El secuestro de Joan Plà.
El termómetro de la Plaza Cataluña
marcaba quince grados. Eran las seis de la tarde de un día bastante
invernal. Ya no había apenas luz en la calle, pues además el día
anunciaba tormenta.
El camarero le trajo su humeante café
con leche, devolviéndola al mundo real. Había dibujado en el vaho
del cristal sus iniciales, mientras pensaba en lo que había pasado
desde la resolución del último asesinato. Había hablado con John,
en la cafetería del hotel y luego en su habitación. Le había dicho
que siguiera con su vida en Londres, ella le quería mucho aún, pero
ya no lo suficiente como para volver con él. John había intentado
convencerla de que se quedara con él, que volvieran. Seguía
resultándole tentador, pero no consiguió convencerla. Ella le habló
de Amelia Dornan, su ayudante en el departamento. Amelia le había
llegado a confesar a la inspectora, de la que se hizo muy amiga
durante su estancia en Londres, que estaba enamorada de John. Era de
edad más cercana a la del británico, de pelo rubio largo y ojos
color esmeralda, muy guapa e inteligente, que tenía muchas cosas en
común con John. Ambos amaban las mismas cosas, el deporte, las
matemáticas, la música de Bach... Arantxa se había sentido celosa
antes de salir con él, pues su amistad podía confundirse. Pero eso
Crowe no lo había visto, y cuando ella se lo hizo notar, aquel día,
se quedó sorprendido. Él sería más feliz con ella, además de
todo lo anterior compartían el mismo idioma y el mismo sueño, así
que la inspectora le pidió que le diera una oportunidad a Amelia y
que intentara olvidarla. En el fondo le dolía decirle ésto, pero
era lo mejor para los dos. Finalmente él accedió aunque le pidió
dos cosas a cambio. La primera, que fuera feliz con la persona que
eligiera para compartir sus días. Y la segunda, casi una súplica,
un último beso. Accedió por todo lo que él había hecho por ella y
lo que había estado a punto de sacrificar por quedarse en Barcelona
junto a ella. Fue intenso y triste. Una despedida, un punto y final a
un apasionado amor que había superado diversos obstáculos y había
durado tres años. John hubiera deseado también hacer por última
vez el amor con ella, pero sabía que era demasiado y si accedía
sería por pena, así que todo quedó en un beso. Al salir del hotel,
Arantxa se sintió tremendamente culpable pues sentía que estaba
traicionando a Sergi, pues él la había besado y le había prometido
que la esperaría. Aunque también sintió una gran pena y
satisfacción por zanjar finalmente el tema de John.
- ¿Vas a regalarle algo?- dijo
Carmen, que había vuelto del baño.- Un menta poleo, por favor.- le
pidió al camarero.
- ¿A quién?- contestó.
- A Sergi, pasado mañana es su
cumpleaños, ¿recuerdas? Además, él te regaló algo a ti.
- Sí, claro que le regalaré algo.
Igual que te regalo a ti y que le regalaré a tu novio cuando cumpla
si no te pones celosa. Sois mis mejores amigos aquí.
- Andrés cumple el siete de enero.
Gracias.- dijo al camarero que le traía lo que había pedido.- Y a
la fiesta, ¿irás, no?
- No se que decirte, él vino a la
mía, sí. Pero ha vuelto a cambiar mucho desde entonces. Ayer estuvo
con una chica otra vez.- tenía aspecto dolido. Los ojos hinchados
como de haber llorado.
- Es un cabrón, ¿por qué no lo
habláis? Dejaste a John por estar con él, pero eres incapaz de
decirle lo que sientes.
- Le dije que necesitaba tiempo, y él
me dijo que me esperaría. Pero ya ves lo pronto que se ha cansado.
- Ha pasado más de un mes y has
actuado como que no pasaba nada. Tal vez te está pidiendo que
reacciones, dándote celos.- insistió.
- Ya, acostándose con la primera que
se encuentra.- dijo frunciendo el ceño.- Esa no es forma para
conquistarme, lo que consigue es todo lo contrario. Si quiere que
reaccione, si está verdaderamente interesado en mí, que hable como
las personas normales.
- Sabes que no es como John, no es
caballeroso a jornada completa. Pero, te quiere. Ya sabes que daría
su vida por ti.- intentó hacerla entrar en razón
- Y también sé que muchas veces no
piensa precisamente con la cabeza. Y no lo defiendas porque sabes que
es verdad.
- Hombres... Pero, dime una cosa. ¿te
lo confesó él?
- ¿Qué se había acostado con otra?
No hizo falta. Se quitó el jersey, quedándose en camiseta térmica
corta y pude ver el chupetón que tenía en el cuello.- hizo una
mueca.- Ni se molestó en disimularlo.
- Sigo diciendo que deberías hablarlo
con él. Ya ha pasado más de un mes.- le agarró la mano.- Y no
llores por él porque no lo merece.
- El problema es que no me apetece
tener pareja todavía. Y si no somos nada no puedo darle lo que
busca. No me va a esperar tanto tiempo.- le dio un bocado a la pasta
que le habían puesto con el café.- Y no sé por qué he llorado.
Supongo que me dio un arranque de rabia.
El nuevo iPhone de la inspectora sonó.
Se lo habían regalado sus padres para su cumpleaños, el veinte de
octubre. Era un regalazo, pues era el último modelo que había
salido al mercado.
- Ahí lo tienes.- indicó Carmen, al
ver que la pantalla se iluminaba, con el nombre del contacto como:
Sergi Coll. La inspectora
tardó en contestar, aunque finalmente lo hizo
- ¿Sí?- contestó.
- ¿Dónde puede llevar un joven a una
chica a cenar a modo de disculpa?- preguntó.
- Depende de la disculpa, si es por
infidelidad o traición que ni lo intente.
- Es por haber intentado abandonarla
al enterarse de que estaba embarazada. El novio de mi hermana, ha
recapacitado tras hablar conmigo.
- ¿Ella sabe que intentó irse?
- Afortunadamente no, pero sabe que no
le coge el teléfono y está enfadada y asustada.
- Qué hijo de puta.- dijo. Carmen la
miró extrañada.
- Estaba asustado, no se veía
preparado. Pero ya ha cambiado su parecer.
- Eres un buen hermano. Espero que
ella no tenga que enterarse nunca porque si no lo va a matar.
- Juan y ella se quieren demasiado,
aunque él haya hecho semejante locura.- aseguró.- Aunque no sea el
mejor partido para ella, no económicamente, porque su familia tiene
dinero, sino intelectualmente. Pero lo tendré vigilado.
- Pues si buscas un sitio y dices que
el chico tiene poder adquisitivo, creo que el Restaurante Marmelade
es una buena idea. Los platos son mayoritariamente vegetarianos pero
tiene buenísimas críticas.
- Si quieres podríamos probarlo tú y
yo antes.- insinuó. Ella dio una carcajada.- ¿Qué te hace tanta
gracia? Sería como buenos amigos, sé que me pediste que esperara.
- No quiero tener que enfrentarme a la
situación de que me pregunten si ese chupetón te lo he hecho yo y
tener que decir que no, gracias.- Carmen se atragantó con el menta
poleo, riéndose.
- Arantxa...- tragó saliva.- Lo
siento, soy un imbécil.
- ¿No me digas?
- Ni siquiera la recuerdo. No se en
que estaba pensando.
- Eso me tranquiliza mucho.- ironizó.-
Gracias por cumplir tu palabra, gracias por esperarme.-dijo dolida.-
Nos vemos.- colgó sin esperar respuesta.
Carmen se quedó fijamente mirándola.
La inspectora tenía los ojos llorosos.
- Voy a hablar con Andrés
inmediatamente, él es su mejor amigo, podrá decirle que deje de
actuar como un gilipollas.- la inspectora contestó negando con la
cabeza.- No te entiendo, Arantxa.
- No hace falta que lo hagas.-
suspiró. Dejó un billete de cinco en la mesa, suficiente para pagar
el pedido de las dos.- ¿Nos vamos?
Fueron juntas hasta el metro, donde
Carmen tenía que coger su línea. Ella fue andando hasta casa, pues
estaba a menos de diez minutos a pie.
Un rayo debió impactar contra el
pararrayos del edificio pues temblaron todos los cimientos y cayó el
sistema eléctrico. A la inspectora no le importó mucho, pues de
todas formas no tenía la inspiración suficiente para empezar a
escribir el siguiente capítulo de su nueva novela. Estaba
profundamente decepcionada con él. A veces era perfecto, un
caballero, romántico y único. Otras, parecía no tener
sentimientos. Podía ser un auténtico borde, rozando la crueldad, no
con ella pero sí con otros, sobre todo hombres. O simplemente, no
demostraba la gran inteligencia que tenía a la hora de los
sentimentalismos. Sabía conquistar, pero no conservar, tenía miedo
a las relaciones estables por eso mismo. Sergi era un mundo
totalmente diferente a John, parecía que iba a ir bien y luego hacía
cosas tales como la que había hecho, y lo peor es que no se daba
cuenta de su gravedad. Era como cuando un perro que rompe un cojín y
le regañas, no es consciente de que ha hecho mal hasta que está
rodeado de plumas y tela y su dueño le grita y le amenaza con el
periódico con el otro brazo en jarra.
Se limitó a encender la linterna del
móvil, con un cinco por ciento de batería hasta que encendió unas
velas y cogió la linterna acoplable a la pistola, pues la grande la
tenía en la guantera del coche.
No tenía nada que hacer, eran las ocho
de la tarde y en la calle llovía con fuerza, no había luz en los
edificios cercanos dada la fuerte tormenta eléctrica y apenas tenía
batería en el móvil.
Se quedó sentada en el sillón sumida
en la oscuridad, tan sólo con las dos velas que había encontrado
iluminando la estancia.
Despertó, sintiendo como tocaban a la
puerta. Miró el móvil para ver la hora pero ya no tenía batería,
encendió la linterna y apuntó a su reloj de muñeca. Sólo se había
dormido quince minutos. Pensó que lo habría imaginado pero
volvieron a tocar, se le ocurrió que podría ser la vecina
preguntando por cerillas. Abrió sin pensárselo y encontró a Sergi,
completamente empapado, con un disco de vinilo de Bessie Smith en la
mano, que estaba afortunadamente seco.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó
haciéndole pasar.- Estás chorreando. ¿No tienes paraguas o qué?
- No me abría nadie y como llueve
bastante de lado por el viento, la cornisa del portal no me
resguardaba. Un señor me ha dicho que se habría ido la luz y me ha
abierto cuando le he dicho que era tu compañero, pero parece que ya
habíamos coincidido antes en el anscensor.
- Será el señor Plà, presidente de
la comunidad. Tiene una importante empresa de comercio internacional,
podría vivir en Pedralbes, pero ha preferido algo más modesto.
- Es un buen barrio también.- dijo
Sergi. Estornudó.
- Salud, voy a traerte una toalla y
ropa seca. Me dieron una camiseta de publicidad el otro día, y por
ahí tengo un pantalón de baloncesto que da bastante talla. Aunque
vas a pasar frío.-cogió dicha ropa, y justo al volver al salón la
luz volvió.
- Gracias, dijo cogiendo la toalla y
liándosela.- se había quitado la camisa blanca y la camiseta
interior del mismo color.- Ahora vuelvo.
La inspectora aprovechó para tender su
ropa en la salita de la lavadora. Él apareció silencioso por
detrás, entregándole el pantalón mojado. La camiseta negra con el
logo de Burn en el pecho le quedaba bien, algo estrecha de brazos y
justa de pecho pues tenía unos músculos bastante tonificados. El
pantalón color turquesa también le ceñía pero no le quedaba mal.
- Sigo sin saber por qué has venido
con la que está cayendo.- dijo Arantxa, acomodándose en el sillón
donde estaba sentada antes de que Sergi llegara.
