domingo, 16 de agosto de 2015

Cap.-3 El secuestro de Joan Plà

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El secuestro de Joan Plà.

El termómetro de la Plaza Cataluña marcaba quince grados. Eran las seis de la tarde de un día bastante invernal. Ya no había apenas luz en la calle, pues además el día anunciaba tormenta.
El camarero le trajo su humeante café con leche, devolviéndola al mundo real. Había dibujado en el vaho del cristal sus iniciales, mientras pensaba en lo que había pasado desde la resolución del último asesinato. Había hablado con John, en la cafetería del hotel y luego en su habitación. Le había dicho que siguiera con su vida en Londres, ella le quería mucho aún, pero ya no lo suficiente como para volver con él. John había intentado convencerla de que se quedara con él, que volvieran. Seguía resultándole tentador, pero no consiguió convencerla. Ella le habló de Amelia Dornan, su ayudante en el departamento. Amelia le había llegado a confesar a la inspectora, de la que se hizo muy amiga durante su estancia en Londres, que estaba enamorada de John. Era de edad más cercana a la del británico, de pelo rubio largo y ojos color esmeralda, muy guapa e inteligente, que tenía muchas cosas en común con John. Ambos amaban las mismas cosas, el deporte, las matemáticas, la música de Bach... Arantxa se había sentido celosa antes de salir con él, pues su amistad podía confundirse. Pero eso Crowe no lo había visto, y cuando ella se lo hizo notar, aquel día, se quedó sorprendido. Él sería más feliz con ella, además de todo lo anterior compartían el mismo idioma y el mismo sueño, así que la inspectora le pidió que le diera una oportunidad a Amelia y que intentara olvidarla. En el fondo le dolía decirle ésto, pero era lo mejor para los dos. Finalmente él accedió aunque le pidió dos cosas a cambio. La primera, que fuera feliz con la persona que eligiera para compartir sus días. Y la segunda, casi una súplica, un último beso. Accedió por todo lo que él había hecho por ella y lo que había estado a punto de sacrificar por quedarse en Barcelona junto a ella. Fue intenso y triste. Una despedida, un punto y final a un apasionado amor que había superado diversos obstáculos y había durado tres años. John hubiera deseado también hacer por última vez el amor con ella, pero sabía que era demasiado y si accedía sería por pena, así que todo quedó en un beso. Al salir del hotel, Arantxa se sintió tremendamente culpable pues sentía que estaba traicionando a Sergi, pues él la había besado y le había prometido que la esperaría. Aunque también sintió una gran pena y satisfacción por zanjar finalmente el tema de John.
- ¿Vas a regalarle algo?- dijo Carmen, que había vuelto del baño.- Un menta poleo, por favor.- le pidió al camarero.
- ¿A quién?- contestó.
- A Sergi, pasado mañana es su cumpleaños, ¿recuerdas? Además, él te regaló algo a ti.
- Sí, claro que le regalaré algo. Igual que te regalo a ti y que le regalaré a tu novio cuando cumpla si no te pones celosa. Sois mis mejores amigos aquí.
- Andrés cumple el siete de enero. Gracias.- dijo al camarero que le traía lo que había pedido.- Y a la fiesta, ¿irás, no?
- No se que decirte, él vino a la mía, sí. Pero ha vuelto a cambiar mucho desde entonces. Ayer estuvo con una chica otra vez.- tenía aspecto dolido. Los ojos hinchados como de haber llorado.
- Es un cabrón, ¿por qué no lo habláis? Dejaste a John por estar con él, pero eres incapaz de decirle lo que sientes.
- Le dije que necesitaba tiempo, y él me dijo que me esperaría. Pero ya ves lo pronto que se ha cansado.
- Ha pasado más de un mes y has actuado como que no pasaba nada. Tal vez te está pidiendo que reacciones, dándote celos.- insistió.
- Ya, acostándose con la primera que se encuentra.- dijo frunciendo el ceño.- Esa no es forma para conquistarme, lo que consigue es todo lo contrario. Si quiere que reaccione, si está verdaderamente interesado en mí, que hable como las personas normales.
- Sabes que no es como John, no es caballeroso a jornada completa. Pero, te quiere. Ya sabes que daría su vida por ti.- intentó hacerla entrar en razón
- Y también sé que muchas veces no piensa precisamente con la cabeza. Y no lo defiendas porque sabes que es verdad.
- Hombres... Pero, dime una cosa. ¿te lo confesó él?
- ¿Qué se había acostado con otra? No hizo falta. Se quitó el jersey, quedándose en camiseta térmica corta y pude ver el chupetón que tenía en el cuello.- hizo una mueca.- Ni se molestó en disimularlo.
- Sigo diciendo que deberías hablarlo con él. Ya ha pasado más de un mes.- le agarró la mano.- Y no llores por él porque no lo merece.
- El problema es que no me apetece tener pareja todavía. Y si no somos nada no puedo darle lo que busca. No me va a esperar tanto tiempo.- le dio un bocado a la pasta que le habían puesto con el café.- Y no sé por qué he llorado. Supongo que me dio un arranque de rabia.
El nuevo iPhone de la inspectora sonó. Se lo habían regalado sus padres para su cumpleaños, el veinte de octubre. Era un regalazo, pues era el último modelo que había salido al mercado.
- Ahí lo tienes.- indicó Carmen, al ver que la pantalla se iluminaba, con el nombre del contacto como: Sergi Coll. La inspectora tardó en contestar, aunque finalmente lo hizo
- ¿Sí?- contestó.
- ¿Dónde puede llevar un joven a una chica a cenar a modo de disculpa?- preguntó.
- Depende de la disculpa, si es por infidelidad o traición que ni lo intente.
- Es por haber intentado abandonarla al enterarse de que estaba embarazada. El novio de mi hermana, ha recapacitado tras hablar conmigo.
- ¿Ella sabe que intentó irse?
- Afortunadamente no, pero sabe que no le coge el teléfono y está enfadada y asustada.
- Qué hijo de puta.- dijo. Carmen la miró extrañada.
- Estaba asustado, no se veía preparado. Pero ya ha cambiado su parecer.
- Eres un buen hermano. Espero que ella no tenga que enterarse nunca porque si no lo va a matar.
- Juan y ella se quieren demasiado, aunque él haya hecho semejante locura.- aseguró.- Aunque no sea el mejor partido para ella, no económicamente, porque su familia tiene dinero, sino intelectualmente. Pero lo tendré vigilado.
- Pues si buscas un sitio y dices que el chico tiene poder adquisitivo, creo que el Restaurante Marmelade es una buena idea. Los platos son mayoritariamente vegetarianos pero tiene buenísimas críticas.
- Si quieres podríamos probarlo tú y yo antes.- insinuó. Ella dio una carcajada.- ¿Qué te hace tanta gracia? Sería como buenos amigos, sé que me pediste que esperara.
- No quiero tener que enfrentarme a la situación de que me pregunten si ese chupetón te lo he hecho yo y tener que decir que no, gracias.- Carmen se atragantó con el menta poleo, riéndose.
- Arantxa...- tragó saliva.- Lo siento, soy un imbécil.
- ¿No me digas?
- Ni siquiera la recuerdo. No se en que estaba pensando.
- Eso me tranquiliza mucho.- ironizó.- Gracias por cumplir tu palabra, gracias por esperarme.-dijo dolida.- Nos vemos.- colgó sin esperar respuesta.
Carmen se quedó fijamente mirándola. La inspectora tenía los ojos llorosos.
- Voy a hablar con Andrés inmediatamente, él es su mejor amigo, podrá decirle que deje de actuar como un gilipollas.- la inspectora contestó negando con la cabeza.- No te entiendo, Arantxa.
- No hace falta que lo hagas.- suspiró. Dejó un billete de cinco en la mesa, suficiente para pagar el pedido de las dos.- ¿Nos vamos?
Fueron juntas hasta el metro, donde Carmen tenía que coger su línea. Ella fue andando hasta casa, pues estaba a menos de diez minutos a pie.

