la miró con sinceridad.- ¿Has visto mi gran éxito?
- ¡Vamos Max, bésala que se le pase el enfado? ¿Queréis una copa?
- Es Tom, ya sabes lo bromista que es.- dijo Max. Arantxa miró al susodicho, era de mediana altura, pelo corto y castaño, sus ojos eran grises muy abiertos y sonreía sirviendo champán con la corbata en la cabeza y la camisa de traje remangada y por fuera del pantalón. No pudo contener una risita.- No gracias, además, si la beso con este enfado corro el riesgo de que me pegue una bofetada- se excusó.
- ¡Venga! ¿Eres capaz de hacer una acción tan arriesgada y no tienes agallas para besar a tu esposa para celebrarlo?- notaron todas las miradas puestas en ellos.
- Hazlo Max...- le dijo la inspectora.
- ¿No te importa?- preguntó preocupado. Ella negó con la cabeza y él le dio un casto beso en los labios. Sintió cierta frustración pues esperaba otro tipo de beso.
- ¡Así no! ¿Quieres que vaya yo y demuestre lo que es un beso?-dijo Michael, al que ya había conocido en la fotocopiadora, un chaval de poco más de veinte años de melena corta rubia y piel muy morena, lo que le daba un aspecto surfero muy extraño para el lugar en el que estaba.
Se miraron a los ojos.
- Lo siento, no tenemos porque hacerlo.- le susurró Sergi con cara de preocupación. La última vez que la había besado ella le había abofeteado.
- Es un simple beso, no pasa nada.- aseguró.
- Está bien, no quería que nuestro próximo beso fuera así.- murmuró. ¿Qué significaba eso? Era un clara insinuación.
Le puso la mano izquierda en la mejilla, acariciándola ligeramente con los dedos, sin perder el contacto visual y con delicadeza la besó, cerrrando los ojos. Ella también los cerró. Se escuchó otra botella de champán abrirse. Ella posó la mano en su nuca, rozando su cabello rubio. No más de veinte segundos después Sergi se separó de ella y apoyó su frente contra la suya.
- Perdona.- dijo relamiendo los vestigios de ese beso.
- No hay nada que perdonar, eres mi esposo.- se separaron.
- ¡Así sí, campeón!- bromeó Tom.- ¿De verdad no queréis celebrarlo con champán?
- No, lo siento. Vamos a recoger al niño y a casa.- la agarró por el costado atrayéndola contra él. Hace mucho que no estamos los tres juntos. Solo me apetece disfrutar de mi familia.
- Ya, seguro que esta noche encontráis una forma de brindar por este nuevo negocio en pareja.- dijo Michael, dándole una palmadita en la espalada. Sergi intentó aparentar seriedad sin éxito.
La inspectora se dio cuenta en ese instante de lo mucho que lo deseaba, la había besado con una dulzura increíble. Pero tenía miedo de empezar una relación con él, mucho más después de la separación de María Castro y Fernando Ruíz, los dos agentes que habían perdido a un sospechoso importante al mezclar trabajo con vida privada y que habían sido investigados y posteriormente separados por una agente de asuntos internos, una tal Gloria Páez. Además, pese a todo, seguía desconfiando de él. El hecho de que siguiera siendo un picaflor tras haberle prometido esperarle le daba la sensación de que tal vez no estuviera tan interesado en ella.
El subinspector recogio sus cosas, se despidieron y bajaron hasta el parking donde esperaba el flamante Audi gris perla. Intercambiaron una mirada y corrieron hasta el asiento del conductor cuando Coll pulsó e botón de apertura, pero éste, olvidando el país en el que estaba subió al asiento del acompañante mientras ella subía sonriente al del conductor. Frunciendo el ceño puso las llaves en el contacto.
- A Oxford Street, señorita.- bromeó
Arrancó el motor, cuyo rugido se extendió por todo el parking y se incorporó al tráfico de Londres. A las cuatro y cinco llegaron hasta el parvulario, situado en una de las zonas más lujosas de la capital y bastante cerca de la casa donde pasarían por lo pronto la Navidad, pues ya era dieciséis de diciembre. Apenas quedaban unos críos. Arantxa aparcó en doble fila y Sergi trajo rápidamente a Danny, abrochándole en la silleta que estaba en el asiento trasero y metiendo su mochila en el maletero. Un coche pitó.
- Sophie, cariño, arranca.- dijo al subirse abrochándose el cinturón.
- Danny, ¿qué tal, cielo?- volvió a reincorporarse, agradeció que el GPS le guiara el camino en el navegador.
- Hoy William Carpenter ha mordido a Susan Jones.- dijo como si estuviera diciendo algo muy común, aunque claro, en el parvulario sería el pan de cada día.
- ¿William?- preguntó Sergi.
- Sí, el que tiene un chihuahua.
- Ah claro.
El niño miraba por la ventanilla tranquilamente, no había notado en ellos nada extraño, afortunadamente. A la inspectora le habían tintado el pelo de un tono más chocolate, a Sergi le habían cambiado el peinado y le habían dado esas gafas. Además, el maquillaje y la forma de vestir ayudaba. Le habían enseñado fotos de los verdaderos Max y Sophie y eran sorprendentemente parecidos. Tal vez por eso habían decidido darles ese papel en vez de crear uno de cero, eso lo haría totalmente creíble.
- ¿Podemos ver una película?- dijo cuando estaban llegando.
- Si me dices cuál es nuestra casa.- Sergi lo propuso como un juego, pero era una forma de asegurarse.
- ¡Esa!- señaló con el dedo al edificio de nueva construcción que les habían enseñado en una foto.- Y ese es el parking.
- Muy bien, campeón. ¿Qué peli quieres ver?- lo miraba por el retrovisor mientras la inspectora conducía el coche hasta el parking.
- ¡El libro de la selva!
- Os olvidáis de que hay que comprobar que llegó todo lo que mandamos por mensajeros.- dijo ella.- Una vez lo hayamos hecho podremos ver la película y si queréis pedir algo para cenar.
- Tu madre tiene razón, hay que comprobar que la asistenta lo haya colocado todo, y que haya llegado y luego lo haremos.- supuestamente la ropa que habrían utilizado había llegado por mensajeros, lo que en realidad tenían que hacer era saber donde estaba cada cosa en la nueva casa. Tendrían una asistenta que limpiaría la casa y se encargaría del niño cuando ellos no pudieran los fines de semana, ya que entre semana una niñera joven se encargaría de cualquier imprevisto. Vivían en una zona cara, tenían un loft de dos plantas y solo dos vecinos, los de arriba y los de abajo, un auténtico lujo después de seis meses conviviendo con los vecinos más ruidosos o torpes que se pudieran encontrar. Además del coche caro y el buen sueldo, estaba segura de que dentro de la casa todos los muebles y el menaje estarían a la altura. No estaba acostumbrada, sinceramente.
- ¿Tienes las llaves?- le preguntó Coll sacándola de sus pensamientos, con la mochila del niño en una mano y su maletín en otra, mientras ella llevaba de la mano al pequeño.
- Sí.- reaccionó abriendo. Danny entró corriendo, hacía demasiado tiempo que no pisaba su casa.
-¡No corras, Daniel, te puedes caer!- dijo ella, instintivamente.
- ¿El instinto maternal,eh?- bromeó.- Déjalo, los niños a esta edad no se hacen nada cuando se caen. Yo de pequeño me caí desde la parte alta de un tobogán de cuatro metros.
Desconocía si esa anécdota era suya o de su personaje. Se lo preguntaría cuando todo hubiera acabado.
- Así te has quedado.- se burló. Encendió la luz y se quedó impresionada por lo que vió.
Justo al entrar quedaba a la izquierda una cocina, separada por una barra, bastante parecida a como Sergi la tenía en su casa, al fondo un sofá gris en forma de L quedaba de espaldas, en la zona que debía ser el salón pues había varios muebles de diseño negros y blancos y varias estanterías con libros, además de una gran Smart TV de pantalla curva y otro sillón gris, junto a una mesa del mismo material de los muebles sobre la que descansaban algunas revistas. A la derecha de esta estancia, había un gran piano de cola de ébano y entre este y la zona que quedaba junto a la puerta, donde había un perchero y una mesa de comedor para ocho personas, estaban las escaleras que conducían a las estancias superiores cuyo pasillo era una pasarela que asomaba a la planta de abajo. El suelo era de madera, recién encerado y había varias alfombras en toda la casa, se asombró que no hubiera moquetas, tal vez las habría en las habitaciones.
- ¿Comprobamos eso?- le dijo, sacándola de su asombro, dejando la mochila y el maletín en el suelo junto al perchero donde colgó su abrigo. Ella asintió y le tendió también el suyo para que lo colgara.
- Subieron las escaleras y encontraron a Daniel en su habitación, quedaba a la izquierda y era bastante acogedora, la decoración era azul y blanca, también suelo de parqué, pero esta vez de color muy claro, beige. Descansaba sobre la cama, con dos muñecos abrazados.
- Papá, me he dejado el gatito en la mochila.- dijo incorporándose.- ¿Dónde está?
- Abajo en el perchero.- le dijo.- Descansa un rato si quieres, ahora te lo subo, cuando comprobemos eso.
Sergi estaba irreconocible, ¿cuándo le habían gustado los niños?
Fueron luego hasta su habitación, que quedaba en el otro extremo, separada por el cuarto de baño donde había una bañera con jacuzzi, la habitación para invitados y un despacho. Su habitación contaba con un aseo propio, con una ducha de diseño y un gran armario lleno de cosméticos y un botiquín. Los armarios eran de madera de cerezo empotrados, la misma del resto de los muebles y del suelo. Había una gran alfombra color bourdeos, a juego con la colcha. La cama era grande, supuso que de 1´50, ahí pasaría demasiadas noches con Sergi, todo un reto para ambos.
Abrió el armario por curiosidad y encontró un montón de ropa para ella, trajes para el trabajo, camisas, chaquetas... en la otra puerta corredera estaba la ropa de Max. En el comodín Sergi encontró la ropa interior, los pijamas, y una caja de preservativos.
- ¿Hace?- bromeó. Ella le dedicó una mirada fulminante. Volvió a guardarlos.
Se acercó hasta él y cogió un sujetador, era su talla, como toda la ropa del armario. Decidió ponerse algo más cómodo asi que cogió una muda interior, un pantalón vaquero que estaba más apartado del resto, supuso por que sería para estar en casa, una camiseta corta y una sudadera calentita de pelo blanca. Con eso bastaría pues había buena calefacción por toda la casa y suelos radiantes. Entró al aseo y se lo puso, le quedaba perfecto, era escalofriante que se hubieran tomado tantas molestias. Al salir vio que Sergi se había cambiado también, llevaba una camisa de franela a cuadros azul oscura y un pantalón vaquero negro. Estaba sentado en la cama, investigando su teléfono.
- Max, ¿dónde has dejado el traje?- le preguntó con la muda que se acababa de quitar en la mano.
- Dame, yo la coloco.- la dejo sobre la cama.
- Gracias, voy a cambiar de ropa a Danny, ¿le has subido su mochila?- Sergi, que estaba poniendo lo suyo que era para lavar en el cesto de la ropa sucia del cuarto de baño, asintió.
Llegó hasta la habitación donde el niño jugaba con sus coches de juguete. Sonrió al verla.
Hacía años que no le cambiaba la ropa a un bebé o un niño, pero aún así lo hizo bien. Le puso un pijama de invierno, pues ya eran cerca de las cinco, y un niño de su edad cenaba a esa hora aproximadamente y se iba a la cama a las siete.
- ¿Vamos a ver la película?- preguntó con carita de pena.
- Claro que sí. Primero, dime, ¿qué te apetece cenar?

Por fin se durmió, le costó bastante pues estaba muy ilusionado de volver a ver a sus padres. Habían sometido a Daniel a un proceso de alteración de recuerdos, mediante photoshop habían cambiado las caras de las fotos familiares, poco a poco hasta transformar totalmente a Max y Sophie en Sergi y Arantxa. Era siniestro que pudieran hacer eso con un niño, por su corta edad, no recordaría mucho de sus auténticos progenitores de por sí, pero ahora no recordaría sus caras. El MI6 sabía lo que hacía y lo hacía muy bien, todo tenía justificación si era por el bien de la misión. Respecto a los compañeros de trabajo, fue fácil. Max y Sophie apenas tenían amigos, y tras saber que colaborarían con la Interpol se habían aislado aún más. Tras varios meses sin ver a alguien y si encima ves fotos también modificadas durante su ausencia, no vas a percatarte de que estas hablando con una persona que es muy parecida. Pensaba que eso sólo era posible en las películas de James Bond.
Habían pedido comida para cenar, pues estaban cansados por el viaje, vieron la película los tres juntos y tontearon un poco luego. Sergi se comportaba como un auténtico padre. Quién lo hubiera dicho.
- Aleluya...- musitó Sergi, sentado a su lado sobre la cama del niño.- No hagas ruido, bastante ha costado que se duerma.
Ella le dio un beso al pequeño en la frente y salieron con cuidado.
- No lo recordaba tan agotador.- dijo ella, estirándose.
- Ni yo.- le respondió.- ¿Tienes sueño ya o prefieres hacer otra cosa?
- Son las ocho pasadas, no se. Por ahora voy a ponerme el pijama. ¿Te vas a duchar?
- Sí, pero si quieres ir tú primero.
- De acuerdo, voy a ducharme entonces. No hagas mucho ruido con el piano.- él la miró sorprendida, le había leído la mente.
Se dirigió al baño y se dio una relajante ducha, con cuidado de no mojarse el pelo recién peinado de peluquería. Investigó un rato el funcionamiento del hidromasaje y tras oler los diversos geles de ducha eligió el de camomila. Se dispuso a secarse tras quince minutos bajo el agua y se percató de que no había toalla, ninguna. Ni tampoco albornoz. Se acordó de que había visto un juego doblado en la estantería del otro cuarto de baño. Si salía así empaparía el suelo. Tenía que llamar a Sergi, porque además se estaba helando fuera de la ducha. Volvió a entrar y ponerse un rato bajo el chorro de agua caliente, lo cerró y lo llamó.
- ¡Max!- nada. Más fuerte.- ¡Max!.- tenía el móvil fuera, no podía marcarle por teléfono y si seguía gritando despertaría al niño.- ¡Max, ven por favor!
- ¡Voy!- le escuchó dejar de tocar el piano y subir corriendo.- ¿Estás bien?
- Tranquilo, no corras.- cerró la mámpara al oírlo ya en la habitación.- ¿Puedes darme por favor las toallas, están en el otro aseo?
- ¡Qué susto me has dado, pensé que te habías caído!- se fue y volvió al instante, tocó a la puerta del baño.- ¿Paso?
- Sí. Gracias, Déjalas en el lavabo.
Una vez se hubo ido la inspectora salió de la ducha, se secó y se vistió. Colocó la toalla pequeña en el toallero del lavabo y las dos grandes, la suya usada y la de Sergi en los que colgaban de la pared.
Bajó abajo una vez lista. La tapa del piano estaba abierta pero el subinspector estaba sirviéndose una bebida del mueble bar, que estaba junto a la mesa del comedor.
- He encontrado la llave de nuestro cuartillo del garaje. Estaba aquí.
- Ah, ¿qué bebes?- estaba en el descansillo de las escaleras, observándolo.
- Whisky, ¿quieres?- esperaba una negativa pero ella asintió.
Se sentaron en la barra de la cocina, uno al lado del otro.
- Gracias por subirme las toallas y siento haberte asustado.- brindaron la copa.
- No importa.- sonrió.- Me termino la bebida y subo a ducharme y ya si quieres nos acostamos. Se te ve cansada.
- Lo estoy.- afirmó, le dio un trago a la bebida.
- Ahí tienes el piano mientras, o si quieres ir subiendo...
- Me quedaré tocando pianísimo.- cogió su vaso una vez hubo terminado y se bajó del taburete, dirigiéndose al interior de la cocina, hasta el fregadero.- Ve a ducharte.

Estaba concentrada en sus pensamientos, tocando la canción de forma casi automática, podía tocarla con los ojos cerrados. Era la primera Navidad que iba a pasar fuera de casa por completo, lo más seguro es que no pisara España hasta por lo menos bien entrado enero, y Almería sería seguramente más tiempo. Recordó la carta que le escribió a sus padres antes de marchar, pues sabía que si les llamaba tendría que dar demasiadas explicaciones, deseó que hubiera llegado a su destino.

Barcelona, 14/12/15
Queridos mamá y papá:
Sé que Navidad es una fecha significativa para los reencuentros familiares, los regalos y las sorpresas, y espero que este año que acaba traiga también otra Navidad plagada de buenos recuerdos y momentos memorables. Aunque, sintiéndolo mucho, no podré acompañaros en esta señalada fecha. Sé que hace meses que no nos vemos, pero por motivos laborales habré de ausentarme una temporada, por el momento indefinida. No me llaméis, no puedo daros más explicaciones, ni vengáis a verme, pues seguramente no me hallaréis. Para cualquier urgencia contactad con mi comisario, don Rafael Castillo (adjunto teléfono de contacto). NO intentéis localizarme, ni le digáis a nadie nada de esto. Si preguntan porque no he ido, no me han concedido el permiso. Os quiere y os desea una feliz Navidad:
Vuestra hija Arantxa.
Era algo seca, pero concisa. Debían captar el mensaje de la confidencialidad.
- ¿Por qué siempre tocas canciones tan emotivas? ¿Nuvole Bianche, verdad?- había notado su presencia en la barandilla de la planta superior hacía rato.
- ¿Y por qué no, Max?- le sonrió, terminando la canción y cerrando la tapa del piano.
- ¿Subes?
- Ve abriendo la cama, voy a asomarme un momento para ver al niño.
- Cuidado.- advirtió. No debía encariñarse demasiado.-...no se vaya a despertar.
Ella le hizo un gesto con la cabeza y se dirigió a la habitación de Daniel. Afortunadamente dormía profundamente, así que una vez más tranquila de no haberle despertado con el piano o cuando llamó a Sergi para que le trajera las toallas, se encaminó a la habitación.
Lo encontró sentado sobre la cama, limpiando las gafas. Las dejó sobre la mesita y se acarició la marca que le habían dejado en la nariz.
Recordó las dos noches que había pasado con él, eran una práctica para las tantas que le quedaban. Si no estuviera tan cansada y si él no le hubiera demostrado en la segunda noche que su comportamiento la primera había sido un error, hubiera puesto una almohada como frontera entre los dos. En su lugar, se tumbó en su lado, lo sabía por su mesita de noche, pero además era el mismo que había escogido las dos veces que habían compartido lecho. La cama era muy cómoda, las sábanas eran de algodón pero había una buena manta térmica y la colcha era aterciopelada.
- ¿Has cerrado con llave?- le preguntó cuando él también se metió en la cama, apagando su lamparilla.
- Sí, tranquila.- dijo tapándose y situándose de lado, de espaldas a ella.
- No me des la espalda, parece que estés enfadado.- repitió las mismas palabras que él le había dicho la primera noche, aunque en inglés, claro. Notó como sonreía, se dio la vuelta, situándose de lado, mirándola a los ojos.
- ¿Mejor así?
- Mejor, buenas noches Max.- le dio un beso en la frente.- Descansa.
- Buenas noches, Sophie.- le cogió la mano derecha y se la llevó a los labios. Apenas tardaron en dormirse, había sido un día largo y les esperaba otra jornada aún más agotadora.

El olor del café procedente de la cocina la despertó, le pesaban los ojos y no tenía ni idea de la hora que era. Estiró los brazos y obviamente encontró la cama vacía. La luz del sol iluminaba parte de la habitación, y aunque a ella no le daban los rayos directamente, tenía los ojos cerrados. Tanteó en su mesita hasta encontrar su móvil. Eran las seis y media de la mañana. Escuchó ruido de vajilla y sartenes, ¿qué estaría haciendo? Se preguntó cómo estaba tan activo tan temprano y a duras penas salió de la cama. Hacía frío, bastante. ¿No habría encendido aún la calefacción? Se puso una bata abrigada y bajó. Lo encontró cocinando, estaba preparando un típico desayuno inglés: café, zumo, huevos revueltos, salchichas... Si ya de por si le costaba comer algo que no fuera una galleta en el desayuno no quería imaginar como haría para comerse eso.
- Buenas bella durmiente.- dijo sin darse la vuelta al oírla junto a la puerta de la cocina.- ¿Puedes despertar al niño mientras termino con esto?
- Buenos días.- se estiró, bostezando.- ahora voy, amo de casa.- se burló.
Sergi acababa de terminar de preparar el desayuno y ponerlo sobre la mesa cuando Arantxa bajó con el niño, aún adormilado. Se sentó en el sofá, con cara de sueño y puso los dibujos animados.
- Ey, vamos a desayunar, luego ves la tele si quieres.
- ¿Por qué hay tanto?- dijo yendo hacia la mesa.- Hoy no es vuestro aniversario.
- Porque hoy es nuestro primer desayuno juntos en mucho tiempo.- se quitó el delantal gris y lo colgó de un armario de la cocina.- Sentaos.
Hicieron caso y se sentaron a la mesa. Sergi presidía, a su derecha estaba ella, y a su izquierda el pequeño. Le sirvió el café primero y después a él mismo. Danny tenía un tazón de leche con cereales y un vaso de zumo, Sergi se sirvió lo que acababa de cocinar y le pasó el plato, no le apetecía en exceso pero debían seguir a rajatabla el papel. El MI6 debía haber hecho un cuestionario completo a Max y Sophie, ya que les habían informado sobre los gustos personales de cada uno, las costumbres, la posición a la mesa, la relación en pareja, la frecuencia con la que tenían relaciones sexuales, amigos, manías, perfume favorito, estilo de vestimenta, música, libros, cine... toda lo que pudiera considerarse intimidad lo sabía el MI6, y ahora lo sabían ellos. Aunque no era de extrañar pues el CNI les había sometido prácticamente al mismo procedimiento. Se preguntó si tal vez si morían harían lo mismo que con Max y Sophie. Seguramente no. La ventaja con estos últimos es que pocas personas sabían algo de ellos y menos aún tenían una relación frecuente.
- ¿Me pasas una servilleta o vas a seguir inmersa en tus pensamientos?- le dijo Coll, devolviéndola a la realidad.
- Por supuesto que no.- contestó, guiñándole el ojo al pequeño que sonreía divertido, apurando el último trago de leche.
- Entonces tendré que privarte de lo que más quieres.- dijo, incorporándose.
- ¿De qué?
- ¡De esto!- cogió al niño en brazos, echándoselo sobre el hombro mientras éste chillaba y reía al mismo tiempo. Ella se puso de pie, siguiéndole el juego.
- ¿Ah, sí?- dijo quedando al otro lado del sofá, tras el que estaba él.- Hagamos un pacto. Yo recojo el desayuno y tú me devuelves a mi niño.
- Mmm... Está bien, toma.- hizo como si se lo fuera a lanzar, haciéndole chillar de nuevo. Tenía fuerza para cogerlo como si fuera un trapo, aunque claro, que tonta, seguro que también podría tomarla sin problema, con esa musculatura...
- ¡Mamá!- el niño reía a carcajadas.
- Está bien.- se agachó y lo soltó. Este corrió divertido hacia su madre que le abrazó. Sergi o Max, ya no sabía que nombre asociar con él pues realmente estaban actuando como otra persona, la miró de forma felina.
- ¡Corre, Danny!- el pequeño huyó hacia su habitación. Ella también se alejó pues leyó su mirada aunque él fue más rápido y la cogió de la misma manera en que lo había hecho con el niño despejando sus dudas anteriores. Luchó por zafarse, divertida. Sergi la soltó el el sofá en forma de L, echándose sobre ella aún riendo ambos a carcajadas. Estaban demasiado cerca, él la apresaba contra el sillón y mantenían el contacto visual. La risa cesó convirtiéndose en tensión, sus labios por poco no podían rozarse, sus respiraciones se entrelazaban, un cabello de Sergi caía, ondulado, sobre su frente. Luchó consigo misma para reaccionar.
- Será mejor que recojamos y vayamos a vestirnos, no querrás llegar tarde.- consiguió decir.
- Tienes razón.- él se incorporó tirando de ella.
La presión que ejercía sobre su ser era demasiado alta, algo que nunca le había pasado. Había bastante tensión entre ellos, que no pensaba resolver. Sergi la confundía demasiado y sabía que si superaba las noches que les esperaba juntos sin caer en sus redes, estaría aún más confusa. Él decía buscar algo serio pero luego se acostaba con la primera que se encontraba. Aunque de verdad lo quisiera su relación estaba destinada al fracaso, acabarían mezclando vida personal y laboral, era lo más seguro, además siendo ellos mismos la convivencia sería difícil. Él era protector en exceso con ella, que era demasiado espíritu libre. Ella tenía su propio orden y él era un maniático. Podría estar media vida enumerando mentalmente diferencias que complicaban una posible relación, debía entender que hay cosas en la vida que simplemente no pueden ser.
Recogieron rápida y eficientemente todo el desayuno y se vistieron. Le pusieron el uniforme del parvulario al niño, Sergi se puso un precioso y también carísimo traje Hugo Boss gris espacial con corbata a juego y una camisa de la misma firma blanca con finas líneas azules que dibujaban cuadritos. Ella escogió un traje de mujer con pantalón y chaqueta de raya diplomática y camisa blanca y unos tacones del mismo color que la tela. Se pusieron los chaquetones y cogieron sus pertenencias y se encaminaron al trabajo. Dejaron a Danny en el parvulario a un par de manzanas y tomaron el metro en Oxford Circus hasta Liverpool Street y desde ahí, anduvieron menos de cinco minutos y llegaron hasta el imponente edificio de cristal.
Durante las primeras horas de la mañana trabajaron por separado, en sus respectivos departamentos. Sobre las doce, a la hora del almuerzo, comenzó a llover, aunque no duró mucho, lo suficiente como para que la humedad calara sus huesos y la hiciera estornudar un par de veces. A las una, la llamaron de subdirección, allí la esperaba su compañero y el sr Skinner, conversando animadamente sobre... ¿rugby? Escuchó algo de un partido benéfico de los South Sidney Rabbitooths contra los Swinton Lions.
- Buenos días, Sophie, siéntate.- indicó Henry.
- Buenos días, Mr. Skinner, Max.- hizo un gesto con la cabeza y se sentó en el cómodo sofá de piel junto a su supuesto esposo, frente al subdirector.
- Tengo buenas noticias, ya hemos conseguido una cita con el sr Fox, gerente de Fox & Clapton's Import Enterprises. Os reuniréis con él como asesores míos mañana a las cuatro, en su oficina. Aquí os dejo la dirección.- le tendió un papel a ella.- Hoy iréis a cenar con vuestro amigo James Pullings para agradecerle haber cuidado al chico en vuestra ausencia y que os de los datos de la misión.
- Entendido.
- Max sabe la dirección.- añadió, con un movimiento de muñeca.- No vayáis en metro como siempre porque seguramente os retrasaréis más tarde de las doce.
- Claro, señor.- sonrió el subinspector.
- Si no tenéis ninguna duda, podéis volver a vuestro puesto, gracias.
Ambos abandonaron el despacho sin mediar palabra, a la inspectora le había surgido una duda así que paró a Sergi cuando ya se disponía a subir hasta su planta.
- ¿Dónde es la cena?- le preguntó.
- En su casa de Notting Hill.
- ¿Danny viene o se queda con la canguro? Es para avisarla.
- Va a ser una conversación de mayores y vamos a estar hasta altas horas.
- Ya, pero él también tiene un niño, Patrick, que es la de la edad del nuestro y con el que se lleva muy bien. Podrán entretenerse juntos.
- Está bien... De todas formas es más correcto que vayamos con él. Llama a la canguro y que lo recoja y lo bañe para que cuando lleguemos solo tengamos que arreglarnos y salir.- ella asintió.
Se despidieron y volvieron a su puesto, no sin antes realizar ella la llamada. Llegarían a casa sobre las cuatro, se arreglarían para estar allí a las cinco. Habían quedado realmente para tomar el té a las cinco y cuarto y luego cenar sobre las siete, pero como mandaba la costumbre estarían un cuarto de hora antes y llevarían un obsequio, en este caso una botella de vino.
Su trabajo en el departamento de publicidad le gustaba y se podría decir que se le daba bien. Era algo que le resultaba relativamente sencillo y que le gustaba hacer..
En cuanto a su compañero estaba segura de que disfrutaba como un niño, era una de sus pasiones, la economía, lo había respirado desde su nacimiento, su padre trabajaba como bróker para una prestigiosa compañía y le había enseñado todo lo que sabía, aunque debido a que apenas estaba en casa decidió no seguir su camino.
Finalizó exactamente a las cuatro y cuando fue a buscarlo se lo encontró saliendo del ascensor, por poco no se chocaron de bruces.
- ¿Vamos?- le dijo él.
- Todo listo.- contestó entrando con él al ascensor.
Bajaron hasta el hall, donde habían olvidado el paraguas el día anterior, pues habían cogido solo las chaquetas emocionados por conducir el coche. Empezaba a llover de nuevo, pero ahora arreciaba con más fuerza. Sergi la apretó contra sí por el costado par que no se mojara pues solo llevaban un paraguas negro. Avanzaron así en un silencio sólo interrumpido por el ruido del agua al golpear los edificios y el del tráfico de la capital. La soltó al llegar dentro de la boca de metro.
- ¿Tienes unas libras sueltas?- le preguntó. El alzó la ceja,
- ¿Y tu bono?- ella bajó la mirada.- No me lo digas, te lo has olvidado.
- En la oficina.- musitó.
- Da igual, pasa con el mío, así estaremos en paz por aquella vez.
- Gracias.- pasó algo avergonzada. Sergi le puso la mano en la espalda y aceleró el paso, el tren había llegado. Acabaron corriendo entrando justo a tiempo pues la puerta se cerró nada más entrar él. El coche estaba abarrotado por lo que tuvieron que ir de pie. Sergi se agarró de una anilla con la mano que le quedaba libre pues en la otra llevaba su maletín.
- Deberías hacer lo mismo tu también, recuerda esta mañana el golpe que se ha dado esa señora.- advirtió. A primera hora una señora de mediana edad que no había encontrado asiento se había caído al frenar bruscamente. Afortunadamente no le paso nada, Sergi y ella le ayudaron a levantarse, nadie más en el vagón lo hizo.
El tren se puso en marcha sin darle tiempo a sujetarse haciéndola perder el equilibrio, hacia atrás. Por suerte Sergi tuvo fuerza y reflejos para cogerla desde la espalda cuando caía, atrapándola contra su pecho para amortiguar el golpe.
- ¿Otra vez la misma situación?- dijo recordando la primera vez que se conocieron.
- Gracias por salvarme la vida de nuevo.- bromeó.
- Un placer.
No la soltó en todo el trayecto, la abrazaba con fuerza contra sí desde su espalda. La verdad es que lo agradecía pues tenía bastante frío y él era como una estufa. Sergi miraba distraído a los demás pasajeros, ofreciéndole un cómodo silencio. Para ellos dos había necesidad de romper el hielo, pues se encontraban más bien como flotando en un mar calmado de sus propios pensamientos. Era algo que sólo ellos dos entendían y que se basaba en la gran confianza que se tenían.
El aviso de la estación Oxford Circus la hizo reaccionar. Al subir a la superficie ya no llovía pero las calles estaban aún mojadas. Los adornos navideños empezaban a aparecer en los escaparates: muñecos de nieve, ángeles, Santa Claus, estrellas, árboles de navidad...
Para cuando llegaron a su casa eran las cuatro y media, debían darse prisa.
Pidieron a la canguro que se encargara de vestir al niño mientras ellos se duchaban. Eligió un vestido azul turquesa que le llegaba hasta un poco por debajo de la rodilla, en el pelo, un mechón de ambos lados era recogido atrás, cayendo el resto del cabello en cascada, era sencillo y rápido de hacer. Eligió unos tacones negros, a juego con el bolso y el cinturón del vestido Se maquilló y perfumó ligeramente, pues no tenían demasiado tiempo. Él eligió una americana gris de pata de gallo y un pantalón de la misma tela, la camisa era blanca de Lacoste. Los zapatos eran de diseño de los años cincuenta y sumado a que no llevaba corbata le daba un aspecto más informal.
Estaban listos a las menos cuarto, pagaron a la canguro un extra por su servicio y junto al niño bajaron hasta el coche.