- Para pedirte una disculpa.- se
acercó al tocadiscos.- Te he traído un regalo, no pretendo
comprarte, pero si que bailes conmigo.- Encendió la máquina tras
colocar el disco y colocó el brazo metálico sobre el vinilo. Empezó
a sonar Nobody Knows You When You're Down And Out.
- Ya sabes que no se me da nada bien.-
replicó, sin aceptar la mano que él le ofrecía. Él la agarró
levantándola de todas formas.
- No es verdad y lo sabes. Déjate
llevar, ya sé que no llevo un atuendo muy seductor...- bromeó.
Ella aceptó finalmente. Bailaron esa
canción y la siguiente, y después otras dos más, hasta acabar la
cara A. Si la canción que él había reproducido primero no fuese la
cuarta de esa cara hubieran, probablemente, bailado alguna más.
Se sentaron en el sofá algo cansados
al terminar. Él la miraba fijamente a los ojos, con una sonrisa.
- ¿Qué?- preguntó ella divertida.
Él no dijo nada, sólo le puso un mechoncito de pelo tras la oreja.
Ella se mordió el labio, involuntariamente.
- Soy un capullo, perdóname. Eres mi
mejor amiga.- el término “amiga” le sentó como una patada.- y
no quiero perder tu amistad, trabajamos juntos todos los días y si
ninguno de los dos promociona o pide traslado seguirá siendo así
todas nuestras vidas. Por eso mismo no quiero comprometerme y
fallarte, que me odies y perdamos nuestra conexión tan eficaz para
resolver casos.
- Tú también eres mi mejor “amigo”.-
tragó saliva. ¿Le estaba diciendo que no saldría con ella el muy
cabrón?, después de darle ilusiones. Pensó en que era su culpa.-
No debería haberte pedido que esperaras, porque ahora tienes miedo,
cosa que yo también tengo, pero pensaba que me ayudarías a superar.
Tal vez debí haberte dado lo que querías aquella noche.
- No seas así. No es por ti, yo te
quiero, sabes que lo daría todo, hasta mi vida, por ti.- la cogió
de la mano con verdadera cara de preocupación.- Pero no quiero que
cuando mejor estemos nos separen o hacerte daño y que me abandones.
- Yo nunca haría eso, pero tienes
razón. Lo mejor será que pasemos página y nos olvidemos de esto.-
le soltó la mano con algo de brusquedad. Él no esperaba esa
respuesta, tenía la esperanza de que ella le pidiera intentarlo al
menos. Pero no lo hizo. Se quedó sentado y callado mientras ella se
levantó y dirigió hacia la cocina.
- No es eso.- se pasó las manos por
el pelo, con cierta desesperación. Se puso de pie y fue tras ella.-
Por favor, necesito tu confianza, y que me des una oportunidad cuando
estés preparada. No pienso tener una relación estable hasta que me
des esa oportunidad.
- ¿Estable? Ya, pero sí picar
algunas flores, ¿verdad?- estaba claramente enfadada.
- Lo siento, no puedes pedirme que
cambie. No significan nada, sólo es una forma de descargar tensión.
- Ya, me parece que tú solito también
podrías descargar esa tensión.- él dio una carcajada.
- No es lo mismo, todo tiene su por
qué, pero te asustaría.
- ¿Qué eres, Christian Grey?.- él
calló.
- No soy lo que buscas, pero quiero
que al menos me des la oportunidad.
- Tienes razón, somos incompatibles.
Tú eres atractivo, brillante en todo lo que haces, bastante más
adinerado. ¿Cómo demonios me regalas un vinilo primera edición de
Los Beatles? ¿Qué pretendes que te regale yo ahora?
- Tu amor.- la apretó contra sí.- Y
no tengas tan baja autoestima.
- Será mejor que te vayas.- dijo
separándole.- Yo tampoco soy lo que buscas.- recogió la ropa ya
medio seca, aunque aún algo húmeda y se la entregó.
- ¿No me invitas a dormir? Creí que
éste era el pijama.- señaló la ropa que le había dejado.
- Si no te gusta te cambias.- dijo malhumorada, volviendo a dejarle solo.
- Si no te gusta te cambias.- dijo malhumorada, volviendo a dejarle solo.
- Era una broma, no te enfades, claro
que me gusta, todo lo tuyo me gusta.- la abrazó por detrás,
hincando la nariz en su pelo e inspirando su aroma.- Eres
embriagadora.
La luz volvió a irse, dejándoles
completamente a oscuras, pues las velas se habían apagado
- Sergi, no lo hagas más difícil.-
titubeó, zafándose y alejándose unos metros de él.
- ¿Con la que está cayendo pretendes
que me vaya? Espera hasta que amaine un poco, si no lo hace prometo
dormir en el sillón.- no la veía pero intuía de donde procedía su
voz.
- O seducir a la vecina para que te
deje su cama. ¡Ah no! Que tú te vas una vez satisfecho
- Eso ha dolido.- dijo serio. Ahora
era él el que parecía enfadado.
- La verdad duele, como el hecho de
que ahora no podemos estar juntos. Lo siento.- suavizó el tono.- Por
favor, Sergi, te lo ruego no me presiones tanto. Todo tu ser me esta
volviendo loca y no quiero tomar medidas precipitadas. Ahora no
quiero tener ningún tipo de relación sentimental, tal vez esté
preparada algún día. Si quieres esperarme para entonces es tu
elección, pero puede ser en dos semanas, cinco meses, un año o
tres. No te obligo, pero tampoco te digo que no te quiera, claramente
siento algo por ti. Lo que pasa es que en este momento de nuestras
vidas, simplemente, no encajamos. Intentarlo ahora sería un
auténtico desastre.- concluyó. Sergi encendió una vela que había
encontrado en la penumbra con el mechero.
- Con que es eso.- se limitó a
contestar.- Entonces en una semana, cinco meses, un año o tres
volveré a atosigarte.- la abrazó
- Giras como una maldita veleta.- ella
le devolvió el abrazo. Luego, separándose ligeramente, añadió.-
Me dices que lo nuestro no puede ser, que no eres para mí, luego me
suplicas que te de la oportunidad, y ahora vas a esperarme. No lo
entiendo.
- Parte de mí no quiere hacerte daño
pero la otra te pide un voto de confianza y que lo intentemos juntos.
Te quiero aquí y ahora, pero si no estás lista te querré en tres
siglos y en Finlandia, me da igual cuanto tardes, no te prometo
castidad, porque no puedo cambiar eso mientras sea soltero. Pero si
lealtad, no quiero novias hasta que tu quieras ser mía.
- Me parece un buen trato.- dijo la
inspectora, apartando de la frente de su compañero un rizito rubio.
Él paró su mano y la besó con intensidad apretándola contra sí.
Ella le pegó una bofetada, involuntariamente.
- Te prometo que el próximo serás tú
quien me lo dé.- cogió la ropa de encima del sillón.- Mañana te
doy la ropa lavada. Buenas noches.- abrió la puerta y se marchó.
- Esta situación es bastante deja
vú.- dijo para sí.- ¿Por qué me recuerda tanto a John?
Todos en comisaría comentaban la
fuerte tormenta de la noche anterior. Había roto árboles, tejas y
cornisas, por lo que era algo peligroso la conducción y el pasear
por la calle, al parecer habían habido a lo largo de la noche varios
accidentes de tráfico.
Aquella mañana hacía un viento
helado terrible, la gente llegaba tarde y con los rostros pálidos
Sergi tampoco había llegado y temía el momento en que lo hiciera,
sería difícil actuar como si nada.
Finalmente lo hizo, a las nueve y
media.
- Empezaba a preocuparme.- le dijo la
inspectora.
- Tu ropa lavada y doblada.- le tendió
una bolsa.- Gracias.
- A ti.- contestó, guardándola en el
armarito de su escritorio.
El comisario salió de su despacho y
convocó a todos los agentes, sin darle tiempo a hablar más-
- Necesito su máxima colaboración,
el empresario Joan Plà ha desaparecido, sus hijos sospechan un
secuestro. Pueden pedir un rescate.- hubo un murmullo general.-
Gómez, Berenguel, necesito que hablen con los vecinos del edificio y
pregunten por extraños merodeando el edificio, la última persona
con la que se le vio hablar, lo que sea. Realicen dibujos y retratos
robot si hace falta. Verdejo y Puig pregunten a tráfico por las
cámaras de la calle. Es la Carrer de Pau Clarís.
- ¿Número?- preguntó Daniel.
- Ochenta y tres, haciendo esquina con
la Carrer de la Diputació. Hay una farmacia veinticuatro horas junto
al portal, tal vez ellos vieran algo.- contestó la inspectora.
- ¿Cómo lo sabe, García?- preguntó,
extrañado, Rafael Castillo.
- Es mi piso, Joan Plà es vecino mío.
Castillo cerró la puerta del despacho
a sus espaldas.
- ¿Vio algo extraño, algún
comportamiento fuera de lo común?
- Él vive en el ático así que no
lo veo mucho, pero en la última reunión de la comunidad de la
semana pasada estaba de lo más tranquilo. Es un hombre sencillo,
habla con todos tratándoles como iguales. No se como no vivía en
Pedralbes y se conformaba con algo tan sencillo.
- ¿Cuándo fue la última vez que lo
vio?
- Ayer a las ocho y media
aproximadamente, salía del edificio.- dijo Coll.- No se donde iría
con la que estaba cayendo, ni siquiera había luz en el edificio.
- Sergi vino a traerme un encargo, yo
no lo ví.- justificó Arantxa, adivinando la pregunta que se estaba
planteando Castillo sobre que hacía el subinspector a esas horas en
su casa.
- Está bien. Quiero que intenten
seguir sus pasos desde su desaparición. He pedido sus movimientos
bancarios y su registro de llamadas, un viejo amigo va a ayudarnos a
que nos lo hagan todo más deprisa.- el comisario Rafael Castillo era
un buen hombre y mejor agente. Había conseguido escalar a base de
resolver dificilísimos casos valiéndose de su inteligencia y su
capacidad de conseguir que la gente le contara todo lo que quería
oír. Todos le respetaban y admiraban y en sus veinticinco años en
el Cuerpo había hecho muchas amistades tanto dentro como fuera de la
policía, e incluso de criminales a los que había conseguido que
redujeran la condena. Era conocido por su porte y elegancia, además
de su amplia cultura general y educación. Se desajustó un poco la
corbata granate.
- Preguntaremos en la farmacia,
seguramente fuera cliente habitual pues tengo entendido es
diabético.- propuso la inspectora. El comisario dio su aprobación
con un movimiento de cabeza.
- Manténganme informado.- añadió a
modo de despedida.
El viento había aumentado de
intensidad frente a los pronósticos meteorológicos. En la calle,
los escasos transeúntes eran apenas reconocibles bajo innumerables
capas de ropa, ataviados con gorros, bufandas y abrigos largos. Nunca
había visto un final de noviembre tan frío, apenas más de un mes
atrás podían ir en manga corta perfectamente, pero ahora era
bastante duro salir a la calle sin tres mangas como mínimo. Tenía
los labios cortados desde hacía dos semanas, cuando llegó la ola de
frío procedente de Siberia, llevaba camiseta térmica bajo la camisa
blanca y una americana verde de cuadros escoceses que usaba en su
época de estudiante en Londres. Afortunadamente su casa tenía muy
buena calefacción.
- No recuerdo un otoño tan frío
desde el primer año que vine a Barcelona a estudiar.- dijo Sergi
encendiendo el ventilador para quitar el vaho de los cristales
empañados.
- Yo que soy de Almería, acostumbrada
a tener verano, dos semanas de ¿invierno? y la estación de Renfe
como únicas estaciones.- él dio una carcajada.- Aunque claro, en
Salamanca cuando estudiaba criminología y en la Academia de Policía
en Ávila me percaté un poco a lo que era la palabra frío.