Un rayo debió impactar contra el pararrayos del edificio pues temblaron todos los cimientos y cayó el sistema eléctrico. A la inspectora no le importó mucho, pues de todas formas no tenía la inspiración suficiente para empezar a escribir el siguiente capítulo de su nueva novela. Estaba profundamente decepcionada con él. A veces era perfecto, un caballero, romántico y único. Otras, parecía no tener sentimientos. Podía ser un auténtico borde, rozando la crueldad, no con ella pero sí con otros, sobre todo hombres. O simplemente, no demostraba la gran inteligencia que tenía a la hora de los sentimentalismos. Sabía conquistar, pero no conservar, tenía miedo a las relaciones estables por eso mismo. Sergi era un mundo totalmente diferente a John, parecía que iba a ir bien y luego hacía cosas tales como la que había hecho, y lo peor es que no se daba cuenta de su gravedad. Era como cuando un perro que rompe un cojín y le regañas, no es consciente de que ha hecho mal hasta que está rodeado de plumas y tela y su dueño le grita y le amenaza con el periódico con el otro brazo en jarra.
Se limitó a encender la linterna del móvil, con un cinco por ciento de batería hasta que encendió unas velas y cogió la linterna acoplable a la pistola, pues la grande la tenía en la guantera del coche.
No tenía nada que hacer, eran las ocho de la tarde y en la calle llovía con fuerza, no había luz en los edificios cercanos dada la fuerte tormenta eléctrica y apenas tenía batería en el móvil.
Se quedó sentada en el sillón sumida en la oscuridad, tan sólo con las dos velas que había encontrado iluminando la estancia.
Despertó, sintiendo como tocaban a la puerta. Miró el móvil para ver la hora pero ya no tenía batería, encendió la linterna y apuntó a su reloj de muñeca. Sólo se había dormido quince minutos. Pensó que lo habría imaginado pero volvieron a tocar, se le ocurrió que podría ser la vecina preguntando por cerillas. Abrió sin pensárselo y encontró a Sergi, completamente empapado, con un disco de vinilo de Bessie Smith en la mano, que estaba afortunadamente seco.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó haciéndole pasar.- Estás chorreando. ¿No tienes paraguas o qué?
- No me abría nadie y como llueve bastante de lado por el viento, la cornisa del portal no me resguardaba. Un señor me ha dicho que se habría ido la luz y me ha abierto cuando le he dicho que era tu compañero, pero parece que ya habíamos coincidido antes en el anscensor.
- Será el señor Plà, presidente de la comunidad. Tiene una importante empresa de comercio internacional, podría vivir en Pedralbes, pero ha preferido algo más modesto.
- Es un buen barrio también.- dijo Sergi. Estornudó.
- Salud, voy a traerte una toalla y ropa seca. Me dieron una camiseta de publicidad el otro día, y por ahí tengo un pantalón de baloncesto que da bastante talla. Aunque vas a pasar frío.-cogió dicha ropa, y justo al volver al salón la luz volvió.
- Gracias, dijo cogiendo la toalla y liándosela.- se había quitado la camisa blanca y la camiseta interior del mismo color.- Ahora vuelvo.
La inspectora aprovechó para tender su ropa en la salita de la lavadora. Él apareció silencioso por detrás, entregándole el pantalón mojado. La camiseta negra con el logo de Burn en el pecho le quedaba bien, algo estrecha de brazos y justa de pecho pues tenía unos músculos bastante tonificados. El pantalón color turquesa también le ceñía pero no le quedaba mal.
- Sigo sin saber por qué has venido con la que está cayendo.- dijo Arantxa, acomodándose en el sillón donde estaba sentada antes de que Sergi llegara.
- Para pedirte una disculpa.- se acercó al tocadiscos.- Te he traído un regalo, no pretendo comprarte, pero si que bailes conmigo.- Encendió la máquina tras colocar el disco y colocó el brazo metálico sobre el vinilo. Empezó a sonar Nobody Knows You When You're Down And Out.
- Ya sabes que no se me da nada bien.- replicó, sin aceptar la mano que él le ofrecía. Él la agarró levantándola de todas formas.
- No es verdad y lo sabes. Déjate llevar, ya sé que no llevo un atuendo muy seductor...- bromeó.
Ella aceptó finalmente. Bailaron esa canción y la siguiente, y después otras dos más, hasta acabar la cara A. Si la canción que él había reproducido primero no fuese la cuarta de esa cara hubieran, probablemente, bailado alguna más.
Se sentaron en el sofá algo cansados al terminar. Él la miraba fijamente a los ojos, con una sonrisa.
- ¿Qué?- preguntó ella divertida. Él no dijo nada, sólo le puso un mechoncito de pelo tras la oreja. Ella se mordió el labio, involuntariamente.
- Soy un capullo, perdóname. Eres mi mejor amiga.- el término “amiga” le sentó como una patada.- y no quiero perder tu amistad, trabajamos juntos todos los días y si ninguno de los dos promociona o pide traslado seguirá siendo así todas nuestras vidas. Por eso mismo no quiero comprometerme y fallarte, que me odies y perdamos nuestra conexión tan eficaz para resolver casos.
- Tú también eres mi mejor “amigo”.- tragó saliva. ¿Le estaba diciendo que no saldría con ella el muy cabrón?, después de darle ilusiones. Pensó en que era su culpa.- No debería haberte pedido que esperaras, porque ahora tienes miedo, cosa que yo también tengo, pero pensaba que me ayudarías a superar. Tal vez debí haberte dado lo que querías aquella noche.
- No seas así. No es por ti, yo te quiero, sabes que lo daría todo, hasta mi vida, por ti.- la cogió de la mano con verdadera cara de preocupación.- Pero no quiero que cuando mejor estemos nos separen o hacerte daño y que me abandones.
- Yo nunca haría eso, pero tienes razón. Lo mejor será que pasemos página y nos olvidemos de esto.- le soltó la mano con algo de brusquedad. Él no esperaba esa respuesta, tenía la esperanza de que ella le pidiera intentarlo al menos. Pero no lo hizo. Se quedó sentado y callado mientras ella se levantó y dirigió hacia la cocina.
- No es eso.- se pasó las manos por el pelo, con cierta desesperación. Se puso de pie y fue tras ella.- Por favor, necesito tu confianza, y que me des una oportunidad cuando estés preparada. No pienso tener una relación estable hasta que me des esa oportunidad.
- ¿Estable? Ya, pero sí picar algunas flores, ¿verdad?- estaba claramente enfadada.
- Lo siento, no puedes pedirme que cambie. No significan nada, sólo es una forma de descargar tensión.
- Ya, me parece que tú solito también podrías descargar esa tensión.- él dio una carcajada.
- No es lo mismo, todo tiene su por qué, pero te asustaría.
- ¿Qué eres, Christian Grey?.- él calló.
- No soy lo que buscas, pero quiero que al menos me des la oportunidad.
- Tienes razón, somos incompatibles. Tú eres atractivo, brillante en todo lo que haces, bastante más adinerado. ¿Cómo demonios me regalas un vinilo primera edición de Los Beatles? ¿Qué pretendes que te regale yo ahora?
- Tu amor.- la apretó contra sí.- Y no tengas tan baja autoestima.
- Será mejor que te vayas.- dijo separándole.- Yo tampoco soy lo que buscas.- recogió la ropa ya medio seca, aunque aún algo húmeda y se la entregó.
- ¿No me invitas a dormir? Creí que éste era el pijama.- señaló la ropa que le había dejado.
- Si no te gusta te cambias.- dijo malhumorada, volviendo a dejarle solo.
- Era una broma, no te enfades, claro que me gusta, todo lo tuyo me gusta.- la abrazó por detrás, hincando la nariz en su pelo e inspirando su aroma.- Eres embriagadora.
La luz volvió a irse, dejándoles completamente a oscuras, pues las velas se habían apagado
- Sergi, no lo hagas más difícil.- titubeó, zafándose y alejándose unos metros de él.
- ¿Con la que está cayendo pretendes que me vaya? Espera hasta que amaine un poco, si no lo hace prometo dormir en el sillón.- no la veía pero intuía de donde procedía su voz.
- O seducir a la vecina para que te deje su cama. ¡Ah no! Que tú te vas una vez satisfecho
- Eso ha dolido.- dijo serio. Ahora era él el que parecía enfadado.
- La verdad duele, como el hecho de que ahora no podemos estar juntos. Lo siento.- suavizó el tono.- Por favor, Sergi, te lo ruego no me presiones tanto. Todo tu ser me esta volviendo loca y no quiero tomar medidas precipitadas. Ahora no quiero tener ningún tipo de relación sentimental, tal vez esté preparada algún día. Si quieres esperarme para entonces es tu elección, pero puede ser en dos semanas, cinco meses, un año o tres. No te obligo, pero tampoco te digo que no te quiera, claramente siento algo por ti. Lo que pasa es que en este momento de nuestras vidas, simplemente, no encajamos. Intentarlo ahora sería un auténtico desastre.- concluyó. Sergi encendió una vela que había encontrado en la penumbra con el mechero.
- Con que es eso.- se limitó a contestar.- Entonces en una semana, cinco meses, un año o tres volveré a atosigarte.- la abrazó
- Giras como una maldita veleta.- ella le devolvió el abrazo. Luego, separándose ligeramente, añadió.- Me dices que lo nuestro no puede ser, que no eres para mí, luego me suplicas que te de la oportunidad, y ahora vas a esperarme. No lo entiendo.
- Parte de mí no quiere hacerte daño pero la otra te pide un voto de confianza y que lo intentemos juntos. Te quiero aquí y ahora, pero si no estás lista te querré en tres siglos y en Finlandia, me da igual cuanto tardes, no te prometo castidad, porque no puedo cambiar eso mientras sea soltero. Pero si lealtad, no quiero novias hasta que tu quieras ser mía.
- Me parece un buen trato.- dijo la inspectora, apartando de la frente de su compañero un rizito rubio. Él paró su mano y la besó con intensidad apretándola contra sí. Ella le pegó una bofetada, involuntariamente.
- Te prometo que el próximo serás tú quien me lo dé.- cogió la ropa de encima del sillón.- Mañana te doy la ropa lavada. Buenas noches.- abrió la puerta y se marchó.
- Esta situación es bastante deja vú.- dijo para sí.- ¿Por qué me recuerda tanto a John?

Todos en comisaría comentaban la fuerte tormenta de la noche anterior. Había roto árboles, tejas y cornisas, por lo que era algo peligroso la conducción y el pasear por la calle, al parecer habían habido a lo largo de la noche varios accidentes de tráfico.
Aquella mañana hacía un viento helado terrible, la gente llegaba tarde y con los rostros pálidos Sergi tampoco había llegado y temía el momento en que lo hiciera, sería difícil actuar como si nada.
Finalmente lo hizo, a las nueve y media.
- Empezaba a preocuparme.- le dijo la inspectora.
- Tu ropa lavada y doblada.- le tendió una bolsa.- Gracias.
- A ti.- contestó, guardándola en el armarito de su escritorio.
El comisario salió de su despacho y convocó a todos los agentes, sin darle tiempo a hablar más-
- Necesito su máxima colaboración, el empresario Joan Plà ha desaparecido, sus hijos sospechan un secuestro. Pueden pedir un rescate.- hubo un murmullo general.- Gómez, Berenguel, necesito que hablen con los vecinos del edificio y pregunten por extraños merodeando el edificio, la última persona con la que se le vio hablar, lo que sea. Realicen dibujos y retratos robot si hace falta. Verdejo y Puig pregunten a tráfico por las cámaras de la calle. Es la Carrer de Pau Clarís.
- ¿Número?- preguntó Daniel.
- Ochenta y tres, haciendo esquina con la Carrer de la Diputació. Hay una farmacia veinticuatro horas junto al portal, tal vez ellos vieran algo.- contestó la inspectora.
- ¿Cómo lo sabe, García?- preguntó, extrañado, Rafael Castillo.
- Es mi piso, Joan Plà es vecino mío.

Castillo cerró la puerta del despacho a sus espaldas.
- ¿Vio algo extraño, algún comportamiento fuera de lo común?
- Él vive en el ático así que no lo veo mucho, pero en la última reunión de la comunidad de la semana pasada estaba de lo más tranquilo. Es un hombre sencillo, habla con todos tratándoles como iguales. No se como no vivía en Pedralbes y se conformaba con algo tan sencillo.
- ¿Cuándo fue la última vez que lo vio?
- Ayer a las ocho y media aproximadamente, salía del edificio.- dijo Coll.- No se donde iría con la que estaba cayendo, ni siquiera había luz en el edificio.
- Sergi vino a traerme un encargo, yo no lo ví.- justificó Arantxa, adivinando la pregunta que se estaba planteando Castillo sobre que hacía el subinspector a esas horas en su casa.
- Está bien. Quiero que intenten seguir sus pasos desde su desaparición. He pedido sus movimientos bancarios y su registro de llamadas, un viejo amigo va a ayudarnos a que nos lo hagan todo más deprisa.- el comisario Rafael Castillo era un buen hombre y mejor agente. Había conseguido escalar a base de resolver dificilísimos casos valiéndose de su inteligencia y su capacidad de conseguir que la gente le contara todo lo que quería oír. Todos le respetaban y admiraban y en sus veinticinco años en el Cuerpo había hecho muchas amistades tanto dentro como fuera de la policía, e incluso de criminales a los que había conseguido que redujeran la condena. Era conocido por su porte y elegancia, además de su amplia cultura general y educación. Se desajustó un poco la corbata granate.
- Preguntaremos en la farmacia, seguramente fuera cliente habitual pues tengo entendido es diabético.- propuso la inspectora. El comisario dio su aprobación con un movimiento de cabeza.
- Manténganme informado.- añadió a modo de despedida.