- ¿Puedo ir a jugar con Paddy?- preguntó Daniel, aburrido, tirándole del vestido. Estaba muy mono con el jersey verde y las bermudas marrones Tommy Hilfiger.- Por favor, mamá...
- Si la sra y el sr Pullings te dejan por mí sí pero pregúntale a tu padre.- le susurró.
El niño se dirigió a su padre en la silla de al lado que charlaba animadamente con Pullings, un hombre alto, de intensos ojos azules y pelo rojizo, que llevaba una americana azul marino y una camisa celeste de la misma marca que el chino color beige.
- Espera, Danny, no interrumpas.- le dijo, ignorando su pregunta.
- Déjalo.- le dijo Élise Pullings, de larga melena pelirroja e intensos ojos grises, era de ascendencia francesa.- Si para él es como una segunda casa.
El niño buscó su aprobación e hizo un gesto con a cabeza. En seguida salió corriendo detrás de Patrick, escaleras arriba. Tendría un año más que él. Era pelirrojo como sus progenitores, también de ojos claros y llevaba unas gafas negras que le quedaban algo grandes.
- Gracias de nuevo por cuidarlo, estoy seguro que la verdadera Sophie le estaría agradecida.
- No hay de qué.- sonrió..- Parece que no se ha percatado, el plan ha sido todo un éxito, felicidades.
Ella no estaba tan feliz respecto a eso, no le gustaba tener que engañarlo tan vilmente. ¿Qué pasaría cuando ellos terminaran y volvieran a la normalidad? ¿Le contarían algún día la verdad sobre sus padres? ¿Y ellos, podría de verdad olvidar todo lo ocurrido y seguir con sus vidas como si nada? Seguramente no. Todo aquel caso rozaba la esquizofrenia. Necesitaría un psicólogo.
- Bien, ahora que estamos más tranquilos.- dijo James levantándose a retirar la cena.- Podremos hablar de lo verdaderamente importante. Pasad al salón.
Se acomodaron mientras los Pullings retiraban los platos de la mesa, con rapidez, dejándolos en la cocina.
Era un cómodo y acogedor salón, con una gran alfombra sobre el suelo de madera de arce, los sofás se disponían en forma de U en torno a una chimenea de piedra en la que rugía el fuego. Sobre el borde de ella había varios marcos con fotos familiares.
- Sois francamente muy parecidos, tengo que admitirlo.- admitió el padre de familia.- Tranquilos, no nos escuchan. Las paredes están aisladas.- añadió para tranquilizarles.
- Dinos, James, cuáles son las instrucciones para la reunión de mañana.- Sergi estaba sentado al lado de Arantxa, con el brazo estirado hacia ella sobre el respaldo del sofá biplaza.
- El plan es que consigáis convencerlo para establecer relación comercial, gánense su confianza y no parezcan curiosos ni preguntéis nada fuera de lo estrictamente necesario. Cualquier pequeño indicio le puede servir para romper el contrato.
- Entendido.- asintió la inspectora entrelazando los dedos.
- Por el momento centraos en ello, convencedle como empresa en primer lugar, si ve que no tiene nada de lo que desconfiar, podremos elaborar nuestro plan. En cualquier momento acabará bajando la guardia en exceso y entonces le atraparemos. ¿Alguna duda?
Se miraron encogiéndose de hombros.
- Ninguna, es fácil y lógico. Lo haremos lo mejor que podamos.
- No os confiéis, es la parte más delicada y de la que depende la misión. Lo demás será coser y cantar.- ambos asintieron.- Entonces no hay nada más que decir. ¿Una copa?
Danny dormía con la cabeza apoyada en las piernas de Sergi, que le acariciaba el cabello con la mano derecha. Dijera lo que dijera sería un buen padre. Eran algo más de las doce y al día siguiente tenían que madrugar por lo que decidieron despedirse ya. La velada se había prolongado bastante, aunque había sido bastante amena. Coll envolvió en su abrigo al pequeño, que dormía profundamente y lo llevó hasta el coche, atándolo en su silleta, volvió para despedirse y darle las gracias por todo. James les pidió que el llamaran en cuanto finalizasen la reunión.
Al llegar a casa Coll llevó al pequeño a la cama y le puso el pijama mientras ella se quitaba el vestido y se desmaquillaba. Cuando estaba terminando de quitarse el maquillaje notó la presencia de su compañero y levantó la mirada, encontrándose sus ojos en el espejo.
- Duerme profundamente.- se quitó la camisa quedándose en camiseta interior.- Mañana va a estar bastante cansado.
- Podríamos decirle a la canguro que lo lleve más tarde.- dijo ella quitándose los pendientes.
- No hay que mal acostumbrarle, tiene el fin de semana para dormir lo que quiera- se desabrochó el cinturón del pantalón y se lo sacó, enrollándolo alrededor de su mano. ¿Iba a seguir quitándose ropa?
- Bueno, lo que veas. Voy acostándome mientras te cambias.- dijo saliendo del baño. Él asintió.
Se tumbó en la cómoda cama tapándose con las mantas. Volvía a hacer frío en la casa, le diría al subinspector que revisara la caldera o lo que fuera que hubiese. Sergi apenas tardó en salir con el pijama puesto.
- Buenas noches.-bostezó al echarse sobre la cama.- ¿Apago?
- Sí.- estaba echa un ovillo entre tantas mantas. Él la miró divertido.
- ¿Tienes frío?- ella lo miró como diciendo “¿Tú que crees?”. Sergi la abrazó en posición cucharita, cosa que no esperaba para nada. Entre la vergüenza de la situación y el calor que la cercanía que su cuerpo le otorgaba, el frío empezó a desaparecer al instante.- ¿Mejor así?- solo pudo asentir con la cabeza.- Buenas noches.
Estiró la mano a la mesita y apagó. Tiró un poco de la manta hacia él y siguió abrazándola, ella podía notar su respiración acompasada contra su cuello. Estuvo algo tensa durante un buen rato, ¿cómo podía dormir él así? Finalmente desistió y acomodó sus glúteos contra su acogedora pelvis. No era lo más ortodoxo pero al fin y al cabo él era el que la había abrazado y dormía profundamente. Pesó en que tan solo se estaba metiendo en el papel de esposa. ¿Qué había de malo en ello, no?

Sergi se acercó a ella y la zarandeó levemente. Olía a espuma de afeitar y a gel de ducha.
- Son las siete, te he dejado dormir algo más.- le susurró. Danny tiene algo de fiebre por lo que hoy se queda en casa. Anna, la canguro, le llevará a la consulta de su padre, que es pediatra.
Ella reaccionó abriendo los ojos.
- ¿Tiene mucha? Me quedo si hace falta, iré para la reunión.
- No, tú y yo vamos a trabajar. Lo primero es lo primero, estará bien. Sólo tiene décimas.
Ella se incorporó.
- Es mi culpa, debería haberse quedado aquí, yo insistí para que viniera. Tal vez me haya llamado por la noche y estuviera tan dormida que ni me enterase. No volveré a tomar alcohol cuando tenga niños a mi cargo.
- No te culpes, le hubiera pasado mañana o la semana que viene. Es el tiempo de los catarros.- cogió un aparato blanco de la cómoda, parecido a un walkie-talkie.- Y no llamó por la noche. Lo hubiéramos escuchado.
Ella se levantó de la cama, estirándose, había una buena temperatura y el suelo radiante estaba encendido. Le pasó la mano por la espalda en señal de saludo y se dirigió a la habitación del niño.
Le tomó la temperatura, el termómetro marcaba 99ºF que debían de ser unos 37ºC. Si a la noche seguía con fiebre se quedaría con él.
- Perdona por no poder cuidarte, pero tenemos una reunión importante. Intentaré volver cuanto antes.- le susurró, para no despertarlo, dándole un beso en la frente. El niño siguió durmiendo.
Bajó luego a la cocina donde Sergi preparaba café.
- ¿Quieres?- ofreció.
- Sí. Me duele la cabeza después de lo de ayer.- dijo con una mueca.- Sólo tomaré unas pastas con él.
- Yo voy a preparar algo de zumo y cogeré uno de esos pequeños croissants.- señaló una bolsa de papel con mini-croissants.- Los he comprado en la panadería de la esquina. ¿Quieres?
- Mejor que las pastas creo que tomaré uno, sí.- se sentó en la barra de la cocina, pasándose las manos por el cabello.- Tengo que pasar por la peluquería...-musitó.
Sergi se sentó al lado de ella, tendiéndole una taza de café.
- ¿Preparada?
- Sí, no es nada diferente a lo que no hayamos hecho otras veces.- dijo dándole un sorbo al humeante café sólo.- Delicioso, gracias.
- A las tres y media sube a buscarme y bajaremos hasta el coche. La oficina del sr Fox está en London Bridge.- ella asintió quitándole una pata al croissant que él había cogido para él.- ¡Ey!
Ella le sonrió y apuró el café.
- Voy a vestirme. ¿Me friegas la taza, por favor?- puso su mejor cara.
- Qué remedio.- suspiró, fingiendo conformidad. Pudo notar que aguantaba una sonrisa.
Los cristales de los amplios ventanales estaban repletos de gotas de lluvia que dibujaban un paisaje a puntillismo si mirabas a través de ellos. Sacó una camisa rosa pastel que se puso sobre la camiseta térmica interior y eligió un traje de falda y americana gris claro. Cuando salió del cuarto de baño encontró a Sergi en calzoncillos y camiseta interior de tirantas, en cada mano tenía un traje, y en la cama había una camisa blanca básica. Cruzaron la mirada.
- ¡Perdón!- exclamó dándose la vuelta.
- No pasa nada.- no se molestó en ocultarse.- ¿El azul o el marrón?
Ella se acercó hasta él y miró ambos trajes. El primero era de un tono azul marino muy bonito con botones del mismo color y el segundo era marrón liso con botones negros. Personalmente le gustaba más el primero.
- ¿Qué corbata tienes?- él tiró de un apartado dentro de la puerta abierta del armario del cuál salieron una veintena de corbatas colgadas. Ella escogió una corbata que combinaba dos tonos azul marino bastante similares en varias franjas anchas diagonales y tras ponerla junto a la camisa al lado del traje y asentir convencida se la dio.- El azul.
- Gracias.- sonrió guardando el otro traje en el armario y poniéndose la camisa.
- Que tú me dejes verte en ropa interior no significa que el sentimiento sea mutuo.- susurró, pasando por su lado. Él dio una carcajada.
- Vaya con mi esposa...- le provocó un escalofrío, pues sabía que había una segunda intención oculta en esa aparentemente simple expresión.
Abandonó la habitación y se asomó a comprobar que el pequeño seguía durmiendo antes de bajar hasta la entrada. Sergi apenas tardó en bajar hasta donde estaba ella.

Esperaba, como él le había indicado junto al ascensor de su planta, con los brazos cruzados y la mirada perdida, pues estaba sumida en sus pensamientos. No tardó mucho en llegar, sonriente, frotándose las manos. Le dio dos besos, efusivo.
- ¿Qué pasa?- dijo sorprendida.
- Un buen negocio, un suculento negocio.- mostraba su sonrisa de anuncio dental de oreja a oreja.- Vamos al lío.
Una vez en el coche, Sergi seguía sonriendo. Le picaba la curiosidad saber de que se trataba ese “suculento negocio” como él había dicho.
- ¿En que consiste eso que te tiene tan contento?
- Se trata de los bonos del lunes. Me han dado un soplo. Podemos ganar mucho dinero si jugamos bien.
- No te equivoques, Max. La empresa puede ganar mucho dinero.- dijo
- Ya, tienes razón, no ganaré el dinero directamente, pero sabes que nos vendría muy bien.
- Claro, supongo que el dinero nunca viene mal...- suspiró.- Por cierto, ¿sabes algo del niño? ¿Has llamado a la niñera para saber que le ha dicho el médico?
Sergi bajó la mirada. No se había acordado.
- ¡Cómo no! Tan pendiente de tu trabajo que no te molestas en saber como esta tu propio hijo.- dijo eso pues había más gente en el ascensor, aunque estaba realmente molesta.- Pero tranquilo, vas a hacerte rico con ese negocio. Eso es lo que verdaderamente te importa, ¿verdad?- añadió esquiva, separándose de su brazo que le rodeaba la espalda y saliendo del ascensor que paró en el parking.
- Lo siento, estaba bastante ocupado. Le dije a Anna que me llamara si era algo más grave que un resfriado, y no lo ha hecho.
- Ya...- abrió el coche.
- Sophie, por el amor de dios.- dijo cogiéndola del brazo.- Sabes que lo único que me importa en esta vida es nuestro hijo y tú.- la miraba a los ojos, parecía tan sincero. Ella se separó de forma algo brusca.- Por favor, perdóname.
- Llegaremos tarde, subamos al coche.
Apenas cruzaron palabra hasta llegar a su destino. La sede de Fox &Clapton's Importer Holdings se encontraba en un imponente rascacielos de cristal, recién inaugurado junto al también recientemente terminado Shard London Bridge. Al otro lado del Támesis respecto al Gherkin. Junto a la entrada al parking del edificio un guarda les paró. Sergi paró el coche y abrió la ventanilla.
- Tenemos una entrevista con el sr Fox a las cuatro. Soy Max Russell, representante financiero de Sheldon Brothers.- puso su mejor sonrisa y le enseño una tarjeta de visitante, lo que bastó para convencerle. La barrera se abrió.
El subinspector aparcó en la zona para invitados que le indicó uno de los trabajadores del parking. Le dio las gracias con un gesto y le abrió la puerta a su compañera.
- Gracias.- dijo aceptando la mano que el le ofrecía. Él sabía que seguía molesta por la discusión de antes e intentaba tratarla lo mejor que sabía. La inspectora sonrió internamente.
Subieron en el ascensor hasta el hall y se acercaron a recepción. Una mujer joven y rubia de intensos ojos claros atendía tras el mostrador y les indicó muy amablemente que subieran hasta la última planta donde su compañera Charlotte, les guiaría hasta Mr Fox. Les dieron las gracias e hicieron lo que les había indicado. Charlotte era también una chica joven que hubiera dicho que era su gemela, pues también era rubia y de ojos claros, la plaquita de metal con su apellido le indicó que no lo eran. ¿Quién era Richard Fox? ¿François Brunelle?
- El señor les espera.- dijo abriendo la gran puerta de madera del despacho.
El objetivo se encontraba de espaldas a ellos, mirando a través de los amplios ventanales, se podría decir que toda la pared era una ventana. Llevaba un traje marrón chocolate y tenia el pelo corto y oscuro. La habitación era amplia y de toque vanguardista. La inspectora le dio un codazo a su compañero para señalarle un Van Gogh que había colgado a la derecha de la entrada, era auténtico.
- Siéntense.- ordenó sin darse la vuelta. Obedecieron sin rechistar.- Vienen ustedes representando a ese viejo lobo, Luke Sheldon, ¿no es así?
- En efecto, señor. Ella es Sophie Katic, se encarga del marketing y la publicidad. Yo soy el asesor financiero, Max Russell.- en los negocios la verdadera Sophie había mantenido su apellido de soltera.
- Richard Fox, accionista mayor de esta empresa.- se dio la vuelta por fin, mostrando su rostro. No tenía ninguna arruga para tener treinta y ocho años, ni signos de expresión ni patas de gallo. Se notaba que tenía un cuerpo tonificado pues llevaba un traje ajustado. Se cuidaba bien.- Y bien, ¿qué tienen que ofrecerme que me pueda interesar?
- Sabemos que su empresa es una de las mayores importadoras de café de Colombia de todo el Reino Unido, por eso,debido al gran peso que ejerce Fox & Clapton´s sobre el mercado queríamos proponerle un trato comercial.-comenzó Sergi
- ¿Qué tiene que ver una empresa que invierte en bolsa con el mercado de café?
- Su empresa, sr Fox, es lo suficientemente importante para cotizar en bolsa. Nosotros le proponemos llevar eso adelante.
- Ambas partes saldremos ganando, ya que con ello inversores extranjeros podrán aumentar los beneficios de su empresa y tal vez pueda abrirse así a otros mercados internacionales a parte del británico.- continuó ella.- Esto aumentará las ventas de sus productos, no solo el café, sino también el resto de bienes que importa.
- Más empresas querrán comercializar sus productos, su fama crecerá como la espuma.
- Entiendo, todo así dicho pinta muy bien pero si no me aportan datos más constatables poco podremos hacer.- se sentó en su sillón de piel frente a ellos.
Sergi sacó de su maletín una carpeta y se la entregó, dentro había varios papeles llenos de gráficas y números.
- Esta empresa colaboró con nosotros aceptando el mismo trato que le ofrecemos a usted. Empezó como una simple importadora de especias que vendía a pequeñas empresas. Una de sus compradoras creció tomando gran importancia haciendo que la demanda de la importadora aumentara. Decidimos que era hora de que entrara a bolsa y así lo hizo. Hoy en día es la mayor importadora de especias en Europa. ¿Le suenan marcas como Just&Cook, Old Spice...?
- Además, ya no solo se dedica exclusivamente a la importación de comestibles, se ha abierto a mercados como el textil.- añadió la inspectora.- La publicidad tuvo también bastante que ver. Bueno, el mero hecho de cotizar en bolsa ya es una gran publicidad.
- Interesante... ¿Qué ganan ustedes con todo esto?
- Si su empresa va bien, nuestras acciones también.- sonrió Coll.
Richard Fox se levantó, aún echándole un vistazo a los papeles.
- Sr Russell, necesito que usted y su equipo se reúnan con mi plantilla de contabilidad. Hagan un balance con lo que supondría para mi empresa. Su oferta es buena pero lo que más me atrae es saber que así los inspectores de hacienda dejarán de molestar. Se preguntan como puedo ganar tanto dinero sin cotizar en bolsa.
- ¿Qué día, señor?- preguntó.
- Nos pondremos en contacto con usted. Respecto al tema del marketing y la publicidad se encarga las empresas a las que suministramos nuestros productos pero ya va siendo hora de crecer un poco más por nuestra cuenta. Si finalmente acepto lo hablaremos usted y yo.- le dedicó una mirada escalofriante. Sergi no dijo nada aunque también había captado a lo que se refería con la reunión a solas.- Si me disculpan, tengo una reunión importante. Pasen una buena tarde.
Se pusieron en pie, Sergi estrechó la mano de Richard Fox, luego Arantxa. Notó como la acarició con suavidad con el pulgar mientras se la estrechaba, sin apartar la mirada.
Abandonaron la sala tras despedirse y la doble de la recepcionista les acompañó hasta el ascensor.
Sergi no dijo nada sobre las claras intenciones de Richard, algo extraño pues era muy protector e incluso posesivo con ella. Parecía serio, incluso enfadado. Ella tampoco dijo nada al respecto hasta que decidió romper el silencio, que dada la situación empezaba a ser incómodo, cuando Sergi paró el coche en un semáforo.
- Lo siento.- titubeó.
- No tienes la culpa. No has hecho nada.- contestó.- Cuando lleguemos a casa informaré a Skinner y Pullings sobre el resultado de nuestra reunión, y también sobre el notable interés que tiene hacia tu persona.
- ¿Por qué?
- Para protegerte y porque tal vez sea una ventaja a la hora de sacarle información. Si usas tus armas de mujer aprovechando la circunstancia puede que nos sea de ayuda.
- No pienso hacer eso. No voy a acostarme con él para obtener información.- le miró alarmada.
- Sabías a lo que te exponías al aceptar la misión. El MI6 no se anda con rodeos ni excepciones.- hablaba de forma tajante, casi robótica. Arrancó al ponerse en verde.
- Hay otras formas, pensaba que querías protegerme, no dejar que me viole para salvar la misión.- le miró fijamente. Él también parecía dolido.- Pero si hay que llegar al extremo de “usar mis armas de mujer” intentaré no llegar tan lejos.- apartó la mirada y la dirigió hacia la ventanilla. No quería discutir otra vez con él.
Al llegar a casa, la niñera esperaba en la entrada, ya lista para irse. Les contó que la fiebre había bajado y que ahora dormía en su cama. Le acababa de dar un vaso de leche caliente con miel. Era un mero catarro invernal. Sergi le pagó el dinero de la consulta y las medicinas y se fue.
- Yo me quedo con el niño. Tienes cita en la peluquería de enfrente en....-miró su reloj Lotus.- cinco minutos.- Me han hecho el favor de darte la última cita.
- Espera, ¿qué?
- Dijiste que necesitaba ir a la peluquería, así que te pedí cita. Me quedo con Danny en disculpa por no haber llamado a Anna para preguntarle.- ella no sabía que decir.- Vamos, vete o llegarás tarde.
Le abrió la puerta y medio le empujo hasta el ascensor.
- Gracias.- titubeó finalmente.

Volvió a casa algo más despejada después de la peluquería. Solo había lavado y peinado, por lo que fue rápido. Cuando abrió la puerta de casa encontró al pequeño sentado en la banqueta frente a la barra de la cocina, coloreando, y a Sergi empezando a preparar la cena. Se había cambiado de ropa y ahora llevaba puesto un vaquero azul y un polo.
Le dio un beso al niño y le puso la mano en la frente, estaba mucho mejor que por la mañana.
- ¿Qué dibujas?- susurró aprovechando que Sergi estaba de espaldas y no la había escuchado entrar, pues había puesto la radio bastante alta.
- Un árbol de Navidad.- contestó concentrado en su dibujo.- Es para papá.
- Muy bonito, cielo.- sonrió. Colgó el bolso y la chaqueta en la percha, evitando hacer ruido y se acercó hasta el subinspector.- Entran a robar y no te enteras, Freddie Mercury.- le dijo al oído haciéndole sobresaltarse. Sonaba la canción Crazy Little Thing Called Love.
- Díselo a tu hijo que es el que le ha dado tanto volumen.- Daniel sonrió.- Cámbiate que cenamos en quince minutos.
- ¿Es comida mexicana?- dijo al ver el pollo y el pimiento troceado.- ¿Puedo ayudarte?
- Sí y no.
- Mañana cocino yo entonces.- le tendió la mano. Sergi la estrechó con fuerza.
- Trato.
Subió a cambiarse de ropa y para cuando bajó ya casi había terminado de emplatar. Puso el mantel y los cubiertos con la ayuda del niño y en cinco minutos ya estaban sentados a la mesa.
La cena estaba francamente deliciosa, el pequeño comió con ganas e incluso repitió, a él le había hecho una quesadilla que era más suave.
- ¿Cómo se llama eso?- señaló al plato de los fríjoles.
- Los mexicanos les llaman fríjoles.- puso su mejor acento mexicano, haciéndole reír. El pequeño intentó imitarle.- Son como unas judías, ¿ves?- cogió una y se la puso en el plato.- Pruébala.
El niño buscó el consentimiento de Sophie con la mirada y la probó no muy convencido. Tras saborearla le cambió la cara.
- ¡Está rico!- exclamó.
- Claro que lo está.- contestó divertido Coll.- Venga, es hora de tomarse las medicinas.- se dispuso a levantarse pero ella le paró, cogiéndole de la mano.
- Ya me encargo yo de eso y de recoger. Sentaos a ver la tele un rato.
- Ni hablar.- dijo poniéndose en pie.- Entre los dos recogemos en un momento.
Sergi, tan tozudo como siempre, se salió con la suya y la ayudó a recoger la mesa. Como la mayoría de platos y cubiertos iban al lavavajillas no tardaron apenas. Pensó en que una vida así no estaba del todo mal. Tenían un hijo estupendo, una casa de ensueño y un trabajo muy bien pagado, por no hablar del coche y de la ropa. Se preguntó que les llevaría a poner su maravillosa vida en peligro y por qué, si no eran ni militares ni policías, fueron elegidos para colaborar con el MI6 y la Interpol. Tal vez se lo dijeran al finalizar la misión.
Sobre el caso de Fox & Clapton's Sergi le contó que Pullings le había ordenado seguir con el negocio adelante y que hiciera oídos sordos ante las claras insinuaciones que seguramente seguiría haciéndole a ella, como él había predicho la inspectora tendría que aprovechar la situación para acercarse al magnate y conseguir sacarle la mayor información posible. Richard Fox era famoso por organizar importantes fiestas privadas el segundo fin de semana de cada mes, así que si para entonces ella conseguía ser invitada podría acercarse a él y por consiguiente al capataz de las plantaciones de Colombia, donde además de cultivar café se plantaba cocaína. El empresario aprovechaba esta fiesta para reunirse con ellos según la inteligencia británica.
Por ahora sólo les quedaba esperar la llamada, una vez fueran citados por él ella debía mostrarse más cercana y receptiva con él y más alejada de su compañero. El sr Fox debía desconocer que Max y Sophie eran un matrimonio. Nunca había hecho nada igual y tenía miedo, sabía que su compañero también lo tenía y que desde que descubrió las intenciones de Fox se estaba conteniendo de no pegarle un puñetazo. Pero si todo salía bien tal vez estarían en casa más pronto de lo que pensaban y podrían seguir con su vida.

Despertó algo contracturada, sin tener ni idea de la hora que era. Aún era de noche por la ausencia de luz. Se había dormido junto a la cama del pequeño, decidió quedarse ahí por si le subía la fiebre durante la noche. Dormía profundamente y tras ponerle el termómetro comprobó aliviada que su temperatura era perfecta. Se incorporó sin hacer ruido y se dirigió hasta su habitación. Sergi dormía semidestapado, boca arriba. Sólo le había visto dormir una vez, la noche después del caso Marañón. Era guapo hasta durmiendo, las facciones de su rostro ,ahora relajadas, eran perfectas. Decidió bajar a la cocina a tomarse un vaso de agua, pues tenía la boca seca. En la puerta del frigorífico encontró sujeto por dos imanes el dibujo navideño que Danny le había dedicado a Sergi, en él estaban representados ellos tres junto a un gran árbol de navidad y muchos regalos. Sonrió. Se sirvió un vaso de agua natural y se lo bebió casi de un trago, tal vez la comida mexicana tuviera algo que ver.
- ¿Despierta a estas horas?- dijo una voz masculina sobresaltándola cuando la cogió por la cintura.
- Max, ¡qué susto!- se volvió hacia él con la mano derecha en el corazón.- ¿Te he despertado?
Sergi negó con la cabeza mientras se servía un vaso de agua.
- La cena, me ha dado sed.
- La comida española es mejor en ese aspecto.- contestó sonriendo. Sergi asintió mientras soltaba el vaso en la encimera y tragaba el agua que había tomado de un trago
- Te debo una disculpa.- dijo luego, apoyándose en la barra, frente a ella. Levantó la mano levemente, para indicarle que le dejase terminar.- Me he portado como un gilipollas, lo siento.
- No es verdad.- ella se puso a su lado.- Estabas trabajando, y si Anna no te llamó es porque no tenía nada grave.
- Ni me acordé de él y mira lo primero que ha hecho en cuanto ha estado mejor.- alzó el brazo, señalando el dibujo del frigorífico.- Además, no es solo eso. Siento que tengas que pasar por esto, lo de Richard Fox.
- No tienes la culpa, sé que tienes tanto o más miedo que yo, pero tranquilo, sabré cuidarme.- acarició su cabello rubio y luego posó su mano en su hombro.
- Como se atreva a ponerte un dedo encima preferirá estar en la cárcel antes que a mi alcance.- dijo con una mirada algo siniestra, oscura, mientras posó su mano sobre la de ella, que aún descansaba sobre su hombro.
- No te preocupes, no hará falta llegar tan lejos.
- Eso espero.- se llevó su mano a los labios y los besó, mientras la miraba a los ojos.
- Max...
- Lo entendí, tranquila. No besos robados, no insinuaciones, no hasta que estés preparada.- susurró.- Pero eres mi mujer, Sophie.
- Vamos a dormir, Max. Es tarde. - se separó con cuidado de él.
- Cierto.- le puso una mano en la espalda, guiándola en la semipenumbra en la que estaba sumida la casa, hasta llegar a la habitación.
Se tumbaron y se taparon, quedando ambos boca arriba, en silencio, pero con los ojos abiertos como platos. No tenían sueño.
Se escuchó un ruido, constante, parecido al goteo de un grifo.
- ¿Lo escuchas?- preguntó Coll.- ¿Es el grifo de la ducha?
- No creo, antes no se escuchaba.
El intervalo entre chasquido y chasquido disminuyó y aumentó el volumen del sonido. Se escuchaba en el techo. ¿Ratones? Algo improbable ¿Tuberías? Tal vez pero a esas horas... Un gemido inconfundible de mujer les hizo darse cuenta de que era lo que estaban escuchando. Ella enrojeció y Sergi dio una carcajada.
- ¿Un cigarro a su salud?- bromeó, cambiando la postura. Otro gemido, ésta vez de hombre y finalmente otro de mujer. Era la situación más incómoda en la que jamás había estado con nadie.
- Esa mujer tiene que ser como mínimo tenista, o eso o él es el marqués de Sade.- dijo sorprendida aún por el último grito que había dado la vecina de arriba, provocando que su compañero diera otra carcajada.
- Si nosotros les escuchamos significa que ellos también lo hacen. Tal vez deberíamos fingirlo alguna vez.- supuso que bromeaba
- Ni de coña, tal vez Max y Sophie fueran algo más... delicados, cautelosos. Ten en cuenta que tienen a Danny.
- Tiene tres años, no se enteraría de todas formas.
- Esperemos que no.- se posicionó boca abajo, imitando la postura de su compañero.- Buenas noches.
- Descansa, buenas noches.