- En Londres adivino que también.-
añadió Coll.- Supongo que el calor que pasabas algunas noches te
haría olvidarlo. Por la calefacción, en los países del norte y el
centro de Europa están demasiado fuertes en algunos interiores,
tanto que se puede ir en manga corta.- dijo, maquillando su frase
inicial, aunque la inspectora sabía que lo decía por John.
- Tú eres también un hombre muy
fogoso.- también ella le lanzó una indirecta.- Vas con una camiseta
interior de tirantas y en manga de camisa.
- Ahora cogeré la chupa de cuero
para bajar. En comisaría y aquí tengo calefacción.- alegó.
Llevaba unos chinos marrón oscuro y una camisa celeste más propios
para una temperatura algo más cálida.- ¿Entro en tu parking?
Ella asintió sacando el mando del
bolso.
Subieron por el anscensor hasta la
planta baja y salieron a la calle, justo a la derecha del portal se
encontraba la farmacia. Era de fachada de principios de siglo XX o
incluso de finales del anterior, como gran parte de las farmacias de
la zona.
- Te viene bien tenerla aquí para
cualquier urgencia.- dijo el subinspector.- La ubicación de tu piso
está bastante bien, tiene que costarte un pastón el alquiler.
- Al contrario, es sorprendentemente
barato. Al parecer nadie lo quería, pero no ha habido ningún robo
(ni crimen) ni tampoco hay ningún problema en la casa. Me cuesta la
mitad que los que ofertaban por la zona.
- Mmm, siempre tan afortunada,
inspectora.- bromeó.
- En parte, se podría decir.- él le
abrió la puerta de la farmacia.- Gracias.
Dentro del local, había algo de cola.
Un señor pedía a la farmaceútica sus recetas y esta le intentaba
hacer entender que no podía dárselas por alguna restricción que
había sido impuesta. En el otro mostrador, un joven pedía vendajes
y apósitos, y tras él otro inspeccionaba el apartado de salud
sexual, concretamente comparaba los precios de dos marcas de
preservativos.
- En eso nunca se debe escatimar. Es
mejor ahorrarse en disgustos que los pocos euros de diferencia.-
susurró Sergi.- Durex o Control siempre son de fiar. Personalmente
prefiero la primera.
-Dr Amor, hemos venido a resolver un
caso no a debatir sobre que protege más, ya sé que eres muy
observador.- le contestó ella.- Si tarda mucho en elegir y el señor
en entender lo de sus pastillas hazte valer con la placa.
- A la orden, paciente impaciente.
Afortunadamente el señor terminó por
entender lo que pasaba.
- Disculpe señorita.- dijo el
subinspector.- ¿Tendrían un momento? Somos de la policía.
- Inspectora Arantxa García y
subinspector Sergi Coll.- añadió ella.- investigamos el secuestro
de Joan Plà.
Las dos dependientas se miraron.
Claramente lo conocían.
- ¿Podría decirnos cuando fue la
última vez que lo vieron?- dijo el subinspector.
- Ayer mismo, vino a por sus
inyecciones como siempre, parecía tranquilo, ¿verdad. Irene?
- Bueno, no sólo compró lo de
siempre, además se llevó escapolamina, al parecer va a someterse a
una operación ocular en la clínica Barraquer y se lo habían
recetado pero había perdido la receta. Al ser cliente habitual se la
dimos.
- Vaya, saben que eso puede meterles
en un problema. Hablaremos con la clínica de todas formas para
corroborarlo.- dijo el subinspector.
- ¿Algún comportamiento extraño o
presencia extraordinaria?- se volvieron a mirar, encojiéndose de
hombros ante la pregunta de Arantxa.- ¿Belén, Irene? ¿Y Dolores,
la licenciada?
- Nada. Ella no está pero nos lo
hubiera comentado, ya la conoces. Es muy... observadora.
- Está bien, muchas gracias. Si
necesitan algo llámenos.- concluyó Coll entregándoles una tarjeta.
Se despidieron de las chicas y aún el
joven no había elegido. Sergi sse acercó y le dió otra tercera
caja, unos Durex fantasy.- Para una primera vez son perfectos, y para
esporádicas como adivino tu tienes, también. Si tuvieras pareja
estable no dudarías la marca.
El chico se sonrojó y emitió un casi
inteligible “gracias”.
La inspectora se ruborizó al recordar
su primera noche con John, él había usado esos. El britáico era
muy diferente a Sergi. Era más sosegado, menos bravío, infundía
paz el hecho de estar junto a él y tenía mucho tacto, cosa que a
Coll le solía faltar. Aunque a la vez, tenían muchos puntos comunes
como la sobreprotección, el sarcasmo y el humor inteligente, la
elegancia y la caballerosidad. Al parecer era eso lo que le atraía
de los hombres, aunque sentía que no necesitaba que la protegieran,
le gustaba que demostraran así su amor.
Sergi la sacó de sus pensamientos al
preguntarle algo que no entendió.
- Digo que si pasamos por la Avenida
de Montaner o llamamos a la clínica.- repitió
- Ah, pues podemos ir. A lo mejor nos
hacen más caso.
- Está bien, vayamos entonces.
Sergi se incorporó al tráfico de la
Ciudad Condal, encendiendo la radio como de costumbre. Sonaba Next
Epsiode de Snopp Dogg, no era su estilo pero era una
canción que conocía todo el mundo. La música estaba a un nivel
moderado, ya casi había recuperado toda su audición tras el
disparo, en una velocidad en contra de todo pronóstico. Llegaron en
poco tiempo a la famosa clínica privada, aparcando bastante cerca de
la puerta. Enfrente de la entrada principal, una limusina esperaba
aparcada. No tardó en volver a ella un hombre de etnia árabe,
vestido con las mejores galas y ataviado con el pañuelo rojo y
blanco que llevan los jeques de Dubái, dos hombres fornidos también
árabes le acompañaban.
- Un placer sr El Fadil.- dijo un
señor con bata blanca haciendo una especie de reverencia.
- Vaya, una cita aquí ha de costar un
ojo de la cara.
- Eso ha sonado a chiste, dado que
aquí están los mejores oculistas.- luego añadió.- No cuesta
tanto, mis padres y hermano han venido aquí varias veces desde mi
infancia.
Entraron a la clínica y pararon en el
mostrador central. Un hombre de más o menos la edad de Sergi, de
facciones agraciadas, atendía tras él.
- Buenas, ¿en qué puedo ayudarles?-
sonrió mostrando su blanca dentadura.
- Queríamos corroborar una cita, a
nombre de Joan Plà Vidal , para una intervención quirúrgica a lo
largo de esta semana. Inspectora Arantxa García y subinspector Sergi
Coll.- él enseñó la placa.- No traemos orden porque estamos
investigando su
- Un momento por favor.- metió una
serie de datos en el ordenador.- Debe de haber un error, el señor
Plà tiene una cita este jueves, pero para nada una operación.
- Lo suponíamos, gracias por su
colaboración.
- De nada, tengan un buen día.- dijo,
encogiéndose de hombros.
Eran las cerca de las once cuando
subieron al coche. ¿Por qué motivo habría comprado entonces la
escapolamina? Fueron a comisaría, pues todo minuto era clave para la
liberación del secuestrado. Debían interrogar a la familia,
investigar la casa en cuanto tuvieran la orden e intentar sacar la
máxima información. Mirarían las cámaras de tráfico y de los
establecimientos cercanos para encontrar pistas de sus secuestradores
o su paradero. Además había que averiguar si tenía algún
competidor poderoso que quisiera darle un susto o quitárselo de en
medio.
Los secuestros eran mucho más
complicados que los asesinatos. Se trataba de luchar contrarreloj
para salvar una vida y si pedían rescate mediar con los
secuestradores y llegar a un acuerdo lógico.
Junto a la pizarra de pruebas, Carmen y
Andrés hablaban sobre el caso.
- ¿Cómo tú por aquí, forense? ¿Has
venido a ver a tu novia?- dijo Sergi saludándolo alegremente.
- A verla, sí, pero para hablar sobre
el secuestro. Han concedido la orden por lo que esta tarde
procederemos al registro los técnicos y criminalistas.
- Andrés, ¿sabes que uso a parte de
para una operación ocular se le puede dar a la escapolamina?- dijo
Arantxa, absorta en sus pensamientos.
- Es la droga del beso, seguro que la
conocéis más por ese nombre.
- ¿Y para que querría Plà la droga
del beso?- preguntó Sergi.- Como no fuera un violador en serie en
sus ratos libres.
- Tal vez se sintiera vigilado y
compró esos inyectables como arma. Un pinchazo puede tener efectos
funestos, ¿verdad?- la inspectora buscó la corroboración del
forense.
- En el mejor de los casos puede
actuar como cloroformo o la morfina. En el peor puede resultar letal.
Todo depende de la dosis y el paciente al que se le suministre.
- Hemos preguntado a los vecinos y al
único extraño que vieron en los últimos meses era a un joven de
entre veinte y treinta años, rubio o moreno claro de aproximadamente
un metro ochenta y cinco.- dijo Carmen divertida. Luego le tendió un
papel.- Este es el retrato que he hecho.
- ¿Soy yo?- preguntó alzando una
ceja.
- Adivino que ha sido la sra Rovira.
Esa mujer detesta que vengan hombres a mi casa. Hasta miraba mal a mi
hermano.- puso los ojos en blanco.- Por cierto, buen dibujo, Carmen.
- Llevaba dos horas haciendo
borradores que no terminaban de encajar y de repente me percaté de
que te estaba dibujando. Manuel le enseñó una foto tuya y te
reconoció.
- Veo que afortunadamente os han dado
a otro sospechoso.- señaló la inspectora al ver el retrato en la
pizarra de pruebas. Luego leyó lo apuntado bajo éste.- Enrique Lach
del Clos. 33 años. Antecedentes por agresión e intimidación.
Tatuajes y piercings en todo el cuerpo. Pertenece a alguna secta
satánica.
- Siempre nos tocan los casos más
tétricos, ¿verdad?- le susurró su compañero con tono de
resignación.
- Mejor, a ambos nos gustan las
emociones fuertes.
- Ánimo, Coll. Vuelvo al laboratorio,
portáos bien.- palmeó en la espalda a su amigo y le guiñó un ojo
a su novia.- Me paso a la hora de comer.
Llevaban siete meses juntos pero
estaban tan unidos y se conocían tanto que estaban buscando piso
para mudarse juntos. Carmen siempre había sido una apasionada por el
arte, su casa estaba llena de cuadros y esculturas vanguardistas, las
paredes, las cortinas e incluso las lámparas tenían su esencia y
daban a su apartamento un toque neoyorquino. De hecho, cuando era más
joven, el sueño de Carmen tras hacer Bellas Artes era exponer en la
Gran Manzana. Tenía fotografías buenísimas, era ella la que les
había fotografiado en la playa y le había dado a Sergi la copia
que luego amplió, enmarcó y dedicó para regalársela a Arantxa.
Además dibujaba como si se tratara de una fotografía. Era la
alegría personificada, justo lo que ella, como mejor amiga
necesitaba, y lo que complementaba a Andrés. Siempre había sido más
tímido y reservado, no tenía demasiado tacto con las mujeres y las
solía espantar según le había relatado Sergi. Por su profesión
pasaba muchas horas solo y cuando la gente sabía a lo que se
dedicaba rehuían de él. Carmen supo entenderlo, hacerle reir e
incluso quererse a si mismo y dejarse querer. Se sentía culpable de
haber sido el único superviviente de un accidente de tráfico en su
adolescencia, cuando volvía con unos amigos a casa tras una fiesta.