El viento había aumentado de intensidad frente a los pronósticos meteorológicos. En la calle, los escasos transeúntes eran apenas reconocibles bajo innumerables capas de ropa, ataviados con gorros, bufandas y abrigos largos. Nunca había visto un final de noviembre tan frío, apenas más de un mes atrás podían ir en manga corta perfectamente, pero ahora era bastante duro salir a la calle sin tres mangas como mínimo. Tenía los labios cortados desde hacía dos semanas, cuando llegó la ola de frío procedente de Siberia, llevaba camiseta térmica bajo la camisa blanca y una americana verde de cuadros escoceses que usaba en su época de estudiante en Londres. Afortunadamente su casa tenía muy buena calefacción.
- No recuerdo un otoño tan frío desde el primer año que vine a Barcelona a estudiar.- dijo Sergi encendiendo el ventilador para quitar el vaho de los cristales empañados.
- Yo que soy de Almería, acostumbrada a tener verano, dos semanas de ¿invierno? y la estación de Renfe como únicas estaciones.- él dio una carcajada.- Aunque claro, en Salamanca cuando estudiaba criminología y en la Academia de Policía en Ávila me percaté un poco a lo que era la palabra frío.
- En Londres adivino que también.- añadió Coll.- Supongo que el calor que pasabas algunas noches te haría olvidarlo. Por la calefacción, en los países del norte y el centro de Europa están demasiado fuertes en algunos interiores, tanto que se puede ir en manga corta.- dijo, maquillando su frase inicial, aunque la inspectora sabía que lo decía por John.
- Tú eres también un hombre muy fogoso.- también ella le lanzó una indirecta.- Vas con una camiseta interior de tirantas y en manga de camisa.
- Ahora cogeré la chupa de cuero para bajar. En comisaría y aquí tengo calefacción.- alegó. Llevaba unos chinos marrón oscuro y una camisa celeste más propios para una temperatura algo más cálida.- ¿Entro en tu parking?
Ella asintió sacando el mando del bolso.
Subieron por el anscensor hasta la planta baja y salieron a la calle, justo a la derecha del portal se encontraba la farmacia. Era de fachada de principios de siglo XX o incluso de finales del anterior, como gran parte de las farmacias de la zona.
- Te viene bien tenerla aquí para cualquier urgencia.- dijo el subinspector.- La ubicación de tu piso está bastante bien, tiene que costarte un pastón el alquiler.
- Al contrario, es sorprendentemente barato. Al parecer nadie lo quería, pero no ha habido ningún robo (ni crimen) ni tampoco hay ningún problema en la casa. Me cuesta la mitad que los que ofertaban por la zona.
- Mmm, siempre tan afortunada, inspectora.- bromeó.
- En parte, se podría decir.- él le abrió la puerta de la farmacia.- Gracias.
Dentro del local, había algo de cola. Un señor pedía a la farmaceútica sus recetas y esta le intentaba hacer entender que no podía dárselas por alguna restricción que había sido impuesta. En el otro mostrador, un joven pedía vendajes y apósitos, y tras él otro inspeccionaba el apartado de salud sexual, concretamente comparaba los precios de dos marcas de preservativos.
- En eso nunca se debe escatimar. Es mejor ahorrarse en disgustos que los pocos euros de diferencia.- susurró Sergi.- Durex o Control siempre son de fiar. Personalmente prefiero la primera.
-Dr Amor, hemos venido a resolver un caso no a debatir sobre que protege más, ya sé que eres muy observador.- le contestó ella.- Si tarda mucho en elegir y el señor en entender lo de sus pastillas hazte valer con la placa.
- A la orden, paciente impaciente.
Afortunadamente el señor terminó por entender lo que pasaba.
- Disculpe señorita.- dijo el subinspector.- ¿Tendrían un momento? Somos de la policía.
- Inspectora Arantxa García y subinspector Sergi Coll.- añadió ella.- investigamos el secuestro de Joan Plà.
Las dos dependientas se miraron. Claramente lo conocían.
- ¿Podría decirnos cuando fue la última vez que lo vieron?- dijo el subinspector.
- Ayer mismo, vino a por sus inyecciones como siempre, parecía tranquilo, ¿verdad. Irene?
- Bueno, no sólo compró lo de siempre, además se llevó escapolamina, al parecer va a someterse a una operación ocular en la clínica Barraquer y se lo habían recetado pero había perdido la receta. Al ser cliente habitual se la dimos.
- Vaya, saben que eso puede meterles en un problema. Hablaremos con la clínica de todas formas para corroborarlo.- dijo el subinspector.
- ¿Algún comportamiento extraño o presencia extraordinaria?- se volvieron a mirar, encojiéndose de hombros ante la pregunta de Arantxa.- ¿Belén, Irene? ¿Y Dolores, la licenciada?
- Nada. Ella no está pero nos lo hubiera comentado, ya la conoces. Es muy... observadora.
- Está bien, muchas gracias. Si necesitan algo llámenos.- concluyó Coll entregándoles una tarjeta.
Se despidieron de las chicas y aún el joven no había elegido. Sergi sse acercó y le dió otra tercera caja, unos Durex fantasy.- Para una primera vez son perfectos, y para esporádicas como adivino tu tienes, también. Si tuvieras pareja estable no dudarías la marca.
El chico se sonrojó y emitió un casi inteligible “gracias”.
La inspectora se ruborizó al recordar su primera noche con John, él había usado esos. El britáico era muy diferente a Sergi. Era más sosegado, menos bravío, infundía paz el hecho de estar junto a él y tenía mucho tacto, cosa que a Coll le solía faltar. Aunque a la vez, tenían muchos puntos comunes como la sobreprotección, el sarcasmo y el humor inteligente, la elegancia y la caballerosidad. Al parecer era eso lo que le atraía de los hombres, aunque sentía que no necesitaba que la protegieran, le gustaba que demostraran así su amor.
Sergi la sacó de sus pensamientos al preguntarle algo que no entendió.
- Digo que si pasamos por la Avenida de Montaner o llamamos a la clínica.- repitió
- Ah, pues podemos ir. A lo mejor nos hacen más caso.
- Está bien, vayamos entonces.
Sergi se incorporó al tráfico de la Ciudad Condal, encendiendo la radio como de costumbre. Sonaba Next Epsiode de Snopp Dogg, no era su estilo pero era una canción que conocía todo el mundo. La música estaba a un nivel moderado, ya casi había recuperado toda su audición tras el disparo, en una velocidad en contra de todo pronóstico. Llegaron en poco tiempo a la famosa clínica privada, aparcando bastante cerca de la puerta. Enfrente de la entrada principal, una limusina esperaba aparcada. No tardó en volver a ella un hombre de etnia árabe, vestido con las mejores galas y ataviado con el pañuelo rojo y blanco que llevan los jeques de Dubái, dos hombres fornidos también árabes le acompañaban.
- Un placer sr El Fadil.- dijo un señor con bata blanca haciendo una especie de reverencia.
- Vaya, una cita aquí ha de costar un ojo de la cara.
- Eso ha sonado a chiste, dado que aquí están los mejores oculistas.- luego añadió.- No cuesta tanto, mis padres y hermano han venido aquí varias veces desde mi infancia.
Entraron a la clínica y pararon en el mostrador central. Un hombre de más o menos la edad de Sergi, de facciones agraciadas, atendía tras él.
- Buenas, ¿en qué puedo ayudarles?- sonrió mostrando su blanca dentadura.
- Queríamos corroborar una cita, a nombre de Joan Plà Vidal , para una intervención quirúrgica a lo largo de esta semana. Inspectora Arantxa García y subinspector Sergi Coll.- él enseñó la placa.- No traemos orden porque estamos investigando su
- Un momento por favor.- metió una serie de datos en el ordenador.- Debe de haber un error, el señor Plà tiene una cita este jueves, pero para nada una operación.
- Lo suponíamos, gracias por su colaboración.
- De nada, tengan un buen día.- dijo, encogiéndose de hombros.
Eran las cerca de las once cuando subieron al coche. ¿Por qué motivo habría comprado entonces la escapolamina? Fueron a comisaría, pues todo minuto era clave para la liberación del secuestrado. Debían interrogar a la familia, investigar la casa en cuanto tuvieran la orden e intentar sacar la máxima información. Mirarían las cámaras de tráfico y de los establecimientos cercanos para encontrar pistas de sus secuestradores o su paradero. Además había que averiguar si tenía algún competidor poderoso que quisiera darle un susto o quitárselo de en medio.
Los secuestros eran mucho más complicados que los asesinatos. Se trataba de luchar contrarreloj para salvar una vida y si pedían rescate mediar con los secuestradores y llegar a un acuerdo lógico.
Junto a la pizarra de pruebas, Carmen y Andrés hablaban sobre el caso.
- ¿Cómo tú por aquí, forense? ¿Has venido a ver a tu novia?- dijo Sergi saludándolo alegremente.
- A verla, sí, pero para hablar sobre el secuestro. Han concedido la orden por lo que esta tarde procederemos al registro los técnicos y criminalistas.
- Andrés, ¿sabes que uso a parte de para una operación ocular se le puede dar a la escapolamina?- dijo Arantxa, absorta en sus pensamientos.
- Es la droga del beso, seguro que la conocéis más por ese nombre.
- ¿Y para que querría Plà la droga del beso?- preguntó Sergi.- Como no fuera un violador en serie en sus ratos libres.
- Tal vez se sintiera vigilado y compró esos inyectables como arma. Un pinchazo puede tener efectos funestos, ¿verdad?- la inspectora buscó la corroboración del forense.
- En el mejor de los casos puede actuar como cloroformo o la morfina. En el peor puede resultar letal. Todo depende de la dosis y el paciente al que se le suministre.
- Hemos preguntado a los vecinos y al único extraño que vieron en los últimos meses era a un joven de entre veinte y treinta años, rubio o moreno claro de aproximadamente un metro ochenta y cinco.- dijo Carmen divertida. Luego le tendió un papel.- Este es el retrato que he hecho.
- ¿Soy yo?- preguntó alzando una ceja.
- Adivino que ha sido la sra Rovira. Esa mujer detesta que vengan hombres a mi casa. Hasta miraba mal a mi hermano.- puso los ojos en blanco.- Por cierto, buen dibujo, Carmen.
- Llevaba dos horas haciendo borradores que no terminaban de encajar y de repente me percaté de que te estaba dibujando. Manuel le enseñó una foto tuya y te reconoció.
- Veo que afortunadamente os han dado a otro sospechoso.- señaló la inspectora al ver el retrato en la pizarra de pruebas. Luego leyó lo apuntado bajo éste.- Enrique Lach del Clos. 33 años. Antecedentes por agresión e intimidación. Tatuajes y piercings en todo el cuerpo. Pertenece a alguna secta satánica.
- Siempre nos tocan los casos más tétricos, ¿verdad?- le susurró su compañero con tono de resignación.
- Mejor, a ambos nos gustan las emociones fuertes.
- Ánimo, Coll. Vuelvo al laboratorio, portáos bien.- palmeó en la espalda a su amigo y le guiñó un ojo a su novia.- Me paso a la hora de comer.
Llevaban siete meses juntos pero estaban tan unidos y se conocían tanto que estaban buscando piso para mudarse juntos. Carmen siempre había sido una apasionada por el arte, su casa estaba llena de cuadros y esculturas vanguardistas, las paredes, las cortinas e incluso las lámparas tenían su esencia y daban a su apartamento un toque neoyorquino. De hecho, cuando era más joven, el sueño de Carmen tras hacer Bellas Artes era exponer en la Gran Manzana. Tenía fotografías buenísimas, era ella la que les había fotografiado en la playa y le había dado a Sergi la copia que luego amplió, enmarcó y dedicó para regalársela a Arantxa. Además dibujaba como si se tratara de una fotografía. Era la alegría personificada, justo lo que ella, como mejor amiga necesitaba, y lo que complementaba a Andrés. Siempre había sido más tímido y reservado, no tenía demasiado tacto con las mujeres y las solía espantar según le había relatado Sergi. Por su profesión pasaba muchas horas solo y cuando la gente sabía a lo que se dedicaba rehuían de él. Carmen supo entenderlo, hacerle reir e incluso quererse a si mismo y dejarse querer. Se sentía culpable de haber sido el único superviviente de un accidente de tráfico en su adolescencia, cuando volvía con unos amigos a casa tras una fiesta. Era una carga que arrastraba, otro coche invadió su carril y se los llevó por delante, al estar en el asiento trasero no le pasó nada, pero el que conducía y el que iba en el del acompañante fallecieron. Justo antes de subir le había cedido su asiento de acompañante a su amigo y esto le atormentaba y aún le hacía despertarse empapado en un sudor helado por las noches.
Sergi sabía esto pues lo conocía desde antes del accidente, en aquel entonces eran meramente vecinos de habitación en la residencia de estudiantes e intercambiaban algunas palabras de vez en cuando. Se llevaban bien pero apenas tenían tiempo para verse pues el horario de clase de uno coincidía con el tiempo libre del otro. Ese año fue cuando se graduó y entró en la Academia por lo que prácticamente perdieron todo el contacto, aunque, tras los meses de prácticas en Bilbao y un año ejerciendo como el chico de las fotocopias o antidisturbios, tras demostrar su brillante inteligencia en la detención de un fugitivo de ETA consiguió la plaza en Barcelona y volvió a coincidir con un Andrés recién introducido en el mundo laboral. Desde entonces eran inseparables.
Carmen y Andrés se habían conocido a la llegada de esta a la Ciudad Condal, hacía diez meses, y apenas tres meses después habían empezado a salir, cuando el destino los unió en un caso muy parecido al del fatídico accidente de su adolescencia.
- ¿Habéis localizado al sospechoso?- preguntó Sergi.
- No todavía, es lo que os toca. La secta a la que pertenece no tiene obviamente sedes registradas pero debéis moveros y averiguarlo. Daniel y Rodrigo acudirán al registro. Manuel y yo entrevistaremos a su familia en su casa de Pedralbes, donde vivía antes del divorcio mientras tanto.
- Oh, venga ya. Siempre nos toca el trabajo duro.- se quejó el subinspector.
- No te quejes tanto.- bromeó la inspectora.- En el fondo es lo que más te gusta. Adoras la adrenalina.
- Hay tres bandas importantes, y tres locales sospechosos de tratarse de sus lugares de encuentro. Son personas potencialmente peligrosas, rinden culto al diablo haciendo sacrificios animales, bañándose en sangre, e incluso algunos hacen sacrificios humanos, el año pasado aparecieron los restos de un bebé recién nacido abierto en canal al que le faltaba el corazón. Ya puedes imaginar lo que habían hecho con él.- dijo Carmen haciendo una mueca.- Sus sacrificios se basan en seres indefensos, tanto bebés como ancianos perdidos o incluso extranjeros a los que engañan prometiéndoles un trabajo. A veces también cometen pequeños magnicidios, es decir, matar a algún personaje importante o torturarlo, los de la secta “ El legado de Satán”, procedente de América latina secuestraron en su país a un jefe de la policía, muy religioso y lo torturaron de un modo desagradable de explicar. Se rumorea que pudieron ser incentivados por los del Cártel de Patxuco o por sus superiores.
- Te has informado bien. ¿Has trabajado en algún caso así?
- El accidente de coche de los tres adolescentes, con el que se obsesionó Andrés. Los que viajaban en el que invadió el carril eran miembros de esa secta.
- No lo recordaba, por aquel entonces yo estaría en Italia, a mi regreso Cristóbal no me contó mucho sobre el caso.
- ¿Cristóbal?- pregunto la inspectora.
- Lo conocerás por el inspector Martínez. Fue mi compañero antes de tu llegada.-aclaró Coll.- Se jubiló a finales de mayo.
- Muy bien, entonces tenemos que ir a tres locales oscuros y apartados de la ética humana y descubrir a cuál pertenece el sospechoso. Suena muy seguro todo. ¿No podemos saberlo por los tatuajes? ¿Y su domicilio? A lo mejor encontramos algo.
- Ese es el caso Sergi. Su domicilio está en Barcelona, Calle A número cinco.
- ¿Calle A? Espera, ¿En la Barcelona de Venezuela?- Carmen asintió.
- Ya tenéis trabajo, poneos manos a la obra antes de que se os vaya la luz del día. Será más seguro.- dijo como despedida.