Sergi la encontró, junto al niño. Estaban jugando con piezas de construcción.
- ¿Por qué me habéis dejado dormir tanto?- dijo junto al pie de la escalera, en pijama.
- ¿Tanto? Son las nueve de la mañana. - dijo ella.
- ¿A qué jugáis?- preguntó, el niño se lanzó a sus brazos al verlo.
- Al bridge, ¿ a ti que te parece?- dijo levantándose y tocándole el brazo en signo de afecto cuando pasaba hacia la cocina.- Voy a prepararte algo para desayunar. Quédate ahí.
- Los hombres no juegan al bridge. El blackjack o el poker son más recomendables.- contestó dejando al niño sobre la alfombra donde estaba jugando y sentándose en donde hacía escasos segundos estaba sentada ella.
- Danny Ocean, ¿quieres té o café?
- ¿Queda English Breakfast? Entonces ponme una taza por favor. - dijo ayudando al niño a completar una torre de piezas.
Arantxa preparó té para él y un vaso de leche al que le añadió un sobre de capuccino para ella. El niño había desayunado ya pero ella había preferido esperar a su compañero. Colocó las bandeja en la mesita del salón y se sentó en el sillón, junto a ellos.
- Papá.- dijo el niño, concentrado en encajar dos piezas antes de que se derrumbara estrepitosamente toda la torre.
- Dime.- dijo aún con algunas piezas en brazos y manos en consecuencia por haber intentado evitar el desastre. Mientras la inspectora reía a carcajadas.
- ¿Vamos a tener un hermanito?- Arantxa que acababa de darle un sorbo a la bebida por poco se atragantó.
- ¿Qué te hace pensar eso?- consiguió decir Coll. Enseguida se acordó de los ruidosos vecinos, pero cómo podía un niño tan pequeño saber eso. Tal vez Sophie y Max se lo hubieran explicado si el niño les había pillado alguna vez in fraganti
- Eran los ruidos de tener hermanitos.- dijo tranquilamente. Estaba claro que no era consciente de la magnitud de lo que estaba diciendo. Ambos notaban como le ardían las mejillas.
- Pregúntale a los vecinos, tal vez ellos si quieran tener hijos. No éramos nosotros.- le contestó. Arantxa no había pronunciado palabra al respecto, prefería mantenerse como mera espectadora.
- ¿Y no vamos a tener un hermanito?- preguntó, torciendo levemente la cabeza como un Yorkshire.- Mis amigos tienen hermanitos y hermanitas.
- No todavía.- dijo ella.- Creo que los tres estamos bastante a gusto así, ¿no crees?
- Absolutamente.- contestó Sergi tras darle un sorbo a su humeante té.- Delicioso, por cierto. Voy un momento al garaje. Hoy tenemos el día libre para hacer lo que queramos en familia, id pensando que os apetece.
- No tardes o se te enfriará el té.
- En eso consiste.- sonrió.- No tardaré.
Mientras Sergi volvía reconstruyeron la fortaleza caída, pero con mayor estabilidad arquitectónica, nada de de piezas triangulares de base. El subinspector volvió con una funda de guitarra acústica y alzó las cejas ante su expresión sorprendida.
- La tenías abandonada en el sótano junto a la Indian, creí que era hora de retomarla, como la moto.- abrió la funda y sacó una preciosa guitarra acústica Gibson, la afinó y se la dio.- Mientras termino el té deléitanos.
No se le ocurría que tocar, pero entonces se le vino a la mente una canción que realmente describía su situación respecto a Sergi.
- Voy a tocar Please Don´t Say You Love Me.- dijo poniéndole la cejilla en el cuarto traste. Tomó aire y comenzó a tocar y cantar.
Sergi no había apartado la mirada de ella en lo que llevaba de canción, lo había notado aunque no se había atrevido a establecer contacto visual con él. Finalmente se armó de valor.

Please don't say you love me
'cause I might no say it back
Doesn't mean my heart stop skipping
When you look at me like that

There's no need to worry when
you see just where we're at
Just please don't say you love me
'cause I might no say it back

Sergi sonrió, mordiéndose el labio. Ella continuó sin apartar la mirada.

Fools rush in
And I've been fooled before
This time I'm gonna slow it down
Cause I think this could be more
The thing I'm looking for

Y volvió al estribillo, ahora de forma más suave. Terminó la canción sin volver a mirarle, tal vez no debería habérselo dicho con una canción. El niño aplaudía sonriente y Sergi también lo hacía, con esa mirada suya que decía todo sin decir nada.
- Bonita letra.- le dijo.
- Admite diversas interpretaciones.- contestó levantándose a retirar ambas tazas.
Sergi la siguió hasta la cocina. Hizo una mueca, pues no tenía escapatoria, debería haber tocado otra canción, tal vez instrumental, pues Sergi le hubiera sacado significado hasta a Boum! de Charles Trenet.
- He pensado que podríamos quedarnos en casa poniendo algunos adornos navideños, el niño tiene ganas de decorar la casa.- cambió el tema para que no le preguntara por qué le había cantado esa canción.
- Si queréis podemos salir a comprar algunos, apenas hay nada en las cajas de abajo. Ahora subiré el árbol para ver que necesitamos.- se remangó las mangas de la camisa y se acercó más hasta ella.- De modo, que eso es lo que piensas.
- Ha sido un error, tómalo como una simple canción. No debíamos mezclar esto con España.- dijo alejándose un poco de él.
- Sí, supongo que no es el momento ni el lugar. Esperaré, ya te lo dije.-“Sobre tu forma de esperar tenemos que hablar” pensó ella.- Aunque eso no significa que yo no te pueda contestar en forma de canción.- sonrió, misterioso.
Pasaron las siguientes dos horas intentando decorar la casa y el árbol de dos metros con lo que tenían. Obviamente faltaban adornos para darle a la casa un toque navideño, así que tras tomar el lunch fueron hasta Piccadilly a comprar diversas cintas, bolas, angelitos, muñecos de nieve... Lo pasaron bien.
Casi al final de la tarde, cuando iban a volver a casa encontraron una pisa de patinaje sobre hielo, en el centro comercial.
- ¿Entramos?- propuso él.
- Olvidas que no sé patinar.- recordó la primera y última vez que lo intentó y cómo al golpearse contra el duro hielo se hizo una dolorosa luxación en la muñeca.- Definitivamente, no.
- Venga, no te hagas de rogar. Danny también quiere.- el niño asintió.
- Es muy pequeño.- señaló al cartel que rezaba +4 years old.- Además, está resfriado
- Apenas le quedan tres meses, ¿qué más da? Yo a su edad ya patinaba sobre hielo.- tiró de ella.- Míralo, está perfectamente, además de que lo has super-abrigado.
- Está bien...- puso los ojos en blanco y cedió a su suplica.
Llegaron hasta la entrada de la pista, era grande, al menos mediría cuarenta metros de largo y veinte de ancho. Había gente de todas las edades, desde niños de la edad de Daniel hasta una pareja de sesenta y tantos años, que patinaban de la mano.
- ¿Vamos?- le dijo, junto a la puertecita de metal que daba acceso al pequeño espacio de alquiler de patines y a la vez, lugar para dejar las pertenencias.
- Me quedo aquí fuera mientras le enseñas.- Sergi frunció el ceño.- Así practicas para enseñarme a mí.
Coll accedió, alquiló dos pares de patines y se los puso primero al niño y luego a él. Con cuidado, sin soltarle las manos lo introdujo en la pista. Debido al ruido no podía oír lo que le decía, pero supuso que eran instrucciones de qué debía hacer.
Lo salvó varias veces de caerse al suelo mientras, cogiéndole de frente de las manos él patinaba hacia atrás, despacio, y el pequeño hacia delante. Había aprendido a defenderse con cierta facilidad y rapidez. Le indicó que se agarrara de la valla un momento y que intentara luego imitar lo que él hacía. Avanzó unos diez metros y giró hasta volver hacia él. Arantxa se preguntó cuando había aprendido a patinar tan bien. Tras unos cuantos intentos y resbalones que salvó gracias bien a la valla o bien a la rapidez de su instructor, consiguió familiarizarse del todo con los patines.
El pequeño le dedicó una mirada victoriosa. Uno de los encargados se acercó hasta ellos, pensó que tal vez se hubiera dado cuenta de que aún no había cumplido los cuatro, pero no. Era para decirle a Max que iba a empezar una pequeña clase de iniciación para niños, que si quería dejar a su hijo participar. Éste asintió y le dejó llevarse al pequeño junto a un grupo de críos de entre cuatro y ocho años. Tras esto, se acercó hasta la valla donde estaba apoyada ella desde fuera.
- Tu turno, vamos.
- ¿No estás cansado después de media hora intensa de clase como para ahora enseñarme a mi? Te advierto que con veintiséis no se aprende tan fácilmente como con tres.- intentó librarse sin éxito.
Su compañero alquiló otros patines para ella y le ayudó a ponérselos.
- Vale, ahora con cuidado, entramos a la pista.- la sujetó con fuerza de los brazos.- Así, perfecto.
Se resbaló dando un chillido, pero él la agarró con fuerza.
- Tranquila, tienes que andar pero deslizar la pierna hacia fuera con cada paso.- estaba empeñado en enseñarle. Intentó lo que le dijo, lentamente y consiguió avanzar unos metros.- Muy bien, Sophie.
Estuvieron así un rato, hasta que consiguió hacer cinco metros seguidos sin resbalarse. Sergi la soltó de un brazo para poder ponerse a su costado en vez de enfrente de ella.
- ¡Max, que me caigo!- exclamó.
- No te caes, recuerda que puedo contigo.- la agarró por la cintura y la sujetó de una mano con la otra.- Tienes que dejarte llevar, relájate.
Sergi aumentó la velocidad, guiándola. Ella apenas tenía que mover las piernas como le había enseñado, pues él era quien se encargaba del equilibrio de ambos. De repente dio un giro imprevisto, haciéndola gritar de nuevo mientras él se reía.
- No vayas tan rápido, por favor.
- Eso dicen todas.- bromeó. Ella le fulminó con la mirada.- Era broma.
Un niño pasó rápidamente en su dirección, obligándoles a separarse bruscamente. Sergi pudo mantener el equilibrio, pero ella no, cayendo de culo. Él se acercó rápidamente y la ayudó a levantarse.
- Estoy bien, gracias.- dijo cuando se incorporó, mientras él sacudía el hielo de sus piernas, espalda y glúteos. Nunca le haría entender que hay ciertos límites, como tocarle el trasero a una dama, aunque sea para sacudirle el hielo. No le dio importancia pues lo hizo con buena intención.- Te dije que el hielo y yo no éramos buenos amigos.
Coll insistió en seguir enseñándole, pero entonces, el llanto de un niño llamó su atención. El pequeño Daniel estaba en el hielo, tirado. Se acercaron lo más rápido que pudieron. Tenía un chichón en la frente y algo de sangre. Al parecer, el mismo niño que le había hecho caerse a ella había empujado a Danny, haciendo que se golpeara duramente contra el hielo. Sergi, claramente enfadado localizó al padre del crío, que ni se había molestado en regañarle. Era un señor con cierto sobrepeso, pelo rapado al cero y una gorra de béisbol de los New York Yanquees, un americano.
- Perdone señor, no se si se ha percatado de que su hijo ha empujado a drede al mío haciéndole una herida en la frente.- el hombre, algo más alto y claramente más corpulento que Sergi, y no precisamente de musculatura, le miró de arriba abajo, observando su caro jersey rojo Lacoste y sus pantalones Burberry.- Así que le pido que por favor lo tenga vigilado.
- ¿Que lo tenga vigilado? ¿Cree que mi hijo es un animal?- dijo hinchándose como un pez globo.
- No he dicho para nada que le haya salido al padre, sólo que también ha tirado a mi esposa.
- ¿Qué ha dicho? Mi hijo no tiene la culpa de que su familia sean más frágiles que unas figuritas de cristal, tory conservador.
- No quiera que le catalogue yo también por su vestimenta. No se cual es el nivel de educación que tiene usted, pero está en Reino Unido y lo mínimo sería zanjar este tema con una disculpa, Max Russell.- le tendió la mano, y en lugar de recibir un estrechón de manos recibió un puñetazo en la ceja, no cayó al suelo, pero retrocedió unos centímetros. Ahora tenía una herida como la de su hijo. Los de seguridad se llevaron al americano, y dado que opuso resistencia recibió una descarga eléctrica.
- Muy bien, par de dos. Creo que la clase de patinaje ya ha terminado por hoy.- dijo la inspectora, quitándole los patines al niño cuando Sergi llegó hasta donde estaban ambos.

Tras la experiencia del día anterior habían decidido quedarse en casa terminando de colocar todos los adornos navideños, lo que les había llevado casi toda la mañana.
Era gracioso ver a Sergi y a Danny, ambos con una tirita en el mismo lugar de su frente y más lo era a la hora de curar las heridas. Ambos ponían la misma cara mezcla de dolor, enfado con el mundo y
frustración cuando les pasaba el algodón con Betadine o el Thrombocid.
A la noche, Sergi recibió una llamada de la empresa Fox & Clapton's. Querían un balance de lo que supodría su oferta antes de las vacaciones navideñas, por lo que Sergi y su equipo tendrían una larga reunión el Lunes a las una de la tarde. En cuanto a ella, el señor Fox la esperaba a las cuatro y cuarto en su despacho. Sintió un escalofrío cuando le llamó en persona y no por medio de sus asistentas como con su compañero. Esto había dejado algo mosca a Sergi, pero sabía que contendría sus impulsos de pegarle, pues ya había tenido demasiada dosis de violencia por todo el mes.

Sergi intercambió una mirada con ella cuando se cruzaron en el Hall. Eran las cuatro y acababa de terminar su agotadora reunión. Llevaba la chaqueta del traje marrón desabrochada y la corbata aflojada, el pelo ligeramente despeinado y las gafas en el bolsillo de la chaqueta. Querría haberse acercado y darle dos besos y un abrazo en señal de apoyo, pero lo más prudente era no hacerlo. Volvería a casa y se encargaría del niño. Después esperaría a la llamada de su compañera mientras revisaba las grabaciones que había realizado con sus nuevas gafas inteligentes. Por la mañana un señor se había tropezado con él tirándoselas al suelo, se las había cogido y le había dado un apretón de manos en disculpa para luego seguir con su camino. Descubrió una nota en la mano del MI6 y que las gafas tenían un software incorporado. Por lo demás las gafas eran exactamente iguales.
Sophie fue llamada a las cuatro y veinte. El señor Fox, la hizo pasar. Se había quitado la chaqueta y la corbata y se estaba remangando las mangas de la camisa.
- Siento el retraso, tras la reunión de su compañero he tenido que revisar los datos. Siéntese.- le señaló un chesterfield de piel que había junto a lo que descubrió era un mueble-bar- ¿Quiere una copa?
- No gracias, creía que había venido a hablar del tema publicitario.
- Así era, pero mi encargada en publicidad se ha tenido que ausentar con urgencia, pero ya que estaba usted aquí...- se sentó junto a ella tras servirse una copa de Cointreau.
- Entonces supongo que tendré que venir otro día, no es molestia.- hizo ademán de recoger sus papeles pero Richard Fox le agarró por la muñeca.
- Podría intentar hablarlo conmigo, al fin y al cabo soy el jefe.- dijo.- O si prefiere podríamos conversar sobre otra cosa, la veo algo tensa.
- Creo que el tema laboral será mejor dejarlo para otro día, y respecto a lo personal, tiene razón.
- No me trate de usted, por favor. ¿Quiere esa copa ahora?
- Sí, gracias. Tampoco me trates de usted entonces.- Richard Fox sonrió, levantándose a servirle la bebida. El plan estaba funcionando.
- Dime, Sophie. ¿Es algún novio lo que te preocupa?
- No, los hombres son ahora el más mínimo de mis problemas, Richard.
- ¿Trabajo entonces? Deberías trabajar para mi. Tenemos un gran equipo de marketing y publicidad. Debe ser aburrido trabajar en una empresa financiera, aquí encontrarías más... diversión.- dijo con una sonrisa diabólica.
- No sabes como trabajo.
- Si te han mandado para un acuerdo tan importante debes de ser buena. El viejo lobo de tu jefe contrata siempre a gente buena. ¿Conoces a Sheldon?
- No personalmente, siempre he tratado con Skinner.- dijo ella dándole un sorbo a la bebida. En aquel momento esperó que no le hubiera echado nada.- ¿Qué pasó para que hables de Luke con ese tono?
- No me da buena espina, es un tipo raro.
- Explícate.- le acarició el brazo en signo de afecto para ver si así decía algo más.
- Dicen que está compinchado con el MI6.- ella puso su mejor cara de intriga y no saber nada.- Buscan empresas que puedan estar relacionadas con asuntos más turbios como la financiación de grupos terroristas, el tráfico de influencias... ¿sabes a lo que me refiero?
- Vaya, no había oído nunca nada al respecto. Pero tranquilo, esta idea ha surgido tras una reunión del equipo directivo para mejorar los beneficios de la empresa. No hay nada que queramos investigar. Ni hay nada que investigar de todas formas. Tu empresa es conocida y respetada.
- Lo sé, por eso he pedido esta reunión con el sr Russell y su equipo antes de nada. Es bueno, sabe lo que hace.- le acarició la mano con la yema de sus dedos, ella luchó por no apartar la mano.
- Sí, lo sabe muy bien. Es el mejor en su campo.
- Has dicho que no te preocupaban los hombres, por lo cual entiendo que estás soltera. Si me permites el comentario no se como una mujer tan atractiva no tiene a miles de hombres detrás.
- ¿Y tú? Eres un hombre poderoso, rico y bastante guapo. ¿Cómo es que no hay señora Fox?- realmente era guapo, pero no era su tipo.
- Soy un lobo solitario, aunque agradezco la compañía de una mujer y más si usa un perfume tan caro.- olió su cabello. Hizo lo que pudo por aguantar.
- Me alagas.- dejó la copa en la mesa.
- Podríamos quedar más a parte de para trabajar, ¿no crees?
- Me gusta la comida japonesa.- dijo cambiando el rumbo de sus intenciones haciéndole dar una carcajada.
- Lo entiendo, sin prisas. Me parece bien. Ahora estamos muy liados con la cena de empresa y tal, pero si quieres cuando pase Navidad podría invitarte a cenar. Sobre la publicidad mándame algo por correo y se lo enseñaré a mis publicistas. Ya se pondrán en contacto contigo.- ella miró su reloj y se puso en pie.
- Supongo que es hora de irme. Gracias por todo sr Fox.- le estrechó la mano. Richard le acarició la mejilla con el revés de su mano izquierda.
- A ti, querida. ¿Quieres que te acompañe a casa?
- No hace falta, ha sido un placer.- puso su mejor sonrisa y abandonó la sala. Esperaría a estar a unas manzanas del edificio para llamar a Sergi. Tenía que tener cuidado con el señor Fox pues sus intenciones hacia ella iban mucho más allá de un simple contrato comercial.
Mientras ella se alejaba a pie, Richard Fox se servía una copa de Calvados, un regalo de un socio francés, un maldito frog, pero que le estaba dando bastantes beneficios pues tenía contactos en todos sitios, Jean-Bautipste Cotillard. Se la tomó recordando aún el embriagador aroma de la joven Sophie. Era bastante joven para él, pero ella no pareció poner ninguna pega. Además no se trataba de algo realmente serio, tendría que conocerla más a fondo. Ordenaría a ese zorro amigo suyo, Lionel Conrad, que investigara a la señorita en cuestión cuando volviera de sus vacaciones en las Bahamas.
Sergi le abrió la puerta del acompañante desde dentro, indicándole que pasara rápido. El niño iba atrás en la silleta, durmiendo con una chaqueta puesta encima del pijama. Detrás empezaba a formarse cola.

Tras llevar a cabo el protocolo para comprobar la ausencia de micros, en la que Arantxa fue cacheada por su compañero, Sergi formuló por fin su primera pregunta, pues estaba en vilo por saber que había pasado.
- ¿Qué tal?- preguntó en voz baja, pues el niño estaba acostado.
- Su asistenta se tuvo que ausentar misteriosamente, antes de hacerme pasar, por lo que tuvimos una reunión a solas.- dijo recostándose en la cama, aun sin abrir
- ¿Ha intentado algo que tu no quisieras?- dijo con el semblante preocupado.
- No, tranquilo, sé poner límites.
- ¿Le has sacado algo de información?- se sentó en la cama, junto a ella, que asintió.
- Ha oído algo de que nuestra empresa ha colaborado con la inteligencia británica, pero no sospecha de nosotros. Ahora está algo liado por la Navidad y la cena de empresa pero lo podre ver después del veinticinco.
- ¿Tenéis una cita o algo así?
- Me va a invitar a cenar.- dijo haciendo una mueca pues esperaba su reacción.
- Sólo te pido que tengas cuidado, es el mayor distribuidor de cocaína de todo el país. Es un hombre peligroso.
- No pasará nada, te lo aseguro.- se incorporó.- Será mejor que nos pongamos el pijama e intentemos dormir.
- Tienes razón, creo que es lo mejor.

Al entrar al cuarto de baño a darse una ducha matutina, encontró una nota sobre el lavabo:
He dejado a Danny con la niñera para que puedas ir a
comprarte un vestido bonito y prepararte tranquilamente.
Hoy es la cena de empresa, ¿recuerdas? - Tuyo, Max R.

La bolsa no cerraba por lo que Sergi tenía que seguir trabajando junto a su plantilla hasta Nochebuena. Abrió el armario de él y encontró un precioso traje con chaleco y corbata, preparados para ser puestos, colgados de forma más apartada.
Decidió dejarle una nota encima del piano por si volvía antes de tiempo. Ésta decía:
Salgo a comprar el vestido y a la peluquería. Intentaré
estar aquí para antes de las cuatro. Si no he llegado,
llámame. ¿La cena era a las cinco verdad?- Tu Sophie R.

Se dirigió hasta el primer banco que encontró, un HSBC, para saber cuanto dinero tenía en la cuenta. Por poco tuvo que sentarse al comprobar que tenían medio millón de libras ahorradas. Se preguntó si la Interpol había hinchado un poco más la cifra para la misión, aún así era mucho dinero. Tras esto, paseó tranquila por Oxford Steet, tenía hasta las tres, hora en la que tenía peluquería, para comprar el vestido y los zapatos, y eran las once.
Su teléfono sonó, con la música de los créditos de Castle.
- Estoy abajo en la puerta, sólo me queda ponerme el vestido, ya está preparado sobre la cama.- contestó al leer el nombre de Maximilien Russell (Honey) en el contacto.
- Yo acabo de salir de la ducha, pero tranquila tengo toallas.- bromeó.- ¿Tienes llave o te abro?- escuchó el chasquido de la puerta.- Vale, cuelgo.
- ¿Y Danny?
- Hoy es el cumpleaños de Patrick Pullings, Anna lo ha llevado.- salió de la habitación abrochándose el pantalón, sin nada en la parte de arriba.- Cuando subas me tienes que ayudar con los gemelos, me cuesta horrores ponérmelos.
- Eres la persona con menos tapujos y pudor que he conocido ni conoceré nunca, Max.- dijo subiendo las escaleras.- Rozas el exhibicionismo.
- Hay confianza, sra Russell.- sonrió. Ella le lanzó la camisa y la corbata.
- Ahora te pediré ayuda con la cremallera y te dejaré vestirte del todo.- cerró la puerta, dejándole atónito en el pasillo.- ¡Max!- lo llamó apenas unos minutos después, se sujetaba el pelo con una mano y el vestido azul con otra, para que él le subiese la cremallera. Era un precioso Vera Wang azul marino, de largo hasta un poco más abajo de las rodillas y de manga corta, perfecto para la ocasión.
- Estás muy guapa.- acarició su espalda con los dedos provocándole un escalofrío y luego hizo lo que le había pedido.
- Gracias.- sonrió sonrojada.- Ponte el chaleco y la chaqueta y te ayudo con los gemelos.
Se puso los tacones a juego y los pendientes de oro blanco con un zafiro incrustrado que había encontrado en el joyero. Eran un regalo que Max le había hecho a Sophie por su aniversario, bueno, la copia de un regalo, pues de toda la ropa que tenían ninguna había pertenecido realmente a ellos. Todas sus pertenencias habían sido guardadas en algún almacén del MI6.
Cuando se dispuso a ponerle los gemelos descubrió gratamente que eran del mismo diseño de los pendientes. Habían elegido el mismo juego.
- Tu regalo de aniversario.- le dijo él, y luego señalando sus pendientes dijo.- y el mío.
Ella le cerró la chaqueta del traje abrochándole los botones y le colocó un mechón de pelo que caía sobre su frente hacia atrás.
- Chapeau. ¿Nos vamos?

La sala estaba llena de gente trajeada que se daban apretones de manos, mujeres con vestidos ssde firma y hombres con trajes hechos a medida. El de Max, o Sergi, también estaba hecho por un sastre exclusivamente para él. Toda aquella situación le recordó bastante a la conferencia de neuropsiquiatría. Esperaba que John no apareciera por ahí.
Mr Skinner se acercó al reconocerlos. Llevaba un bonito traje marrón.
- Buenas noches, señor.- le estrechó la mano Coll. Ella hizo otro tanto.
- Buenas noches, pareja. Ya me han informado de las últimas nuevas.- dijo frotándose las manos.-Enhorabuena a ambos y sigan así. Disfruten la velada.
- Igualmente, Mr Skinner.- contestaron al unísono.
Llegaron hasta su mesa, que compartían con Coraline, Kate y Michael, que según decían estaban saliendo, Tom, y Sarah y Charlie, de contabilidad, a quien conocieron esa noche. Al principio de la velada el señor Skinner dio su discurso introductorio y dio paso al magnate Luke Sheldon, gerente de la empresa de Londres (su hermano, Terry Sheldon, se encargaba de las relaciones internacionales y de la nueva sede en Montreal). Éste hablo durante al menos un cuarto de hora y tras felicitar a sus trabajadores y desearles una felíz navidad y un prospero año, para luego presentar a la orquesta que animaría la velada.
Empezaron a servir los entrantes mientras sonaba de fondo una suave melodía de jazz.
- Llevo desde que empezó la fiesta preguntándome que demonios te has hecho en la cabeza, Max.- dijo Tom, tocándose la ceja para indicarle a lo que se refería.
- ¿Esto?- sonrió.- Un golpe muy tonto, me resbalé en la ducha y me golpeé con el estante donde ponemos los botes de gel.- mintió.
- Le darías un susto de muerte a tu mujer.
- Aquello parecía la película Psicosis.- le siguió el juego Arantxa.
Sirvieron una ensalada de piña y langostinos y vino blanco.
- ¿Qué tal el negocio con Fox? ¿Crees que aceptara, jefe?- dijo Michael. Llevaba un traje negro con corbata fina y su melena rubia peinada hacia atrás, lo que le daba un aspecto más formal que cuando lo conoció.
- Es lo que más le conviene. Tiene que pensárselo un poco porque es un gran salto, pero es un hombre ambicioso, aceptará.- dijo seguro, dándole un sorbo al afrutado vino.- ¿No crees, Sophie?
- Por supuesto.- Sergi le cogió la mano y se la llevó a los labios, consciente de que les estaban mirando.
- No te cortes, Max, es Navidad.- le chincharon Tom y Michael.
- Lo bueno se hace esperar, chicos, y no va a ser delante vuestra, rufianes.- provocó una carcajada general.- Además, no seremos los únicos, ¿verdad, Michael, Kate? - todos volvieron a reir, aunque Kate lo hacía algo sonrojada ahora.
El resto de la velada transcurrió con normalidad, no era muy diferente a la cena navideña de comisaría. Tal vez la calidad de los alimentos era algo superior ahí.
La velada transcurrió tranquila,la comida era deliciosa al igual que la bebida, la orquesta tocó canciones lentas de jazz perfectas para acompañar la cena. Llegado ese punto común en todas las cenas de empresa en la que tras varias copas de vino, champán y algún licor dos tercios de los presentes se encontraban ebrios, Sergi le preguntó si quería bailar. Kate y Michael se habían levantado hacía rato para bailar. Ahora estaban demasiado pegados y también demasiado bebidos.
- Venga, bailamos una y nos vamos.- insistió.
- Max, creo que he bebido en exceso. Una copa de vino blanco, otra de tinto, dos de champán y ese maldito chupito de hierbas. Si me está empezando a costar que el inglés salga de mi boca imagínate si intento bailar.
- Tienes bastante resistencia al alcohol, te he visto beber dos copas de Ballantines y luego seguir como si nada. La levantó y la atrajo contra sí.- Bailemos esta, ¿sabes cuál es?
- Sopréndeme.
- I love you .- mostró su sonrisa de anuncio dental, mientras empezaron a moverse al ritmo de la canción de Jackie McLean.