Era una carga que arrastraba, otro coche invadió su carril y se los
llevó por delante, al estar en el asiento trasero no le pasó nada,
pero el que conducía y el que iba en el del acompañante
fallecieron. Justo antes de subir le había cedido su asiento de
acompañante a su amigo y esto le atormentaba y aún le hacía
despertarse empapado en un sudor helado por las noches.
Sergi sabía esto pues lo conocía
desde antes del accidente, en aquel entonces eran meramente vecinos
de habitación en la residencia de estudiantes e intercambiaban
algunas palabras de vez en cuando. Se llevaban bien pero apenas
tenían tiempo para verse pues el horario de clase de uno coincidía
con el tiempo libre del otro. Ese año fue cuando se graduó y entró
en la Academia por lo que prácticamente perdieron todo el contacto,
aunque, tras los meses de prácticas en Bilbao y un año ejerciendo
como el chico de las fotocopias o antidisturbios, tras demostrar su
brillante inteligencia en la detención de un fugitivo de ETA
consiguió la plaza en Barcelona y volvió a coincidir con un Andrés
recién introducido en el mundo laboral. Desde entonces eran
inseparables.
Carmen y Andrés se habían conocido a
la llegada de esta a la Ciudad Condal, hacía diez meses, y apenas
tres meses después habían empezado a salir, cuando el destino los
unió en un caso muy parecido al del fatídico accidente de su
adolescencia.
- ¿Habéis localizado al sospechoso?-
preguntó Sergi.
- No todavía, es lo que os toca. La
secta a la que pertenece no tiene obviamente sedes registradas pero
debéis moveros y averiguarlo. Daniel y Rodrigo acudirán al
registro. Manuel y yo entrevistaremos a su familia en su casa de
Pedralbes, donde vivía antes del divorcio mientras tanto.
- Oh, venga ya. Siempre nos toca el
trabajo duro.- se quejó el subinspector.
- No te quejes tanto.- bromeó la
inspectora.- En el fondo es lo que más te gusta. Adoras la
adrenalina.
- Hay tres bandas importantes, y tres
locales sospechosos de tratarse de sus lugares de encuentro. Son
personas potencialmente peligrosas, rinden culto al diablo haciendo
sacrificios animales, bañándose en sangre, e incluso algunos hacen
sacrificios humanos, el año pasado aparecieron los restos de un bebé
recién nacido abierto en canal al que le faltaba el corazón. Ya
puedes imaginar lo que habían hecho con él.- dijo Carmen haciendo
una mueca.- Sus sacrificios se basan en seres indefensos, tanto bebés
como ancianos perdidos o incluso extranjeros a los que engañan
prometiéndoles un trabajo. A veces también cometen pequeños
magnicidios, es decir, matar a algún personaje importante o
torturarlo, los de la secta “ El legado de Satán”, procedente de
América latina secuestraron en su país a un jefe de la policía,
muy religioso y lo torturaron de un modo desagradable de explicar. Se
rumorea que pudieron ser incentivados por los del Cártel de Patxuco
o por sus superiores.
- Te has informado bien. ¿Has
trabajado en algún caso así?
- El accidente de coche de los tres
adolescentes, con el que se obsesionó Andrés. Los que viajaban en
el que invadió el carril eran miembros de esa secta.
- No lo recordaba, por aquel entonces
yo estaría en Italia, a mi regreso Cristóbal no me contó mucho
sobre el caso.
- ¿Cristóbal?- pregunto la
inspectora.
- Lo conocerás por el inspector
Martínez. Fue mi compañero antes de tu llegada.-aclaró Coll.- Se
jubiló a finales de mayo.
- Muy bien, entonces tenemos que ir a
tres locales oscuros y apartados de la ética humana y descubrir a
cuál pertenece el sospechoso. Suena muy seguro todo. ¿No podemos
saberlo por los tatuajes? ¿Y su domicilio? A lo mejor encontramos
algo.
- Ese es el caso Sergi. Su domicilio
está en Barcelona, Calle A número cinco.
- ¿Calle A? Espera, ¿En la Barcelona
de Venezuela?- Carmen asintió.
- Ya tenéis trabajo, poneos manos a
la obra antes de que se os vaya la luz del día. Será más seguro.-
dijo como despedida.
- Sergi, nunca dejas de sorprenderme,
además de porque es calle no carrer, ¿como lo has
sabido?
- La mayoría de las calles son letras
o números allí. ¿Me acompañas afuera? Me apetece un cigarro.
- ¿Y por qué has sabido que no era
la de Colombia?- cogió su móvil, sobre la mesa y le siguió.
- Porque es chiquitísima y ahí
también se llaman carrera o calle.-
las puertas del anscensor se cerraron.- Me pregunto por qué siendo
de padres catalanes tenía residencia en Venezuela.
- A saber, ya se lo preguntarás
cuando lo captures. Tal vez sea falsa.
Salieron al exterior y Sergi sacó su
paquete Marlboro duro, le ofreció uno por cortesía.
- No me ofrezcas veneno, gracias.-
bromeó.
- ¿Lo has probado alguna vez?
- Con dieciseis años, una calada me
bastó. Es como comerse una brasa ardiendo. Creo que se me quedó voz
de camionero para dos semanas.- el dio una sonora carcajada.
- Eso es como cuando tus padres te dan
a probar la cerveza con nueve años y te preguntas como pueden
tomarse ese inbebible líquido amarillento, prometiéndote que nunca
jamás la beberás. Luego eres mayor y no puedes salir de tapeo sin
tomarte una. Es lo mismo.- se puso el cigarro en la boca y lo
encendió. “Quién fuera cigarro para rozar tus labios” pensó.
Los besos de Sergi eran adictivos, pero ella le había pedido tiempo,
no quería hacerle daño confundiéndole también a él.
- No me gusta que fumes, entre mi
madre y tú voy a ser fumadora pasiva toda mi vida.
- ¿Toda tu vida?- alzó la ceja,
burlón.
- ¿No pensarás pedir traslado? Sabes
que no puedes vivir sin mí.- le siguió el juego.
- No, no puedo.- dijo, serio,
clavándole sus ojos azules. Mantuvieron la mirada hasta ser
interrumpidos por el comisario, que también salía a fumar. Conocía
su fuerte influencia sobre ella y quería inclinar la balanza del
todo hacia su terreno.
- Aún no tenemos nada que aportarle a
la familia y no hacen má que llamar histéricos. No se habían
preocupado por él desde el divorcio y ahora si les interesa a los
muy ratas.- masculló. Con el cigarro en los labios buscado el
encendedor
- Pueden ganarse la estima y la
herencia de su padre si consiguen rescatarlo ileso. Suele pasar.-
dijo Coll. Sergi le tendió el suyo encendido.
- Gracias. Ahora me ha dicho Berenguer
que vais a averiguar a que secta pertenece. Es complicado, pero
cuando fue detenido no aclaró a donde pertenecía, Castañeda ha
hablado con los de bandas y no tiene idea. Buena suerte y tened
cuidado, no queremos otro caso Marañón.
Se despidieron antes de que se hicera
más tarde y cogieron el metro hasta la más lejana de todas, Sergi
pensó que no era conveniente que atardeciera estando tan alejados,
ya que les llevaría varias horas. La inspectora cedió uno de sus
viajes de la T-10 al subinspector pues no tenía billete ya que
apenas lo utilizaba, treinta y cinco minutos después estaban en El
Coll, en el Passatge de Manlleu.
La
zona estaba solitaria a esas horas. La calle daba al Parc
Creuta del Coll
y en ella sólo había tres grandes casas con jardín y altos muros.
- ¿Te has fijado que me han dedicado hasta un barrio y un parque?-
bromeó.
- Sí, ya veo Sergi Coll. Ahora la
cuestión es entrar aquí.- señaló al interfono.- Invéntate algo
creíble.
- Aquí la que escribe libros eres tú,
pero te haré el favor por invitarme al metro.- tocó al interfono.
- ¿Contraseña?- dijo una voz
distorsionada al otro lado del aparato.
- ¿Seis, seis, seis?- probó. La
puerta cedió.- No me lo puedo creer.
Sergi se abrochó la chaqueta de cuero
negra y se acercó a ella, que contuvo la respiración, expectante.
Le quitó el lazo que le sujetaba el pelo, sin apartar el contacto
visual.
- Esto te dará un aspecto más
informal. Entremos.- él pasó primero. Ella se acarició el pelo
hacia atrás con la mano.
Cruzaron la verja y se encontraron en
un amplio jardín bien cuidado. El césped natural recién cortado y
una curiosa mesa redonda para cinco comensales tallada en madera de
roble. La puerta principal de la casa , también de roble, estaba
entornada. Era una casa de dos plantas y buhardilla, se fijó en que
también debía de haber un sótano por una pequeña ventanita que se
escondía tras unas tablas de madera apoyadas contra la fachada de la
casa. Todo era tan extrañamente normal.
Sergi empujó la puerta entreabierta
tras buscar su mirada de aprobación.
- ¡Hola!- dijo en un tono alto. No
obtuvo respuesta.- Veníamos por la prueba de admisión.- Arantxa le
miró escandalizada.- Yo soy Charles, ella es mi mujer Eva, hemos
hecho un largo viaje desde California.- estaba poniendo el acento
español estadounidense perfecto.
La puerta principal se cerró de un
portazo. La inspectora dio un grito ahogado. Se vieron rodeados por
diez personas con un hábito negro que bloqueaban la puerta
principal, el acceso a las habitaciones de derecha e izquierda y el
tramo de escaleras.
- Bienvenidos, Eva y Charles.- uno de
ellos, situado en posición más adelantada fue el que habló, con
voz grave. Debía ser el jefe.
- Enrique Lach nos habló de ustedes.
Allá en California no encontramos el lugar adecuado.- dijo la
inspectora.
- Dígale a su mujer que se calle,
aquí la única función de las mujeres es satisfacer y si son
elegidas procrear.- dijo otro encapuchado.
- Está ansiosa y nerviosa, pero muy
dispuesta a entregarse por El Maligno, señor.- prosiguió Coll. La
inspectora pensó que sería mejor no hablar más.
- Así me gusta, tal vez una de las
pruebas iniciales sea probar tus aptitudes como mujer. Con su hombre,
o conmigo.- añadió el cabecilla, acercándose para acariciarle el
rostro haciéndole sentir repugnancia.
- Sí, señor.- musitó.
- Sabíamos de su llegada, pero
desconocemos a ese Lach. Tal vez dijo su nombre para no levantar
sospechas, bien hecho. Aquí todos somos números, con vosotros
seremos doce. Yo soy Uno. Ocho hombres y cuatro mujeres. Como sabrán,
la prueba de admisión consiste en una invocación a Satán, que
puede realizarse de diferentes maneras. Mediante un sacrificio de un
animal, un juramento de sangre o una orgía en la que serán
aprobados por todos los miembros de la hermandad. O por la entrega de
su fémina al líder.- era escalofriante pensar que todas aquellas
mujeres habían sido ¿violadas? , no sabía si esa era la palabra
pues era consentido, utilizadas como objetos sexuales.
- ¿Tienen algún significado los
tatuajes faciales? Nos dijeron que el grado de poder en al banda era
proporcional a los tipos de tatuajes y al número.
- En la mayoría de nuestras
hermandades hay una escala de menor a mayor de crucifijos invertidos,
666, pentáculos, citas en latín y diversas combinaciones de esto.
¿Es allí diferente?- volvía a hablar el otro hombre.
- Iguales, aunque los gatos negros son
también frecuentes en mujeres que realizan conjuros e invocaciones.-
añadió Sergi. Aquel lugar daba verdadera mala espina, Arantxa no
conseguía reconocer a Enrique entre los rostros que no estaban muy
tapados por la capucha. En cuanto le viera el rostro a los tres
restantes se irían, a las mujeres las reconoció fácilmente porque
no llevaban tatuajes en la cara.