- Sergi, nunca dejas de sorprenderme, además de porque es calle no carrer, ¿como lo has sabido?
- La mayoría de las calles son letras o números allí. ¿Me acompañas afuera? Me apetece un cigarro.
- ¿Y por qué has sabido que no era la de Colombia?- cogió su móvil, sobre la mesa y le siguió.
- Porque es chiquitísima y ahí también se llaman carrera o calle.- las puertas del anscensor se cerraron.- Me pregunto por qué siendo de padres catalanes tenía residencia en Venezuela.
- A saber, ya se lo preguntarás cuando lo captures. Tal vez sea falsa.
Salieron al exterior y Sergi sacó su paquete Marlboro duro, le ofreció uno por cortesía.
- No me ofrezcas veneno, gracias.- bromeó.
- ¿Lo has probado alguna vez?
- Con dieciseis años, una calada me bastó. Es como comerse una brasa ardiendo. Creo que se me quedó voz de camionero para dos semanas.- el dio una sonora carcajada.
- Eso es como cuando tus padres te dan a probar la cerveza con nueve años y te preguntas como pueden tomarse ese inbebible líquido amarillento, prometiéndote que nunca jamás la beberás. Luego eres mayor y no puedes salir de tapeo sin tomarte una. Es lo mismo.- se puso el cigarro en la boca y lo encendió. “Quién fuera cigarro para rozar tus labios” pensó. Los besos de Sergi eran adictivos, pero ella le había pedido tiempo, no quería hacerle daño confundiéndole también a él.
- No me gusta que fumes, entre mi madre y tú voy a ser fumadora pasiva toda mi vida.
- ¿Toda tu vida?- alzó la ceja, burlón.
- ¿No pensarás pedir traslado? Sabes que no puedes vivir sin mí.- le siguió el juego.
- No, no puedo.- dijo, serio, clavándole sus ojos azules. Mantuvieron la mirada hasta ser interrumpidos por el comisario, que también salía a fumar. Conocía su fuerte influencia sobre ella y quería inclinar la balanza del todo hacia su terreno.
- Aún no tenemos nada que aportarle a la familia y no hacen má que llamar histéricos. No se habían preocupado por él desde el divorcio y ahora si les interesa a los muy ratas.- masculló. Con el cigarro en los labios buscado el encendedor
- Pueden ganarse la estima y la herencia de su padre si consiguen rescatarlo ileso. Suele pasar.- dijo Coll. Sergi le tendió el suyo encendido.
- Gracias. Ahora me ha dicho Berenguer que vais a averiguar a que secta pertenece. Es complicado, pero cuando fue detenido no aclaró a donde pertenecía, Castañeda ha hablado con los de bandas y no tiene idea. Buena suerte y tened cuidado, no queremos otro caso Marañón.