La cabeza le palpitaba y todo le daba vueltas. No recordaba nada desde después de la segunda canción que bailaron. Abrió los ojos con esfuerzo y se percató de que llevaba puesta la camisa de su compañero. Afortunadamente llevaba ropa interior, lo que alivió en parte su temor. Con cierto miedo giró la cabeza hacia él, dormía profundamente con el pantalón del traje y un calcetín puesto. ¿Qué demonios había pasado la noche anterior? Sobre la cama encontró varias piezas de ajedrez, y en el suelo el tablero, el resto de piezas y la ropa esparcidos. ¿Habían jugado al strip-chess? No había estado tan borracha en su vida, y agradeció por un lado que no hubiera pasado de eso. Al fin y al cabo él la había visto en bikini, apenas había diferencia con la ropa interior. Intentó por todos los medios no despertarlo, pero se le escapó un gritito al pisar un peón. Se incorporó despeinado, y con la misma resaca que ella. Su rostro cambió cuando fue consciente de la situación.
- Dime que no hemos...- se pasó una mano por el cabello, nervioso.
- No, tranquilo, revisando la escena del crimen catalogaría esto como una partida de strip-chess.
- Ojalá lo recordara. Debe haber sido algo memorable.- se levantó y abrió el cajón de la ropa interior.- Si tratamos esto como una escena del crimen creo que tienes razón al suponer que no ha pasado nada entre nosotros.- agitó la caja de preservativos sin empezar que descubrió el primer día.- Siempre los uso, por muy bebido que esté. Y entre tú y yo, no me molesto en volver a ponerme la ropa si no me voy a ir.
- Lo mejor será que intentemos olvidarlo del todo. Hemos tenido un comportamiento inmaduro.- le dio el tablero.- Gracias a dios que no terminamos la partida, o que supimos quedar en tablas.- musitó.
- Aunque hubiera pasado algo no tendrías que preocuparte.- le colocó un cabello detrás de la oreja.
- Yo no soy como tú.- susurró.- Será mejor que dejemos el tema, Max.- recalcó el nombre para enfatizar en el hecho de que estaban tratando el tema como Sergi y Arantxa no como Max y Sophie.- Por cierto, ¿y Danny?
- Con Pullings, estamos solos.- se quitó el calcetín y lo puso junto a su pareja, sobre la cama.
- Aprovecharé para tomarme una ducha entonces.-¿Te importa prepararme un café bien cargado?
- Haré para los dos, nos hará falta a ambos.
No podía quitarse de su mente el hecho de quehubiera jugado a eso con él. Sentía remordimientos pues su comportamiento no había sido para nada el correcto. Aunque, claro, estaba en tal punto de embriaguez que no era consciente de lo que hacía. Cuando salió de la ducha, descubrió en el espejo que tenía un moratón en el cuello. “Mierda, ¿un chupetón?” Nunca había tenido ninguna marca así, es más, nunca había dejado que se la hicieran.
Salió algo enfadada y llegó hasta la cocina, donde él preparaba el desayuno.
- ¿Se puede saber qué es esto?- le tiró su camisa que cogió al vuelo.
- ¿El qué?- luego, viendo lo que se señalaba añadió.- Pensaba que recordabas esa parte.
- Estaba borracha, maldita sea. ¿Me has hecho un chupetón?
- Somos una pareja activa, ¿recuerdas?- dijo sentándose en el taburete y encendiendo un cigarrillo.
- ¿No me lo habrás hecho en público?.. Y además, ¿qué pensará Fox?
- No fue en público y no verás a Fox hasta después del veinticinco. Para entonces ya no estará. Es apenas un mordisquito.- rió.
- ¿Ves que me esté riendo? ¡Por el amor de dios, Max!- estaba muy cabreada.
- Lo que veo es que es el primero que te hacen y por eso estás así. Además, no eres la única de los dos. Se te dio bien devolvérmelo.- se señaló una marca parecida en el cuello, de la cual hasta entonces no se había percatado.
- Vale, creo que necesito ese café ahora mismo.- cogió la taza y se sentó junto a él.- Explícame todo lo que recuerdes.
Sergi le contó que tras la fiesta habían llegado algo animados a casa, momento en el cual se hicieron ambas marcas en el cuello. Tras esto, pusieron algo de distancia entre ambos, pues fueron conscientes por un momento de lo que estaban haciendo. Luego, a causa de todo el alcohol que llevaban encima decidieron jugar al ajedrez, a las 3 de la mañana, algo que según averiguaron al día siguiente se había convertido en una forma de jugar algo menos convencional.
- Recuérdame que jamás vuelva a emborracharme contigo.- le contestó, pasándose las manos por el pelo. “Te deseo demasiado” se dijo para sí.
Esa experiencia había sido la más traumática de toda su vida y a la vez la más extraña. Llevaba toda la tarde dándole vueltas, de modo que ni se había preocupado en pensar cómo pasarían la Nochebuena, que era al día siguiente, hasta que Sergi le dijo que el sr Skinner les había invitado a su casa de Windsor a pasar la noche y así hablar un poco sobre la misión. Sintió cierto alivio pues así no podría volver a correr el riesgo de embriagarse y tal vez terminar lo que habían dejado pendiente.
- Tss.- la llamó Sergi desde la escalera, cuando estaba jugando con Danny en el salón. Le hizo un gesto con la mano indicándole que subiese disimuladamente.
- Ahora vuelvo, voy a por el cargador del móvil.- dijo como escusa.
Subió hasta donde estaba y él al cedió de la mano, guiándole hasta la habitación.
- Tengo los regalos de Daniel en el cuartillo del garaje. ¿Cómo lo hacemos?
- Mañana es Nochebuena, cierto. Podrías subirlas hasta el pequeño WC de la planta baja mientras le doy las buenas noches y mañana los colocaría mientras tú sacas el coche de la cochera con Danny. Él no entra ahí para nada, y siempre podemos echar el pestillo desde fuera.- Sergi frunció el ceño.
- ¿Cómo?
- Es tan fácil como que con un cuchillo de untar, gires el pestillo desde fuera.- le dio una palmada en el hombro.- ¿Qué te parece?
- Pondremos ese plan en marcha.

Había ido a la peluquería a las tres para lavar y peinar, una vez hubo bañado al niño y preparado la falda de cuadro escocés y la blusa blanca sobre la cama, junto a la americana beige y la camisa de lino de su compañero. Volvió hacia las tres y media, para terminar de prepararse a ella y al niño. Tal como habían planeado la tarde anterior él bajaría con el niño al coche mientras ella colocaba los regalos bajo el árbol. Se sorprendió al encontrar dos paquetes con su nombre escrito (Sophie), el primero era pequeño, el segundo de mediano tamaño. Ella también le había comprado algo a Max, un reloj de pulsera de cuero y otro pequeño detalle que esperaba le hiciciera ilusión. Bajó hasta donde Sergi, vestido con su traje beige y su camisa de lino esperaba aparacado en la puerta. El niño jugaba con un muñeco de Spider-Man en la parte de atrás, atado en su silleta. Le había puesto un jersey de estampado típico navideño de copos de nieve de color bourdeos y una bermudas marrones.
Aquella tarde el tráfico en la ciudad era especialmente espeso, por lo que tardaron algo más de lo previsto en incorporarse a la autovía.
La casa del sr Skinner era, podría decirse, una mansión. Contaba con un amplio jardín, iluminado con luces navideñas (quién lo diría, dado su carácter serio y extremadamente formal cara al público).
Además, junto a la gran puerta de la cochera había un Jaguar XF color crema, que dada la matrícula, había sido comprado hacía poco. Un precioso cachorrito de Beagle salió corriendo a recibirles.
- ¡Bobby!- le amonestó Henry, cuando el cachorro empezó a corretear entre el laberinto de piernas.- Perdonad, es el perro de mi hija. Santa Claus ha llegado antes de tiempo.- se encogió de hombros, con cierto desistimiento.- Pasad.
El señor Skinner llevaba un precioso traje de raya diplomática y una corbata a juego. Olía a perfume caro, ¿un Clive Christian 1872? Se sentía como Jean-Bautipste Grenuille, descifrando los perfumes ajenos, pero ese en particular lo había olido varias veces, era una fragancia familiar pues su ex, John, la usaba para los actos importantes. Les condujo hasta la salita de estar, una amplia estancia cuyas paredes quedaban ocultas por inmensas estanterías repletas de libros y la gran chimenea de piedra. En la esquina junto a ella estaba el gran árbol, de al menos dos metros y medio. Los invitados, familiares o íntimos del señor Skinner se levantaron a saludarles. Le presentó a su mujer, algo más joven que él, tal vez tres o cuatro años, Audrey y a su hija Margaret y su marido Louis Cavendish, además de su nieta Nora. Los otros cuatro invitados eran los Morgan y los Aubrey, dos importantes familias de inversores y agentes de bolsa.
Sergi se disculpó por el retraso explicando el gran atasco que había en la capital. Aunque realmente habían llegado exactamente a la hora acordada, a diferencia de lo que dictaba la etiqueta en España, en Reino Unido no había que llegar algo más tarde, sino con varios minutos de antelación y con algún obsequio. Llevó otra botella de vino igual que la que le había regalado a Pullings.
Tras un rato de conversación pasaron al comedor, donde sirvieron desde caviar hasta foie gras de oca como entrantes y como plato principal, el aclamado pavo relleno especialidad de Audrey Skinner. Aquella situación le recordó a las navidades en casa de su abuela paterna, donde el plato estrella era el pollo relleno. Danny congenió bien con la nieta de Henry, pero en especial con el perro. Ella hubiera preferido también irse con Bobby a jugar pues al contrario que todos los que estaban sentados a la mesa, su nivel de economía y finanzas no iba más allá de lo que había estudiado en bachillerato. Por fin, tras el postre y el champán volvieron al salón a charlar un rato y reposar la comida, momento en el que Skinner aprovechó para llevarlos a su despacho en la planta de arriba. Les indicó que se sentaran en un cómodo sillón de cuero negro mientras cogía unos informes de su caja fuerte. Esta estaba oculta tras una de las maderas que decoraban la pared. Arantxa observó que sobre la mesa de su despacho había un huevo de Fabergé. Al menos el señor Skinner no era tan ostentoso como Richard Fox, que tenía un Van Gogh original en su oficina.
- Nos ha llegado el rumor de que Richard Fox va a organizar una fiesta de disfraces para despedir el año en uno de sus clubs privados. Debéis conseguir una invitación, ¿creéis que podréis?
- No será difícil, les caemos bien. Me confesó que veía a Max como un buen tipo así que no le resultará difícil. En cuanto a mí creo que no es nada del otro mundo, teniendo en cuenta su obvio interés.- dijo ella.
- Creo que podré ganarme su confianza.
- Perfecto entonces. Aquí tenéis unas cuantas personas que pueden estar ligadas con el negocio de la droga que Fox tiene en Colombia, tanto posibles compradores como proveedores. Puede ser que se dejen ver por la fiesta.
- Entendido.- dijeron al unísono.
Henry se levantó y levantando la mano señaló hacia la puerta.
- Bajemos entonces. No deben notar nuestra ausencia demasiado tiempo. Aunque una pregunta, Max. ¿Qué te ha pasado en la frente?
De vuelta a la planta baja, se incorporaron a la conversación sobre la llegada de refugiados que se venía dando desde Septiembre y el futuro de Europa. Se nombraron los términos Guerra Mundial y Guerra Fría, pero el futuro era incierto.
Eran las once cuando decidieron volver a casa. El niño estaba cansado pero tambien algo excitado por la llegada de Papá Noel.
Veinte minutos después abrían la puerta principal. Ella encendió la luz descubriendo los regalos bajo el árbol. El niño dio un chillido de emoción y corrió hacia ellos. Los agentes intercambiaron una mirada, sonrientes por la ilusión del pequeño.
- ¡Mamá, papá! ¡Venid!
Se acercaron hasta él y se sentaron en el suelo, para abrir los regalos. Danny abrió primero el paquete más grande, una batería adecuada para su edad, Sergi empezó a montrsela mientras abría el segundo paquete, una comisaría de policía de Lego. La había pedido Danny, curiosamente. El tercer regalo era un oso Badú de peluche. La inspectora abrió, curiosa, el paquete pequeño. Era una pulsera de Schwarovsky, preciosa y muy cara. Lo miró asombrada. Él sonrió y le dio el otro paquete.
- Abre el tuyo, creo que tu te has portado también muy bien.- él cogió el paquete del reloj.
- ¡Un Tissot de cuero!- la miró sorprendido.
Ella abrió el segundo regalo. Era A Good Year, de Peter Mayle. Siempre había querido ese libro en formato físico, pero había sido incapaz de encontrarlo. En un caso de vigilancia Sergi había visto sus iBooks en el iPhone y le había preguntado por él. Le dio un beso en a mejilla.
- Un millón de gracias, Maximilien.- le susurró. Él sonrió de oreja a oreja.- Abre el otro regalo.
Hizo lo que le decía, desenvolviendo el paquete.
- No puede ser...
- Oí algo sobre que eras muy fan de Batman, y decidí ponerlo en mi carta.- le guiño el ojo.
Le dio un pico, para su sorpresa.
- Gracias por incluirlo en tu carta.- era una figura edición especial para montar del Caballero Oscuro.
El niño empezó a golpear la batería con las baquetas.
- Danny, los vecinos se van a enfadar. Mañana montamos el Lego y luego te enseño como se toca. ¿De acuerdo?- el niño accedió con un mohín, pues estaba realmente cansado.
- Será mejor que vayamos todos a dormir.
Recogieron el papel de regalo pero dejaron los juguetes (excepto el peluche), en el mismo sitio. Ella dejó su libro en la estantería del salón y él dejo su figura de Batman en el despacho, a buen recaudo.

Acababan de cerrar el caso de Joan Plà, era el segundo día de Diciembre y allí estaban ellos dos, tomando un café, relajadamente bajo el sol de invierno, que se agradecía. Dio un sorbo a la humeante taza de café, observando a la gente que pasaba por ahí, bien ajetreada y veloz, o a paso más calmado, charlando animadamente.
- Inspectora.-llamó su atención.- Ya pronto hará seis meses que nos conocemos y aún hay que cosas que no se de ti.
- ¿Ah no? Creo recordar que me preguntaste hasta mi postura favorita.- rió.
- Eso me lo dijiste tú sola, y no fue una respuesta en serio.- rió el también.- Pero no, tranquila, no es eso lo que me interesa.
- Pregunta entonces.
- ¿Batman o Superman?- ella dio una carcajada.- Es en serio, es importante saberlo.
- Batman, me gustan más los filántropos millonarios que son de este planeta.
- Estoy de acuerdo. Me encanta desde que era un crío.- brindó su taza con la suya.- ¿Barça o Madrid? No me gusta el fútbol, pero para saber por que goles me tengo que alegrar cuando pongan algún partido.
- Real Madrid. Soy muy fan de Casillas, aunque ahora este en el Porto... Siguiente pregunta.
- ¿Rubios o morenos?
- ¿Es en serio?- por su cara lo era.- Por mi recorrido de enamoramientos parece que rubios, pero un rubio español, no nórdico. Realmente me importan más los ojos. Claros.
- Prefiero las morenas, no basándome en mi recorrido porque mi primera novia fue pelirroja.
- Nunca me habías hablado de ella, ¿una mala experiencia?
- Prefiero no tocar el tema, pero sí, dejémoslo ahí.- esto levantó aún más la curiosidad de la inspectora pero no hizo más preguntas al respecto.
- Vale, última pregunta por hoy.- le dijo, tenía la mirada oscurecida.
- ¿Perros o gatos?
- Gatos, aunque he tenido dos perros como ya sabes.- el asintió.- ¿Puedo preguntarte yo a ti?- asintió otra vez.- ¿De dónde procede tu odio a los cacahuetes?
El dio una sonora carcajada.

Una vez hubieron acostado al niño fueron hasta su habitación. Sobre la cama, había algo envuelto en papel de seda y atado con un lazo. Era para ambos.
- ¿Y esto?- le dijo. Él se acercó y se encogió de hombros.
- No es mío.
- ¿Y entonces de quién es, de Santa?- dijo alzando las cejas.
- Ábrelo.- desistió, sentándose en la cama.- Habrán sido ellos, ya sabes.- se refería al MI6 y la Interpol.
Lo abrió con cuidado y descubrió un picardías rojo.
- ¿Con que no habías sido tú? Muy gracioso. Y encima tienes el descaro de poner que es para los dos.- se lo tiró, molesta.- Ya te dije que lo de ayer fue un error.
Él observo la pieza y luego a ella, le hubiera gustado vérselo puesto, pero él no había sido.
- Te doy mi palabra de que soy inocente.- rió. Ella le miró entrecerrando un ojo.- Me parece graciosa la situación, son unos cabrones.
- ¿Cómo estás tan seguro?.- bajó el volumen ante el gesto que él hizo, señalando arriba.
- Porque los conozco de mas tiempo que tú.
Ella se tranquilizó y se sentó a su lado.
- ¿De verdad no has sido tú?- él negó con la cabeza.- Menos mal que no lo has descubierto tú, si no te hubieras hecho ilusiones.
- No te creas, te conozco bien.- le besó en la frente.- Será mejor que nos pongamos el pijama y durmamos. El niño nos va a despertar temprano ilusionado por los juguetes, bien viniendo, bien con la batería.
- Creo que nos arrepentiremos de haberla comprado.- sonrió.- Pero tal vez llegue a ser el próximo Jo Jones o Ringo Starr.

Sergi se despertó y se sorprendió a sí mismo abrazándola. Se había jurado guardar las distancias desde el episodio del chupetón. Ella dormía plácidamente entre sus brazos, así que no quiso separarse. Estaba muy guapa aquella mañana de Navidad, aquel día hacía seis meses que la conocía, pero a él le parecía toda una vida dado la confianza y la estima que se tenían el uno al otro.
Cerró los ojos cuando ella se movió, temiendo que se despertara y se enfadara por la postura en la que estaban. Ella movió la pierna, posicionándola doblada sobre su cadera y piernas, seguía dormida.
- Como sigas así te vas a poner al completo encima mía.- le susurró viendo que abría los ojos. Ella se puso del mismo color de la colcha y se separó rápidamente de él.
- Lo siento mucho, perdona.
- No pasa nada, no me molestas.- se estiró.- Además, somos marido y mujer, no hay nada malo en ello.
-Supongo que tienes razón.- se acomodó boca a bajo, mirándole.- ¿desayunamos?
- Es temprano, durmamos un poco más.- imitó su postura y puso su mano sobre su espalda.
- Ey, esa manita.- dijo con mirada felina.
- Tranquila.- rio.- no intentaría nada que no quisieses. Es solo un masaje. Relájate.
Ella puso los ojos en blanco y cedió. Se acomodó y cerró los ojos, el contacto de las yemas de sus dedos era relajante, cuando estaba en un profundo estado de relajación notó como le subía un poco la camiseta, por la zona lumbar, para tocar directamente su piel. No le molestó. Apenas tardó en dormirse.
Mientras ella dormía Sergi ayudó al niño a montar a comisaría de Lego, se quedó un rato observando dos Legos policía que se parecían a ellos dos. Sonrió. Una vez se hubo despertado desayunaron juntos y enseñaron a Danny ciertos puntos básicos para tocar la batería. Pasaron toda la mañana en casa, mientras el niño jugaba con sus nuevos juguetes, Sergi empezó a montar su Batman edición coleccionista en la mesita del salón y ella a releer su libro, a su lado. Se fijó en que llevaba puesto el reloj. Ella también se había puesto la pulsera Schwarovsky. Por la tarde, recibió un mensaje de Fox,que decía:
¡Feliz Navidad, Sophie!
¿Te gustaría cenar mañana en Zuma?
Es un restaurante japonés que frecuento.
Pasaré a recogerte a las seis donde tu dispongas.
Respondió:
Aún no te he dicho que sí y ya lo das por hecho,
chico malo. Te espero en Speaker's Corner.
Sé puntual. ¡Feliz Navidad, Richard !

Debía parecer interesada en él. Sergi la miró extrañado al ver que había interrumpido su lectura, cuando ella le devolvió la mirada, leyó en sus ojos la culpabilidad y supo que se trataba de Fox.
- ¿Cuándo?- preguntó.
- Mañana para cenar, a las seis hemos quedado en Speaker's Corner.
- Está bien, te acercaré hasta Marble Arch.- siguió, con expresión más seria construyendo su figura.- ¿A qué hora quieres que te recoja?
-Te llamaré.
- Tranquila, sin presiones, tal vez prefieras que él te traiga por la mañana. ¿vas a llevarte el conjunto rojo?
- Imbécil.- se levantó enfadada y se fue hasta la planta de arriba. Él se mordió la lengua , enfadado consigo mismo y fue tras ella.
- Disculpa, me he comportado como un capullo ahí abajo.- dijo entrando a la habitación.
- ¿Crees que me resulta fácil? ¿Crees que es lo que quiero hacer, que no tengo miedo a no poder controlarle?- dijo con lágrimas en los ojos.
- No, soy un estúpido, yo también tengo miedo.- la cogió del brazo y la atrajo contra sí.- Eres lo único que me importa..- le enjugó una lágrima con el pulgar, acariciando su rostro mientras se miraban a los ojos, entonces la besó apasionadamente, corriendo el riesgo de que se volvieran a repetir los acontecimientos y ella le pegara una bofetada, pero no lo hizo. Lo que los separó fue Danny.
- ¡Papá!- ella lo separó de él, sin decir nada.
- Daniel, ¿no te he hablado de que se toca a la puerta?- se pasó la mano por el cabello.
- Estaba abierta...- se excusó. Sergi hizo un gesto indicándole que hablara.- La abuela está al teléfono.
Se miraron. No podía ser. Sergi cogió el teléfono fijo en su despacho.
- Max Russell.- contestó.
- Hijo, ¿cuándo pensabas llamarme? Estoy aquí en Londres, os importa que pase a felicitaros la Navidad y a ver al pequeño Daniel?
- Mamá, sabes que mi trabajo me tiene muy ocupado. Hoy no es un buen día para visitas, estoy algo resfriado.- dijo en un último intento.
- Ya te lo he notado en la voz, pero es tarde, estoy en la puerta.- colgó.
- ¡Mierda!- golpeó la mesa. El timbre sonó. Levantó la mirada hacia su compañera.- Abre tú, yo llamaré a Pullings.
- ¿Yo? ¿Y si se da cuenta?
- No lo hará, apenas tenían relación, pero sin embargo yo soy su hijo, por muy poco contacto que tuviéramos se daría cuenta.
Tocaron otra vez al timbre. Bajó, tras mirarse en el espejo y ver que estaba presentable. El niño esperaba junto a la puerta. Respiró profundamente y abrió, con su mejor sonrisa.
- ¡Claire! ¡Cuánto tiempo!¿Cómo tú por Reino Unido?
- ¿Puedo pasar?- dijo mirándole sin un ápice de cariño o alegría, entrando al hall.- ¡Danny, cielo, cuánto has crecido!
El niño se lanzó a los brazos de su abuela.
- Max está algo resfriado. Le han mandado algo de reposo.
- Olvidas que es mi hijo, querida, le he cuidado enfermo mil veces.- Claire Lowell (tras el divorcio había vuelto a adoptar su apellido de soltera) era una mujer estirada y algo fría, sobre todo con ella.- ¡Max, hijo! ¿No vas a bajar a ver a tu madre, que ha viajado más de 700 millas para verte?
Sergi se asomó a la barandilla de la pasarela. Se había sacado la camisa de dentro del vaquero, a la que le había desabrochado los botones de arriba para darle un toque desaliñado y se había despeinado el pelo. Estaba poniendo su mejor cara de enfermo. Afortunadamente el niño calló.
-Maximilien, ¿cómo estás?
- Mejor. ¿Cuando has llegado a Inglaterra?- dijo mientras bajaba la escalera. Le hizo un gesto a ella que se fue a la cocina a preparar té. ¿Qué le habría dicho Pullings?
- Hace dos años que no nos vemos, te noto cambiado.- dijo tomando asiento junto a él.
- ¿Más maduro tal vez?- se encendió un cigarro y la miró a los ojos.
- Más moreno de piel y algo más en forma. ¿Has vuelto a salir a correr como antes de casarte?- le puso una mano en el hombro. Su tono de voz se había suavizado.- ¿Cuándo volvisteis de España?
- Hace algo más de una semana.
- Entiendo.- le tembló la voz. ¿Lo sabía?- Sophie, cielo, ven. No hace falta que prepares nada.
Ella fue y miró a su compañero a los ojos, buscando una explicación. Se sentó a su lado y ella le cogió la mano.
- ¡Abuela, mira lo que me ha regalado Papá Noel!- le enseñó el peluche.
- ¡Qué bonito, Daniel! ¿Tú te quedaste aquí el tiempo que tus papás estuvieron fuera, verdad?- el niño asintió y se sentó sobre las rodillas de Sergi.- Gracias al cielo.- musitó.
Sabía lo que había pasado. No se lo diría a nadie, pero debía de estar en shock.
- Voy a traerte una taza de té, Danny, acompáñame.- prefirió dejarles a solas pues tal vez Sergi querría contarle algo. Desconocía lo que le respondería Pullings ante su llamada.
Tras tomarse el té y portarse de una manera más agradable con ella, se despidió. Una vez se hubo ido Sergi retomó su construcción como si nada. Ella quería saber lo que le había dicho. Siguió leyendo pues vio que no era el momento pues el niño estaba delante.

Estaban vistiéndose para la cena de Navidad, allí mucho más importante que la Nochebuena. Irían a cenar con Pullings. Les esperaba un prometedor ganso asado, baked beans de la honorable abuela Pullings y el famoso Pudding de Navidad de James. Era un menú parecido al de la noche anterior. Skinner había celebrado la Nochebuena como el día de Navidad porque se iba con su esposa a su apartamento de París, a orillas del Sena y junto a las Tullerías y no quería perder la oportunidad de ver a su adorada nieta, su ojito derecho, y dejar aclarados ciertos asuntos de negocios.
- ¿Qué le has dicho?-le preguntó poniéndose los pendientes.
- Nada, lo ha descubierto sola, como es normal. Por mucho tiempo que llevara sin ver a Max reconoce el tacto de su piel, las medidas corporales, la cara. Por muy parecido que sea. Aunque no ha dejado de hablarme como si fuera él, me preguntaba cosas indirectamente. No dirá nada.- contestó ajustándose la corbata.- ¿Debería haberme hecho un doble windsor o así está bien?
- Perfecto.- unió el pulgar y el índice de la mano derecha dejando los demás estirados.- ¿Te dijo Pullings como tenías que actuar?
- No me cogió el teléfono, se lo diré esta noche.
- ¿Y a que vino?
- Es el setenta aniversario de la puesta de árbol por la colaboración anglo-noruega en la Segunda Guerra Mundial en Trafalgar Square. Bueno, realmente fue obsequiado en 1947, pero como la guerra terminó en el '45. Ha venido a hacer un reportaje, no se si sabías que era fotógrafa.
- Lo desconocía.
La cena fue relajada, primero vieron el discurso de la reina en televisión y tras esto y una típica oración a la mesa, empezaron a servirse. La comida era tan deliciosa como se la pintaban, o tal vez más. La abuela no quiso dar su receta, orgullosa por el éxito de sus judías, ni tampoco James, más hinchado que el ganso relleno que se acababan de comer al ver que todos alababan su pudding de Navidad. Después de la maravillosa comida, Sergi le contó lo ocurrido con Claire y este le respondió con una sonrisa y una mano en el hombro acompañados de un “Bien hecho, Max. ¿Recibísteis mi regalo, por cierto?” sonrió de oreja a oreja mientras él lo fulminaba con la mirada. Su regalo estaba causando demasiada discordia.
La velada fue amena, jugaron al Risk y al Party&Co entre risas. Sergi se picaba con Pullings, le recordó a una noche en el O'Connells en la que jugaron también al último juego Andrés, Sergi, Carmen y ella, la partida se alargó hasta las tres hasta que finalmente ganaron ellos dos. Esta vez no se alargó tanto, pues a las doce ya estaban en casa, durmiendo profundamente, iluminados por la luz de la luna llena que se filtraba por la ventana.