- Alguna de las pruebas podrían
hacerse ahora.- dijo insinuante el jefe. La inspectora notó su
aliento.
- No queremos precipitarnos.- Sergi la
acercó a él.- Eva y yo tenemos que aclarar unos últimos asuntos
para instalarnos en la ciudad.
- Vivirían aquí, enséñenle las
habitaciones.- ordenó Uno.- Y no sea posesivo con ella, recuerde que
si quiere ingresar, pasarán a ser parte de la comunidad.
- Mi señor, hay cierto papeleo que
debemos finalizar respecto a nuestro visado y estaremos disponibles
para la gran prueba. Cuánto antes lo hagamos mejor, así que
solicito permiso para solventarlo a lo largo de lo que queda de
mañana.
- Tres, Siete, Ocho, Diez.- dijo el
que debía de ser Dos, pues junto a el cabecilla era el único ue
hablaba.- y yo, Dos, damos nuestra aprobación como El Consejo de los
Cinco, si el Gran Uno, lo permite.- éste hizo un gesto con la mano
de aprobación
- Nos veremos.- se despidió,
retirándose acompañado de las mujeres.
Fueron acompañados hasta la salida por
Dos y Cinco.
Cuando por fin estuvieron solos y lejos
de aquel lugar suspiraron de alivio.
- Gracias que ya estamos fuera de ese
lugar. He pasado miedo, para ellos las mujeres son meros objetos de
placer.
- Lo sé, yo también. Ese hombre
deseaba hacerte cosas nada buenas.
- ¿Cómo has inventado lo de Eva y
Charles?
- Dos detenidos que pretendían
ingresar en un secta. Eva representa el pecado original, y la primera
mujer y Charles es por el asesino en serie Charles Manson. Realmente
se llamaban Martin y Christie.
- Eres demasiado brillante, pero
aunque sea tu amiga también soy tu superior, así que deberías
avisarme de esas cosas.
- Entonces se perdería el factor
sorpresa.- sonrió.
- No he reconocido a Enrique entre los
hombres de la secta. ¿Tú?
- Tampoco yo. Afortunadamente ya no
tendremos que volver. Aunque aún nos quedan dos, ¿preparada?- ella
asintió, con un mohín.
Volvieron a tomar el metro, esta vez
hasta El Raval. Las temperaturas se suavizaban a esa hora del día
por lo que se pudieron quitar la chaqueta, ella no volvió a hacerse
la coleta.
Sobre las una llegaron a Carrer de la
Cera. Según el subinspector no quedaba muy lejos. Era un piso
ruinoso y sucio, cuyas ventanas polvorientas daban a entender que
estaba medio deshabitado.
- Aquí solo hallaremos “okupas y
yonquis.” Espero que tengan el piso alquilado al menos.- musitó.-
Aquí no hará falta que nos hagamos pasar por un matrimonio.
- ¿Tocas tú?- dijo ella parando
frente al portal.- Si funciona el portero, claro.-añadió al ver que
lo roto que estaba. Sergi empujó a la puerta principal y esta cedió.
Subieron los escalones planta por
planta hasta el tercero, donde hallaron indicios de que ahí estaba
la sede. Coll le hizo un gesto a la inspectora tras cruzar una mirada
de aprobación y golpeó con los nudillos tres veces. No hubo
respuesta. Ella se acercó y tocó al timbre, instantánemaente
escucharon pasos en el pasillo. Arantxa le dedicó una mirada
victoriosa.
- ¿Quién os da permiso para irrumpir
aquí?- la voz provenía de un chaval de unos veinte años, con
perilla negra y pelo corto rizado que se asomaba tras la puerta
entornada.
Era casi más bajo que la inspectora.
Sergi le miró arqueando una ceja, sacó la placa y añadió:
- Yo soy la autoridad, no necesito
permiso.
El chico abrió del todo, asustado.
Dentro del edificio había casi la misma penumbra que en el portal.
El aire estaba cargado de aromas e inciensos varios que intentaban
ocultar el olor característico de la marihuana produciendo una
mezcla nauseabunda. En la esquinas se acumulaban cenizas, restos de
velas y cigarrillos usados, y en las paredes había dibujos de un
color sangriento. Arantxa enfocó con el láser azul y descubrió que
no estaban echos con sangre para su alivio.
- Quiero hablar con el jefe de la
banda.-ordenó Coll. Siempre tomaba las riendas si ella le dejaba.
- ¡ Sr Lach!- los detectives
intercambiaron una mirada cómplice. ¿Lo tenían?
Otro chico algo mayor salió de una
habitación contigua, tras la puerta pudieron ver a un joven con una
guitarra eléctrica pintada con permanente multitud de extraños
símbolos y dos chicas, que fumaban una cachimba. Este chico no se
parecía en nada al de la foto. Tenía algo de tripa como el primero,
y no tenía el cabello completamente rasurado. No había tatuajes en
su cuerpo ni rostro. Portaba una camiseta de Iron Maiden desgastada.
Aquello no podía ser una secta.
- ¿Quiénes son?- preguntó.
- Son de la policía.
- ¿Conocen a Enrique Lach?- dijo
enseñando una foto de éste. La inspectora siguió observando el
local.
- Se equivocan, yo soy Josep Lach. No
conozco a ningún Enrique.- dijo, encendiendo un cigarro.
- Entonces no le importará enseñarme
su DNI.
- No lo tengo aquí.- bajó la mirada.
- Debería, podría tener que
acompañarnos a comisaría.- dijo Arantxa de espaldas a ellos, que
observaba un cuadro en la pared de un aquelarre.- Y mi compañero no
tiene muy buen carácter.-Sergi esbozó una sonrisa diabólica.- Los
demás si sabéis algo deberíais hablar.- continuó sosegadamente.
- No sabemos nada.- dijo
precipitadamente el joven que les había abierto.
- ¿Cómo te llamas?- preguntó Coll.
- Adrián González.- tragó saliva.
Sergi lo cogió de la solapa, levantándolo del suelo.
- Será mejor, Adri, que ya que tu
amiguito no colabora, nos digas tú lo que queremos saber.- éste
asintió.- Su nombre completo.
- José.... Lach....
- ¿Sí?- sacó el arma.- Me parece
que no te oigo bien.
- Del Clos. ¡José Lach del Clos!-
dijo alarmado.
- Buen chico.- miró a José, soltando
a Adrián, intentó huir pero la inspectora le hizo una llave
tirándole al suelo y esposándole.- No te lo habíamos dicho.- dijo
guardando el arma.- pero mi compañera tiene muy buenos reflejos.
Ahora en comisaría averiguarás por tu cuenta más cosas.
Solicitaron una patrulla que trasladó
a Lach hasta el calabozo. Sería interrogado por la tarde. La
inspectora pensó que después iría a compararle el regalo a su
compañero. Ya lo tenía claro, seguro que le encantaría. Iría
sobre las seis al anticuario de don Mateo, en el Barrio Gótico,
había pasado por ahí una vez y Sergi le había confesado que
siempre había querido uno de sus artículos en concreto.
- ¿Qué piensas regalarme?- preguntó
Sergi, aparcando en comisaría, sacándola de sus pensamientos.
- Es una sorpresa, mañana lo verás.
¿Quién va al O' Connell's?
- Mañana lo verás.- dijo con una
sonrisa. Ante su mirada añadió.- Los de siempre, nadie que no
conozcas.
- De acuerdo.- suspiró aliviada pues
esperaba que fueran más chicas que no conocía.
- ¿Pasamos por el despacho de
Castillo y nos vamos a comer?- le preguntó. Ella asintió.
Tomaron el ascensor hasta su planta. Al
abrirse las puertas encontraron un gran revuelo de agentes tanto de
paisano como uniformados.
Castillo, que los vio aparecer les hizo
llamar, había todo un dispositivo de ordenadores, tablets,
teléfonos, agentes con auriculares y micros.
- Coll, García. Hemos recibido una
llamada distorsionada, piden un rescate por el sr Plà, un millón de
euros.
- Y la familia, ¿donde está?- Sergi
miró a su alrededor.
- En la salita del café. Ahora no es
momento de que los interrogues.
- Pero sí de que coja algo de la
máquina, tengo hambre y por lo que veo hoy no vamos a salir a comer.
- Está bien, no tardes.- accedió
levantando el dedo.
Sergi la cogió de la mano,
arrastrándola con él.
- Sígueme el rollo.- le susurró. Se
preguntó que planeaba cuando entraron en la salita del café.-
Bon día.
- Hola.- saludó un abatido Albert
Plà, hijo menor del secuestrado, que tendría aproximadamente su
edad.- ¿Alguna novedad?
- No mucho, lo siento.- dijo de
espaldas a él, seleccionando un Kinder Bueno de la máquina.- Por
cierto, ¿podría hacerles una pregunta?
- Diga.- ahora hablaba Ginés, el
primogénito.
- ¿Vieron algún comportamiento
extraño en su padre? Sospechamos que pudiera saber que iba a ser
secuestrado.
- ¿Cómo? Eso es una locura, nos lo
hubiera dicho.- el mayor de los Plà había contestado demasiado
rápido. Sospechoso.
- Lo siento, mi compañero es
demasiado curioso.- Arantxa siguió el juego a Sergi. Luego,
dirigiéndose a él, pero sabiendo que lo iban a escuchar, añadió
en un tono más bajo.- No tienen móvil para haber hecho eso, no
están tan necesitados económicamente. Seguramente se trate de una
banda completamente ajena a la familia, Coll .
La táctica era que pensaran que no
había sobre ellos ninguna sospecha ni ninguna prueba.
- Mi padre me dijo que anduviese con
cuidado, que la gente en la que más confías puede traicionarte.-
ahora hablaba Albert.
- ¡Cállate, Albert! Papá siempre ha
sido un resentido, estaba dolido aún por lo de mamá. No creo que
sea relevante en el caso.
- Toda información puede ser útil, a
no ser que tenga algo que ocultar.- Sergi lanzó una mirada
penetrante.
- Subinspector, será mejor que
volvamos al trabajo. Mil disculpas.- añadió dirigiéndose a la
familia.
Abandonaron la sala, volviendo a donde
les esperaba Castillo. Sergi abrió el envoltorio de la barrita y le
dió una a su compañera.
- Gracias.- dijo mirándole a sus
brillantes ojos azules.
- De nada, inspectora.- sonrió. Ella
le dio un bocado ante su atenta mirada.
- ¿Qué?- preguntó riendo.
- Nada. Me encanta ver como disfrutas
con el chocolate.-se limitó a contestar, sonriente. Le dio un bocado
a su barrita.
- Venid.- les llamó el comisario.- El
chico que habéis traido, el hermano de Enrique os espera en la sala
de interrogatorios, debéis hablar con él cuanto antes y sacar toda
la información que podáis. Hablad con Manuel y Rodrigo para que os
hablen sobre lo que saben sobre la familia y el registro. Rapidez,
chicos.- volvió a ponerse manos a la obra.
Encontraron a ambos con sus respectivos
compañeros, junto a la pizarra de pruebas.
- Manuel, Carmen, Habladme un poco
sobre Ginés.- dijo Coll masticando.
- ¿Qué comes, tío? ¿Un Kinder
Bueno ahora?- dijo Daniel Puig. Sergi asintió despreocupado.- No
cambia.- se dirigió a la inspectora.
- Nunca, es Peter Pan, sigue teniendo
espíritu de niño para ciertas cosas.- ella le dió una palmadita en
el hombro.- Decidnos, chicos.
- ¡Tú también te has comido uno!-
dijo en su defensa. Ella le tapó la boca con el dedo.
- Ginés es el hijo mayor, cuando sus
padres se divorciaron se puso del lado de su madre y no visitó a su
padre en su casa en carrer de Pau Claris en un año y medio.- comenzó
Carmen
- Pero de repente empezó a
visitarle.- cogió de la mano con la que le había callado a su
compañera, entrelazando sus dedos con los suyos.