Se despidieron antes de que se hicera más tarde y cogieron el metro hasta la más lejana de todas, Sergi pensó que no era conveniente que atardeciera estando tan alejados, ya que les llevaría varias horas. La inspectora cedió uno de sus viajes de la T-10 al subinspector pues no tenía billete ya que apenas lo utilizaba, treinta y cinco minutos después estaban en El Coll, en el Passatge de Manlleu. La zona estaba solitaria a esas horas. La calle daba al Parc Creuta del Coll y en ella sólo había tres grandes casas con jardín y altos muros.
- ¿Te has fijado que me han dedicado hasta un barrio y un parque?- bromeó.
- Sí, ya veo Sergi Coll. Ahora la cuestión es entrar aquí.- señaló al interfono.- Invéntate algo creíble.
- Aquí la que escribe libros eres tú, pero te haré el favor por invitarme al metro.- tocó al interfono.
- ¿Contraseña?- dijo una voz distorsionada al otro lado del aparato.
- ¿Seis, seis, seis?- probó. La puerta cedió.- No me lo puedo creer.
Sergi se abrochó la chaqueta de cuero negra y se acercó a ella, que contuvo la respiración, expectante. Le quitó el lazo que le sujetaba el pelo, sin apartar el contacto visual.
- Esto te dará un aspecto más informal. Entremos.- él pasó primero. Ella se acarició el pelo hacia atrás con la mano.
Cruzaron la verja y se encontraron en un amplio jardín bien cuidado. El césped natural recién cortado y una curiosa mesa redonda para cinco comensales tallada en madera de roble. La puerta principal de la casa , también de roble, estaba entornada. Era una casa de dos plantas y buhardilla, se fijó en que también debía de haber un sótano por una pequeña ventanita que se escondía tras unas tablas de madera apoyadas contra la fachada de la casa. Todo era tan extrañamente normal.
Sergi empujó la puerta entreabierta tras buscar su mirada de aprobación.
- ¡Hola!- dijo en un tono alto. No obtuvo respuesta.- Veníamos por la prueba de admisión.- Arantxa le miró escandalizada.- Yo soy Charles, ella es mi mujer Eva, hemos hecho un largo viaje desde California.- estaba poniendo el acento español estadounidense perfecto.
La puerta principal se cerró de un portazo. La inspectora dio un grito ahogado. Se vieron rodeados por diez personas con un hábito negro que bloqueaban la puerta principal, el acceso a las habitaciones de derecha e izquierda y el tramo de escaleras.
- Bienvenidos, Eva y Charles.- uno de ellos, situado en posición más adelantada fue el que habló, con voz grave. Debía ser el jefe.
- Enrique Lach nos habló de ustedes. Allá en California no encontramos el lugar adecuado.- dijo la inspectora.
- Dígale a su mujer que se calle, aquí la única función de las mujeres es satisfacer y si son elegidas procrear.- dijo otro encapuchado.
- Está ansiosa y nerviosa, pero muy dispuesta a entregarse por El Maligno, señor.- prosiguió Coll. La inspectora pensó que sería mejor no hablar más.
- Así me gusta, tal vez una de las pruebas iniciales sea probar tus aptitudes como mujer. Con su hombre, o conmigo.- añadió el cabecilla, acercándose para acariciarle el rostro haciéndole sentir repugnancia.
- Sí, señor.- musitó.
- Sabíamos de su llegada, pero desconocemos a ese Lach. Tal vez dijo su nombre para no levantar sospechas, bien hecho. Aquí todos somos números, con vosotros seremos doce. Yo soy Uno. Ocho hombres y cuatro mujeres. Como sabrán, la prueba de admisión consiste en una invocación a Satán, que puede realizarse de diferentes maneras. Mediante un sacrificio de un animal, un juramento de sangre o una orgía en la que serán aprobados por todos los miembros de la hermandad. O por la entrega de su fémina al líder.- era escalofriante pensar que todas aquellas mujeres habían sido ¿violadas? , no sabía si esa era la palabra pues era consentido, utilizadas como objetos sexuales.
- ¿Tienen algún significado los tatuajes faciales? Nos dijeron que el grado de poder en al banda era proporcional a los tipos de tatuajes y al número.
- En la mayoría de nuestras hermandades hay una escala de menor a mayor de crucifijos invertidos, 666, pentáculos, citas en latín y diversas combinaciones de esto. ¿Es allí diferente?- volvía a hablar el otro hombre.
- Iguales, aunque los gatos negros son también frecuentes en mujeres que realizan conjuros e invocaciones.- añadió Sergi. Aquel lugar daba verdadera mala espina, Arantxa no conseguía reconocer a Enrique entre los rostros que no estaban muy tapados por la capucha. En cuanto le viera el rostro a los tres restantes se irían, a las mujeres las reconoció fácilmente porque no llevaban tatuajes en la cara.
- Alguna de las pruebas podrían hacerse ahora.- dijo insinuante el jefe. La inspectora notó su aliento.
- No queremos precipitarnos.- Sergi la acercó a él.- Eva y yo tenemos que aclarar unos últimos asuntos para instalarnos en la ciudad.
- Vivirían aquí, enséñenle las habitaciones.- ordenó Uno.- Y no sea posesivo con ella, recuerde que si quiere ingresar, pasarán a ser parte de la comunidad.
- Mi señor, hay cierto papeleo que debemos finalizar respecto a nuestro visado y estaremos disponibles para la gran prueba. Cuánto antes lo hagamos mejor, así que solicito permiso para solventarlo a lo largo de lo que queda de mañana.
- Tres, Siete, Ocho, Diez.- dijo el que debía de ser Dos, pues junto a el cabecilla era el único ue hablaba.- y yo, Dos, damos nuestra aprobación como El Consejo de los Cinco, si el Gran Uno, lo permite.- éste hizo un gesto con la mano de aprobación
- Nos veremos.- se despidió, retirándose acompañado de las mujeres.
Fueron acompañados hasta la salida por Dos y Cinco.
Cuando por fin estuvieron solos y lejos de aquel lugar suspiraron de alivio.
- Gracias que ya estamos fuera de ese lugar. He pasado miedo, para ellos las mujeres son meros objetos de placer.
- Lo sé, yo también. Ese hombre deseaba hacerte cosas nada buenas.
- ¿Cómo has inventado lo de Eva y Charles?
- Dos detenidos que pretendían ingresar en un secta. Eva representa el pecado original, y la primera mujer y Charles es por el asesino en serie Charles Manson. Realmente se llamaban Martin y Christie.
- Eres demasiado brillante, pero aunque sea tu amiga también soy tu superior, así que deberías avisarme de esas cosas.
- Entonces se perdería el factor sorpresa.- sonrió.
- No he reconocido a Enrique entre los hombres de la secta. ¿Tú?
- Tampoco yo. Afortunadamente ya no tendremos que volver. Aunque aún nos quedan dos, ¿preparada?- ella asintió, con un mohín.
Volvieron a tomar el metro, esta vez hasta El Raval. Las temperaturas se suavizaban a esa hora del día por lo que se pudieron quitar la chaqueta, ella no volvió a hacerse la coleta.
Sobre las una llegaron a Carrer de la Cera. Según el subinspector no quedaba muy lejos. Era un piso ruinoso y sucio, cuyas ventanas polvorientas daban a entender que estaba medio deshabitado.
- Aquí solo hallaremos “okupas y yonquis.” Espero que tengan el piso alquilado al menos.- musitó.- Aquí no hará falta que nos hagamos pasar por un matrimonio.
- ¿Tocas tú?- dijo ella parando frente al portal.- Si funciona el portero, claro.-añadió al ver que lo roto que estaba. Sergi empujó a la puerta principal y esta cedió.
Subieron los escalones planta por planta hasta el tercero, donde hallaron indicios de que ahí estaba la sede. Coll le hizo un gesto a la inspectora tras cruzar una mirada de aprobación y golpeó con los nudillos tres veces. No hubo respuesta. Ella se acercó y tocó al timbre, instantánemaente escucharon pasos en el pasillo. Arantxa le dedicó una mirada victoriosa.
- ¿Quién os da permiso para irrumpir aquí?- la voz provenía de un chaval de unos veinte años, con perilla negra y pelo corto rizado que se asomaba tras la puerta entornada.
Era casi más bajo que la inspectora. Sergi le miró arqueando una ceja, sacó la placa y añadió:
- Yo soy la autoridad, no necesito permiso.
El chico abrió del todo, asustado. Dentro del edificio había casi la misma penumbra que en el portal. El aire estaba cargado de aromas e inciensos varios que intentaban ocultar el olor característico de la marihuana produciendo una mezcla nauseabunda. En la esquinas se acumulaban cenizas, restos de velas y cigarrillos usados, y en las paredes había dibujos de un color sangriento. Arantxa enfocó con el láser azul y descubrió que no estaban echos con sangre para su alivio.
- Quiero hablar con el jefe de la banda.-ordenó Coll. Siempre tomaba las riendas si ella le dejaba.
- ¡ Sr Lach!- los detectives intercambiaron una mirada cómplice. ¿Lo tenían?
Otro chico algo mayor salió de una habitación contigua, tras la puerta pudieron ver a un joven con una guitarra eléctrica pintada con permanente multitud de extraños símbolos y dos chicas, que fumaban una cachimba. Este chico no se parecía en nada al de la foto. Tenía algo de tripa como el primero, y no tenía el cabello completamente rasurado. No había tatuajes en su cuerpo ni rostro. Portaba una camiseta de Iron Maiden desgastada. Aquello no podía ser una secta.
- ¿Quiénes son?- preguntó.
- Son de la policía.
- ¿Conocen a Enrique Lach?- dijo enseñando una foto de éste. La inspectora siguió observando el local.
- Se equivocan, yo soy Josep Lach. No conozco a ningún Enrique.- dijo, encendiendo un cigarro.
- Entonces no le importará enseñarme su DNI.
- No lo tengo aquí.- bajó la mirada.
- Debería, podría tener que acompañarnos a comisaría.- dijo Arantxa de espaldas a ellos, que observaba un cuadro en la pared de un aquelarre.- Y mi compañero no tiene muy buen carácter.-Sergi esbozó una sonrisa diabólica.- Los demás si sabéis algo deberíais hablar.- continuó sosegadamente.
- No sabemos nada.- dijo precipitadamente el joven que les había abierto.
- ¿Cómo te llamas?- preguntó Coll.
- Adrián González.- tragó saliva. Sergi lo cogió de la solapa, levantándolo del suelo.
- Será mejor, Adri, que ya que tu amiguito no colabora, nos digas tú lo que queremos saber.- éste asintió.- Su nombre completo.
- José.... Lach....
- ¿Sí?- sacó el arma.- Me parece que no te oigo bien.
- Del Clos. ¡José Lach del Clos!- dijo alarmado.
- Buen chico.- miró a José, soltando a Adrián, intentó huir pero la inspectora le hizo una llave tirándole al suelo y esposándole.- No te lo habíamos dicho.- dijo guardando el arma.- pero mi compañera tiene muy buenos reflejos. Ahora en comisaría averiguarás por tu cuenta más cosas.

Solicitaron una patrulla que trasladó a Lach hasta el calabozo. Sería interrogado por la tarde. La inspectora pensó que después iría a compararle el regalo a su compañero. Ya lo tenía claro, seguro que le encantaría. Iría sobre las seis al anticuario de don Mateo, en el Barrio Gótico, había pasado por ahí una vez y Sergi le había confesado que siempre había querido uno de sus artículos en concreto.

- ¿Qué piensas regalarme?- preguntó Sergi, aparcando en comisaría, sacándola de sus pensamientos.
- Es una sorpresa, mañana lo verás. ¿Quién va al O' Connell's?
- Mañana lo verás.- dijo con una sonrisa. Ante su mirada añadió.- Los de siempre, nadie que no conozcas.
- De acuerdo.- suspiró aliviada pues esperaba que fueran más chicas que no conocía.
- ¿Pasamos por el despacho de Castillo y nos vamos a comer?- le preguntó. Ella asintió.
Tomaron el ascensor hasta su planta. Al abrirse las puertas encontraron un gran revuelo de agentes tanto de paisano como uniformados.
Castillo, que los vio aparecer les hizo llamar, había todo un dispositivo de ordenadores, tablets, teléfonos, agentes con auriculares y micros.
- Coll, García. Hemos recibido una llamada distorsionada, piden un rescate por el sr Plà, un millón de euros.
- Y la familia, ¿donde está?- Sergi miró a su alrededor.
- En la salita del café. Ahora no es momento de que los interrogues.
- Pero sí de que coja algo de la máquina, tengo hambre y por lo que veo hoy no vamos a salir a comer.
- Está bien, no tardes.- accedió levantando el dedo.
Sergi la cogió de la mano, arrastrándola con él.
- Sígueme el rollo.- le susurró. Se preguntó que planeaba cuando entraron en la salita del café.- Bon día.
- Hola.- saludó un abatido Albert Plà, hijo menor del secuestrado, que tendría aproximadamente su edad.- ¿Alguna novedad?
- No mucho, lo siento.- dijo de espaldas a él, seleccionando un Kinder Bueno de la máquina.- Por cierto, ¿podría hacerles una pregunta?
- Diga.- ahora hablaba Ginés, el primogénito.
- ¿Vieron algún comportamiento extraño en su padre? Sospechamos que pudiera saber que iba a ser secuestrado.
- ¿Cómo? Eso es una locura, nos lo hubiera dicho.- el mayor de los Plà había contestado demasiado rápido. Sospechoso.
- Lo siento, mi compañero es demasiado curioso.- Arantxa siguió el juego a Sergi. Luego, dirigiéndose a él, pero sabiendo que lo iban a escuchar, añadió en un tono más bajo.- No tienen móvil para haber hecho eso, no están tan necesitados económicamente. Seguramente se trate de una banda completamente ajena a la familia, Coll .
La táctica era que pensaran que no había sobre ellos ninguna sospecha ni ninguna prueba.
- Mi padre me dijo que anduviese con cuidado, que la gente en la que más confías puede traicionarte.- ahora hablaba Albert.
- ¡Cállate, Albert! Papá siempre ha sido un resentido, estaba dolido aún por lo de mamá. No creo que sea relevante en el caso.
- Toda información puede ser útil, a no ser que tenga algo que ocultar.- Sergi lanzó una mirada penetrante.
- Subinspector, será mejor que volvamos al trabajo. Mil disculpas.- añadió dirigiéndose a la familia.