Sergi aparcó la motocicleta Indian en Marble Arch, ella se quitó el casco y se lo dio.
- Gracias.- él se levantó la visera y le sonrió cogiendo el casco y guardándolo en una de las alforjas de la moto.
- No hay de qué. Recuerda que si en cualquier momento quieres que te recoja solo tienes que darme un toque o mandarme un mensaje. ¿De acuerdo?- ella asintió, apretándole la mano.
- Nos vemos, Max.- se despidió. Él se llevo el dedo índice a la frente en forma de gancho, la manera en la que saludaban los marineros que no eran de la Armada a su capitán. Se volvió a bajar la visera y arrancó la preciosa moto roja, incorporándose de nuevo al tráfico de Londres.
La inspectora caminó con cierta inseguridad hasta Speaker's Corner, eran las seis menos cinco. Miró su móvil expectante ante una llamada o un mensaje de Fox. Nada más bloquearlo y guardárselo en el bolsillo de la chaqueta sonó. Era él.
- Bonita chaqueta de cuero, pero el vestido me gusta más, un rojo vino precioso.- dijo. Ella miró hacia todos lados.
- ¿Dónde estás?- preguntó.
- A tus siete, el único banco de madera en el que hay un atractivo hombre con gafas de sol y traje azul marino.- ella dio una carcajada.
- Te veo.- colgó y se acercó hasta él. Richard le dio tres besos.
- He escuchado que tu madre se crió en La Côte Azur.- sonrió orgulloso. No parecía saber lo del matrimonio de Sophie y Max.- Bon soir.
- Mi nivel de francés se reduce al mínimo, como de cualquier otro idioma.- mintió para ganarse un punto a su favor.- Bon soir.
- Mi chófer nos espera, ¿vamos?- posó la palma de su mano sobre la espalda de la inspectora.
- ¿Chófer? Cómo no imaginarlo.
Aparcado junto a la puerta del parque esperaba un Maserati Gran Turismo último modelo negro, con los cristales oscuros, Richard le abrió la puerta de atrás y se sentó a su lado una vez hubo pasado.
- Llévanos hasta el Zuma, Robert.- el chófer asintió y subió la ventanita que comunicaba los asientos traseros con el del conductor.
La inspectora se fijó en el traje de Richard Fox, todo era hecho a medida, tanto camisa como pantalón y chaqueta. Él se fijó en la forma en la que le observaba.
- No suelo usar marcas, confío en mi sastre.
- El traje es precioso.- sonrió.
- Podría hacerte un vestido a medida, tienes cuerpo de modelo.- insinuó.
- Céntrese en la cena, sr Fox.- alzó la ceja, haciéndole reir.
En pocos minutos llegaron al restaurante japonés, la dueña del local, la señora Nohara les guió hasta su mesa, al fondo del local. La decoración era mezcla de tradición y vanguardia, como el menú, todo era apetecible.
- ¿Me permites que te aconseje?- dijo dejando las gafas de sol sobre la mesa, acercándose unpoco más hasta ella
- Por supuesto.
- Te recomiendo el bambú y el surtido de sushi, traen el mejor pescado fresco y el arroz es de una de las mejores plantaciones de Japón. Para beber la cerveza es francamente buena, y el saque es un capricho.
- Lo que tú decidas me parece bien.- sonrió complaciente.- ¿Puedo hacerte una pregunta?- él asintió.- ¿Te has traído el trabajo a una cita?
Señaló su smartphone que había mirado varias veces, esperando un mensaje o una llamada.
- Tienes razón, este trabajo no me deja un respiro, te pido perdón.- dio un sorbo al agua que le habían servido.- Conque una cita ¿eh?
- Me diste a entender eso, Rick. ¿Puedo llamarte así?- tenía que parecer lanzada, sin querer preámbulos, pues debían finalizar la misión cuanto antes, pero tampoco en exceso.
- Lo que tú digas me parece bien.- repitió sus palabras. Luego llamó al camarero, alzando el brazo.- はいぜんにん (haizennin = ¡camarero!)
Pidió al camarero lo que tomarían en un perfecto japonés, ¿cuántos idiomas sabía?
- Eres una caja de sorpresas. Francés, Japonés, Inglés... Y has adaptado tu vocabulario, no eres británico, esa dentadura tan perfecta solo se ve en un país, Estados Unidos.- pensó en que Andrés habría aludido a la forma del paladar blando.
- Chica lista, ¿eres la versión femenina de Sherlock Holmes?
- Para nada, considero el mundo de la investigación algo muy entregado y peligroso. ¿Qué más idiomas sabes?- iba a decirle que suponía que español, por sus negocios en Colombia, pero no quiso parecer demasiado espabilada.
- Español, por mis importaciones de Colombia, algo de alemán y también se defenderme en italiano. Me hubiera gustado aprender ruso, pero no tengo mucho tiempo últimamente.
- ¿Te parece poco? Yo hablo inglés y lo mínimo de francés que aprendí de mi madre y lo considero un logro...- en realidad la inspectora dominaba el inglés, el francés y empezaba a defenderse con el catalán, además de su lengua materna, el español. Pero si él daba por hecho que no conocía otros idiomas podría confiar en hablar con sus contactos delante de ella.
Recibió el mensaje que esperaba mientras el camarero servía la bebida, no pudo leer lo que decía pero notó que fruncía el ceño.
- Dime, Sophie, ¿donde estudiaste?- le dio un trago a la cerveza japonesa que le acababan de traer.
- Aquí en Londres, universidad pública.- le miró a los ojos, algo pasaba.
- ¿Y fue ahí donde conociste a Max? El padre de tu hijo y tu marido.- estaba claramente enfadado. Eso podría poner en peligro la misión, ¿quién se lo habría dicho?
- Rick, esto tiene una explicación.- dijo palideciendo.
- Más te vale que la tenga porque pagaré ahora mismo y me iré.
- Yo no estoy enamorada de mi marido, me casé demasiado joven y tuvimos al niño. Si seguimos juntos es por él, apenas nos cruzamos en el trabajo y solo nos vemos a la hora de cenar y para dormir.
- ¿Te ha puesto los cuernos y estás buscando la manera de vengarte? ¿O es sólo para que acepte ese maldito negocio?- la respuesta era un sí a ambas preguntas. Max no le había puesto los cuernos a Sophie, pero ella sentía que Sergi hacía algo parecido al acostarse con otras, en parte le estaba haciendo sentir lo mismo que sentía ella cuando él quedaba con otras. Él la miraba, impasible.
- Me gustas, Richard Fox.- mintió cogiéndole del brazo evitando que se levantara.- Debería habértelo dicho, pero me atrajiste mucho. Me trataste bien y por un momento me ilusioné pensando que me harías algo más feliz, soy una ingenua, te pido mil disculpas. Entendería que no quisieras saber nada más de mí.- puso todas sus cartas sobre la mesa. Su mirada se relajó, estaba claro que a él ella le gustaba.
- Tu también me gustas.- acarició su mejilla con el revés de la mano. Tenía que evitar que la besara, le cogió la mano y entrelazó sus dedos con los suyos, mirando a la mesa.- A penas nos conocemos, pero es así. No te preocupes, encontraremos una solución, mientras haremos una cosa. La noche del treinta y uno doy una fiesta de disfraces en mi club, venid los dos. Allí no tendréis porque estar juntos y podrás estar conmigo, tengo un espacio VIP.
- ¿Disfraces o máscaras? Mi marido no ve sin gafas y odia las lentillas.- sirvieron el sushi y el bambú.
- Disfraces, puedes ir vestida desde como Blancanieves hasta como Catwoman, o incluso si lo prefieres como esas feministas que enseñan el pecho en la Cámara de los Comunes.
- Lascivo... Olvidas que soy una mujer casada.- le guiñó el ojo. Todo estaba saliendo según lo planeado.
- Y como mujer casada, tu marido no sabe que estás aquí.- dijo usando los palillos con maestría para llevarse a la boca algo de bambú.
- Hoy es el Boxing Day, cree que he ido a participar en esa campaña de voluntarios que llevan los regalos a los niños sin recursos.- estaba adquiriendo una habilidad para mentir que nunca había imaginado.
- ¿Con esa ropa?- alzó la ceja.- Pensaba que era inteligente también en otros niveles a parte de las finanzas.
- Le dije que iba a estar el señor Cameron. Cosa que es verdad.- sonrió y le dio un trago a la bebida, todo estaba delicioso.
- Eres una mujer inteligente, deberías trabajar conmigo, así tendrías excusa para quedarte hasta tarde. Nos tomamos el postre con el sake y te llevo donde tu me digas. No quiero que empiece a sospechar tan pronto.
Veinte minutos después, Richard la llevó hasta donde había sido lugar la entrega de regalos, que había concluido hacía algo más de una hora. Una vez se hubo ido llamó a Coll, que no tardó en venir a buscarla de nuevo en la Indian. Como a ella, el encantaban las motos. Comprobaron que no les seguían dando un rodeo para llegar a casa. No mediaron palabra más allá de la mera cortesía, pues tenían que comprobar de nuevo la ausencia de micros, una vez lo hicieron Sergi empezó su ronda de preguntas.
- ¿Has conseguido la invitación?
- De ambos, nos las dará en la próxima reunión, seguramente por separado.- él la miró intrigado.- Alguien le ha dicho que estamos casados, bueno, que Max y Sophie estaban casados. Y no solo es eso, sea quién sea su fuente de información le ha dado datos familiares, como que la madre de Sophie, Marion, se crió en Provenza.
- Si me consigues un dato sobre ese informador, seguro que consigues sacárselo a Fox, podré hacer algo al respecto. No te preocupes pues no se enterara de nada que no tenga que enterarse.
- Lo intentaré. Por cierto, le he dicho que crees que estaba de voluntaria en el centro comercial que me recogiste por el Boxing Day, por si te pregunta o comenta algo.
- ¿Dónde ibas a estar si no, Sophie?-bromeó, dándole a entender que lo comprendía.
- Buen chico.- le sonrió, poniéndose la camiseta del pijama, después de lo sucedido ya le daba igual cambiarse la camiseta delante suya. Al fin y al cabo en la playa ya se habían visto en bañador o bikini.- Será mejor que vayamos ya a dormir, mañana volvemos al trabajo.- el asintió, bostezando y estirándose. Algunas veces era como un crío chico, cosa que decía detestar pero en el fondo adoraba.
Pasaron el día siguiente con relativa normalidad, no informaron a Skinner pues estaba de vacaciones y aún Fox no los había reunido y por tanto dado las invitaciones, así que no ocurrió nada destacable más allá del trabajo, el típico intercambio de ¡Feliz Navidad! con los compañeros de trabajo, recoger al niño de la guardería dónde lo habían dejado porque la canguro no podía encargarse y preparar la cena antes de ducharse e irse a la cama. Pensó que al día siguiente tal vez Fox les reuniera por fin, pero no fue así, es más, el día fue casi una copia del anterior, con la única diferencia que a Sergi no le había salido un negocio como esperaba y estaba algo intratable. ¿Era esa la rutina a la que tendría que enfrentarse algún día? Tenía un trabajo afortunadamente nada repetitivo, lo que la consolaba, pero no hacía desaparecer el miedo a que su vida se convirtiera en un aburrimiento. Fue por fin el día veintinueve cuando Fox les reunió, y como había predicho, por separado. Con Sergi tomó unas copas e intentó sacarle algo de información muy sutilmente sobre ella. A la inspectora la reunió en su despacho, ofreciéndole una deliciosa taza de té y una relajada charla sobre gustos musicales, acompañada con la música de Beethoven. Aquella noche avisaron a Skinner, recién llegado de sus pequeñas vacaciones., las primeras que se tomaba en años.
El día veintinueve por la mañana, Arantxa estuvo dándole vueltas a la futura fiesta de disfraces y cayó en la cuenta de que ni tenía disfraz ni sitio donde dejar a Danny, supuso que Pullings se encargaría. Sobre el atuendo, iría con Sergi a comprarlo al salir del trabajo.
Paseaban por las calles de Covent Garden. Había miles de tiendas de todo tipo, y como decía Google, al final de esa calle estaba la tienda de disfraces. Le llamó la atención un escaparate con esposas y dos maniquis femeninos disfrazados de policía y enfermera respectivamente.
- ¿Es aquí?- dijo.
- Mira bien.- contestó con cara de aguantar la risa. Era una sex shop.- Ya sé que últimamente hacen los disfraces de mujer demasiado provocativos...
- Es verdad, ya una no sabe que pensar.- estaban parados enfrente de la tienda y una de las asistentas se asomó.
- ¿Quieren echar un vistazo?- preguntó. Ella negó con la cabeza
- Sí.- dijo él ante su sorpresa, tirando de ella hacia dentro de la tienda.
- ¿Qué estaban buscando exactamente?- dijo.- ¿Ropa interior, juguetes, sado maso?
- Esposas, cuantos menos adornos o algodones mejor. A ser posible de acero.- respondió él. Ella se limitaba a ser una mera espectadora.
- Entiendo...- dijo la señorita, morena de pelo corto a lo garçon que les escrutó con la mirada.- Esperen un momento. Creo que tengo algo nuevo en el almacén.
- ¿Qué demonios haces?- exclamó ella cuando la dependienta se retiró.
- Buscarte unas esposas. Aún es pronto para actuar, pero si se quiere propasar o te descubre podrás defenderte.
- ¿Con unas de juguete? Ya de paso cómprame un látigo de siete puntas.- ironizó.
- Son más buenas de lo que piensas.- aseguró. No quiso preguntarle por qué lo sabía.
La mujer volvió con unas esposas de acero bastante parecidas a las que usaba como policía. La calidad era relativamente la misma. Él las cogió y cerró una entorno a su muñeca, con rapidez.
- ¡Ay!- exclamó cuando las apretó demasiado. Él sonrió satisfecho.
- Nos las llevamos.- pagó el excesivo precio de las esposas, la dependienta se las dio a ella en una bolsa rosa demasiado grande para el tamaño de la compra que rezaba: Emily's, Sex Shop.
- La llevas tú que ha sido tu idea.- se la dio al salir de la tienda, estaba muy sonrojada.
- La lleve quien la lleve la gente va a suponer que es algo para el uso y disfrute de ambos, así que...- rió. Ella se distanció de él varios pasos hacia delante y sigió su camino.- ¡Pero no te vayas, te quedarás sin estrenarlo como sigas así!- balanceó la bolsa, toda la calle les miraba.
- ¡Max, cállate!- se lanzó a taparle la boca. Él se reía a carcajadas.- Eres tonto.- sentenció, fingiendo enfado, mientras él seguía riendo.
Apenas unos metros más adelante estaba la tienda de disfraces, en el escaparate había algunos realmente realistas.
- ¿Qué traje pretendes que me compre con unas esposas de acero? ¿Un traje de policía o de Catwoman de cuero?- ironizó.
- Lo que tu prefieras.- abrió la puerta de la tienda. Dentro había desde un cosplay de Iron Man, hasta un traje de capitán de la Marina del siglo XVIII. - La madre que me...
- Esto debe costar un ojo de la cara, no es cuestión de parecer haber salido de la máquina del tiempo cuando estemos ahí.- le susurró.
- Esos son los de exposición y que se hacen a medida.- dijo un hombre menudo con gafas que apareció detrás de ellos, haciéndola sobresaltarse.- Vengan conmigo, tengo un traje perfecto para cada uno de ustedes.- les condujo por un laberinto de estanterías mientras examinaba en siencio todos los apartados desplegables de los que tiraba haciendo salir otra decena de elementos de disfraces como camisas, sombreros o chaquetas y se iba echando en el brazo derecho, pues era zurdo, todo aquello que era aceptado con una leve sacudida de cabeza y un casi inaudible sí de aprobación.- Esto es todo, pasen al probador.
- ¿Dónde?- se respondió a si mismo al doblar una estantería al seguir el paso acelerado del vendedor y casi chocarse de bruces con él pues había parado a abrir las cortinas de ambos vestuarios.
Le tendió a ella un atuendo militar, un traje que parecía el mismo que usaba Jane Marple y un disfraz de la época victoriana. Se probó primero este último y salió, encontrándoselo a él disfrazado de Sherlock Holmes, con una pipa en la boca y una gorra Deerstalker. Parecía el verdadero detective.
- Sr y Sra Holmes.- dijo satisfecho el vendedor.
- Ni de broma, por lo menos no yo. ¿No le habrás dado también a él el traje del sr Marple?
- No había sr Marple, Jane era una anciana soltera y adorable.- dijo Sergi.- Siempre he sido muy fan de Agatha Christie y Sir Arthur Conan Doyle.- añadió cuando ella le fulminó con la mirada.
- A ti te queda muy bien, va mucho con tu personalidad.
- ¿Por que sé tocar el violín y tengo muy buena intuición?
- No, porque eres un excéntrico.- sonrió metiéndose de nuevo al vestuario.
Decidió probarse el militar, tenía que seducir a Fox, no parecer su abuela, además era una mejor escusa para llevar las esposas. Le quedaba francamente bien, era de camuflaje y por los galones, de un cabo. Salió a la vez que su compañero que iba vestido de bandido del lejano oeste. El tendero les entregó una pistola reglamentaria de juguete y un revolver de empuñadura blanca con una cruz respectivamente. Metieron las “armas” en sus respectivas fundas
- Muy guapo, Ben Wade. ¿Y tu sombrero?- lo cogió en ese instante y se lo puso. Era negro como su chaleco.
- Personalmente prefiero ir de Sherlock. Ir caracterizado como en el lejano oeste es algo muy típico. A ti te queda bien ese, ¿no crees?- ella asintió.- Está bien, nos llevamos ese y el de Holmes.- le dijo al vendedor que se frotó las manos como una mosca.
Una vez hubieron salido de la tienda, con la bolsa rosa camuflada dentro de una de las de los disfraces, se dirigieron hasta un pub, la puerta era azul y los marcos de las cuatro ventanas eran verde, rojo, naranja y rosa. El local se llamaba Imagine, y al entrar sonaba la canción homónima de John Lennon. ¿casualidad? El estilo era muy hippie, pero la clientela era de lo más normal. Sergi miraba por la ventana distraído, llevaba una camisa vaquera y jersey gris, lo que junto al cielo encapotado hacía que el color de sus ojos azules pareciera más grisáceo que de costumbre.
La madre de Max había pedido quedárselo hasta el día siguiente por lo que tenían todo el tiempo del mundo. Ella pidió en la barra una pinta para él y media para ella. No tenía que conducir pero dada su última experiencia con el exceso de alcohol prefirió no tomar demasiado. Decidieron pedir un fish and chips, como los turistas y los niños pequeños, no pidieron los frutos secos al centro pues el subinspector odiaba tremendamente los cacahuetes y podía olerlos a distancia, y estaría frunciendo el ceño y arrugando la nariz toda la cena. Cenaron tranquilamente acompañados por algunas canciones de la época mas psicodélica de The Beatles, como Magical Mistery Tour, y algunas como Dancing In The Moonlight o la canción favorita por excelencia de Coll, que tuvo que contenerse de no cantarla en cuanto reconoció la primera nota, Another Brick In The Wall.
- Me gusta este sitio y la música que ponen. Por no hablar de la comida y la cerveza.- dijo sonriendo.
- A mi también, podremos volver más adelante.- apuró su cerveza.- ¿Vamos? Ya he pagado antes en barra.
Regresaron a casa andando, pues estaba cerca. Ya era del todo de noche, pues eran las ocho cuando terminaron de tomarse la segunda cerveza, una negra que tomaron más relajadamente, reposando la comida. Las luces y adornos navideños daban un aura mágica a aquel barrio de calles pintorescas cuyas casas y variadísimos comercios debían de hacer de Covent Garden el barrio más colorido, junto a Notting Hill, de todo Londres. No llovió aquella noche, no al menos antes de que llegaran a casa. Se ducharon y pusieron el pijama como de costumbre y luego improvisaron algo de jazz al piano a cuatro manos, fue muy divertido. La inspectora recordó como en su adolescencia lo hacía con su amiga Sofía, vocalista del pequeño grupo de rock que formaron con dieciséis años. Sergi tocaba bastante mejor que ella por lo que ella hizo la base con la mano izquierda y una sencilla melodía con la derecha mientras él improvisaba con agudos y acordes. Un golpe fuerte en el techo, que estaba bastante alto respecto a donde ellos estaban, en la planta baja, hizo temblar la gran lámpara de araña y percatarse de que no eran horas para una intensa sesión de jazz. Decidieron posponerlo para el día siguiente, de todas formas, estaban bastante cansados.

Claire trajo al niño de vuelta a las nueve de la mañana, y les propuso volverá quedarse con él a la cena, pues hacía mucho que no lo veía y seguro que ellos querrían algo de intimidad. Aceptaron agradecidos y a las cinco pasadas ya estaban dejando al pequeño en la casa alquilada por Claire, cerca de Piccadilly y en camino hacia la fiesta, que empezaría a las seis, en el club privado de Richard Fox junto al puerto deportivo. En las calles circundantes al local caminaban personas disfrazadas, tanto de vampiro como de científico, pasando por piratas, animales e incluso zombies. Era divertido y llamativo ver todo ese ambiente en el que pasaban totalmente desapercibidos con su atuendo de Sherlock y de militar respectivamente. Habían dejado el coche a varias manzanas, cerca de la comisaría de policía portuaria, tantos coches caros aparcados en las calles harían las delicias de los afortunados ladrones así que decidieron no tentar a la suerte de ser los elegidos aparcando en ese lugar.
- ¿Llevas las invitaciones?- le preguntó la inspectora, algo nerviosa.
- Por enésima vez, sí. Tranquilízate, solo tienes que disfrutar de la fiesta y de su compañía, y claro, sacarle el máximo de información.
- Pero, ¿y tú?- preguntó preocupada.
- Estaré ahí por cortesía al principio pero luego me perderé entre la multitud.- se encogió de hombros. Una rubia despampanante en tacones de plataforma y traje demasiado corto y ajustado de enfermera, podría decirse que como aquellos que confundió en la sex shop, pasó por su lado, chocando hombro con hombro.- Perdón.- dijo, aunque la chica siguió su camino a paso acelerado sin volverse. El subinspector la miró de arriba a abajo. Arantxa carraspeó.
- Max Russell, vas disfrazado de Sherlock Holmes no de Supeman, así que deja de intentar desnudarla con la mirada.- le cogió por la barbilla girando su cara hacia ella.- Ya veo en que te vas a entretener.
- Como me dijiste una vez, que ya haya escogido plato no significa que no pueda ojear el menú.- rió.
- Eso lo adopté de una buena amiga,- sonrió recordando tiempos pasados.- Pero no te sirve de nada ojear el menú si no vas a tener la posibilidad de volver a escoger en este restaurante.- llegaron a la larga cola de gente que esperaba a que revisaran sus entradas y les dejaran pasar dentro del carísimo Black Club.
- Buenas noches, Russell.- dijo un hombre con un traje amarillo, una camisa blanca y una corbata negra de lunares, ataviado con un sombrero del mismo color que el traje. Tenía una máscara verde en la mano izquierda y le ofrecía la mano derecha, era Richard Fox.
- Sr Fox.- sonrió estrechándole la mano.- Digo, Máscara.
- Claro, que despiste el mío, sr Holmes, cabo primero, síganme. No es necesario que aguanten esta cola.- se volvió a poner la máscara para pasar desapercibido y los condujo hasta una puerta lateral.
Dentro ya había al menos cincuenta personas, y seguían entrando por la puerta principal.- Jane, dos Martini y un Cosmopolitan para la señorita.- dijo tras guardarse la máscara dentro de la chaqueta.
La chica vestida con un traje negro asintió.
- ¿Por qué no otro Martini?- dijo ella.
- ¡Sophie!- fingió regañarle Sergi.
- Tiene razón.- dijo tras dar una carcajada.- ¡Jane! Olvida el Cosmopolitan, que sean tres Martini.
- Perdona a mi mujer, es demasiado... orgullosa.
- No es orgullo, es trato igualitario.- musitó ella.
- No discutáis, bonita pipa, por cierto.- dijo cogiéndola del bolsillo de la chaqueta de Coll.- Aquí llegan las bebidas. Gracias Jane.
Brindaron la bebida y le dieron un trago.
- Dime, Max, ¿Cómo os conocisteis?- se sentó en un taburete, indicándole que se sentaran también.
Ella miró a ambos, expectante. ¿Sabría la verdadera historia?
- Estudiábamos en la misma universidad, me atrajo desde el primer momento en que la ví, pero como era algo ligón, y ella lo sabía, pasaba de mi cuando le tiraba los tejos. Fui muy perseverante y al final aceptó salir conmigo.
- Prosigue.
- Fue un completo desastre porque después de haber estado estudiando y haciendo problemas durante ocho horas me quedé dormido y cuando quise salir no me arrancaba el coche. Llegué una hora y media después me dijeron que ya se había ido.
- ¿No tenías móvil?- preguntó Fox.
- No quiso darme su número, y tras aquel día no la encontraba por ningún lado, sus amigas no querían decirme nada sobre ella.
- Podrías haber llamado al restaurante para avisarla, aunque supongo que con los nervios no caíste...
- Richard, estaba histérico, quería llegar cuanto antes, verla, pedirle perdón y decirle lo que sentía. No tenía tiempo de ponerme a buscar el número del restaurante.- la cogió de la mano.- Finalmente la localicé, entré en la clase en la que estaba, interrumpiéndola, y me la llevé de ahí. Le dije todo lo ocurrido, le pedí mil disculpas por mi desplante y conseguí su teléfono, otra cita y un beso suyo. A partir de ahí todo fue rodado. Nos graduamos, conseguimos ambos ser de los diez elegidos para ser becarios en Sheldon brothers y finalmente nuestro puesto fijo tras tres meses de prácticas. Un año después le pedí matrimonio, nos casamos en menos de un mes y se quedó embarazada a los cuatro meses de la boda.
- Tenéis una casa en Oxford Street, según dijo tu compañero, Tom. No pude evitar oírlo. ¿Cómo conseguisteis el dinero tan pronto?
- Mi jefe, Kevin Adams se pidió la primera baja en su historial laboral después de más de veinte años en la compañía y tres hijos. Yo supe aprovechar un suculento negocio, vendiendo los bonos que luego volví a comprar más baratos, lo que no costó una investigación por muy poco y me valió quedarme con su puesto. He de admitir que no era mi intención, otros lo anelaban verdaderamente. Aunque a día de hoy las cosas son muy diferentes, antes era demasiado inocente e inexperto en el mundo de los negocios. Con ese dinero pagamos la entrada de la casa y el coche y todo lo relacionado con nuestra boda.
- Menuda historia. ¿Eres un hombre ambicioso eh, Max?
- Más vale que nadie intente arrebatarme todo aquello que tanto me ha costado conseguir, supongo que a usted le pasará lo mismo, ¿no, Richard?- se miraban fijamente, como marcando territorio.
Cuando se dio cuenta, la sala estaba ya llena. Tenían que elevar el tono de voz para comunicarse.
- Claro.- sonrió y se metió la aceituna a la boca.- Ahora, si me disculpáis, tengo que dar un discurso.- se levantó, poniéndose la máscara y se dirigió hacia el escenario.
- ¡Vaya tensión!- le dijo la inspectora una vez se hubo alejado lo suficiente.- ¿Es cierto todo lo que has contado?.- se lo dijo al oído, pues la gente aplaudió al reconocer a Fox.
- Cien por cien, pensé que lo sabías.- aplaudió también.
- No sabía todos los detalles, gracias a que te ha preguntado a ti.- suspiró aliviada.
- Cuando termine su discurso vendrá a buscarte pero yo habré ido a hablar con un conocido, dejándote sola y aburrida como de costumbre, ¿de acuerdo?- ella asintió, Richard daba su charla de agradecimiento.- No va a hacerte nada, no te preocupes, aunque tampoco te fíes de él. Su notable cultura, su saber estar y su, hay que admitirlo, atractivo, no debes olvidar su condición.
- Lo sé, tranquilo. Nos veremos en este mismo lugar dentro de aproximadamente tres horas, alegarás algún motivo urgente para irnos y nos marcharemos.
- Me parece bien, hasta entonces.- le dio dos besos y le susurró al oído.- Recuerda en todo momento que tu seguridad es más importante que la misión.
Se fue, perdiéndose entre la multitud, no le sería difícil socializar y pasar el rato.
Cómo él había predicho, volvió a buscarla tras su discurso.
- ¿Y Holmes?- bromeó. Ella le miró con su mejor cara de aburrimiento.- Veo que es costumbre lo de dar plantón, ¿no es así? Anda, ven conmigo.- la cogió de la mano, llevándola hasta un apartado, una zona VIP.- En un rato vendrán algunos de los terratenientes que me venden su café o bien me dejan explotar sus tierras, pero mientras podríamos aprovechar el tiempo tú y yo.- se sentaron en un largo y cómodo sofá rojo.
- ¿Me echarás cuando vengan ellos? Muy bonito.
- Hablan español, no entenderías nada.- le pasó el brazo por el hombro.
- Por eso mismo, podría quedarme y hacerte compañía. Como salga y me encuentre a mi marido ya no podremos volver a estar juntos por esta velada.- tenía que hacer que aceptara así que le dio un beso fugaz en la mejilla. Él sonrió.
- Ya veremos.- intentó besarle en los labios, un pico, pero ella no le dejó.
- No corras, Richard, vas muy rápido.-se alejó un poco de él.
- Lo siento, olvidaba tu situación.- le besó la mano.- Y el protocolo, los europeos, y sobretodo los británicos avanzáis muy despacio en vuestras relaciones. Aunque lo tuyo con Max fue algo rápido una vez que empezó.
- Por eso no quiero tener prisa esta vez. Espero que lo comprendas.
- Por supuesto, iremos tan lento como tu quieras. Tenemos todo el tiempo del mundo.- una chica trajo dos copas de champán.
- Vaya.- dijo ella una vez se hubo ido.- Una pregunta, ¿ese traje también te lo ha hecho tu sastre?
- Por supuesto.- sonrió.- No me gusta ir de tiendas, ni tampoco los disfraces baratos. Aunque el tuyo y el de Max son bastante realistas. Aunque no estamos aquí para hablar de disfraces.- dio una palmada.
La misma señorita que trajo el champán trajo una bandeja con ostras.
- Rick...- musitó asombrada.- Esto es demasiado.- él la guió hasta la mesa de cristal donde habían servido la bandeja y le retiró la silla hacia atrás para que se sentara.
- No lo es. ¿Las has probado alguna vez?- se sentó a su lado, cogió una y la abrió, echándole limón y entregándosela. Repitió el proceso con otra que se quedo.- Imita mi procedimiento. Debes comerlas de un bocado, así.
Después de las ostras vino el caviar y después un suculento entrecôte. Era una cena a todo postín, lo tenía pensado de antemano. Cuando finalmente terminaron, tras un postre de chocolate, un hombre delgado de pelo canoso y traje negro como todos los trabajadores del local, se acercó a Fox y le susurró algo.
- Gracias, Lance. Aunque la señorita es de confianza.
- Por supuesto.- hizo un gesto con la cabeza.- Perdone señorita, le decía al señor Fox que don Matías Romera y Gonzalo Quiles han llegado.
- Son quienes estábamos esperando.- le dijo a ella, luego se dirigió a Lance.- ¿Sabe algo de don Pablo Rivera?
- Al parecer perdió su vuelo, manda sus más sinceras disculpas.
- Maldición.- chasqueó los dedos.- Da igual, supongo que lo veré dentro de dos semanas. Háganles pasar.
Lance hizo un leve movimiento de cabeza en señal de asentimiento y se retiró. Fueron hasta el sofá de antes, ella se sentó entre el mazo y Richard. En seguida volvió Lance acompañado de dos señores colombianos. El primero llevaba un disfraz de lo que catalogaría como Jack el Destripador, ya que era un traje victoriano pero además llevaba una sierra de huesos y un bisturí en el bolsillo exterior de la chaqueta. Obviamente no eran de verdad. El segundo, iba de piloto de avión.
- Sophie, te presento a Matías.- señaló a Jack.- y a Gonzalo.- y luego al piloto. Se pusieron de pie para saludarles.
- Nice to meet you.- dijeron con un acento latino muy marcado, dándole la mano. Luego Matías le habló en español a Fox.- Menudo bollo, ¿eh Richard?
Era las primeras palabras en español que escuchaba en mucho tiempo, aunque su entendimiento del dialecto colombiano no era muy amplio, supo lo que le decía.
- Dice que eres muy guapa.- se dirigió a ella en inglés y cambió el idioma para responder.- Siéntense.
- Bueno, Ricky, ¿quién es ella?- alzó la ceja
- No la miren, patanes. Es mía. Terminemos cuanto antes lo que hemos venido a hablar.
- ¿Nos entiende? Si lo hace debe asegurarme que es de confianza.
- Estoy completamente seguro de que no. Miren.- después le dijo a ella en inglés.- Preguntan que si eres una soldado de verdad.
- Ah, no, es un disfraz.¿cómo se dice?- vocalizó el inglés exageradamente, fingiendo reír. Fox estaba poniendo a prueba el hecho de que ella no entendía una palabra de español.
- ¿Ven? No entiende nada. Le dije que creían que era una soldado de verdad, ha respondido que no. Disimulen.- ellos rieron y asintieron con la cabeza.
- Perfecto, parcero, empezemos con esto cuanto antes.- Gonzalo le hizo un gesto a Quiles, que sacó una carta del bolsillo interior y se la entregó a Rick.- Ha habido una revuelta en las tierras, uno de los trabajadores quiso organizar una rebelión, pero uno de sus compadres lo largó todo. Mis hombres lo apresaron al alba. Como puede leer ahí todo consta como un accidente en los hornos donde se tuesta el café, el seguro le pagará a su familia lo suficiente para pagarle una caja de madera de pino.
- Malparidos, deberían trabajar en una verdadera plantación de café, como sus compañeros que explotan las plantaciones un kilómetro más al norte, eso si que es duro. ¿Y los tombos?- nunca se imaginó al correctísimo sr Fox hablar tan coloquialmente. Tal vez desconocía que lo fueran.
- Ese estúpido inspector está más que servido, cada mes se le paga con creces su silencio.- le tranquilizó Gonzalo.- Lo que puede darnos más problemas es su compañero, se ha pasado varias veces por mis plantaciones de café, afortunadamente está lejos de descubrir las de cocaína.
- No diga esa palabra, puede entenderlo. Llamémosle mercancía.- abrió mucho los ojos, ella fingió no haberse dado cuenta.
- Disculpe. En cuanto a ese agente, nos encargaremos como de costumbre, no se preocupe.
- Perfecto entonces. Es una lástima que Pablo no haya podido venir, ¿han traído algo respecto a la contabilidad de la empresa de mercancía?
- Nada, Fox. Contábamos con que viniera. Pero tranquilícese, el tema de los barcos de contrabando se ha solucionado, ya han dejado de hacer esas investigaciones en el puerto. No tuvieron la chance de registrarnos, pues pillaron a un pequeño vendedor insignificante.- sonrió Matías.
- Entonces no me queda otra que invitarles a una copa, ¿Cointreau, Zinard, J&B?
- Algo de su tierra, gringo, un Jack Daniels.- ¿era Fox de Tennessee o lo decía porque era una bebida americana?
- Que sean dos.- añadió Gonzalo, Fox se puso en pie.
- ¿Quieres un Jack Daniels o prefieres algo más suave?- ella levantó la vista del móvil.
- Releía Hamlet, lo siento pero lo he encontrado más divertido que una conversación en español.- él le acarició la mejilla, sonriente.- Creo que no beberé más alcohol, ya mismo he de volver con Max, que estará buscándome.
- Lo entiendo, no te preocupes, los despacharé pronto y tendremos un par de minutos más a solas antes de la medianoche.- ella miró el reloj del móvil, quedaba media hora para que tuviera que volver con el subinspector. Fox era realmente culpable de lo que se le acusaba, además de ser consciente de los asesinatos y sobornos que se producían allí, era un monstruo, un lobo con piel de cordero.
Les sirvió la copa a ellos, pero él no bebió nada.
- ¿No tomas?
- La señorita cuenta con poco tiempo antes de tener que volver con su marido, así que si no les importa me gustaría tener un poco de intimidad con ella.- ellos rieron.
- ¿Su esposo está aquí? Serás mamón. Si quieres podemos quitarlo de en medio.- ella tragó saliva.
- No, no. Es un buen tipo, pero tiene cierta debilidad por las mujeres. Conseguiré que caiga en los brazos de alguna y llegue a sus oídos, o a su visión.- sonrió orgulloso. Intentó no fulminarle con la mirada.
- Está bien, lo que tu prefieras.- se pusieron de pie, ella también lo hizo.-
Volvieron a estrecharse la mano.
- Nos veremos dentro de dos semanas.- concluyó Romera.- See you soon.- se dirigieron a ella.
Richard les acompañó hasta la puerta y una vez se hubieron ido y hubo cerrado, quedándose ellos dos a solas, se volvió hacia ella con mirada felina.
- ¿Qué pasa?- preguntó temiendo que la hubiera descubierto, llevándose disimuladamente la mano a las esposas.
- ¿Cuánto tiempo tenemos?- se quitó la chaqueta y la corbata, dejándola sobre la silla donde había cenado.
- ¿Para las doce?- leyó en su mirada un no.- ¿Para que vuelva con mi esposo?.- eso era un sí, miró su reloj.- Aproximadamente quince minutos.- titubeó.
- Más que suficiente.- se echó sobre ella, besando su cuello. Luchó por apartarlo.- Venga, Sophie, tú también lo deseas. Yo te demostraré que ir rápido no implica que todo vuelva a salir mal.- se separó un poco para mirarle a los ojos.
- Prefería hablar contigo un rato más.- cayeron del sofá, quedando ahora ella encima de él.- No me dejas otra opción que esta.- le sonrió, haciendo que él también lo hiciera.
Se escuchó un chasquido, Richard miró su muñeca, estaba esposado con la pata de la pesada mesita de mármol que tenía a su derecha. Ella se incorporó y dejó la llave en la mesa de cristal.
- Serás....- musitó, divertido.
- Tú sabes casi toda mi vida, por no decir todo puesto que pediste a alguien que buscara en mi pasado. Eso no te lo tendré en cuenta, pero has de decirme algo sobre ti. Lo único que sé es que eres un megalómano empresario que se llama Richard Fox y va a entrar a cotizar en bolsa.
- Tienes razón,- se sentó como pudo.- ¿Qué quieres saber?
- ¿Cuáles son tus orígenes? ¿Por qué elegiste este trabajo?- quería buscar una explicación para que hubiera decidido dedicarse al tráfico de drogas, el motivo que le hubiera movido a querer incrementar su fortuna a cambio de explotar, sobornar e incluso asesinar, mejor dicho, mandar explotar, sobornar y asesinar.
- Nací en Memphis, Tenessee. Mi padre tenía una pequeña tienda de importación. Traía productos de todoel mundo, con los años se especializó en un producto en concreto, el café. Se podría decir que me crié entre sacos de café. Mi madre ayudaba a mi padre con la tienda mientras nos criaba a mí y a mi hermana, Louise. Éramos una familia de clase media, vivíamos en una casa de dos plantas con jardín en Evergreen.- ella le escuchaba atentamente.- Cuando tenía diecisiete a mi padre le ofrecieron un trabajo mejor, como gestor de una gran compañía exportadora, por lo que nos mudamos a Florida. Estudié finanzas y contabilidad y me mudé a Inglaterra, con mi tío Ethan, el hermano de mi madre al que apenas conocía. Conseguí entrar a trabajar para tu compañía, Sheldon Brothers.- ella puso cara de asombro.- Todavía no habían fundado la sede en Canadá. Terry se fue allí persiguiendo el amor, pero el viejo lobo de Luke le convenció para que de paso ampliara el negocio.
- Vaya... Sigue narrando.- se sentó a su lado.
- Estuve cinco años trabajando como bróker en la compañía pero sentía que no estaba haciendo lo que a mí me gustaba. Mi hermana vino a visitarme, y conoció a un chico llamado Benjamin Clapton, mi enemigo público, bróker para Lawton brothers. Se enamoraron perdidamente e iban a casarse, pero la compañía quebró como sabrás. Clapton era un buen hombre, al fin y al cabo ya no había nada por lo que discutir, así que dejé mi puesto e inauguramos una pequeña compañía importadora, con muchos de los empleados de Lawton Brothers y algunos de mis antiguos compañeros de trabajo, que se unieron a mi causa.
- ¿Qué es de Clapton? Nunca lo he visto en tu empresa. ¿Trabaja en Colombia o algo así?
- Tiene un cuarenta por ciento de la empresa, pero trabaja desde su casa, en Sheffield. Prefiere estar rodeado de sus dos niñas, sus tres perros y su mujer.- rió.
Pensó que tal vez desconocía lo que Fox tejía con su importación de cocaína, o puede que lo supiera pero se sintiera mejor viviendo al margen, haciendo oídos sordos.
- Vaya, interesante historia. Lo que no entiendo es por qué no estás casado. Te debió romper el corazón alguna chica, ¿no es así?
- Creo que te he contado más que bastante por hoy, más de lo que le he dicho nunca a nadie.- estiró su mano libre para acariciar su mejilla.- Sabes más que yo incluso que yo de ti, no creas que Lionel Conrad me contó mucho más de tu pasado. El muy cabrón acaba de llegar de las Bahamas, te lo presentaré algún día. ¿Podrías soltarme ahora?
- Por supuesto... que no. Tengo que irme, si no nos volvemos a encontrar esta noche te deseo un feliz año nuevo.- se levantó, yendo hasta la puerta.
- No me puedes dejar así, tengo que presidir las campanadas. Y tenemos algo pendiente, he cumplido con mi parte del trato.- ella abrió la puerta.- ¡Al menos dame las llaves!
- Da una palmada, tal vez Lance te las traiga en una bandeja de plata.- salió, cerrando la puerta tras de sí. Con eso se aseguraría de que volverían a verse.
Sergi le esperaba en la misma mesa donde se habían sentado con Fox tres horas antes. Levantó la mano al reconocerla entre la multitud.
- ¿Y Fox?- preguntó.
- Vámonos, no hay tiempo.- él accedió y la cogió de la mano, guiándola contracorriente hasta el exterior, una vez fuera aceleraron el paso hasta el coche.
- ¿Qué has hecho?- preguntó intrigado.
- Nada. Bueno, le he esposado contra la pata de una mesa de mármol macizo y he dejado la llave algo lejos de su alcance, pero cualquiera de sus empleados le ayudará cuando lo vea.
- ¿Has hecho eso? ¿Intentó propasarse?
- Es una historia muy larga, vayamos a un lugar más calmado.