- Correcto, se reconciliaron hace casi
un año.- continuó Manuel.- Su hermano nos contó que estaba algo
raro, excesivamente cerca de su padre. Al parecer discutieron hace
unas semanas y se siente algo culpable.
- No me creo yo que Ginés Plà se
sienta demasiado culpable. Según escuché perdió una gran cantidad
de dinero. Seguramente su padre no le quiso prestar y discutieron.-
levantó la mano que tenía unida a la de Arantxa.
- Estás en todo, Coll.- dijo
Verdejo.- En el registro hemos encontrado una extracto de la cuenta
bancaria del primogénito. Estaba en números rojos. Al parecer
apostó muy alto en el poker.
- Además había una jeringuilla de
escapolamina cargada y tirada junto a la entrada, un jarrón roto,
seguramente haría resistencia, y lo más curioso...
- ¿Qué encontrasteis?- dijo ella,
resignándose a que Sergi no le soltara la mano.
- Mejor que no encontramos. No había
signos de que hubieran forzado la puerta.
- Véis, contrató a Enrique y su
banda para que lo secuestraran, así se enriquecería con el rescate.
El dio la llave a los secuestradores. O eso, o la han abierto con
magia negra.
- No saques conclusiones precipitadas.
Tenemos que hablar con el hermano pequeño de Lach y encontrar
pruebas más consistentes. Por ahora todo es una mera conjetura,
aunque tenga sentido.
- Pues hablemos con él cuanto antes.-
soltó su mano para posársela en la espalda. Con el otro brazo
señaló la sala de interrogatorios.
Entraron en la sala, donde el joven
esperaba sentado y con las manos esposadas sobre la mesa, junto a
ellas un vaso de agua.
- ¡Eh! ¡Suéltenme! Yo no he hecho
nada .- se quejó al verlos.
- Empieza a hablar, si quieres que te
soltemos, chiquito.- dijo Sergi, tomando asiento.
- ¿Dónde está tu hermano?- Josep
callaba.- ¡Habla!- dio un puñetazo en la mesa.
- Ya le dije que mi compañera también
tenía carácter. Más le vale hablar si no quiere pasar una
temporada a la sombra.
- No sé nada, de verdad, hace tiempo
que no veo a mi hermano.
- ¿No tenemos tiempo para esto
verdad?- Sergi se puso en pie, quitándose la chupa de cuero y
dejándola en su silla. Miró al cristal desde tras el cual
observaban sus compañeros e hizo un gesto.- Perfecto.- le echó el
agua a la cara y tiró de la silla hacia atrás.- ¡Habla!
La inspectora observaba, inmóvil.
Sergi era muy eficaz en ese aspecto, aunque no fuera el más ético.
- ¡No lo sé! ¡Esto es ilegal!
- Las cámaras y los micros están
apagados, listo. Así que más te vale decirnos lo que sepas.- le
tiró de la oreja.
- ¡Vale, vale!- Sergi le soltó.- Mi
hermano y su banda adoraban al diablo, hacían rituales y
sacrificios. Hace dos meses se mudaron a otra zona y me dejaron el
piso a mí y mis colegas, pero no tenemos nada que ver. Además, dejó
esa vida.
- Imbécil, esa no es la respuesta a
mi pregunta. ¿Dónde está? ¿Dónde esconden al sr Plà?
- No sé quién es ese Plà.- viendo
que Sergi volvería a actuar añadió.- Pero si sé donde está mi
hermano. Estuvo en la Barcelona de Venezuela un tiempo, cuando entró
en la banda. Ahora se acude a menudo a un viejo almacén en
L'Hospitalet de Llobregat. Quién lo acogió allí es a quien
pertenece, el sr Garcés. Creo que le dio una especie de trabajo.
- Buen chico.- le dio una palmada en
la espalda.
- Podría ser más preciso, ¿verdad,
Coll?
- Oh, ya lo creo.- sonrió
diabólicamente.
- Carrer de la Botànica, número
seis.- contestó rápidamente, con cierto terror.
Ambos agentes se miraron, el
subinspector le soltó las esposas, ya tenían lo que buscaban.
Salieron de la sala para informar de inmediato al comisario.
Lo encontraron hablando con la
familia. Había vuelto a haber una llamada.
- Lo piden para mañana. Un millón de
euros serán depostados en una bolsa de deporte en la boca de metro
de las ramblas. Joan será liberado una hora después.- le decía
Castillo a la sra Valilla, ex-mujer de Plà.
- No me fío, es demasiado dinero y
tiempo.- dijo el mayor.
- Señor comisario, lo tenemos.- dijo
la inspectora.
- Excelente.- luego dirigiéndose a la
familia añadió.- En un momento estoy con ustedes.
- L' Hospiralet de Llobregat, en el
polígono industrial.- comenzó Coll.- Carrer de la Botánica, número
seis.
- Son mis agentes más eficientes.
Mereció la pena usar mis contactos para el juicio de Emilio Medina.-
todo quedó como defensa propia ya que Coll había sido alcanzado por
la bala apenas minutos después de la muerte de Medina y pudo
cambiarse ligeramente el informe para cubrirle. Estaba en deuda con
él, bueno, ambos lo estaban pues habían sido bastante incoscientes
al actuar solos.
- Gracias, comisario.- contestó el
subinspector.
- Castañeda, avisa a la jueza,
necesitamos una orden. Berenguer, ponte en contacto con el inspector
jefe Herrera, de los GEO's, que avise a sus mejores hombres porque
probablemente pasemos a la acción, vosotros, hablad con la familia,
Puig y Verdejo. Pedidle permiso para actuar, sé que podeis ser muy
convincentes.- luego, se apartó dirigiéndose a ellos.- Id a comer.
La tarde va a ser larga.
- Pero...- intentó decir la
inspectora.
- Id, vamos.- cumplieron sin
rechistar.
Fueron rápidamente al parking.
- ¿Puedes comprarme algo en el
Nostrum? Tengo que pasar un momento por el banco y coger unos papeles
de mi casa. ¿Te importa?
- No, te iba a proponer llevar la
comida a comisaría. Nos vemos en media hora entonces.
La tienda era un laberinto de muebles y
estantes repletos de todo tipo de objetos, relojes de bolsillo,
esculturas de Lladró, viejos cuadros pintados por pintores
desconocidos, retratos que parecían sacados de la época
victoriana... Y ahí estaba, la Polaroid 600 One Step, pequeña y de
color negro mate, rodeada de cámaras más modernas de reflex y justo
al borde de la sección de soldaditos de plomo.
- Me llevo esta cámara. Me dijo que
funcionaba ¿verdad?- el señor Mateo asintió.
- Tengo papel fotográfico en color y
en blanco y negro, ¿cuál te pongo? Son caros, te advierto.
- Ponme en color, prefiere el color
sepia al blanco y negro.
- ¿La envuelvo?- metió la cámara en
su funda tras quitarle el precio.
- De acuerdo, gracias.- sonrió,
estaba ilusionada. Le llenaba regalar más incluso que recibir, era
algo altruista.- ¿Cuánto le debo?
Sergi la esperaba, sentado sobre el
capó del coche mientras jugueteaba con la cremallera del la chupa de
cuero. Junto a él había una bolsa del Nostrum. Ella había guardado
el regalo en el maletero, así Sergi no sospecharía.
- ¿Has conseguido hacer eso?-
preguntó al verla, cogiendo la bolsa de plástico.
- No he tenido que pasar por mi casa
como pensaba.
- Eso está bien. ¿Comemos?- estaba
pensativo. Se incorporó y se dirigieron al ascensor.
- ¿Qué piensas?
- No pasaron ni veinticuatro horas
desde la denuncia de desaparición, y si no tenían relación, ¿cómo
lo sabía?
- Son una familia influyente, tienen
el poder para conseguir que la investigación empiece lo antes
posible y más habiendo alo riesgo de secuestro. Ya lo intentaron una
vez, hace doce años, eso les haría sospechar si no apareció por el
trabajo.
- Si verdaderamente estaba asustado y
ya habían estado apunto de secuestrarle ¿por qué no contrató a
alguien?
- Espera...- le miró a la cara, ahora
entendía lo que estaba insinuando.- ¿Estás diciendo que Enrique
fuera su protección?
- Exacto, alguien con verdadera
experiencia que pudiera defenderle. El sr Garcés debe de tener la
agencia a la que pertenece, o ser el hombre que se lo recomendó.
- Puede que Enrique fuera comprado por
su hijo mayor para que, o bien traicionara al sr Plà secuestrándolo,
o bien dejara que actuaran los secuestradores. Debió de pagarle bien
para que se perdiera del mapa.
- Ginés quiere hacernos pensar que
Joan sospechaba de Enrique y por eso compró la escapolamina, como
estaba falto de dinero tendría un buen móvil. Las pruebas actuales
solo apuntan hacia Lach. Lo ha utilizado como cabeza de turco.
Las puertas del ascensor se abrieron en
su planta. Decidieron informar inmediatamente a Castillo.
- ¡Comisario!- lo llamó Coll.
- ¿Ya habéis comido?
- Hay que abortar la misión, ha
habido un grave error.- dijo la inspectora. El mayor de los Plà la
fulminó con la mirada.
- ¿Cómo dicen?- dijo colérico.
- Si nos permite un momento.- Castillo
puso su mejor sonrisa a Ginés y luego con expresión seria condujo a
los agentes a un lugar más apartado.- Díganme que tienen pruebas y
no es una mera corazonada.
- Rafael, al señor Plà lo intentaron
secuestrar hace doce años, ¿verdad?- dijo Sergi.
- Sí, pero los fallidos raptores
están todavía a la sombra. ¿A dónde quieren llegar? No dispongo
de mucho tiempo, llevo desde que se fueron intentando localizar a la
juez.
- Es posible que Enrique estuviera
contratado para proteger a Plà. Necesitaba el dinero y, según su
hermano, Garcés le había dado una especie de trabajo.
- Un momento... ¡Castañeda,
Domínguez! ¿Qué tipo de empresa es?
- Una empresa de...- el inspector miró
en la pantalla ordenador.- alarmas, me parece. Tienen el emblema de
Securitas Direct junto al nombre de la empresa, en grande.
- Creo que también tienen agentes de
seguridad, ¿irónico, verdad?- dijo Martina Domínguez.
- No, Martina, es perfecto.- dijo Coll
mirando al comisario.
- ¿Cómo no nos hemos dado cuenta
antes? Está bien, necesitamos una orden para conseguir la lista de
empleados. Es mucho más fácil. Mil gracias, la presión de la
familia me impide pensar con claridad, saben que no suelo dejarle
estar en comisaría, pero son los Plà...
- No importa, Castillo. Lo
entendemos. Ahora si nos permite vamos a comer, antes no hemos
podido.- el comisario accedió con un gesto.
Sergi había comprado sandwiches para
los dos y una bolsa de patatas Lay's. Para beber un bifrutas para
ella y una limonada para él.
- ¿Nos vamos de picnic?- bromeó
ella.
- Cualquier otra cosa se hubiera
enfriado, lista.- dijo con rintintín, siguiéndole la broma.
La comida estaba deliciosa y la
comieron rápidamente, la elección era perfecta. Admiraba mucho a su
compañero ya que siempre pensaba en todo. Era muy inteligente y
podía darle la vuelta a un caso como acababa de hacer. Se quedó
observándolo, sonriente. Sergi, que se percato, dijo:
- Ya sé que soy muy guapo pero me vas
a gastar de tanto mirarme.
- No estaba deleitándome con tu
belleza, solo apreciaba lo brillante que eres. ¿Cuál es tu
coeficiente intelectual? Si el mío es 124 y está por encima de la
media el tuyo debe de ser de 150.
Dio una carcajada.