Abandonaron la sala, volviendo a donde les esperaba Castillo. Sergi abrió el envoltorio de la barrita y le dió una a su compañera.
- Gracias.- dijo mirándole a sus brillantes ojos azules.
- De nada, inspectora.- sonrió. Ella le dio un bocado ante su atenta mirada.
- ¿Qué?- preguntó riendo.
- Nada. Me encanta ver como disfrutas con el chocolate.-se limitó a contestar, sonriente. Le dio un bocado a su barrita.
- Venid.- les llamó el comisario.- El chico que habéis traido, el hermano de Enrique os espera en la sala de interrogatorios, debéis hablar con él cuanto antes y sacar toda la información que podáis. Hablad con Manuel y Rodrigo para que os hablen sobre lo que saben sobre la familia y el registro. Rapidez, chicos.- volvió a ponerse manos a la obra.
Encontraron a ambos con sus respectivos compañeros, junto a la pizarra de pruebas.
- Manuel, Carmen, Habladme un poco sobre Ginés.- dijo Coll masticando.
- ¿Qué comes, tío? ¿Un Kinder Bueno ahora?- dijo Daniel Puig. Sergi asintió despreocupado.- No cambia.- se dirigió a la inspectora.
- Nunca, es Peter Pan, sigue teniendo espíritu de niño para ciertas cosas.- ella le dió una palmadita en el hombro.- Decidnos, chicos.
- ¡Tú también te has comido uno!- dijo en su defensa. Ella le tapó la boca con el dedo.
- Ginés es el hijo mayor, cuando sus padres se divorciaron se puso del lado de su madre y no visitó a su padre en su casa en carrer de Pau Claris en un año y medio.- comenzó Carmen
- Pero de repente empezó a visitarle.- cogió de la mano con la que le había callado a su compañera, entrelazando sus dedos con los suyos.
- Correcto, se reconciliaron hace casi un año.- continuó Manuel.- Su hermano nos contó que estaba algo raro, excesivamente cerca de su padre. Al parecer discutieron hace unas semanas y se siente algo culpable.
- No me creo yo que Ginés Plà se sienta demasiado culpable. Según escuché perdió una gran cantidad de dinero. Seguramente su padre no le quiso prestar y discutieron.- levantó la mano que tenía unida a la de Arantxa.
- Estás en todo, Coll.- dijo Verdejo.- En el registro hemos encontrado una extracto de la cuenta bancaria del primogénito. Estaba en números rojos. Al parecer apostó muy alto en el poker.
- Además había una jeringuilla de escapolamina cargada y tirada junto a la entrada, un jarrón roto, seguramente haría resistencia, y lo más curioso...
- ¿Qué encontrasteis?- dijo ella, resignándose a que Sergi no le soltara la mano.
- Mejor que no encontramos. No había signos de que hubieran forzado la puerta.
- Véis, contrató a Enrique y su banda para que lo secuestraran, así se enriquecería con el rescate. El dio la llave a los secuestradores. O eso, o la han abierto con magia negra.
- No saques conclusiones precipitadas. Tenemos que hablar con el hermano pequeño de Lach y encontrar pruebas más consistentes. Por ahora todo es una mera conjetura, aunque tenga sentido.
- Pues hablemos con él cuanto antes.- soltó su mano para posársela en la espalda. Con el otro brazo señaló la sala de interrogatorios.
Entraron en la sala, donde el joven esperaba sentado y con las manos esposadas sobre la mesa, junto a ellas un vaso de agua.
- ¡Eh! ¡Suéltenme! Yo no he hecho nada .- se quejó al verlos.
- Empieza a hablar, si quieres que te soltemos, chiquito.- dijo Sergi, tomando asiento.
- ¿Dónde está tu hermano?- Josep callaba.- ¡Habla!- dio un puñetazo en la mesa.
- Ya le dije que mi compañera también tenía carácter. Más le vale hablar si no quiere pasar una temporada a la sombra.
- No sé nada, de verdad, hace tiempo que no veo a mi hermano.
- ¿No tenemos tiempo para esto verdad?- Sergi se puso en pie, quitándose la chupa de cuero y dejándola en su silla. Miró al cristal desde tras el cual observaban sus compañeros e hizo un gesto.- Perfecto.- le echó el agua a la cara y tiró de la silla hacia atrás.- ¡Habla!
La inspectora observaba, inmóvil. Sergi era muy eficaz en ese aspecto, aunque no fuera el más ético.
- ¡No lo sé! ¡Esto es ilegal!
- Las cámaras y los micros están apagados, listo. Así que más te vale decirnos lo que sepas.- le tiró de la oreja.
- ¡Vale, vale!- Sergi le soltó.- Mi hermano y su banda adoraban al diablo, hacían rituales y sacrificios. Hace dos meses se mudaron a otra zona y me dejaron el piso a mí y mis colegas, pero no tenemos nada que ver. Además, dejó esa vida.
- Imbécil, esa no es la respuesta a mi pregunta. ¿Dónde está? ¿Dónde esconden al sr Plà?
- No sé quién es ese Plà.- viendo que Sergi volvería a actuar añadió.- Pero si sé donde está mi hermano. Estuvo en la Barcelona de Venezuela un tiempo, cuando entró en la banda. Ahora se acude a menudo a un viejo almacén en L'Hospitalet de Llobregat. Quién lo acogió allí es a quien pertenece, el sr Garcés. Creo que le dio una especie de trabajo.
- Buen chico.- le dio una palmada en la espalda.
- Podría ser más preciso, ¿verdad, Coll?
- Oh, ya lo creo.- sonrió diabólicamente.
- Carrer de la Botànica, número seis.- contestó rápidamente, con cierto terror.
Ambos agentes se miraron, el subinspector le soltó las esposas, ya tenían lo que buscaban. Salieron de la sala para informar de inmediato al comisario.
Lo encontraron hablando con la familia. Había vuelto a haber una llamada.
- Lo piden para mañana. Un millón de euros serán depostados en una bolsa de deporte en la boca de metro de las ramblas. Joan será liberado una hora después.- le decía Castillo a la sra Valilla, ex-mujer de Plà.
- No me fío, es demasiado dinero y tiempo.- dijo el mayor.
- Señor comisario, lo tenemos.- dijo la inspectora.
- Excelente.- luego dirigiéndose a la familia añadió.- En un momento estoy con ustedes.
- L' Hospiralet de Llobregat, en el polígono industrial.- comenzó Coll.- Carrer de la Botánica, número seis.
- Son mis agentes más eficientes. Mereció la pena usar mis contactos para el juicio de Emilio Medina.- todo quedó como defensa propia ya que Coll había sido alcanzado por la bala apenas minutos después de la muerte de Medina y pudo cambiarse ligeramente el informe para cubrirle. Estaba en deuda con él, bueno, ambos lo estaban pues habían sido bastante incoscientes al actuar solos.
- Gracias, comisario.- contestó el subinspector.
- Castañeda, avisa a la jueza, necesitamos una orden. Berenguer, ponte en contacto con el inspector jefe Herrera, de los GEO's, que avise a sus mejores hombres porque probablemente pasemos a la acción, vosotros, hablad con la familia, Puig y Verdejo. Pedidle permiso para actuar, sé que podeis ser muy convincentes.- luego, se apartó dirigiéndose a ellos.- Id a comer. La tarde va a ser larga.
- Pero...- intentó decir la inspectora.
- Id, vamos.- cumplieron sin rechistar.
Fueron rápidamente al parking.
- ¿Puedes comprarme algo en el Nostrum? Tengo que pasar un momento por el banco y coger unos papeles de mi casa. ¿Te importa?
- No, te iba a proponer llevar la comida a comisaría. Nos vemos en media hora entonces.

La tienda era un laberinto de muebles y estantes repletos de todo tipo de objetos, relojes de bolsillo, esculturas de Lladró, viejos cuadros pintados por pintores desconocidos, retratos que parecían sacados de la época victoriana... Y ahí estaba, la Polaroid 600 One Step, pequeña y de color negro mate, rodeada de cámaras más modernas de reflex y justo al borde de la sección de soldaditos de plomo.
- Me llevo esta cámara. Me dijo que funcionaba ¿verdad?- el señor Mateo asintió.
- Tengo papel fotográfico en color y en blanco y negro, ¿cuál te pongo? Son caros, te advierto.
- Ponme en color, prefiere el color sepia al blanco y negro.
- ¿La envuelvo?- metió la cámara en su funda tras quitarle el precio.
- De acuerdo, gracias.- sonrió, estaba ilusionada. Le llenaba regalar más incluso que recibir, era algo altruista.- ¿Cuánto le debo?