Southend-On-Sea era un bonito municipio costero en la desembocadura del Támesis, cuyas playas de fina arena dorada eran características por estar coronadas por una interminable hilera de casetas de madera a franjas blancas y azules o en tonos azul pastel que se perdían a ambos lados del horizonte. La noche estaba en calma y no había nadie en la playa. Tal vez nadie se atrevía a siquiera mojar los pies en el helado Mar del Norte, aunque fuera el último día del año. El susurro de las olas acariciando la húmeda arena, otorgaba un estado de relajación absoluta a aquel que se sentara en su, en aquel momento, reducida playa, debido a la marea.
- Por todo lo que me has contado queda confirmado que se trata de un hombre muy peligroso. Tiene contactos, demasiados tal vez, y mucho dinero, todo unido a un implacable deseo de conseguir todo lo que quiere cueste lo que cueste.- dijo Sergi como conclusión a todo lo que ella le había contado, sentado junto a ella en la arena jugueteando con la gorra en la mano.
- Intentará que caigas en los brazos de alguna mujer, y más vale que lo hagas porque si no podrá mandar borrarte del mapa.
- Olvidas que no estamos solos, no pienso acostarme con nadie, aquí eres mi esposa y te seré fiel. Como tú a mí, espero.
- Si no lo hago allí, no lo haré aquí.- aseguró.- Y sí, tienes razón, no estamos solos. Se lo contaremos a Pullings y él sabrá que debemos hacer.
Ambos suspiraron a la vez. Tenían ganas de acabar ya con todo y volver a casa, pero todo no había hecho más que empezar, lo que vendría ahora era lo más difícil, conseguir pruebas para inculparle, tal vez la utilización de micros, grabación con las smartglasses, conseguir algún archivo que lo vinculase con la importación de cocaína, que algún comprador hablara... y tras haber conseguido las suficientes pruebas que le hiciesen imposible no ser sentenciado tendrían que pasar por el proceso inverso a la vez que muy parecido al de antes de venir (entrevistas, psicólogos, vuelta a su aspecto original, coartada...)
- ¿Sabías que realmente nunca se nombra que Sherlock utilice una Deerstalker?- le puso la gorra.- Sin embargo es imposible no ver una y pensar en el personaje de Conan Doyle.
- Elemental, querido Watson.- bromeó ella.- Creo que si no la hubieras llevado nadie te habría relaccionado con Holmes, la gente es ignorante.
- Creo que la mitad no saben que es un personaje ficticio. Seguro que le dices que lo creó Sir Arthur y te lo niegan argumentando que han visitado su casa en el 221B de Baker Street.
- No me extrañaría. Por cierto, ¿has comido algo en esas tres horas?
- Sólo había cacahuetes.- hizo una mueca.- No entiendo por qué están tan sobrevalorados. Aunque he encontrado un más suculento manjar.
- Si se trata de una mujer no hace falta que des detalles.
- ¡No! ¿Qué te acabo de decir? Se trata de quienes has dicho...- miró su libreta.- Gonzalo Quiles y Matías Romera, se pusieron al lado mía en la barra quince minutos antes de que salieras, dijeron el lugar y el día de la próxima reunión, el once de enero en el Fabric, hay una zona VIP apartada de todo el gentío. Hay se reunirán con Richard y un tal...
- Pablo Rivera, lo sé. Perdió su vuelo y no ha podido venir, olvidé decírtelo.- le interrumpió.
- Creo que se encarga del tema económico.- le rugieron las tripas.- ¿Y tú, has comido algo?- ella bajó la mirada.- Me puedo imaginar, caviar y cosas así ¿me equivoco? Bueno, aún así podrías acompañarme a algún sitio.
- Max, son casi las once, lo único que vas a encontrar abierto va a ser un McDonalds o un Tesco 24h si tienes suerte.- rió- Será mejor que vayamos a casa.
- Tenemos tiempo, al fin y al cabo aquí es una hora menos.- recuperó su Deerstalker y se incorporó. La ayudó a levantarse tirando de sus manos.- Busquemos algo para picar, ¿uvas tal vez?

Pagó las dos bolsas de doce gominolas con la calderilla que tenía en el bolsillo trasero del pantalón. El joven dependiente, de cabello rojizo y ojos verdes le miraba con los ojos muy abiertos, preguntándose el por qué de su atuendo. Por el día que era y su rostro aún marcado por signos de la pubertad, tendría poco más de diecisiete años. La televisión, encendida anunciaba que quedaban menos de diez minutos para las doce, junta a esta, una chica también joven esperaba ansiosa temiendo que su compañero se perdiera las campanadas. Levaba una diadema con las cifras del nuevo año en color rojo y verde con purpurina, lo que le daba un toque llamativo.
- ¿No celebrará el nuevo año, señor? Parece no tener prisa.- se aventuró a decir. La chica puso los ojos en blanco, impaciente.
- Algunos me tacharían de excéntrico, pero prefiero disfrutar de mi violín o de una buena taza de té al calor de la chimenea.- sonrió de forma enigmática y se puso la gorra Deerstalker, haciendo un leve movimiento de la visera con la mano en señal de despedida.- Buenas noches.- el inocente joven quedó boquiabierto, preguntándose muy en serio si aquel hombre era el verdadero Holmes.
Avanzó hasta el banco donde ella esperaba sentada, mirando al distante Big Ben.
- Quedan menos de tres minutos para las doce, Sherlock. ¿Dónde has dejado a tu John Hamis Watson?
- Creo que John celebrará las campanadas dentro de una hora.- dijo en clara referencia a Andrés. Le tendió la bolsa.- Ya sé que no son huevas de caviar ni el champán caro que podríamos haber tomado en la fiesta, pero en mi opinión, esto es más dulce.
- Tu compañía también es más dulce, no quiero imaginar haber tenido que terminar el año al lado de Fox.- dijo aliviada, abriendo la bolsa de ositos Haribo.
Las vistas eran maravillosas, la luna regía en el cielo, aunque no llena como la semana anterior, iluminaba, quedando desde su ángulo de visión, justo encima de la cúpula de la torre.
El Big Ben empezó a marcar los cuartos, Coll abrió su bolsa y cogió uno.
- ¿Preparada?- ella asintió cogiendo también uno.
Sonó la primera campanada. Él le metió su osito de gominola en la boca con rapidez.
¡Ey!- le metió el suyo, devolviéndosela. Sonó la segunda.
Cogieron cada uno de su propia bolsa. Lo mismo con la tercera, la cuarta y la quinta. A la sexta Sergi le quitó una de su bolsa y ella le hizo lo mismo en la séptima.
- ¡Me quedan tres!- exclamó ella en la octava campanada.
- Yo las tengo justas.- le respondió riendo entre la novena y la décima.
- ¡Comparte la última!- le dio un codazo mientras sonaba la undécima.
- ¡Está bien! Cierra los ojos, da buena suerte.- la campanada número doce retumbó dando paso a los fuegos artificiales. Ella le hizo caso.
Sergi le metió el último osito a la boca, entero, no la mitad. Quiso decir algo pero sus labios fueron sellados por los de él, apretó su cabello con su recia mano derecha. Ella reaccionó posando sus manos en su rostro, acariciando su incipiente barba. Sabía que no debía hacerlo, se prometió a si misma olvidarle, pero en aquellas condiciones, conviviendo con él las veinticuatro horas del día, le era imposible no sucumbir a sus encantos. Olía a perfume masculino, mucho más agradable a su olfato que el que usaba Fox y su tacto era con creces más suave. Se separaron al pasar un grupo de vecinos cantando Auld Lang Syne, sin mediar palabra. Él sacó la lengua mostrando el ahora más pequeño osito de gominola. Esa era su manera de compartir.
- ¿Volvemos a casa?- le preguntó, recogiendo la gorra del suelo, ya que se le había caído al besarla.
- Pensé que me felicitarías el nuevo año.
- ¿Y qué es lo que acabo de hacer? -sonrió de oreja a oreja, poniéndose de pie.
- Feliz año nuevo, Max.- se incorporó.
- Feliz año, preciosa.- la apretó contra él y quiso volver a besarla, pero ella no le dejó.- ¿Por qué?
- No me confundas más, te lo ruego.- le abrazó. Él la abrazó también con fuerza.

No le apetecía para nada una reunión de año nuevo, pero tenía que ir. Sergi, o en aquel momento Max, se estaba afeitando tarareando Radioactive, pero una versión más jazz. Tal vez la de ese grupo que a él tanto le gustaba, Scott Bradlee's Postmodern Jukebox. El pequeño Daniel estaba ilusionado porque volvería a ver a su amigo Patrick, y ella estaba algo nerviosa por saber las órdenes de Pullings.
- Max,- le llamó, desde la puerta del baño. Él la miró con la cara llena de espuma de afeitar, la camisa celeste desabrochada, dejando a la vista la blanca interior, y el pantalón del pijama puesto, lo que le daba un toque muy gracioso. No pudo contener una risita.- ¿Te vas a poner traje?
- ¿Te ries de mi, Sophie? No te culpo.- se pasó la cuchilla por el bigote, luego añadió.- He pensado en el pantalón color crema y la americana azul marino. El vestido gris es muy bonito, podrías ponertelo.
- Buena propuesta, la tendré en cuenta. ¿Quieres picar algo antes de salir, algunas gominolas o algo?- le guiñó el ojo antes de irse, haciéndole sonreír.
Vistió a Daniel, le estaba tomando demasiado cariño y pensar en que cuando ellos se fueran se quedaría sólo, huérfano, tan pequeño, le partía el corazón. Si fuera por ella se lo llevaría cuando volviera a España. Después de ponerle un jersey amarillo mostaza, un vaquero y unas zapatillas Vans Disney que le había regalado Claire por Navidad, le dejó jugando tranquilamente con sus Lego y aprovechó para subir a vestirse. Se cruzó con el subinspector en la escalera, se había engominado el pelo hacia atrás e iba dejando un rastro de olor a espuma de afeitar y perfume Hugo Boss.
- ¿Me da tiempo a tocar Moonschien de Beethoven con el piano?- ella se señaló a sí misma en respuesta, para mostrarle que aún no se había arreglado por lo que le daría tiempo de sobra a tocarla por lo menos dos veces.
Abrió el armario para comparar los zapatos que tenía con sus opciones de ropa, decidió hacer caso a la propuesta de su compañero y ponerse el vestido gris perla adornada con un broche de pequeños diamantes, además de la pulsera que le regaló. Bajó para encontrar a Coll tocando, con el ceño ligeramente fruncido como cada vez que se concentraba mucho en algo, con el niño sentado en su alda, atento al veloz movimiento de dedos de su padre.
- Danny, enséñale a tu madre lo que hemos practicado. ¿Listo?- el pequeño asintió.
Él hizo un acompañamiento, lentamente con la izquierda mientras, mordiéndose la lengua, Daniel tocaba la parte correspondiente a la mano derecha. Era una canción muy sencilla que no tendría más de cinco notas diferentes, pero sonaba muy bien, si el niño se equivocaba, Sergi le daba palabras de ánimo para que siguiera o lo volviera a intentar, mientras adaptaba su melodía a estas pequeñas interrupciones.
- ¿Te ha gustado, mami?- preguntó sonriente.
- ¡Eres un campeón!- le tomó en brazos, haciéndole reír. Intercambió una mirada con Sergi, que le guiño el ojo.
- Te sienta muy bien ese vestido, mejor de lo que pensaba.- se acercó para coger él al pequeño.
- Tú eres quien me lo ha recomendado.- dio una vuelta sobre si misma con los brazos extendidos.- ¿Estamos preparados?
- Sí.- dijeron los dos al unísono.
- En marcha, entonces.-rió.
James Pullings abrió la puerta con una sonrisa. Llevaba unos vaqueros oscuros, camisa blanca y americana gris, el pequeño Patrick jugaba con un yo-yo a unos pocos paso tras él.
- Pasad.- les indicó con un leve movimiento de brazo.- Ah, lo olvidaba. ¡Feliz año nuevo!
- ¡Feliz año!- dijeron Sergi y Arantxa al unísono. Luego él añadió.- Ya tenemos lo que nos pediste.
- ¡Eso es magnífico, qué rapidez! Sentaos, Élise estará al bajar.- se sentaron en aquel cómodo sofá en el que habían pasado amenas veladas las noches anteriores. Daniel pidió permiso para levantarse a jugar con el hijo de los Pullings, que montaba una torre con piezas de construcción en la alfombra junto a la chimenea.
- Patrick, ¿por qué no le enseñas a Danny tu colección de cromos?- propuso James a su hijo como excusa para que les dejara a solas. El niño asintió, poniéndose bien las gafas de pasta, que al quedarle algo grandes se le resbalaban con frecuencia, y llevándose a su amigo hasta su habitación en la planta de arriba.- Contadme las nuevas.
La sra Pullings bajó dos minutos después de que empezaran a narrar lo acontecido el día anterior, sentándose al lado de su esposo y poniéndole una mano afectuosa en el hombro. Ella era ex-agente, que había abandonado su puesto en el MI6 por su hijo, aunque seguía colaborando y aconsejando a su marido. Les pusieron al día sobre el negocio turbio que Fox se llevaba etre manos, los nombres de sus contactos colombianos y cuando sería próxima reunión, obviaron el tema de su pasado pues seguramente sus jefes ya le habrían dado toda esa información.
- Habéis sido muy eficaces, necesito conseguir o bien carta blanca para dejaros actuar o bien una orden de mis superiores y os equiparé con lo necesario para realizar grabaciones de voz o vídeo, fotos... todo lo necesario para captar rostros, conversaciones o archivos que puedan inculparle.
- Grabé algo con las smartglasses. Sólo es un pequeño fragmento, tuve que fingir que leía algo importante, pues con el disfraz no las llevaba.
- Bien, envíamelos. Skinner te dará mi respuesta y el material que os he dicho, además de cualquier otra cosa que necesitéis o creáis que será útil para la investigación.- encendió un cigarrillo y le ofreció otro a Max.- Sobre lo del intento de Fox de que engañes a Sophie, no se lo pongas tan fácil, cuanto más difícil se lo pongas más tiempo tendréis. Nosotros nos encargaremos de protegeros.
- De acuerdo, muchas gracias.- contestó Coll.
- Bueno.- miró su reloj.- Son las seis y media. En cuanto terminemos este cigarro salimos. ¡Paddy, Danny, bajad!
Comerían en un Bistrot, a pocas calles de Piccadilly Circus.

La reunión con Skinner había durado poco más de una hora. Max debía seguirle el juego a la chica que intentaría conquistarle y alejarle de Sophie, lo suficiente para que Fox estuviera satisfecho pero sin llegar a nada, tal vez mostrarse algo reticente hacia engañar a su esposa, no pasar de un par de citas y andar con mucho cuidado, Fox podría mandar que ella lo quitara de en medio si le resultaba demasiado molesto. En cuanto a ella, debería acercarse más a él, ganarse más aún su confianza, verlo más a menudo. El objetivo era conseguir un archivo que vinculara a Richard con el tráfico de drogas, tanto grabando alguna llamada telefónica, como robando algún informe. La opción de pinchar el teléfono o instalar cámaras estaba claramente descartado, por lo que ella debía apañárselas sola.
Por otro lado, Richard la había citado en su casa, una mansión en Kesington, para esa misma noche. Quería desearle un feliz año en persona, según decía, aunque ella sabía que quería terminar lo que quedó pendiente por las esposas. Se puso un vestido de gasa rosa pastel, que tenía la espalda ligeramente descubierta, y unos tacones del mismo tono, Fox era también un hombre alto, aunque de complexión más delgada que Sergi, que era más ancho de espalda, hombros y cadera. Richard la recogería en Oxford Circus, personalmente según había dicho, sin su chófer Robert.
A las seis, según le había prometido pasó a por ella, conduciendo esta vez un maravilloso Bugatti Galibier azul marino y plateado, Rick tenía predilección por los coches de alta gama italianos.
- Buenas tardes, Sophie.- dijo arrancando cuando ella se hubo abrochado el cinturón. El Bugatti rugió- y feliz año.
- Feliz año, Rick.- sonrió.- Bonito coche por cierto.
- Tengo otro más, el viejo Jaguar de mi tío Trevor. Y una moto que sé que te encantará.
- Pensaba que dirías otro modelo italiano, un Ferrari quizás. Aunque creo que están sobreestimados, personalmente prefiero los Jaguar.
- Estoy de acuerdo contigo, y no andas desencaminada.La moto en cuestión es una Ducati 750 Sport de 1973, una auténtica pieza de colección en la que podemos dar una vuelta cuando quieras.
- Amo esa moto. Tengo una réplica en miniatura en mi mesa de trabajo.- fue algo que le llamó la atención cuando se estableció en su puesto en Sheldon Brothers. Ella tenía en España también una figurita de una moto, aunque era una Harley Davison que le había regalado su hermano.
- Estoy seguro de que te encantará mi casa, es una pena que no te puedas quedar a dormir. Aunque todo se andará.- sonrió maquiavélicamente, incorporándose a una avenida más transitada.
La casa del señor Fox estaba rodeada por altos muros de piedra y árboles y arbustos diversos, lo que imposibilitaba vislumbrar siquiera la fachada de la casa. Richard paró el coche frente a la verja de acero. El piloto rojo de una cámara en ella, que enfocaba directamente a la luna del coche, cambió a verde, abriéndose la verja.
- Vaya...- murmuró sorprendida, Rick sonrió orgulloso.
La casa era de diseño, de paredes de piedra y acristaladas según la estancia, chocaba bastante en comparación con las perfectamente simétricas casas del lujoso barrio pues era de diseño algo irregular y vanguardista. Aparcó en la zona empedrada de la parte delantera de la casa.
- Te mereces entrar por la puerta principal, no por la cochera.- se excusó por no dejar el coche en el garaje, abriéndole la puerta del acompañante desde fuera.
- Si llueve esta noche tu coche se va a mojar.- advirtió mientras él introducía la llave en la cerradura de la puerta principal.
- Tranquila, Robert se encargará.- sonó el chasquido propio al abrir la cerradura y la puerta cedió- Adelante, pasa.
El interior de la mansión estaba al nivel del automóvil y de la fachada y el jardín. Había muebles de colección, cuadros de arte moderno y contemporáneo, suelos de mármol o parquet... Una gran escalera daba acceso a las estancias superiores, había dos plantas por encima de ella y una por debajo según lo que había observado desde el exterior. Fox la condujo hasta un amplio salón en las que dos de sus cuatro paredes eran una cristalera que tenían vistas al precioso jardín.
- Una casa preciosa.
- Te enseñaría el resto, pero prefiero que lo descubras por ti misma. Si tienes curiosidad en ver alguna habitación, tú misma.- dijo sentándose a su lado en el sillón blanco, cogiéndole la mano.
- No estaría bien, prefiero que seas tú quien me las enseñe.- sonrió.
- Olvida la cortesía de una vez, hay confianza.- sonrió.- ¿quieres una copa antes de cenar? Tengo un Pastis 51, regalo de un viejo socio francés, que estoy seguro que te encantará.
- Me parece bien, ¿Qué vamos a cenar?
- He de preguntarle a doña Bridget qué ha decidido al final de los platos que le propuse. Pero te adelanto que está delicioso.- se puso en pie para servir las copas.
- ¿Doña Bridget? ¿Tienes cocinera personal?
- No porque no sepa cocinar, sino porque no tengo tiempo. Aunque verdaderamente tampoco soy un cocinitas.- le tendió la bebida.- ¿Y Max, cocina?
- No estamos aquí para hablar de Max.- fingió estar molesta.- Pero sí, cocina y bastante bien.
- Tienes razón, lo siento, no puedo evitar competir.- dijo dejando su copa sobre la mesita de cristal que había entre ellos y la enorme televisión de plasma.
Quien debía ser la señora Bridget, apareció ataviada con un delantal blanco. Tendría aproximadamente sesenta años, el pelo corto y grisáceo y los ojos azules.
- Sr Fox, señorita.- dijo con un leve movimiento de cabeza.- La cena está servida.
- Perfecto Bridget, puedes retirarte.
Fox condujo a la inspectora hasta un amplio comedor, de muebles de madera de cerezo y con una preciosa chimenéa de diseño. Sobre la mesa esperaba la deliciosa comida preparada por Bridget. En la pared habia un cuadro pop art de The Beatles y a unos pocos metros otro en el que había dibujado un boceto de un indio Cherokee. Era dos representaciones de su vida, la primera más moderna y actual, en la que se fusionaban la tradición británica con las exigencias tecnológicas y actuales de su trabajo.El segundo representaba el pasado, su pasado en Tenessee pues aquella tribu era originaria de allí. Un pasado recordado con nostalgia pero al que no regresaría.
Terminaron la cena con un tiramisú y una copa de Calvados, Fox le había hablado de Jean-Bautipste Cotillard, esa botella también era un regalo suyo. Se preguntó si el francés estaría también involucrado y si podrían sacarle algo de infromación. Sergi se encargaría.
- ¿Qué te ha parecido la cena?- preguntó, poniéndole la mano en la espalda mientras la conducía a otra salita diferente a la anterior.
En ella había una mesa de billar con el tapete rojo y las bolas perectamente colocadas. Una lampara de metal alumbraba la mesa. Además había una barra y dos banquetas y dos cómodos sofás de piel verde oscura.
- Exquisita.- dijo complaciente.- Bonita sala de juegos.
- Yo llamaría sala de juegos a otra estancia que hay en la planta superior, desde la que se aprecian unas vistas extraordianrias, concretamente desde la cama.- dijo lascivo, abrazándola desde la espalda. Ella dio una carcajada.
- Contente, fiera.- le separó de ella.- No estoy preparada para engañar a mi marido, no se lo merece.- mostró fingido arrepentimiento.- Esto no está bien.
- Sophie, ya es un poco tarde para eso, ambos estamos enamorados, nos merecemos ser felices. Tuvisteis vuestro momento, no podéis seguir prolongando algo que ya está muerto.- insistió.
- Tenemos un hijo en común, Richard, no lo olvides. ¿Qué pasaría si me divorciara? No podría seguir trabajando en el mismo lugar que él, además de que Skinner preferiría conservarle a él.
- Yo te daría un trabajo en mi empresa, lo sabes. Muchísimo mejor pagado.
- Olvidas la custodia.
- Tengo muy buenos abogados y mejores contactos. Si es porque necesitas una pareja y un hogar sabes perfectamente que vendríais conmigo. La casa es grande, además podría pagarle las mejores escuelas al pequeño Daniel. Necesito un heredero.- le sonrió.
- No es tu hijo, Rick.- acarició su áspera mejilla.- Max no se merece que se lo arrebate. Él lo ama con locura.
- ¿Piensas que él aceptaría una custodia compartida después de que lo abandonaras? Te equivocas, es un hombre posesivo y como tal, rencoroso.- cogió su mano y se la llevó a los labios.
- No sé porque hablamos de esto. Por ahora no pienso divorciarme, es precipitado.- se apartó de él.
- ¿Desconfías de mí?
- Te dije que quería ir despacio. Por favor, Richard, no estropees la velada.
- De acuerdo, perdona. ¿Jugamos al billar?
Richard Fox era muy bueno jugando al billar americano, lo hacía mejor incluso que John o que Sergi. Sabía darle efectos a la bola que sólo había visto en los vídeos de YouTube que John se afanaba en conseguir imitar sin mucho éxito cuando estaban juntos. Le ganó sobradamente en apenas unos minutos, cosa que en parte la alegró, ya que recordó aquella noche con Sergi en la que animados por la bebida y por la fuerte tensión entre ellos, no paraban de insinuarse con cada jugada. Pensar que Fox acercara tanto su pelvis contra sus glúteos como su compañero había hecho aquella velada le provocaba sudores fríos. Seguramente era el soltero de oro de todo Londres pero ella sabía que no era oro todo lo que relucía. Además, Fox era bastante más mayor que ella, concretamente doce años.
- ¿La revancha, Katic?- la llamó por su apellido de soltera, sirviéndose otra copa.
- Creo que debo irme ya.- dijo mirando su reloj.- Es tarde.
- Mañana es domingo, ¿qué importa?- dejó la bebida sobre la barra.
- Max sabe que no me quedo hasta tan tarde en casa de amigas, va a empezar a preocuparse, o lo que es peor, a sospechar.
- Podrías decirle que te quedas a dormir.- leyendo su mirada añadió.- No hay nada malo en dormir juntos.
- No puedo, de verdad. Pero me quedaré un rato más, hasta las once.- Rick sonrió orgulloso.- ¿Podrías decirme donde está el aseo?
Ella cogió su bolso y le siguió hasta el aseo de la planta baja, le dio las gracias con un gesto y entró, echando el pestillo. El plan estaba en marcha, se echó el frasco de perfume que le habían entregado en cuello y muñecas, tal y como le habían indicado. Para disimular se peinó un poco y tiró de la cisterna. Al salir Fox le esperaba en la puerta, al final también se había quitado la corbata y el chaleco y se había sacado la camisa por fuera del pantalón. Leyó sus claras intenciones en sus ojos.
- ¿Qué hacemos?- preguntó él.
- ¿Qué te apetece hacer a ti?- nada más terminar de formular esta pregunta Richard la empotraba contra la puerta del ascensor, ella le dio acceso a su cuello,evitando que la besara en exceso en los labios.
- ¿Te has echado perfume, chica mala?- la puerta se abrió y entraron dentro donde siguió acorralándola. Pulsó el botón de la segunda planta.- Me aseguraré de que no te escapes.- sonrió.
La había esposado contra su muñeca. Debía pensar rápido como liberarse.
El ascensor paró abriendo sus puertas en la segunda planta. Él la condujo hasta su habitación invadido por el deseo. Aquel era el momento.
- Dame la llave, prometo no marcharme.
- No.- sentirlo en su cuello era nauseabundo, querría haberle apartado de una patada mucho antes, pero la misión estaba en juego.
- ¿Dónde la escondes? No podrás desnudarme si no liberas mi muñeca.- insistió, él señaló al bolsillo delantero derecho de su pantalón. ¿De verdad tenía que meter la mano ahí, tal y como estaba la situación en aquel lugar de su cuerpo? Intentó atraparlas sin éxito.
- No me hace falta desnudarte.- dijo él cogiéndolas y tirándolas al suelo. Se echó sobre ella, acorralándola contra el colchón y cuando parecía que ya no tenía escapatoria, el perfume-somnífero hizo efecto. Se quedó inconsciente sobre ella, echando todo su peso. Por un momento pensó que no iba a funcionar.
Rotó hasta caer ambos al suelo. El golpe fue duro pero el somnífero era más potente. Se estiró todo lo que pudo para alcanzar las llaves y finalmente se soltó. Tenía diez minutos para conseguir algo que lo relacionara con el caso y volver.
Fue rápidamente hacia su despacho, cogiendo su bolso, que estaba junto al ascensor, por el camino. Había dejado los tacones junto a la cama tirados como si se los hubiera quitado en medio de la pasión previa. Avanzó hasta lo que debía ser el despacho, en el otro ala de la casa. La puerta estaba abierta, afortunadamente no le hizo falta la llave maestra. Entró al pulcro y moderno despacho. Para su suerte todas las cámaras que había ocultas en la casa habían sido inhibidas por un equipo especial del MI6 durante veinte minutos, desde que mandó el mensaje en clave a Max: “Hay mucho atasco, llegaré algo más tarde” desde el cuarto de baño. La mesa estaba perfectamente ordenada, en las estanterías había libros y algunas carpetas y en los cajones miles de archivos. En el ordenador no estarían pues podrían ser hackeados. Tras la silla del despacho había una réplica de la Declaración de Independencia pintado por John Trumbull. Pensó en todas las películas de espías y tiró del lateral de este, efectivamente tras él había una caja fuerte cifrada con seis dígitos. Sin pensárselo, pues no tenía tiempo puso 741776 la fecha de la Independencia Estadounidense. Para su sorpresa se abrió,era demasiado fácil para ser cierto. Encontró uno de los archivos que le había dado uno de los colombianos y lo dobló hasta hacerlo lo más pequeño posible para luego meterlo en el bolso. Volvió a dejar todo como estaba antes de que entrara al despacho, y volvió hasta Fox, que aún yacía en el suelo. Tal vez hubiera inhalado demasiado. Se puso de rodillas a su lado, con el teléfono móvil en la mano para fingir llamar a la ambulancia cuando despertara. Abrió los ojos con gesto de dolor.
- ¡Por dios, Rick! ¡Qué susto me has dado! ¿Estás bien?- soltó el teléfono y lo incorporó levemente abrazándolo, fingiendo alivio y preocupación.
- ¿Qué ha pasado?- acertó a preguntar.
- Nos caímos de la cama y te quedaste inconsciente, no despertabas así que alcancé las esposas y fui a buscar mi bolso para llamar a emergencias. ¿Te ha pasado esto antes?
- Es la primera vez, y por lo que estoy viendo es peor que un gatillazo. Mil disculpas.
- No tienes que darlas, tal vez haya sido la bebida, o los nervios, o el golpe, o todo junto. Quién sabe. Lo importante es que ahora estés bien. ¿Quieres que te vea un médico?
- No hace falta, no es nada. Tal vez haya sido tu embriagador perfume, o el aroma de tu cuerpo.- quiso quitarle hierro al asunto, se le veía verdaderamente avergonzado. “No lo sabes tú bien” pensó ella.- Ayúdame a levantarme.
Le ayudó a ponerse en pie y le sentó sobre la cama.
- No puedo llevarte a casa, no quiero correr el riesgo de que vuelva a pasar mientras conduzco. Puedes quedarte, así me harás compañía. Estoy seguro de que te quedarías más tranquila.
- Una cosa es lo que yo quiera, y otra es lo que deba hacer para que podamos seguir viéndonos con normalidad. Debo irme, pediré un taxi.- le dio un beso en la frente.- Gracias por esta maravillosa velada, ahora descansa y no te preocupes. Si te encuentras mal o te vuelve a pasar llámame sin falta, ¿de acuerdo? -Richard asintió y la besó en los labios, de forma algo más brusca de como lo hacía Coll. Se separó de él rápido pero procurando que no se sospechara cuanto le repelía su contacto.- He de irme, son y diez.
- Robert te llevará, debe de estar en la cochera. Te acompañaría pero no quiero hacerte perder más tiempo.
- No digas eso. Duerme anda. Mañana te llamaré para ver que tal estás.