- No tanto, exagerada. Tan sólo 136.
- ¿Tan sólo? Superdotado...- puso
cara de asco, para chincharle.
Ginés Plà, abandonó la comisaría
muy enfadado, pasando por delante de ellos, sin dirigir palabra. Se
miraron extrañados. Era su oportunidad para encontrar alguna prueba.
- ¿Lo seguimos o hablamos a solas con
su hermanoel influenciable?- preguntó ella.
- No creo que pueda decirnos más,
sígamos al primogénito.
- En mi coche y yo conduzco.- se
adelantó la inspectora.
El Volvo S6 de Ginés Plá, entró en
el parking de Las Arenas. ¿Qué iría a comprar ahora?
Aparcó en la fila J6, por lo que ellos
lo hicieron en la C1, lo más alejado posible.
- Nos va a reconocer con esta ropa...-
dijo él.- ¿Tienes la camiseta de Burn que me dejaste ayer?- Sergi
se quitó la camisa y se puso la camiseta negra que le había dejado
Arantxa la noche anterior, cogió sus gafas de sol Police del
bolsillo de la chaqueta y se las puso.
- Vas a pasar frío.-dijo ella,
poniéndose sus Ray Ban. El sol había salido, más cegador que de
costumbre por lo que no era extraño que las llevaran
- No importa dentro la calefacción
es suficiente Quítate la americana y ponte mi chaqueta, pasamos a la
acción.
Desde su aparcamiento podían observar
sin ser vistos. Plà fumaba junto a la puerta de entrada, justo
entonces tiró el cigarro al cenicero y cruzó la puerta automática.
Cogieron el cigarro apagado y lo
metieron en una bolsita de pruebas, era un Lucky Strike. Lo
necesitarían para contrastar con restos de ADN encontrados en el
piso del secuestrado.
- ¿Qué quieres que seamos?- preguntó
Coll.
- ¿A qué te refieres?
- Cara al público, para que no nos
reconozca. Te recomendaría una opción pero no quiero que pienses
que me aprovecho.
- Lo entiendo, es lo más lógico. Ser
pareja es la opción adecuada.- susurró parando en un escaparate al
ver al sospechoso darse la vuelta.- ¿Prometidos buscando cosas para
la boda?- dijo al percatarse que habían parado frente a un fotógrafo
de bodas. Sergi asintió.
El sospechoso entró en una agencia de
viajes, lo siguieron y entraron también, observando uno de los
carteles de dentro, con el otro oído puesto en Ginés. Hablaba sobre
un viaje a Aruba, en el Caribe.
- Paraíso fiscal, de bonitas playas y
bonitas chicas.- susurró al oído de su compañera, sonriendo para
fingir que era un mero mimo hacia su chica. Ella le rodeó el cuello,
también metiéndose en el papel.
- ¿Tú pensarías en eso en una
situación así?- le dijo.
- Lo tenemos.- le puso una mano en la
espalda.
- Buenas, pareja. ¿En qué puedo
ayudarles?- dijo un hombre menudo y alto, que portaba unas gafas de
pasa demasiado grandes para su cara. Era otro de los dependientes.
Tomaron asiento como les indicaba, quitándose las gafas de sol.
- Nos casamos en junio y queríamos
buscar algún sitio para nuestro viaje.- dijo ella, separándose de
Sergi, fingiendo ilusión. Lo importante era quitárselo de en medio
cuanto antes, mientras buscara algunas propuestas podrían escuchar
la conversación de Ginés.
- El veinticinco de junio.- dijo
Sergi.- Estábamos interesados en turismo y playa. De todo un poco.
Nada de países a los que haya que ponerse todas las vacunas
existentes ni tampoco aquellos donde sea legal comer mascotas.
El hombre hizo un gesto extraño y se
levantó de su mesa.
- Entendido, ahora vuelvo.- entró a
la trastienda.
- El veinticinco de junio fue el día
que nos conocimos.- musitó Arantxa.
La inspectora recordó como, aquella
soleada mañana de verano, llegó a la comisaría, con los papeles
necesarios en una carpeta marrón. Paró en la puerta del imponente
edificio, su sueño se hacía realidad, había estudiado y luchado
mucho para llegar ahí. Comprobó que llevaba todo lo necesario por
vigésima quinta vez, se colocó bien la blusa Tommy Hilfiger azul
grisáceo y subió el primer peldaño tras respirar hondo.
Cruzó la puerta principal y preguntó
a una señorita por el comisario Rafael Castillo, su nuevo jefe. La
oficial uniformada de ojos color esmeralda cuya chapa rezaba
“Dominguez” le indicó las escaleras, diciéndole que se
encontraba a dos plantas y que el ascensor estaba en reparación.
A punto de llegar a la segunda planta
un antidisturbios con el casco en la mano que bajaba a toda prisa, la
empujó sin querer, haciéndola caer hacia atrás
- ¡Cuidado, Martín!- dijo el hombre
que la había cogido, evitando que se golpeara con el suelo.- ¿Está
bien, señorita?
Era alto, rubio y de intensos ojos
azules, le sonreía.
- Sí, muchas gracias.- le tendió la
mano, sonrojada.- Arantxa. Buscaba al comisario Rafael Castillo.
- Sergi, encantado.- se la estrechó.-
Está en esta misma planta, sígame.- el atractivo joven le guió
unos cuantos escalones más arriba y le señaló la puerta del
despacho.- Es ahí.
- Sergi, ven.- le llamó un agente que
observaba junto al que sería su compañero la pantalla del ordenador
- Si me disculpa, espero verla cuando
salga.- Se preguntó si le estaba tirando los tejos. Tal vez lo
estuviera imaginando. La verdad es que era bastante guapo. Si era
agente de esa brigada podría verlo a diario.
Se dirigió hacia el despacho que le
había indicado. Junto a la puerta, reconoció a su amiga Carmen,
ella le había ayudado con el piso desde que se enteró que había
conseguido el destino en la Ciudad Condal. Habían compartido
habitación en la Academia de Policía. Sonrió ampliamente al verla
y la abrazó.
- ¿Qué tal el viaje? ¿Quieres un
café?
- Bien, gracias. Respecto al café, ya
he desayunado pero luego puedes invitarme a comer si quieres.-
bromeó.
- ¡Por supuesto! ¿Y el subinspector
Coll?- le preguntó al agente con el que hablaba.
- Ni idea.- dijo encogiéndose de
hombros.- Inspector Manuel Gómez, un placer.- le estrechó la mano.-
Entra, Castillo te espera. Voy a por tu compañero.
Tocó a la puerta y entró al oír un
“adelante”, un hombre de mediana edad, pelo color carbón y ojos
claros esperaba sentado en su silla. Se puso de pie.
- Inspectora García, sea bienvenida a
nuestra comisaría. Hemos recibido buenas recomendaciones de sus
profesores y de sus prácticas. Su compañero está al llegar...
Mire, ahí está.- no le dio tiempo a responder.
- ¿Me llamaba, Rafael?- reconoció
esa voz masculina y se dio la vuelta. Era quién le había salvado de
caer por la escalera.
- Sergi, pase. Le presento a la
inspectora García, Aránzazu del Pilar García Antolín.- este se
quedó algo asombrado.
- Prefiero Arantxa, es la
abreviatura.- dijo tímidamente. Volvió a tenderle la mano.- ¿No
esperabas verme?- susurró.
- Sí, pero no aquí, ni de esta
forma.- la saludó de nuevo.
- ¿Se conocen?- preguntó Castillo,
cogiendo los papeles que ella había traido y dejado sobre su mesa.
- Se podría decir.- respondió Coll.
- Perfecto, enséñale el sitio,
indícale su puesto y ponéos manos a la obra, inspectora.- se
despidió Rafael Castillo.
- ¿Has oído eso?- dijo sacándole de
sus pensamientos.
- ¿El qué?
- Lo que ha dicho Ginés.- susurró.-
El viaje es para la semana que viene, lo he grabado con el móvil.
Vámonos.
Se levantaron y se fueron, como si
nada. Quince minutos después, el dependiente volvía con múltiples
folletos, hablando sólo sobre los maravillosos sitios que podían
visitar.
Después de la agencia de viajes, Ginés
se dirigió a la sala de exposiciones de la última planta. ¿Qué
sentido tenía? Era la aclamada exposición Human Bodies. La
inspectora ya había ido a verla con su hermano a principios de
Septiembre.
- Con el carnet joven pagarás menos,
¿lo llevas encima?- le dijo al subinspector, que asintió, parándola
frente a él y abriéndole la chaqueta. Metió la mano en el bolsillo
interior, rozándola haciéndole sentir un escalofrío. Había cogido
la cartera.
- Aquí está.- dijo sacándo la
tarjeta. Ella se percató que en el apartado donde se solían guardar
fotos había una pequeña copia de la que él le había regalado, la
del día de la playa.
Ella sacó la suya de su bolso y se
acercaron prudentemente al mostrador, cuando el sospechoso ya hubo
entrado. Sergi pidió dos entradas y las pagó.
- Las he pedido con audioguía, así
puedes parar la reproducción y escuchar mientras parece que estás
escuchando la explicación.- le susurró al oído, abrazándola por
el costado.- Ríete conmigo.
Le hizo caso y luego le susuró:
- Tengo que pagarte la comida y esto,
Recuérdamelo.
- Soy tu novio por hoy, acostúmbrate.-
bromeó.
Les entregaron los mp3 y les indicaron
como parar y pasar la reproducción. A ella le tocó uno rojo y a él
uno rosa. Puso cara de circunstancias cuando se lo colgó, haciéndola
reír.
Pasaron a la exposición, el vídeo
empezaba hablando de los embriones, se acercaron al primer número
para disimular. Ginés observaba el cuerpo de una mujer partido por
la mitad, a escasos metros de ellos. Detuvieron la reproducción
cuando sonó el teléfono del hijo del secuestrado, pero simulando
que aún estaba en reproducción.
- ¿Sí?- respondió alejándose.- (…)
Sí, no me han seguido aunque creo que sospechan algo. (…) Ya he
recogido nuestros billetes, tranquila.
Se alejó más, haciéndose imposible
de escuchar. Había entrado en la sala del sistema circulatorio.
- Le seguiremos con cuidado, puede que
sea una trampa. No es tan tonto.
Entraron a la sala y en ella no había
nadie, tan solo su audioguía sobre un banco, junto a una de las
puertas cerradas solo para el personal.
- A lo mejor sí lo es, ¿entramos?-
dijo ella. Sergi la sujetó del brazo.
- No estamos armados, lo mejor será
que llevemos lo que tenemos al comisario.
- Pero Sergi, estamos a punto de
pillarle.- Coll le señaló la cámara que había en la sala y su
móvil, en modo de grabación. Si lo iban a usar en un juicio lo más
precavido era retirarse.- Pero tienes razón, volvamos a comisaría.
Aunque les dolía tener que hacerlo,
abandonaron la exposición, y bajaron hasta el parking, evitando
pasar por delante de la agencia.
- Espera.- dijo ella parando delante
de cosmética, mirando la pantalla de su iPhone.
- ¿Qué? No tenemos tiempo para eso.
De todas formas eres tan fea que cuando apagas la luz el coco la
enciende, no hay nada que hacer.- ella le pegó en el brazo.
- No te pases de listo. Un Whatsapp de
Andrés, dice que te ha llamado pero no lo cogías.
- Eso es porque mi móvil está en el
bolsillo interior de mi chaqueta que llevas puesta, no iba a meterte
mano.- bromeó. “Pues bien que antes has cogido la cartera” pensó
ella.- ¿Qué quiere?
- Que compremos polvos faciales o de
talco, y vayamos hasta su coche.
- ¿Por qué?- ella le dio la mano y
lo arrastró hasta dentro de la tienda.