Sergi la esperaba, sentado sobre el capó del coche mientras jugueteaba con la cremallera del la chupa de cuero. Junto a él había una bolsa del Nostrum. Ella había guardado el regalo en el maletero, así Sergi no sospecharía.
- ¿Has conseguido hacer eso?- preguntó al verla, cogiendo la bolsa de plástico.
- No he tenido que pasar por mi casa como pensaba.
- Eso está bien. ¿Comemos?- estaba pensativo. Se incorporó y se dirigieron al ascensor.
- ¿Qué piensas?
- No pasaron ni veinticuatro horas desde la denuncia de desaparición, y si no tenían relación, ¿cómo lo sabía?
- Son una familia influyente, tienen el poder para conseguir que la investigación empiece lo antes posible y más habiendo alo riesgo de secuestro. Ya lo intentaron una vez, hace doce años, eso les haría sospechar si no apareció por el trabajo.
- Si verdaderamente estaba asustado y ya habían estado apunto de secuestrarle ¿por qué no contrató a alguien?
- Espera...- le miró a la cara, ahora entendía lo que estaba insinuando.- ¿Estás diciendo que Enrique fuera su protección?
- Exacto, alguien con verdadera experiencia que pudiera defenderle. El sr Garcés debe de tener la agencia a la que pertenece, o ser el hombre que se lo recomendó.
- Puede que Enrique fuera comprado por su hijo mayor para que, o bien traicionara al sr Plà secuestrándolo, o bien dejara que actuaran los secuestradores. Debió de pagarle bien para que se perdiera del mapa.
- Ginés quiere hacernos pensar que Joan sospechaba de Enrique y por eso compró la escapolamina, como estaba falto de dinero tendría un buen móvil. Las pruebas actuales solo apuntan hacia Lach. Lo ha utilizado como cabeza de turco.
Las puertas del ascensor se abrieron en su planta. Decidieron informar inmediatamente a Castillo.
- ¡Comisario!- lo llamó Coll.
- ¿Ya habéis comido?
- Hay que abortar la misión, ha habido un grave error.- dijo la inspectora. El mayor de los Plà la fulminó con la mirada.
- ¿Cómo dicen?- dijo colérico.
- Si nos permite un momento.- Castillo puso su mejor sonrisa a Ginés y luego con expresión seria condujo a los agentes a un lugar más apartado.- Díganme que tienen pruebas y no es una mera corazonada.
- Rafael, al señor Plà lo intentaron secuestrar hace doce años, ¿verdad?- dijo Sergi.
- Sí, pero los fallidos raptores están todavía a la sombra. ¿A dónde quieren llegar? No dispongo de mucho tiempo, llevo desde que se fueron intentando localizar a la juez.
- Es posible que Enrique estuviera contratado para proteger a Plà. Necesitaba el dinero y, según su hermano, Garcés le había dado una especie de trabajo.
- Un momento... ¡Castañeda, Domínguez! ¿Qué tipo de empresa es?
- Una empresa de...- el inspector miró en la pantalla ordenador.- alarmas, me parece. Tienen el emblema de Securitas Direct junto al nombre de la empresa, en grande.
- Creo que también tienen agentes de seguridad, ¿irónico, verdad?- dijo Martina Domínguez.
- No, Martina, es perfecto.- dijo Coll mirando al comisario.
- ¿Cómo no nos hemos dado cuenta antes? Está bien, necesitamos una orden para conseguir la lista de empleados. Es mucho más fácil. Mil gracias, la presión de la familia me impide pensar con claridad, saben que no suelo dejarle estar en comisaría, pero son los Plà...
- No importa, Castillo. Lo entendemos. Ahora si nos permite vamos a comer, antes no hemos podido.- el comisario accedió con un gesto.

Sergi había comprado sandwiches para los dos y una bolsa de patatas Lay's. Para beber un bifrutas para ella y una limonada para él.
- ¿Nos vamos de picnic?- bromeó ella.
- Cualquier otra cosa se hubiera enfriado, lista.- dijo con rintintín, siguiéndole la broma.
La comida estaba deliciosa y la comieron rápidamente, la elección era perfecta. Admiraba mucho a su compañero ya que siempre pensaba en todo. Era muy inteligente y podía darle la vuelta a un caso como acababa de hacer. Se quedó observándolo, sonriente. Sergi, que se percato, dijo:
- Ya sé que soy muy guapo pero me vas a gastar de tanto mirarme.
- No estaba deleitándome con tu belleza, solo apreciaba lo brillante que eres. ¿Cuál es tu coeficiente intelectual? Si el mío es 124 y está por encima de la media el tuyo debe de ser de 150.
Dio una carcajada.
- No tanto, exagerada. Tan sólo 136.
- ¿Tan sólo? Superdotado...- puso cara de asco, para chincharle.
Ginés Plà, abandonó la comisaría muy enfadado, pasando por delante de ellos, sin dirigir palabra. Se miraron extrañados. Era su oportunidad para encontrar alguna prueba.
- ¿Lo seguimos o hablamos a solas con su hermanoel influenciable?- preguntó ella.
- No creo que pueda decirnos más, sígamos al primogénito.
- En mi coche y yo conduzco.- se adelantó la inspectora.

El Volvo S6 de Ginés Plá, entró en el parking de Las Arenas. ¿Qué iría a comprar ahora?
Aparcó en la fila J6, por lo que ellos lo hicieron en la C1, lo más alejado posible.
- Nos va a reconocer con esta ropa...- dijo él.- ¿Tienes la camiseta de Burn que me dejaste ayer?- Sergi se quitó la camisa y se puso la camiseta negra que le había dejado Arantxa la noche anterior, cogió sus gafas de sol Police del bolsillo de la chaqueta y se las puso.
- Vas a pasar frío.-dijo ella, poniéndose sus Ray Ban. El sol había salido, más cegador que de costumbre por lo que no era extraño que las llevaran
- No importa dentro la calefacción es suficiente Quítate la americana y ponte mi chaqueta, pasamos a la acción.
Desde su aparcamiento podían observar sin ser vistos. Plà fumaba junto a la puerta de entrada, justo entonces tiró el cigarro al cenicero y cruzó la puerta automática.
Cogieron el cigarro apagado y lo metieron en una bolsita de pruebas, era un Lucky Strike. Lo necesitarían para contrastar con restos de ADN encontrados en el piso del secuestrado.
- ¿Qué quieres que seamos?- preguntó Coll.
- ¿A qué te refieres?
- Cara al público, para que no nos reconozca. Te recomendaría una opción pero no quiero que pienses que me aprovecho.
- Lo entiendo, es lo más lógico. Ser pareja es la opción adecuada.- susurró parando en un escaparate al ver al sospechoso darse la vuelta.- ¿Prometidos buscando cosas para la boda?- dijo al percatarse que habían parado frente a un fotógrafo de bodas. Sergi asintió.
El sospechoso entró en una agencia de viajes, lo siguieron y entraron también, observando uno de los carteles de dentro, con el otro oído puesto en Ginés. Hablaba sobre un viaje a Aruba, en el Caribe.
- Paraíso fiscal, de bonitas playas y bonitas chicas.- susurró al oído de su compañera, sonriendo para fingir que era un mero mimo hacia su chica. Ella le rodeó el cuello, también metiéndose en el papel.
- ¿Tú pensarías en eso en una situación así?- le dijo.
- Lo tenemos.- le puso una mano en la espalda.
- Buenas, pareja. ¿En qué puedo ayudarles?- dijo un hombre menudo y alto, que portaba unas gafas de pasa demasiado grandes para su cara. Era otro de los dependientes. Tomaron asiento como les indicaba, quitándose las gafas de sol.
- Nos casamos en junio y queríamos buscar algún sitio para nuestro viaje.- dijo ella, separándose de Sergi, fingiendo ilusión. Lo importante era quitárselo de en medio cuanto antes, mientras buscara algunas propuestas podrían escuchar la conversación de Ginés.
- El veinticinco de junio.- dijo Sergi.- Estábamos interesados en turismo y playa. De todo un poco. Nada de países a los que haya que ponerse todas las vacunas existentes ni tampoco aquellos donde sea legal comer mascotas.
El hombre hizo un gesto extraño y se levantó de su mesa.
- Entendido, ahora vuelvo.- entró a la trastienda.
- El veinticinco de junio fue el día que nos conocimos.- musitó Arantxa.

La inspectora recordó como, aquella soleada mañana de verano, llegó a la comisaría, con los papeles necesarios en una carpeta marrón. Paró en la puerta del imponente edificio, su sueño se hacía realidad, había estudiado y luchado mucho para llegar ahí. Comprobó que llevaba todo lo necesario por vigésima quinta vez, se colocó bien la blusa Tommy Hilfiger azul grisáceo y subió el primer peldaño tras respirar hondo.
Cruzó la puerta principal y preguntó a una señorita por el comisario Rafael Castillo, su nuevo jefe. La oficial uniformada de ojos color esmeralda cuya chapa rezaba “Dominguez” le indicó las escaleras, diciéndole que se encontraba a dos plantas y que el ascensor estaba en reparación.
A punto de llegar a la segunda planta un antidisturbios con el casco en la mano que bajaba a toda prisa, la empujó sin querer, haciéndola caer hacia atrás
- ¡Cuidado, Martín!- dijo el hombre que la había cogido, evitando que se golpeara con el suelo.- ¿Está bien, señorita?
Era alto, rubio y de intensos ojos azules, le sonreía.
- Sí, muchas gracias.- le tendió la mano, sonrojada.- Arantxa. Buscaba al comisario Rafael Castillo.
- Sergi, encantado.- se la estrechó.- Está en esta misma planta, sígame.- el atractivo joven le guió unos cuantos escalones más arriba y le señaló la puerta del despacho.- Es ahí.
- Sergi, ven.- le llamó un agente que observaba junto al que sería su compañero la pantalla del ordenador
- Si me disculpa, espero verla cuando salga.- Se preguntó si le estaba tirando los tejos. Tal vez lo estuviera imaginando. La verdad es que era bastante guapo. Si era agente de esa brigada podría verlo a diario.
Se dirigió hacia el despacho que le había indicado. Junto a la puerta, reconoció a su amiga Carmen, ella le había ayudado con el piso desde que se enteró que había conseguido el destino en la Ciudad Condal. Habían compartido habitación en la Academia de Policía. Sonrió ampliamente al verla y la abrazó.
- ¿Qué tal el viaje? ¿Quieres un café?
- Bien, gracias. Respecto al café, ya he desayunado pero luego puedes invitarme a comer si quieres.- bromeó.
- ¡Por supuesto! ¿Y el subinspector Coll?- le preguntó al agente con el que hablaba.
- Ni idea.- dijo encogiéndose de hombros.- Inspector Manuel Gómez, un placer.- le estrechó la mano.- Entra, Castillo te espera. Voy a por tu compañero.
Tocó a la puerta y entró al oír un “adelante”, un hombre de mediana edad, pelo color carbón y ojos claros esperaba sentado en su silla. Se puso de pie.
- Inspectora García, sea bienvenida a nuestra comisaría. Hemos recibido buenas recomendaciones de sus profesores y de sus prácticas. Su compañero está al llegar... Mire, ahí está.- no le dio tiempo a responder.
- ¿Me llamaba, Rafael?- reconoció esa voz masculina y se dio la vuelta. Era quién le había salvado de caer por la escalera.
- Sergi, pase. Le presento a la inspectora García, Aránzazu del Pilar García Antolín.- este se quedó algo asombrado.
- Prefiero Arantxa, es la abreviatura.- dijo tímidamente. Volvió a tenderle la mano.- ¿No esperabas verme?- susurró.
- Sí, pero no aquí, ni de esta forma.- la saludó de nuevo.
- ¿Se conocen?- preguntó Castillo, cogiendo los papeles que ella había traido y dejado sobre su mesa.
- Se podría decir.- respondió Coll.
- Perfecto, enséñale el sitio, indícale su puesto y ponéos manos a la obra, inspectora.- se despidió Rafael Castillo.