Robert la había llevado hasta el mismo punto donde la había recogido Fox varias horas antes. Subió a su casa temblando, tocó al timbre y se dejó caer llorando en los brazos de su compañero.
- Lo has hecho muy bien, eres muy valiente, cariño.- la abrazó con fuerza, cubriéndola de besos.- Tss, tranquila, ahora estás aquí conmigo, nada malo volverá a pasarte.
- Max, yo...- intentó hablar.- Él... Me ha besado y tocado, y yo he tenido que dejar que lo hiciera.- él le enjugó las lágrimas con sus pulgares mientras sostenía su cara entre sus manos.
- No lo pienses, ese cabrón no volverá a tocarte, porque gracias a eso ya tenemos pruebas para inculparle.- apoyó su frente contra la suya.- Ven, te he preparado la bañera. Así te despejarás un poco.
La rasgada voz de Nina Simone inundaba, no a un volumen excesivamente alto, todo el cuarto de baño. Estaba metida en el agua llena de espuma hasta un poco por debajo de la nariz, disfrutando del aroma a albaricoque del jabón y de la música que Sergi le había puesto. Tocó a la puerta del baño, a su espalda.
- Pasa.- contestó. En aquel momento poco le importaba nada, ni siquiera el hecho de que, aunque estuviera tapada por la espesa capa de espuma, estaba completamente desnuda.
- ¿Cómo estás?- tomó asiento en una pequeña banqueta negra junto al borde de la bañera. Cogió su mano, que descansaba sobre el borde de la bañera.- ¿Qué es esto?- tiró de su brazo pues encontró marcas rojas. Ella bajó la mirada.- ¿Hay más? ¿Qué has hecho?
- Quitarme su saliva y su olor.- musitó, dejando que tirara de ella, tapándose el pecho con el otro brazo.
- Menudas marcas te has hecho.- cogió la esponja y la mojó en el agua caliente, empapándola de nuevo y luego le frotó con suavidad la espalda.- Siento no haber podido protegerte, lo siento de verdad.
- No es tu culpa, bastante estás haciendo ya.- dijo aún con la respiración agitada por el llanto.
- Es lo mínimo que podría hacer, no te preocupes.

Acarició su cabello tras comprobar que estaba dormida. Sólo de pensar lo cerca que había estado ese cabrón se le revolvían las tripas. Ella había sido muy inteligente, fuerte y sobretodo profesional. Era normal que estuviera en ese estado psicológico en aquel momento, por muy preparada que estuviese, a diferencia de él nunca había hecho nada igual y era una situación bastante dura.
Guardó el archivo que ella había conseguido en el despacho, al día siguiente sin falta Pullings iría a recogerlo y a informarles sobre el siguiente paso.
Tras asegurarse de que el pequeño dormía plácidamente y que la puerta principal estaba cerrada con llave volvió a la cama, ella dormía profundamente. No quiso despertarla por lo que descartó la idea de abrazarla contra sí por la espalda. Al despertar comprobaría, que ella había decidido hacerlo en su lugar, él dormía de lado y ella le abrazaba desde atrás, podía notar su respiración en el cuello y hombro y su calor en su espalda y glúteos.
Tocaron al timbre. Desconocía qué hora era, buscó su reloj, aún con ella abrazada. Se había quedado dormido, eran las nueve y media.
- Maldita sea...- musitó. Se soltó de sus brazos con el máximo cuidado y se incorporó, poniéndose las zapatillas y las gafas. Cogió su bata antes de bajar.
Miró por la mirilla para comprobar que era James y abrió.
- Buenos días.- dijo quitándose las Ray Ban y enganchándolas en el bolsillo de la americana.- ¿Te he despertado?
- Me he quedado dormido.- se pasó la mano por el alborotado cabello.- Pasa.
- ¿Y nuestra estrella?- dijo refiriéndose a la inspectora. Sergi hizo una mueca.- ¿Ocurre algo?
- Está aún descansando. Anoche llegó bastante alterada, es la primera vez que tiene que afrontar algo así sola.- le indicó con la mano que tomara asiento en el sofá en forma de L. Él lo hizo en el sillón contiguo.
- Ya, tuvo la mente muy fría en todo momento, es normal que se derrumbara una vez hubo pasado todo, corrió un gran riesgo en todo momento, tanto de que él no se durmiera a tiempo, como de que se despertara demasiado pronto, o de no acertar con la clave. Es una chica brillante y con mucha suerte.
- Lo es.- asintió.- Voy a por el archivo que consiguió para que le eches un vistazo.- hizo ademán de ponerse en pie, pero una mano en el hombro le paró haciendo que volviera a sentarse.
- Buenos días, James,- era la inspectora.- Max.- él le cogió la mano en señal de cariño, sin soltarsela hasta que se sentó a su lado, en el mazo del sillón. Ella dejó el papel sobre la mesa.
- Buenos días, Sophie. ¿Qué tal estás?- se interesó Pullings.
- Mejor, gracias.- forzó una sonrisa.- Esto es lo que conseguí, pero seamos realistas. Fox no es tonto y no tardará en percatarse de su ausencia si no lo devolvemos, mirará entonces las grabaciones de seguridad para encontrarse con un fallo en las cámaras que coincide con su misterioso desmayo.
- No encontrará fallo, sustituimos tu entrada por otro fragmento de la pasada madrugada. Y, sí, tienes razón, habrá que devolver el archivo cuanto antes.
- O sea, que tendré que volver a pasar por el mismo riesgo.- dijo ella frunciendo el ceño.
- No será necesario, ¿verdad James?- replicó Sergi, pasándole la mano a ella por la espalda.
- No, no lo será.- titubeó.- Hay varias opciones algo más arriesgadas pero creo que después de esto podré convencer a mis jefes.- ella se puso en pie y se dirigió hacia la ventana.
- ¿Crees? Ya...- suspiró.- Si hace falta que lo haga lo haré.- añadió para sorpresa de Sergi.- Pero dedidme la verdad.
- Lo hago, de veras. Haré lo que esté en mi mano en la reunión que tengo dentro de una hora y te avisaré con lo que sea.- aseguró.- Ahora os dejaré desayunar tranquilos. Disfrutad de vuestro domingo.- se puso en pie y estrechó las manos de ambos.
Coll le acompañó hasta la puerta.
- No vas a tener que hacerlo, confía en él.- dijo acercándose a ella que miraba por la ventana.
- Aún así, mis encuentros con él no terminan aquí, necesitarán más datos.- se dio la vuelta, para mirarle a los ojos, con las manos apoyadas en el poyete interior de la ventana.
- Te prometo que la reunión del fin de semana que viene será la última vez que lo tengas que tratar.- la abrazó.- Prepararé el desayuno mientras despiertas a Daniel.- le dió un beso en la mejilla y le dejó que se separara.
Ella asintió y subió hasta la habitación de Danny. El pequeño dormía abrazado de su osito Badú de peluche, con el cabello rubio alborotado y la cama bastante deshecha. Se descalzó y se tumbó a su lado, abrazándolo. Le había tomado demasiado cariño y le rompía el corazón pensar que sería de él al acabar la misión. Abrió sus ojos azules muy parecidos a los de Sergi, pese a no ser su verdadero padre, y sonrió.
- Buenos días, mamá.- dijo con voz adormilada acurrucándose en sus brazos.
- Buenos días, cielo.- le besó en la frente.- Papá está preparándose el desayuno, ¿bajamos?
Movió la cabeza, asintiéndo y se incorporó.
Bajaron de la mano, el subinspector preparaba leche y café con su delantal negro parecido al de los chefs de alta cocina puesto, pese a que llevaba el pijama.
- 'Morning, Danny.- dijo de espaldas a ellos al escuchar sus pasos.- ¿Qué te apetece desayunar?
- ¿Qué puedo elegir?
- Lo que quieras, tengo ganas de cocinar y mucha hambre.
- ¿De verdad?- dijo con los ojos brillantes.- ¡Haz tortitas! ¡Hace mucho que no haces tortitas!
- Mmm.- fingió pensárselo.- ¡Trato hecho!- le estrechó la mano.- Pero tendréis que ayudarme a hacerlas.
Nunca había esperado de su compañero que supiera cocinar tan bien. Daba más el aspecto de ser de esas personas que no saben freír un huevo sin mirar un tutorial en YouTube. Se divirtieron mucho haciendo las tortitas y luego comiéndoselas acompañadas de mermelada, Nutella o mantequilla con azúcar. Parecían una familia feliz. Tras recogerlo todo hicieron las camas y se vistieron, irían los tres a Legoland, en Windsor, pues al pequeño y a Max le chiflaban los Lego.

Tras volver de la agotadora jornada en el parque temático Sergi revisó el correo. Había un mensaje en la bandeja de entrada.
Para: Max Rusell De: James Pullings
Asunto: Información clasificada.
La reunión ha sido bastante satisfactoria, hemos concluido en que os merecéis un descanso hasta el día de la fiesta mensual organizada por Fox el próximo fin de semana. En cuanto al archivo conseguido, es una pieza importante, pero para poder unirla al resto del puzzle necesitamos que consigáis el mayor número de grabaciones el día señalado, (uno de mis hombres se encargará de devolverlo hoy, no puedo daros detalles). Por ahora, seguid con vuestra vida normal en cuanto a trabajo y demás. Si Fox contacta con Sophie que evite verlo como sea, que alegue que tú, su esposo, la tienes muy controlada últimamente. Si la chica que Richard pretende que te embauque, Silvia, vuelve a querer verte, queda con ella y muéstrate tan reticente como acordamos la última vez que nos vimos e hiciste en vuestra primera reunión.- J. Pullings.
P.D.: ¿Seguís sin estrenar mi regalo de Navidad?
Coll le enseñó el mensaje a su compañera, pensando que eso supondría un gran alivio, pero ella frunció el ceño.
- ¿Cuándo?- se limitó a decir.
- ¿Cuándo qué?- preguntó desconcertado.
- ¿Cuándo te has visto con esa Silvia y por qué no me has dicho nada?
- ¡Por favor, Sophie! No me vengas con un ataque de celos ahora.- se llevó las manos a la cabeza y cerró la puerta de la habitación.- Sabes lo que hablamos, y sí, no te lo dije. No sabía como, fue ayer.
- ¿Mientras yo estaba con Fox?
- Sí.- asintió con la cabeza gacha.
- ¿Yo me jugaba el pellejo mientras tú cenabas con esa... mujer?- dijo elevando el tono de voz.
- ¡Joder, no me lo pongas más difícil! ¡Era por el bien de la misión! ¿Crees que Fox se iba a seguir tragando que yo no me diera cuenta de vuestros encuentros? Si parecía que el que tenía que esconder algo era yo todo iría rodado.
- Siempre es por el bien de la misión.- refunfuñó.- ¿Qué te costaba decirme nada? Claro, así era más fácil parecer el hombre perfecto, que estaba ahí para consolarme.- añadió dolida.
- ¿Para que te pongas así?- exclamó.- Yo te consolé con sinceridad, lo creas o no. No soy tan hipócrita como piensas. Además, tampoco lo pasasteis tan mal.- ella abrió mucho los ojos.
- Vete, no eres consciente de la dureza de tus palabras.- dijo fríamente, estirando la mano, señalando la puerta.
- Tienes razón, no debería haber dicho eso.- intentó abrazarla, pero ella se zafó, como un gato arisco.
- ¡Vete! ¡Ve al pub como hacen todos los malditos hombres de este país! Y no vuelvas hasta tarde...- en su mirada se leía el enfado.
- Está bien, creo que es lo mejor.- abrió la puerta de la habitación y se marchó escaleras abajo. Cerró la puerta principal de un portazo.
Sintió unas ganas tremendas de llorar. Nunca había tenido una discusión así con él, siempre lo arreglaban con un “lo siento”, un abrazo o alguna vez, un beso. Sergi no era su esposo, ni su novio, ni nada, pero le dolía tanto como cuando discutía con John cuando estaban juntos.
Danny subió hasta su habitación, encontrándola sentada en el suelo, en una esquina de la habitación.
- ¿Dónde ha ido papá? ¿Va a volver?- dijo con un nudo en la garganta.
- Claro que va a volver, hijo. A veces los adultos discutimos y nos enfadamos por tonterías, no te preocupes, cuando te despiertes mañana ya estará aquí.- lo sentó entre sus piernas, acariciando su cabello.- Vamos a dormir, es tarde y mañana tienes que ir a la escuela. ¿Quieres quedarte a hacerme compañía?
Se pusieron el pijama y se metieron a la cama una vez Danny hubo elegido el peluche que se iba a llevar con él a la cama de sus padres. Eran las siete y media cuando se durmieron, abrazados como verdaderos madre e hijo, Sergi no volvería hasta muchas horas después.

Daniel dormía ocupando gran parte del colchón, abrazado a su peluche. El reloj de la mesita señalaba que quedaban tres minutos para las cuatro, esperaba que para esa hora hubiera vuelto y se hubiera acomodado con ellos en la cama, que tal vez todo hubiera pasado, pero no fue así. Se asomó a la habitación de invitados, nada, al cuarto de Danny, tampoco. Desde la pasarela de la planta de arriba no se veía si había alguien tumbado en el sofá, así que bajó. No había nadie. Cogió su móvil del bolsillo de la bata y marcó al teléfono de Max. Saltó el contestador, como en las dos siguientes llamadas
- ¿Dónde estás, tozudo?- se preguntó.
Puso la televisión, se quedaría despierta hasta que volviera. A aquellas horas solo había cine para adultos, películas de terror, cine de autor francés o el canal noticias veinticuatro horas. Decidió dejar este último. Terminaron de hablar de un caso de violencia de género en Liverpool para anunciar una noticia de última hora, un choque mortal de dos coches en el barrio de Whitechapel, no le dio verdadera importancia hasta que pusieron imágenes de los coches accidentados, se trataban de un Ford Focus negro y un Audi A8 gris perla, como el suyo. Las piernas empezaron a temblarle, desconocía si él había cogido el coche y aquel de la imagen estaba tan sumamente destrozado que no podía reconocer la matrícula. Hablaron de las víctimas, un matrimonio anciano y un joven de aproximadamente treinta años. No decían a quién correspondía cada coche, y la incertidumbre la estaba matando, le temblaban mucho las manos y las piernas y fragmentos de la discusión le bombardeaban constantemente la mente. Apagó la tele cuando cambiaron de noticia.
Empezó a dar vueltas, nerviosa, por el salón, estuvo así al menos veinte minutos, no sabía que podía hacer. La puerta principal se abrió, era él, venía con la camisa muy arrugada y quitándose el cinturón del pantalón.
- ¿Qué haces despierta?- frunció el ceño. Ella se lanzó a sus brazos, ante su atónita mirada.- Hemos tenido una discusión estúpida, siento haber tardado tanto en volver pero...
- Calla.- le interrumpió sosteniendo su rostro entre sus manos. Le besó, esta vez fue ella la que tuvo la iniciativa.
Él soltó las llaves y el cinturón al suelo, para rodearle con los brazos, atrayendo su cuerpo contra el suyo. Ella se separó cuidadosamente, acariciado aún su mejilla.
- Vaya...- dijo él, sonriente.- ¿Hemos hecho las paces?
- He pasado miedo de que te hubiera pasado algo malo, ha habido un accidente y...- sacudió la cabeza, como sacudiéndose esas malas ideas.- ¿Vamos a la cama?
- Sí, es tarde.- recogió lo que había dejado en el suelo y subió tras ella. Se sorprendió al ver a Danny en la cama.- Ah, no estamos solos esta noche.- sonrió y le dió un beso en la frente al pequeño.
- No, pero cabemos los tres. Si no, siempre puedes dormir en la alfombra.- le guiño un ojo, haciéndole reír.
Sergi se puso el pijama allí mismo, mientras ella se metía con cuidado en la cama y luego se tumbó él también, rodeando con un brazo al pequeño llegando casi a rozar la mano derecha de ella que descansaba sobre el colchón, cerca de la almohada.

Sergi estaba medio zombie todo el día, había dormido apenas tres horas. Ella le insistió en que se quedara en casa descansando pero él no quiso, lo que conllevó cierto humor de perros para con sus compañeros de trabajo. Con ella, sin embargo, se comportó muy bien, tratándola con mucho tacto en todo momento, incluso la acompañó en el lunch. Por la noche estaba muy cansado pero aún así quiso quedarse haciéndole compañía cuando tras acostar al niño, empezó una comedia romántica llamada “Cuestión de tiempo”. Sin embargo se durmió no más de veinte minutos después, ella le tapó con la manta que compartían y que cubría sus piernas, le quitó las gafas con cuidado y le colocó un mechoncito detrás de la oreja. Él le rodeaba con su brazo izquierdo, por lo que recostó la cabeza sobre su musculado hombro.
Pensó que dentro de poco volvería a España y tendría que enfrentarse a la realidad de aclarar su situación con él. Estaba claro que sentía cierta atracción hacia su compañero, bueno, más que atracción. Él le había demostrado con creces su instinto protector hacia ella, y también que sentía algo por ella. Pero seguía teniendo miedo, a que su relación fuera imposible, que una vez resuelto el deseo acabara la chispa que había entre ellos, que la convivencia en pareja y laboral fuera incompatible, o que destinaran a alguno de ellos a la otra punta de España. Si quería permanecer a su lado y conservar su puesto por el que tanto había luchado, debía distanciarse de él. Al fin y al cabo no podían evitar discutir cada vez que pasaban demasiado tiempo juntos haciéndose daño el uno al otro.
Le picó la curiosidad de saber como funcionaban las gafas y se las puso. En la esquina superior izquierda del cristal izquierdo había un pequeño proyector y en la patilla contraria una pequeña ruleta que era el control del dispositivo. Accedió a un archivo fechado de la noche anterior, pero este estaba cifrado, esta contraseña no pudo averiguarla así que desisitió, también en parte porque Sergi se movió ligeramente y temió que se despertara y la descubriera. No se despertó, es más, la película terminó y él siguió durmiendo. No sabía como despertarle, nunca se había visto en esa situación. Apagó la televisión y con cuidado le rozó la mejilla con su mano.
- Max.- le susurró.- Max, vamos a la cama.- le peinó el pelo hacia atrás. Él abrió los ojos, su rostro denotaba cansancio, y sonrió.
- Me he dormido toda la película. Lo siento.
- No importa, has cumplido tu función de manta térmica y almohada.- se burló, incorporándose.
- Un placer.- sonrió, poniéndose también en pie y doblando la manta gris. Ella le dio las gafas.- Ah, gracias. ¿No habrás cotilleado ningún archivo?- bromeó. Alzó una ceja.
- ¿Desconfías de mí?- en realidad había estado a punto.
- Fuck me swinging!- exclamó, aún jactándose.- ¡Jamás desconfiaría de ti!
- Así me gusta.- dijo terminando de subir el tramo de escaleras.- Ven ya a la cama, anda. No te enciendas un cigarrillo ahora.- dijo viendo que cogía una cajeta de la barra de la cocina y jugueteaba con ella.
- Tienes razón, no es el momento.- guardó de nuevo el cigarrillo que había sacado y dejó la cajetilla donde estaba.- Vamos a dormir.

Acudieron puntualmente a la cita con James y Henry, en el restaurante-mirador del edificio. El restaurante estaba sorprendentemente vacío, supuso que Henry Skinner habría ordenado que se cerrara solo para ellos. Las vistas de la ciudad eran espectaculares, por un lado se veía la moderna City, delineada por altos edificios acristalados de diferentes empresas internacionales, en otro el casco antiguo en el cual estaban The London's Tower y el Tower's Bridge, podían verse los, en aquella época, escasos turistas como si fueran hormiguitas, cruzando el puente que conducía al interior de la Torre. El Támesis también era visible en gran medida, en la otra orilla estaban el Shard London's Bridge y junto a este la sede de Fox & Clapton's. Aquella tarde tendrían la última reunión s todo seguía según lo planeado. Ya habían ido los tres días anteriores y la negociación había avanzado mucho, aquel día cesarían las negociaciones y Fox & Clapton's Importer Enterprise entraría a cotizar en bolsa. A la reunión acudirían los dos socios mayoritarios, Richard Fox y Benjamin Clapton, además del renombrado Jean-Bautipste Cotillard, que según le comunicó Richard, era una de las mayores fuentes de ingresos de la empresa. Que Cotillard hubiera viajado desde su casa en Bourdeos significaba que se quedaría para la fiesta de ese sábado, era su oportundad de oro para saber si estaba involucrado.
Sergi se había visto una vez más con Silvia y aquella noche lo volvería a hacer. Tras comprobar que la chica enviada por Fox no era una chica normal, sino una bastante preparada para cumplir su objetivo y sin ninguna grieta en su personalidad, se eliminó por completo la opción de conseguir que se sintiera cómoda con él y acabara por contarle algo sobre su jefe, por eso y por el escaso tiempo del que poseían, pues habían recibido un toque desde arriba. El caso debía cerrarse antes de que finalizara el mes.
Skinner les dio las últimas instrucciones sobre lo que debían hacer respecto al acuerdo comercial y después cedió la palabra a Pullings. James les habló del plan para la fiesta del sábado. Ella iría acompañando a Richard,debía parecer molesta con su marido y muy cercana a Richard, de forma que él la dejara quedarse en todo momento a su lado y así poder realizar la grabación que metería a Fox y sus cómplices entre rejas. En cuanto a Coll, estaría preparado para actuar, escuchando y viendo todo lo que hiciera su compañera desde el furgón de las fuerzas especiales.
Si todo salía bien, al final de la velada se podría en marcha una operación conjunta en Londres y Colombia. Se intervendría en las plantaciones de Fox y además se detendrían a los cabecillas que habían ido a la fiesta, a los trabajadores implicados de la empresa y a todo aquel que durante los seis meses que llevaba en marcha la operación se hubiera descubierto su implicación. Ellos sólo habían ido para conseguir unir todas las piezas del puzzle, ya que durante los cinco meses anteriores se habían descubierto las plantaciones en Colombia, el destino de los envíos y quién se encargaba de ello (capataces, contables y transportistas colombianos) lo que habían descubierto un mes antes de su llegada era quién era el verdadero propietario de la tierra, pues allí estaban registrados a nombre (ficiticio) de Julián Santos, y bajo que nombre ocultaban aquella parte del negocio. A raíz de ahí habían sabido en quien confiaba la empresa toda la información confidencial sobre ello. Lo único que quedaba por corroborar era quién de los dos fundadores de la empresa, si Richard o Benjamin, era el que tenía la batuta en aquel asunto, y ahora que lo habían descubierto, solo quedaba cerrar el caso. Si todo salía según lo previsto volarían de vuelta a España lo más pronto posible durante la semana siguiente, cuando dejaran de necesitarlos. Aterrizarían en Madrid donde pasarían una semana más con el CNI volviendo a ser interrogados y analizados por especialistas, y finalmente volverían en AVE hasta la estación de Sans.
Pero aquella noche, si detenían a Fox, ni él ni ella estarían presentes, sino que estarían en casa, disfrutando de los últimos momentos con Daniel y buscándose una coartada para que ningún cabo que hubiera podido quedar suelto descubría su implicación.
Tras una reunión muy detallada de casi dos horas, se despidieron y se encaminaron hasta el edificio de Fox & Clapton's donde se finalizaría el trato. Era algo seguro que habría una pequeña celebración en la oficina, y que ambos serían invitados a la fiesta privada de Fox (aunque Richard ya la hubiera invitado cuando la inspectora se vio a solas con él para “interesarse por su salud”). Llegaron al parking donde el guarda les saludó llevándose la mano a la gorra e indicó a su compañero que abriera la barrera.
Al llegar a la planta donde se realizaría la firma, Richard les esperaba personalmente.
- ¡Bienvenidos! Os estábamos esperando. Hoy es el gran día.
- Reino Unido no ha vivido una jornada mejor desde el Glorioso Uno de Junio.- bromeó. Fox rió dándole una palmada en la espalda. En cosas así denotaba que no era británico, un nativo jamás lo haría.
- Señores.- dijo abriendo la puerta de la sala de juntas.- Max y Sophie Russell, en representación de Luke Sheldon y Henry Skinner de Sheldon Brother's
En ella estaban dos trabajadores con los que habían trabajado durante las semanas anteriores, un corpulento señor de aproximadamente cincuenta años que llevaba un traje azul marino con corbata a juego y otro más joven, de treinta y tantos que llevaba un traje marrón y camisa celeste. Rick llevaba otro de sus trajes a medida, este era azul de raya diplomática, olía en exceso a perfume caro y llevaba la barba recién afeitada.
- Él es Benjamin Clapton.- señaló al del traje marrón que les dió la mano.- y él Jean-Bautipste Cotillard.- saludaron al señor del traje azul marino.- A Eddie y Bennedith ya los conoces.
Se sentaron tras terminar de intercambiar saludos, en frente de Fox y Clapton, Cotillard quedaba a la izquierda de éstos, algo más apartado, y los otros dos hombres a la derecha, pendientes de revisar cualquier cosa que fuera necesaria.
Se leyeron las condiciones en escasos minutos, pues no hubo ninguna pega y se firmó el contrato, previamente firmado por Luke Sheldon en el 30st Mary Axe. Se fijaron en un dato bastante interesante, Clapton era zurdo, y en el archivo que habían cogido de la caja fuerte había unas anotaciones en inglés tomadas por un zurdo, con ese contrato podrían hacer una prueba de grafología. Jean-Bautipste había estado muy pendiente de las condiciones de la entrada a bolsa. Esta se efectuaría el lunes.
- Ha sido un placer hacer negocios con ustedes.- dijo Clapton dándoles la mano.
- Esto es solo el principio.- sonrió Coll.- El placer es nuestro.
- ¿Tenéis planes para mañana, Max?- preguntó Fox, acompañándolos fuera una vez se hubieron despedido. Max negó con la cabeza.- A las siete en el Fabric, sois aún jóvenes y creo que comentasteis que teníais niñera y asistenta, así que no tenéis excusa para no venir.
- ¿De que clase de fiesta se trata? ¿Celebración por este gran paso?
- En gran medida. Mi secretaria os dará los tickets, se trata de una fiesta privada. Estará Armin Van Buuren como DJ.
- Me parece un plan magnífico. Iremos, ¿verdad, Sophie?- ella asintió. Fox intercambió una mirada pícara con ella.
- Se trata de una reunión informal, no tenéis porque ir en traje o con vestido de cóctel.- les informó.- Hasta mañana entonces.
- Hasta mañana.- dijeron a la vez. La puerta del ascensor se cerró dejándolos a solas.
Él le sonrió y apretó su mano, estaban muy cerca de terminar su misión.
Pasaron por la oficina antes de ir a casa, Sergi le dejó los archivos a Natsuki, la asistenta personal del sr Skinner, que según les había dicho era de total confianza.
Tras esto fueron a recoger a Danny del parvulario. Estaba entusiasmado porque era viernes y preguntaba que harían el fin de semana. El subinspector sonrió amargamente, sin apartar la vista de la carretera, cuando ella buscó su mirada. Le contestaron que ya verían, cuando en realidad no sabían si tendrían que abandonar Londres la misma noche de la detención.