- Encontraron huellas dactiláres y un
otograma, probablemente en su coche encontremos más. Dice que si te
preguntas por qué sabe que lo hemos seguido es porque se cruzó con
él en el ascensor y cuando subió arriba vio que no estábamos.
- Lo tenemos bien entrenado Carmen y
yo.- se burló.- Cada día es más sabueso.
La inspectora pagó la brocha y un
colorete de color muy oscuro en polvo, además de un bote de laca.
- ¿Este botecito es para limpiar
pantallas?- le preguntó a la dependienta.
- Gafas, pantallas de smartphones,
tablets.. ¿Le pongo uno?
- Sí, gracias.
Les venía de maravilla, así podrían
limpiarlo y evitar sospechas, aunque borrarían las huellas. De todas
formas, con la foto tendrían más que suficiente para cotejarlo y
pedir una orden si daba positivo para tomar una muestra de ADN y de
huella dáctilar.
Bajaron rápidamente y por suerte,
Ginés aún no había llegado.
- Tú vigila, yo me encargo.- ordenó
la inspectora.
- No es justo.- se quejó.
- Yo he estudiado criminología y soy
tu superior asi que sí lo es.
Se puso manos a la obra, aplicó con la
brocha colorete suavemente sobre las huellas visibles, junto a la
puerta, en el cristal. Cuando le hubo parecido suficiente espolvoreó
con cuidado un poco de laca sobre la huella.
- Sergi, echa una foto.- le tendió a
su compañero su iPhone negro también de última generación. Hizo
lo que le había pedido y ella usó el spray para limpiar gafas y
pantallas que acababa de limpiar, sacó un pañuelo de papel de un
paquete sin empezar y limpió el cristal. Se lo metió luego al
bolsillo como si nada y siguieron adelante, hasta el coche. Sintieron
a sus espaldas a Ginés entrar en el coche, pero no se dio cuenta de
nada. Debían volver a comisaría antes que él.
Cuando llegaron, Andrés ya había
recibido la foto y se encontraba cotejándola con Carmen en la base
de datos. Ginés no había vuelto a comisaría.
- ¿Te has cambiado de camiseta?-
preguntó Manuel. Sergi no se había percatado de que se le había
olvidado volver a ponerse la camisa.
- Me manché de café.- mintió.- ¿Qué
tenemos?
- Coinciden, es nuestro hombre.- dijo
Carmen sin darse la vuelta, mirándo a la pantalla.- Nos darán la
orden.
- Tenemos una colilla suya y unas
grabaciones que lo inculpan.
- Conseguiremos esa orden para que
puedan ser utilizadas, Castañeda ha leído la lista de empleados y
efectivamente Lach se encontraba en ella.- Castillo pasó quitándose
la chaqueta de traje, quedándose en mangas de camisa y chaleco. La
bufanda que llevaba por la mañana era del mismo tono que la
corbata.- Lo más importante ahora es hallar al sr Plà y a Enrique
Lach.
- Tenemos que hacerle confesar. Planea
escapar a Aruba con el dinero del rescate.
- Sólo el hijo menor tenía acceso a
su cuenta, así que es posible que los secuestradores hayan pedido
tanto dinero para que la famila se viera obligada a sacarlo de la
cuenta de Joan.- dijo Verdejo.
- Y así obtener su venganza. Aún le
guarda rencor por la ruptura familiar.
- Creo que debe de haber algún motivo
más.- dijo la inspectora.
- Se lo sacaremos, no te preocupes.-
dijo Coll, luego señaló al pasillo.- Acaba de llegar.
Se dispusieron a salir pero el
comisario se interpuso cerrando la puerta.
- Tenemos un plan mejor.- Castillo
sonrió diabólicamente.
El reloj marcaba las ocho de la tarde,
Enrique Lach había sido detenido en el polígono de L'Hospitalet de
Llobregat, al parecer se había pedido el día libre pero había
tenido que pasar por la central, momento en el cual fue capturado.
Llevaba cuarenta minutos en la sala de interrogatorios número dos,
donde había sido interrogado por los agentes Puig y Verdejo, hasta
el mismo comisario había entrado a interrogarle. Ginés Puig,
esperaba, ansioso por alguna novedad. Daniel Puig salió de la sala
de interrogatorios y se sentó a su lado.
- Ha sido duro pero hemos conseguido
una confesión. Al parecer, sabe donde está su padre, y ha anulado
el rescate de un millón. Se limita a dejarlo en libertad a él y a
cambio entregarán a su padre.
- ¡Miente! No puede ser.
- ¿Cómo está tan seguro? Ha
confesado, no tiene ningún motivo para mentirnos. De todas formas
será vigilado por nuestros agentes y detenido cuando rescatemos a
don Joan.
- ¡No! Está mintiendo, lo mejor será
ingresar el dinero.- titubeó Ginés, una gota de sudor caía por su
frente.
- Señor, no saque las cosas de
quicio, ya se que ha sido un día duro, pero a veces las cosas se
resuelven más fácilmente.- dijo el comisario, acercándose.
- ¿Y si están aprovechando para
herirle o matarle? No deberían haberle detenido.- Castillo dio una
carcajada e hizo una señal.
Los agentes Coll y García entraron con
don Joan Plà. Tenía mal aspecto, algún moratón y tal vez todavía
tocado por alguna droga que le habían inyectado, pero estaba
relativamente bien. Su hijo Albert iba con su madre, tras él, con
clara expresión de ira.
- ¡... Papá! Gracias a dios estás
bien.- estaba blanco como la pared y tartamudeaba.
- Eres la vergüenza de tu familia.
¿Cómo te has atrevido a hacer algo así?
- No lo entiendo, todo era
perfecto...- musitó.
- Identificamos la huella de alguien
más en la escena del crimen, concretamente el otograma de tu amigo
que trabajaba en la exposición de Las Arenas. Deberías fijarte en
que tus amigos no estén fichados la próxima vez.- dijo el
subinspector
- ¿Y Lach?- preguntó cada vez con
sudores más fríos.
- Ese pobre diablo, (y nunca mejor
dicho) fue contratado por tu padre como bien sabes, pero tu compraste
a su jefe para que le diera el día libre y así poder tú y tus
hombres actuar. Enrique, que había cambiado bastante respecto a su
pasado en las sectas satánicas, volvió a su empresa para
interesarse por su cliente para descubrir que para su sorpresa era
sobre quién recaían todas las sospechas, el cabeza de turco.
- Garcés y dos de sus hombres,
escondieron a tu padre, incosciente por la droga en una sala de
material, para ser transladado posteriormente a un piso franco e ir
aumentando la cantidad del rescate hasta vaciar la cuenta de tu
padre.- añadió la inspectora.
- Sobre Lach, pensabas que se vería
forzado a huir, terminando así de trazar tu perfecto plan. Pero te
equivocaste.- Coll sonrió con superioridad.
- Compré la escapolamina porque
sabría que lo harías. Desde nuestra discusión vi tu extraño
comportamiento, tus preguntas a mis empleados, como te interesaste
por el pasado de Enrique... Eres un cretino, hijo, y ahora vas a
pasarte el resto de tu vida en la cárcel. Estoy seguro de que alllí
conocerás a gente tan retorcida como tú.- Joan parecía calmado,
aunque estuviera diciendo esas palabras tan duras.
- Siempre me has odiado, no vengas
ahora con eso. Cuando mamá te engañó tuvo sus motivos, nunca
estabas en casa, ni siquiera cambió tu comportamiento hacia nosotros
tras en intento de secuestro. Seguía en tus negocios y sin hacernos
caso. ¿Verdad, Albert?- éste bajó la mirada.
- Puede ser, pero siempre nos dio todo
lo que necesitábamos. Colegios privados, médicos, too lo que
queríamos...
- Eso es meramente material, no había
cariño alguno.
- Creo que tu plan era mucho más
frívolo de lo que consideras a papá. Tú si que desconoces que es
el amor.- su hermano hizo un gesto a los agentes.
- Ginés Plà queda detenido por el
secuestro de Joan Plà, todo lo que diga puede ser utilizado en su
contra en un tribunal, tiene derecho a un abogado y si no puede
pagarlo se le asignará uno de oficio.- dijo el subinspector
esposándole.
El sr Garcés había sido trasladado
directamente a los calabozos y Enrique había colaborado con los
agentes para montar ese pequeño teatro y así hacer pensar a Ginés
que todo salía según su plan. Terminaron cerca de las doce de
apurar los últimos informes y desmontar todo el operativo. Había
sido un día de lo más estresante para todos, sobre todo para ellos.
Sergi había vuelto a ponerse la camisa antes de salir a rescatar a
Joan, pues estaba empezando a estornudar con demasiada frecuencia.
- ¡Feliz cumpleaños!- dijo la
inspectora cuando el reloj de su móvil marcó las doce.- Ya es
veintiocho de noviembre.
Sergi dejó el café sobre su mesa en
la que estaba sentado y sonrió.
- Cierto.- la inspectora apuró el
último trago de su café Seattle y cogió el regalo de se armario.
Lo había guardado antes, con el jaleo de la detención aún reinante
en comisaría.- ¿Para mí?- añadió cuando se lo dio.
- Pues claro, tonto.- le sonrió
ella.- Rompe el papel, trae buena suerte.
Sergi lo hizo, con la ilusión de un
niño de seis años esperándo el juguete que tanto había ansiado.
- Oh, no, no puede ser. Esto es
demasiado.- dijo reconociendo la funda. Sacó la cámara.- No puedo
aceptarlo, no lo merezco.
- ¿Por qué no? Yo creo que es
relativamente comparable a una primera edición de The Beatles.- ella
sonrió contenta de haber acertado.- Está lista para hacer fotos,
tiene láminas de color.
Sergi apuntó con la cámara hacia
ella. Click. La Polaroid imprimió la fotografía. Sergi la sacudió
y esbozó una sonrisa satisfecho del resultado. Cogió un boli de su
mesa y escribió algo en el espacio en blanco.
- La voy a colgar en mi tablón.- se
puso de pie y en su corcho la clavó con una chincheta, junto a una
foto de Notre-Damme de la Garde.- ¿Quieres echar una?- ella asintió.
Sergi se sentó a su lado y le enseño como funcionaba, cogiendo la
cámara también con sus manos, como los profesores que enseñan a
jugar al tenis abrazando a las chicas por detrás.
- ¿Probamos un selfie? Yo creo que
será divertido.- Sergi le enseñó a desconectar el flash.- Un, dos
y … tres.- se escuchó el chasquido y luego la impresión de la
fotografía.
- Sacúdela con cuidado. Así.- le
indicó. Le recordó por un momento a John, se concentraba en
explicar las cosas paso a paso para que las entendiera. Sonrió.-
¿Qué pasa?- dijo él ante su mirada.
- Tienes que darme una copia de esta
foto.
- Para ti.- escribió “Nunca dejes
ir al que se quedó contigo cuando le diste razones para irse.”
- Qué profundo.- se miraron a los
ojos unos instantes pero ella no quiso seguir sosteniéndole la
mirada.- Pensaba que ibas a escribir esa frase de Pascal que tienes
de estado ¿Qué has escrito en el otro?- Sergi se limitó a sonreír.
- ¿Le coeur a ses raisons que la
raison ne connaît point?.- dijo con su francés perfecto.- El
otro ya lo descubrirás. Será mejor que volvamos a casa, ha sido un
día intenso.
Apagaron las luces y bajaron hasta el
parking, Había sido un buen final relativamente para un caso de
secuestro, solían acabar en búsqueda de cadáveres.
La comisaría quedó vacía, invadida
por cierta kenopsia, la foto
que Sergi acababa de colgar era la única cosa que quedaba iluminada
por un atisbo de luz, procedente del sensor infrarrojo de la cámara
de vigilancia. Se leía claramente la frase que acababa de escribir
“Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su
nombre de labios de una mujer.”- Antonio Machado.