- Se te va a quemar como no prestes atención.- dijo Sergi a sus espaldas, moviendo con el tenedor de madera las verduras que había en la sartén.
- Cierto, gracias.- sonrió. Estaba preparando un acompañamiento para el rostbeaf que estaba preparando a la vez.
- Te ayudo.- dijo poniéndose otro delantal de color verde oscuro, pues ella había cogido el suyo.
- No, gracias.- siguió preparando la carne.
- No era una pregunta, sino una afirmación.- bajó la inducción de temperatura y le ayudó con lo que estaba haciendo.- Así, mira.
- ¿Puedes poner el horno a precalentar?- él hizo lo que le decía.
- He leído en el periódico que en el Film4 ponen A Good Year a las seis y treinta y cinco.- Un Buen Año, que era su nombre en español, era la película favorita de la inspectora que había visto en innumerables ocasiones pero que no se cansaba de ver. Una comedia romántica de Ridley Scott protagonizada por Marion Cotillard, una actriz a la que admiraba, y el guapísimo Russell Crowe, que le gustaba desde que era una adolescente. El libro que Sergi le había regalado en Navidad era en el cual se había basado Ridley para escribir el guión de su película.- Podríamos verla.
- No te gustan las comedias románticas, te duermes o te pones a hacer otra cosa.- dijo en referencia al fin de semana pasado y a otra noche anterior en la que se había puesto a ver las fluctuaciones de la bolsa con el iPhone.
- Esta es diferente, Marion sale muy favorecida.- bromeó. Ella le pegó con uno de los guantes de cocina que había cogido para abrir el horno.- ¿Sólo tienes derecho tu a disfrutar visualmente?- le chinchó.
- Sí.- afirmó con fingida seriedad.- Además yo soy más guapa que ella.- se burló, poniéndose los guantes.
- ¿Y yo no soy más guapo que él?- le abrió la puerta del horno
- Le das un aire, pero ni de lejos.- metió la bandeja dentro.- Listo.- se quitó los guantes.
- ¿Le doy un aire?- dijo sorprendido.- ¿Son mis ojos azules o mis tirabuzones rubios?- teatralizó.- ¿O tal vez mi voz grave al cantar?
- Le das un aire porque en la película él interpreta a un bróker londinense que se llama como tú, Max.
- Vaya...- se quedó pensativo, ella reía.

Por suerte, cuando llegó la única escena subida de tono de la película, Danny estaba durmiendo. Sintió que le ardían las mejillas al estar viendo aquella escena tan cerca de él, pues la caldera no funcionaba correctamente y hacía frío en la casa, por lo que estaban compartiendo manta como la vez pasada en la que él se durmió. Afortunadamente no duró más de un minuto, aunque a ella se le hizo eterno. Él no dijo nada ni en ese momento ni hasta al fin de la película, cosa que agradecía.
- Tú también te pareces a ella.- le dijo.
- ¿En qué? ¿En mi ascendencia francesa?
- En tu pelo negro y tu piel suave.- afirmó, poniéndose de pie y tirando de ella al finalizar el filme. Ella enrojeció.- Y en tu carácter arisco en ocasiones y racionalmente irracional en tantas otras.
No quiso encontrarse con su mirada atigrada, así que disimuló tomando al pequeño, que dormía en la L del sillón.
- No intentes embaucarme.- se limitó a contestar, tomando al pequeño en brazos y dándole su manta para que la doblara.- ¡Cómo pesa ya!- sonrió.- ¿Te importa que duerma con nosotros?
- Sólo hoy, ¿vale?- ella asintió.- Y no intento embaucarte.
Dani no se despertó cuando lo subieron y lo acostaron entre en medio de ellos dos, seguía durmiendo con su pelo rubio platino, que empezaba a ser demasiado largo, alborotado, y con su pijama de dinosaurios puesto. La inspectora se acostó abrazando al pequeño desde la espalda, su compañero quedó orientado hacia ellos dos, entrelazó sus dedos con los de ella. Les esperaba una larga jornada.

El pequeño Daniel jugaba en la alfombra con el castillo de Lego que compró en Windsor. Anna, la canguro, llegaría en escasos minutos. Esperaba que todo saliera bien y pudiera despedirse adecuadamente del pequeño y de su vida en Londres. Se había puesto un pantalón de pitillo y una blusa blanca, perfecta para la fiesta y una posible actuación policial por su parte. Había decidido no llevar pistola, confiaba en su compañero. Aunque obviamente llevaría micro en su pantalón y cámara oculta en el collar que llevaba adornando su cuello. Estaba francamente muy nerviosa, pero ante todo era profesional, así que lo haría. Ella había elegido ese trabajo, había jurado defender la justicia y la verdad con su vida si hacía falta, y lo haría. Sergi llevaba un polo blanco y un chino marrón, entraría con ella, luego saldría y se uniría al resto de agentes, donde se pondría una ropa más adecuada para la acción y estaría en contacto en todo momento con su compañera.
Tocaron al timbre, era ella. Una vez le dieron las instrucciones habituales, se despidieron y se marcharon, a ella le hubiera gustado hacerlo más detenidamente pero Coll le había dado su palabra de que volverían a verlo.
Fueron en metro, pues el Fabric estaba en pleno centro y aparcar era bastante difícil, por lo que tardaron aproximadamente veinte minutos en llegar. Su compañero la cogió fuerte de la mano mientras hacían la cola para entrar. Les entregaron pulseras fluorescentes al entregar los tickets.
- ¿Lista?- le preguntó en el vestíbulo.
- Supongo que no me queda otra.- sonrió.- Entremos.
Abrieron la puerta y accedieron a la sala, envuelta en una música ensordecedora y cuyo techo estaba lleno de focos que iluminaban la estancia en diversos colores, de forma casi epiléptica. Armin Van Bureen estaba verdaderamente ahí.
- Pidamos una copa, si Fox no aparece en unos minutos me iré y te daré vía libre.- le dijo al oído.
- De acuerdo.- le contestó.
Sergi se acercó a la barra y pidió dos Martini, se los sirvieron en seguida. La inspectora recorrió todo el local con la mirada desde su posición junto a la barra, no reconoció a ninguno de los sospechosos, debían de estar en la zona VIP.
Coll brindó su copa con ella, diciéndole todo lo que podía decir con la mirada. Se tomó la bebida de un trago y le dio un casto pero intenso beso en los labios. Luego se fue, perdiéndose entre la multitud. Era el momento, el plan estaba en marcha.
Avanzó entre el gentío, le sudaban ligeramente las palmas de las manos, estaba nerviosa. Se secó en el pantalón y subió unas escaleras que conducían a un nivel superior pero también con vistas al escenario. Al llegar arriba dos gorilas la pararon.
- Soy Sophie Katic, amiga del señor Fox.- el más alto de ellos le hizo un gesto a su compañero que con un micrófono en el ojal de la solapa de su americana negra avisó según parecía a Richard.
- Pase señorita, en aquel apartado del fondo lo encontrará.- dijo como veredicto.
Hizo un gesto de agradecimiento y avanzó hasta donde le había indicado. Había unas paredes móviles de color oscuro que daban cierta intimidad al lugar. Se asomó con cuidado, encontró a Richard charlando animadamente con dos señoritas que estaban demasiado cerca suya. Carraspeó para llamar su atención. Su sonrisa tonta se transformó en seriedad, apartó con una movimiento de muñeca a las chicas que abandonaron la estancia.
- Veo que estabas ocupado.- dijo fingiendo celos.
- No es lo que parecía.- se intentó excusar.- Siéntate.
- Eso decís todos los hombres.- suspiró, sentándose a su lado.- Pero no me importa, yo sigo con mi esposo por lo que tú no tienes ninguna responsabilidad para conmigo.
- No tendría nada con ellas, son solo un cuerpo bonito. Y ya sabes que prefiero el tuyo.- acarició su espalda, deteniendo la trayectoria en su cintura, para acercarla a él.- Cuando quieras terminamos lo que tenemos pendiente.- besó su oreja y sonrió lascivo. Rezó porque no encontrara el minúsculo auricular que se escondía entre su recogido.
- Creo que eso sería un buen final para esta noche, pues mi marido ha recibido una llamada urgente y ha tenido que irse.
- ¿Qué es eso tan urgente? ¿Vuestro hijo o algún familiar?
- Nada de eso, dice que se trata de algo relacionado con tu salida a bolsa el lunes y unos bonos que sería oportuno comprar, cosa que no me extrañaría de él, es un adicto al trabajo. Pero lleva raro unos días, no pone pegas cuando llego tarde a casa, y ni siquiera se interesa en tocarme. Creo que me engaña con otra mujer.
- ¿Hablas en serio?- dijo con fingida sorpresa.- Lo siento, aunque he de admitir que me alegro de que te haya dado un uen motivo para dejarlo y quedarte con la custodia del niño.
- Sabes que no siento amor por mi esposo, ya no. Es un alivio que no quiera nada de mí.- aceptó una copa que él le ofrecía.
- Pues esta noche lo celebraremos como es debido.- aseguró dándole un sorbo a su copa.- Aunque tengo una reunión primero.
- ¿Es que los hombres no sabéis dejar el trabajo a un lado? Está bien, esperaré a que termines tu cita.- Richard empezaba a tocarla demasiado.- Mientras esperas y recibes a aquellos con los que te vayas a reunir voy a dar una vuelta por el local, creo que no tendré la suerte de volver.
- El dueño es un buen amigo, soy su mejor cliente.- sonrió mostrando su dentadura “Made in USA”.- Cuando seas mi esposa vendrás aquí cada vez que quieras.
- ¿Esposa?- dio una carcajada.- Olvidas que aún soy la señora Russell.
- También tengo amigos en el ámbito judicial.- le besó el cuello.
- No quieras correr tanto como tus coches de lujo.- bromeó.- Voy a ver el local y a intentar acercarme al famoso DJ. Y por favor no me digas que puedes conseguir también que me tome una copa con él, recuerda que he vivido toda mi vida como una persona de clase media, no estoy acostumbrada a ciertos privilegios.- dijo levantándose, él rió.- No tardaré mucho.- abandonó la estancia. El verdadero motivo era para tomar un respiro mientras llegaban los colombianos, ya que Fox estaba mostrándose demasiado cercano.
Se quedó apoyada junto a la barandilla de la planta VIP, allí había mucha menos gente que abajo, donde no cabía ni un alfiler, estos eran fundamentalmente empresarios jóvenes que empezaban a amasar fortuna o niños de papá, sentados en cómodos sofás rodeados de chicas deslumbrantes. Odiaba a ese tipo de hombres, pero también a ese tipo de mujeres que estaban dispuestas a escalar puestos de ese modo.
Por el auricular que llevaba escondido en su recogido escuchó la voz de su compañero.
- ¿Les ves? El de traje marrón de raya diplomática es Pablo Rivera. Matías y Gonzalo llevan un traje gris marengo y gris perla respectivamente.
- Sí, están en mi campo de visión, van a subir la escalera. ¿Vuelvo con Fox?- esperaba que nadie la viera hablando sola.
- No, espera. Tal vez te pida que les dejes a solas si vuelves antes, no hace mucho que te has ido. Aguarda un par de minutos más y entra, haz como que no te has percatado y muéstrate algo cortada. Si Fox ve tu desinterés te dejará quedarte, aunque de todas formas a estas alturas no creo que ponga pegas, le gustas demasiado, quién diría que un monstruo así tendría sentimientos.- reflexionó casi para sí.
- Se dirigen hacia donde está Richard, esperaré cinco minutos y entraré.
- Perfecto, aproximadamente en una hora todo habrá terminado, ánimo.- cortó la transmisión.
La inspectora esperó seis minutos y veinte segundos antes de volver a reunirse con el magnate durante el cual hizo incluso ejercicios de respiración. Tocó a la pared antes de asomarse y puso su mejor cara de sorprendida al encontrarle reunido con sus tres contactos.
- Vaya, no sabía que habían llegado ya, lo siento.- hizo ademán de retirarse pero Richard la llamó.
- Quédate, Sophie. Por lo menos me harás compañía, no estés sola. No me fío de ningún hombre de este local.
Ella sonrió y quiso sentarse a su lado, pero él condujo su cuerpo para que se sentara sobre sus piernas.
- ¡Rick! No estamos solos.- rió.
- A estos idiotas poco les tiene que importar, soy su jefe.
- Por eso mismo tienes que dar buena imagen.- se zafó, sentándose a su lado, muy cerca suya pero no encima.- Ahora tienen que estar flipando.- se sonrojó.
- Tranquila, prometo acabar esta conversación cuanto antes.- le dio un casto beso que no esperaba y comenzó a hablar en español.-¿Por dónde íbamos?
- ¿Te refieres antes de que entrara tu nuevo capricho? Por cierto, ¿vas a hacer como con Jodie?- dijo Pablo. Era él único que le trataba de tú y cuyo acento era menos pronunciado
- Ella era sólo sexo. Sí, puede que me encaprichara de una forma parecida con ella, pero Sophie es diferente, tiene algo más de misterio.
- Entonces, ¿destrozar su matrimonio y su vida si te merecerá la pena esta vez?- continuó.
- ¿Qué mosca te picó? No estamos aquí para hablar de mi vida privada. Si me la voy a follar o no esta noche o si voy o no en serio con ella no es vuestro problema.- sonrió algo molesto.
- Vale, relájense, machitos.- Matías se rio de la situación.- Nos hemos reunido por trabajo.
- Vayamos al grano.- comenzó Quiles.- Sobre el molesto tombito que andaba cerca de la finca movimos nuestros hilos para que no moleste jamás.
- ¿Muerto?- preguntó Fox encendiéndose un cigarro.
- Destinado a la gran ciudad, eso le interesará más que seguir hurgando donde no le llaman.
- ¿Qué les tengo dicho?- dio un golpe en la mesa de cristal, que la hizo sobresaltarse.- ¡No quiero cabos sueltos! ¿Es que no recuerdan lo que pasó la última vez?
- Perdona, Rick. ¿Pasa algo?- preguntó ella fingiendo no saber ni de lejos de que hablaban.
- Estos estúpidos no saben que esta empresa se está preparando para un gran paso y no queremos errores, no te preocupes.- dijo quitándole hierro al asunto. Luego volvió a dirigirse en castellano.- Quiero que todo salga perfecto, ya saben que esta venta que estamos a punto de efectuar nos hará subir como la espuma, cosa que se verá encubierta gracias a nuestra oportuna salida a bolsa.
- Ricky, estate en calma, todo va repadrísimo. Nuestro comprador de cocaína... mercancía, disculpa.- corrigió Matías al ver la mirada de Richard. Que hubieran nombrado la palabra una vez le bastaba para que el trabajo de la defensa fuera aún si cabe más difícil. Esperaba que hubiera grabado, el micrófono captaba un amplio margen de frecuencia.- nos va a cubrir de oro.
- Por el lado contable estoy de acuerdo.- se regocijó Rivera.- Por cierto, ¿qué hay del francés?
- Jean-Bautipste tuvo que regresar a su hacienda en Bourdeos, o como él la llama, chateâu. Algo pasaba con sus cepas. No entiendo de vinos, la verdad.- dejó que el cigarro terminara de consumirse en el cenicero.- Seguirá siendo una fuente de ingresos estable, hace negocios con su vin de garage. Sigue sin querer saber nada sobre nuestro negocio, prefiere lavarse las manos. No es tonto ya que se sospecha que hay algo más que café en Colombia, pero es prudente.
- Podemos seguir fiándonos del gabacho entonces.- sonrió el contable.- ¿Y Clapton?
- Sigue ciegamente lo que yo ordeno. Quiere a mi hermana y a sus niñas y no va a dejar que por un casual las imágenes muy comprometidas con Natalie Pierceman, de finanzas, lleguen a sus manos.- Richard tenía a su socio atado en corto.- Por esto tampoco le interesa que nos sometan a demasiadas investigaciones. Sus contactos son por tanto mis contactos.
- Eres un maldito cabrón, Rick.- rieron y brindaron sus copas.
- Brinda tu también,- le dijo a ella.- Por nuestra entrada al mercado de valores.- ella fingió también esa alegría y brindó. Recibió un aviso por el auricular que significaba: “Actuamos”.
Era sorprendente la velocidad con la que habían conseguido la orden. Fox besó de nuevo su cuello, y se acercó demasiado a su pecho por lo que tuvo que separarle.
- Les diré que se vayan.
- No, haz las cosas bien. Te lo recompensaré con creces, te lo aseguro.
Recibió un mensaje de su compañero.
- Para que no haya sospechas te detendremos a ti también, una vez en el furgón te soltaremos. Cuenta hasta cinco y todo esto habrá terminado.
Uno. Las fuerzas especiales irrumpieron en la estancia, entre gritos de las chicas que minutos antes ronroneaban buscando el favor de sus jefes o de sus objetivos económicos y que aquellos hombres rodeados de chicas se taparan el rostro con la chaqueta o la manga de la camisa, recordando a las mujeres e hijos que les esperaban en casa o al daño que aquello supondría para su imagen si por casualidad salían en algún medio o eran detenidos por error. Algunos corrieron incluso, pensando que tal vez áquel dinero en B que les había permitido comprarse ese coche último modelo no era tan inofensivo como le habían prometido y venían a hacerlos pagar por sus delitos.
Dos. Algunas de las copas de los entusiastas señores colombianos y del mismo Fox cayeron al suelo debido bien al susto o bien al ajetreo. Ella fingió su mejor cara de no saber que pasaba mezclada con un miedo horrible y buscó una explicación en los ojos de Richard que se hallaban perdidos, sumidos en una terrible impotencia, mientras de rodillas en el suelo, se llevaba las manos a la cabeza como indicaban los agentes.
Tres. Cerraron un par de frías esposas entorno a sus muñecas, reconoció a Pullings cuando le ordenó que no se moviera. Matías y Gonzalo gritaban improperios y abruptos en su lengua natal mientras Rivera y Fox permanecían callados, Richard solo habló para pedir que le pusieran su chaqueta de modo que tapara las esposas. No tuvo ninguna palabra de ánimo o conciliadora con ella, ni si quiera un “todo va a salir bien” tan lógico si supuestamente estaba tan enamorado de ella como decía, ni se molestó en pedir que también taparan sus muñecas.
Cuatro. Los condujeron escaleras abajo, por la escalera principal y cruzando toda la sala. El DJ ya no estaba y la gente observaba mezcla de atónita y de curiosa el desarrollo de la operación. Algunos grababan en vídeo y otros hacían fotos. Sus compañeros la cubrieron disimuladamene para que no fuera captada por ningún lado.
Cinco. Una vez afuera los separaron en distintos furgones. Gritó el nombre de Richard varias veces pero él seguía con su mirada perdida y su expresión seria, apretando los labios. Por su cabeza debería estar pasándose cualquier error que hubiera podido cometer. No tardaría en unir todas las piezas y relacionarla con su detención. La metieron al furgón policial donde esperaba su compañero. Exteriormente siguieron el mismo procedimiento que los demás furgones, pero dentro él la liberó de las esposas y la abrazo con fuerza, todo había terminado.

A la mañana siguiente abandonarían Reino Unido, debido a su alto grado de implicación contacto con Fox debían irse cuanto antes. La casa sería limpiada, todas sus huellas desaparecerían y por consiguiente también lo harían todos sus objetos personales. Les dejaron que rescataran algunos de pasar los próximos veinte años en un sótano del MI6. Ella eligió su pulsera, su libro de Peter Mayle y un collar de hilo coronado con una medallita de arcilla que Daniel había hecho para ella. Supuestamente estos ítems escogidos no debían vincularles con la identidad que habían adoptado ese mes, pero viendo el collar se sabía que era de un niño, pero no de quién. Él escogió su Tissot, un Lego que el pequeño había elegido para él en Windsor y el Batman de colección. Esperaba que no se rompiera en el trayecto.
Mientras Sergi comprobaba que todos los pasaportes y papeles estaban en regla antes de meterse a la cama, a ella le picó la curiosidad. Vio el picardías rojo que les habían regalado por Navidad al salir de la ducha, bajo el montón de toallas, y aprovechando esa intimidad se lo probó. Le quedaba perfecto. Se contempló un rato en el espejo y se sonrojó al pensar el uso que tendría que haberle dado con su compañero.
- ¿Y los billetes?- abrió la puerta de golpe, pues el pestillo estaba sin echar y la encontró así ataviada, quedándose boquiabierto.- Fuck me swinging...
- ¿Has mirado en el cajón derecho de la cómoda?- intentó aparentar calma. Él sin quitarle la vista de encima miró donde le decía.
- Aquí gracias.- le estaba mirando muy descaradamente de arriba a bajo.
- ¡Max, mira para otro lado!
- ¿Para qué te lo pones, entonces?- dijo sin apartar la vista.
- Tenía curiosidad.- dijo roja como un tomate.
- ¿Lo estrenas tú y no yo? No es justo.- se acercó hasta el marco de la puerta del baño.- Podría decirte que la curiosidad mató al gato y darte una buena lección.- se mordió el labio. Ella le cerró la puerta en las narices.
Salió cinco minutos después, cuando se puso el pijama largo de franela y se lavó los dientes, hallándole cerrando la maleta en la que ambos habían metido los recuerdos que se llevarían a su vuelta. La ropa que se había puesto para la operación aún descansaba sobre la cama, aunque no había llegado a intervenir de cara al público si había dirigido todo el operativo conjuntamente con Pullings desde el furgón-espía. Cuando tras todo el paripé de su supuesta detención estuvo por fin con él se sorprendió de lo cambiado que estaba con el pantalón militar y la camiseta de tirantes negra.
- ¿Ya está todo listo?
- Sólo nos queda despedirnos de Daniel mañana por la mañana en el aeropuerto, nos acompañará con Pullings.
- Sé lo que dijiste, pero ¿no puede dormir con nosotros hoy?- puso su mejor cara.
- Son las una de la mañana, ahora está en el quinto sueño.- quitó la ropa y echó en el cesto de la ropa sucia.- Además te conozco y se que mañana te sería aún más difícil tener que despedirte. Lo mejor será que nos acostemos ya, la semana siguiente va a ser bastante agotadora.- se tumbó sobre la cama abierta.
- Ya lo creo...- se echó a su lado.- Por cierto,- él apagó la luz desde la cama.- ¿Seguiremos durmiendo juntos?
- Quién sabe. Todo depende de tu decisión.
- Me refería a Madrid.- dijo
- ¿He hablado yo de otra cosa, Sophie?- sonrió atrayendo su cabeza contra su pecho.-Buenas noches.- le besó en el pelo.

Coll no la soltó de la mano hasta estar junto al arco detector de metales. Daniel parecía algo triste por la tan temprana marcha de sus padres a un nuevo negocio, pero estaba acostumbrado así que no se mostró distante, todo lo contrario.
Allí tenían que separarse. Abrazaron y se despidieron debidamente de Élise y James, y del pequeño Patrick.
- Buen viaje, Sophie.- le deseó Patrick guiñándole un ojo.- No te preocupes por Daniel, estará bien, os doy mi palabra.
- Lo cuidaremos como a un hijo durante vuestra ausencia.- añadió la sra Pullings.
- No lo ponemos en duda.- sonrió Sergi.- Gracias por todo.
Daniel miraba a sus padres sin soltarse de la mano del tío Pullings, como él decía.
- Ey, pequeñajo.- le chinchó poniéndose en cuclillas.- Has de portarte bien.- le hizo cosquillas.
- Siempre, papá.- rió.
- No, siempre no. Si no te perderías la diversión.- le abrazó sonriendo, aunque luego se convirtió en una sonrisa amarga.- Tienes que ser un hombre fuerte, prométemelo, hijo.
- Te lo prometo, papi. Te quiero mucho.- le dio un beso en la frente.
- Yo también te quiero.- una sola lágrima corrió por su mejilla, siendo imperceptible para todos, excepto para la inspectora, que imitó la postura de su compañero y le puso una mano sobre un hombro y apoyó la cabeza junto a la carita del pequeño, dándole un beso en el hombro de apoyo a él y otro al niño.- Anda, despídete de tu madre.- se separó de él tras darle un beso en la mejilla y se puso en pie.
- Danny, cielo, ya eres todo un hombrecito.- le peinó el rubio cabello.- Eres un niño muy inteligente y estamos orgullosos de ti, no lo olvides ¿vale?- el pequeño se lanzó a sus brazos.- Te quiero, rubito.
- Y yo a ti más, mami.- ella le dio varios besos en el cabello. Y el pequeño le dio otro en la mejilla izquierda, cerca del pómulo.
- Es mejor que entréis ya.- le aconsejó James. Ella asintió y se puso en pie.
Pasaron el arco de seguridad y ella se dio la vuelta para vocalizar un “te quiero” para Danny, pero sin formular algún sonido. El pequeño lo entendió pues se le dibujó una amplia sonrisa en la cara.
Sergi era quién la guiaba porque si por ella fuera se hubiera dado la vuelta y se hubiera llevado al niño con ella. La llevó hasta una amplia zona con sillones, en el centro de la zona comercial del aeropuerto, rodeado de paneles publicitarios y de los paneles que anunciaban las puertas de embargue, los vuelos y los posibles retrasos o cancelaciones.
- Arantxa.- tardó en reaccionar a su llamada, pues hacía más de un mes que nadie la llamaba por su nombre.- Volvemos a casa.
- Casi había olvidado como hablar mi propio idioma, Sergi.- pronunció su nombre con una sonrisa. Según las indicaciones recibidas ya volvían a ser ellos mismos. Sus pasaportes eran españoles y en su tarjeta de embarque ponía sus nombres. El niño no se había dado cuenta de que el escudo de los pasaportes que sus padres habían mostrado junto al arco no era el británico.
- Ojalá pudiéramos llevárnoslo con nosotros...- dijo en referencia a Danny.
- ¿Has pensado en que sería de él? Tendría que afrontar descubrir toda la verdad, nuestras identidades, lo que pasó con sus verdaderos padres, que lo hemos utilizado para la misión. ¿Crees que podría superar eso? Por no hablar del cambio de idioma y del pésimo sistema educativo español.
- El idioma no sería un problema, es pequeño e inteligente, lo aprendería rápido. Y no le hemos utilizado, encontraríamos la manera de...
- ¡Despierta de una vez!- exclamó, cortándola.- Estás dando por hecho que yo me haría cargo de él junto a ti.
- ¿No lo harías? No te estoy pidiendo que hagamos nuestra vida juntos.- dijo algo dolida por su comentario.
- El caso ha terminado, Danny tiene su futuro aquí, con gente que verdaderamente lo conoce desde que estaba en el vientre de su madre real. Puede que en el futuro se convierta en un agente brillante. Nuestra relación con él terminó al cruzar el arco.
- No te reconozco.- se puso de pie
- Tal vez estés pensando en Max no en mí, Sergi.
- No creo que seas tan buen actor como para fingir ser otra persona las veinticuatro horas del día.- cogió su bolso.- Voy a dar una vuelta.
- Espera.- tiró de su brazo, quedando sus caras enfrentadas a escasos centímetros.- Me duele tanto como a ti, pero sabes que no podemos luchar contracorriente, es lo mejor.
- Tienes razón, tal vez me haya involucrado demasiado. Perdona.- se pasó la mano por el pelo.- Todo este caso ha sido una locura.
- No te culpo, te comprendo.- le puso la mano en la mejilla.- ¿Puedo?
- Depende de quién quieras ser ahora.- se burló.
- No es más difícil el primer beso, sino el último.- sonrió, mordiéndose el labio.
- ¿Entonces?- preguntó ella.
- Quién tu decidas, inspectora.
Se besaron, tal vez por última vez, como despedida de aquella vida que por un mes habían compartido. O quizás como el principio de algo que empezaba a nacer, echando fuertes raíces, en lo más profundo de sus corazones.