- ¿Has oído eso?- dijo sacándole de sus pensamientos.
- ¿El qué?
- Lo que ha dicho Ginés.- susurró.- El viaje es para la semana que viene, lo he grabado con el móvil. Vámonos.
Se levantaron y se fueron, como si nada. Quince minutos después, el dependiente volvía con múltiples folletos, hablando sólo sobre los maravillosos sitios que podían visitar.
Después de la agencia de viajes, Ginés se dirigió a la sala de exposiciones de la última planta. ¿Qué sentido tenía? Era la aclamada exposición Human Bodies. La inspectora ya había ido a verla con su hermano a principios de Septiembre.
- Con el carnet joven pagarás menos, ¿lo llevas encima?- le dijo al subinspector, que asintió, parándola frente a él y abriéndole la chaqueta. Metió la mano en el bolsillo interior, rozándola haciéndole sentir un escalofrío. Había cogido la cartera.
- Aquí está.- dijo sacándo la tarjeta. Ella se percató que en el apartado donde se solían guardar fotos había una pequeña copia de la que él le había regalado, la del día de la playa.
Ella sacó la suya de su bolso y se acercaron prudentemente al mostrador, cuando el sospechoso ya hubo entrado. Sergi pidió dos entradas y las pagó.
- Las he pedido con audioguía, así puedes parar la reproducción y escuchar mientras parece que estás escuchando la explicación.- le susurró al oído, abrazándola por el costado.- Ríete conmigo.
Le hizo caso y luego le susuró:
- Tengo que pagarte la comida y esto, Recuérdamelo.
- Soy tu novio por hoy, acostúmbrate.- bromeó.
Les entregaron los mp3 y les indicaron como parar y pasar la reproducción. A ella le tocó uno rojo y a él uno rosa. Puso cara de circunstancias cuando se lo colgó, haciéndola reír.
Pasaron a la exposición, el vídeo empezaba hablando de los embriones, se acercaron al primer número para disimular. Ginés observaba el cuerpo de una mujer partido por la mitad, a escasos metros de ellos. Detuvieron la reproducción cuando sonó el teléfono del hijo del secuestrado, pero simulando que aún estaba en reproducción.
- ¿Sí?- respondió alejándose.- (…) Sí, no me han seguido aunque creo que sospechan algo. (…) Ya he recogido nuestros billetes, tranquila.
Se alejó más, haciéndose imposible de escuchar. Había entrado en la sala del sistema circulatorio.
- Le seguiremos con cuidado, puede que sea una trampa. No es tan tonto.
Entraron a la sala y en ella no había nadie, tan solo su audioguía sobre un banco, junto a una de las puertas cerradas solo para el personal.
- A lo mejor sí lo es, ¿entramos?- dijo ella. Sergi la sujetó del brazo.
- No estamos armados, lo mejor será que llevemos lo que tenemos al comisario.
- Pero Sergi, estamos a punto de pillarle.- Coll le señaló la cámara que había en la sala y su móvil, en modo de grabación. Si lo iban a usar en un juicio lo más precavido era retirarse.- Pero tienes razón, volvamos a comisaría.
Aunque les dolía tener que hacerlo, abandonaron la exposición, y bajaron hasta el parking, evitando pasar por delante de la agencia.
- Espera.- dijo ella parando delante de cosmética, mirando la pantalla de su iPhone.
- ¿Qué? No tenemos tiempo para eso. De todas formas eres tan fea que cuando apagas la luz el coco la enciende, no hay nada que hacer.- ella le pegó en el brazo.
- No te pases de listo. Un Whatsapp de Andrés, dice que te ha llamado pero no lo cogías.
- Eso es porque mi móvil está en el bolsillo interior de mi chaqueta que llevas puesta, no iba a meterte mano.- bromeó. “Pues bien que antes has cogido la cartera” pensó ella.- ¿Qué quiere?
- Que compremos polvos faciales o de talco, y vayamos hasta su coche.
- ¿Por qué?- ella le dio la mano y lo arrastró hasta dentro de la tienda.
- Encontraron huellas dactiláres y un otograma, probablemente en su coche encontremos más. Dice que si te preguntas por qué sabe que lo hemos seguido es porque se cruzó con él en el ascensor y cuando subió arriba vio que no estábamos.
- Lo tenemos bien entrenado Carmen y yo.- se burló.- Cada día es más sabueso.
La inspectora pagó la brocha y un colorete de color muy oscuro en polvo, además de un bote de laca.
- ¿Este botecito es para limpiar pantallas?- le preguntó a la dependienta.
- Gafas, pantallas de smartphones, tablets.. ¿Le pongo uno?
- Sí, gracias.
Les venía de maravilla, así podrían limpiarlo y evitar sospechas, aunque borrarían las huellas. De todas formas, con la foto tendrían más que suficiente para cotejarlo y pedir una orden si daba positivo para tomar una muestra de ADN y de huella dáctilar.
Bajaron rápidamente y por suerte, Ginés aún no había llegado.
- Tú vigila, yo me encargo.- ordenó la inspectora.
- No es justo.- se quejó.
- Yo he estudiado criminología y soy tu superior asi que sí lo es.
Se puso manos a la obra, aplicó con la brocha colorete suavemente sobre las huellas visibles, junto a la puerta, en el cristal. Cuando le hubo parecido suficiente espolvoreó con cuidado un poco de laca sobre la huella.
- Sergi, echa una foto.- le tendió a su compañero su iPhone negro también de última generación. Hizo lo que le había pedido y ella usó el spray para limpiar gafas y pantallas que acababa de limpiar, sacó un pañuelo de papel de un paquete sin empezar y limpió el cristal. Se lo metió luego al bolsillo como si nada y siguieron adelante, hasta el coche. Sintieron a sus espaldas a Ginés entrar en el coche, pero no se dio cuenta de nada. Debían volver a comisaría antes que él.

Cuando llegaron, Andrés ya había recibido la foto y se encontraba cotejándola con Carmen en la base de datos. Ginés no había vuelto a comisaría.
- ¿Te has cambiado de camiseta?- preguntó Manuel. Sergi no se había percatado de que se le había olvidado volver a ponerse la camisa.
- Me manché de café.- mintió.- ¿Qué tenemos?
- Coinciden, es nuestro hombre.- dijo Carmen sin darse la vuelta, mirándo a la pantalla.- Nos darán la orden.
- Tenemos una colilla suya y unas grabaciones que lo inculpan.
- Conseguiremos esa orden para que puedan ser utilizadas, Castañeda ha leído la lista de empleados y efectivamente Lach se encontraba en ella.- Castillo pasó quitándose la chaqueta de traje, quedándose en mangas de camisa y chaleco. La bufanda que llevaba por la mañana era del mismo tono que la corbata.- Lo más importante ahora es hallar al sr Plà y a Enrique Lach.
- Tenemos que hacerle confesar. Planea escapar a Aruba con el dinero del rescate.
- Sólo el hijo menor tenía acceso a su cuenta, así que es posible que los secuestradores hayan pedido tanto dinero para que la famila se viera obligada a sacarlo de la cuenta de Joan.- dijo Verdejo.
- Y así obtener su venganza. Aún le guarda rencor por la ruptura familiar.
- Creo que debe de haber algún motivo más.- dijo la inspectora.
- Se lo sacaremos, no te preocupes.- dijo Coll, luego señaló al pasillo.- Acaba de llegar.
Se dispusieron a salir pero el comisario se interpuso cerrando la puerta.
- Tenemos un plan mejor.- Castillo sonrió diabólicamente.

El reloj marcaba las ocho de la tarde, Enrique Lach había sido detenido en el polígono de L'Hospitalet de Llobregat, al parecer se había pedido el día libre pero había tenido que pasar por la central, momento en el cual fue capturado. Llevaba cuarenta minutos en la sala de interrogatorios número dos, donde había sido interrogado por los agentes Puig y Verdejo, hasta el mismo comisario había entrado a interrogarle. Ginés Puig, esperaba, ansioso por alguna novedad. Daniel Puig salió de la sala de interrogatorios y se sentó a su lado.
- Ha sido duro pero hemos conseguido una confesión. Al parecer, sabe donde está su padre, y ha anulado el rescate de un millón. Se limita a dejarlo en libertad a él y a cambio entregarán a su padre.
- ¡Miente! No puede ser.
- ¿Cómo está tan seguro? Ha confesado, no tiene ningún motivo para mentirnos. De todas formas será vigilado por nuestros agentes y detenido cuando rescatemos a don Joan.
- ¡No! Está mintiendo, lo mejor será ingresar el dinero.- titubeó Ginés, una gota de sudor caía por su frente.
- Señor, no saque las cosas de quicio, ya se que ha sido un día duro, pero a veces las cosas se resuelven más fácilmente.- dijo el comisario, acercándose.
- ¿Y si están aprovechando para herirle o matarle? No deberían haberle detenido.- Castillo dio una carcajada e hizo una señal.
Los agentes Coll y García entraron con don Joan Plà. Tenía mal aspecto, algún moratón y tal vez todavía tocado por alguna droga que le habían inyectado, pero estaba relativamente bien. Su hijo Albert iba con su madre, tras él, con clara expresión de ira.
- ¡... Papá! Gracias a dios estás bien.- estaba blanco como la pared y tartamudeaba.
- Eres la vergüenza de tu familia. ¿Cómo te has atrevido a hacer algo así?
- No lo entiendo, todo era perfecto...- musitó.
- Identificamos la huella de alguien más en la escena del crimen, concretamente el otograma de tu amigo que trabajaba en la exposición de Las Arenas. Deberías fijarte en que tus amigos no estén fichados la próxima vez.- dijo el subinspector
- ¿Y Lach?- preguntó cada vez con sudores más fríos.
- Ese pobre diablo, (y nunca mejor dicho) fue contratado por tu padre como bien sabes, pero tu compraste a su jefe para que le diera el día libre y así poder tú y tus hombres actuar. Enrique, que había cambiado bastante respecto a su pasado en las sectas satánicas, volvió a su empresa para interesarse por su cliente para descubrir que para su sorpresa era sobre quién recaían todas las sospechas, el cabeza de turco.
- Garcés y dos de sus hombres, escondieron a tu padre, incosciente por la droga en una sala de material, para ser transladado posteriormente a un piso franco e ir aumentando la cantidad del rescate hasta vaciar la cuenta de tu padre.- añadió la inspectora.
- Sobre Lach, pensabas que se vería forzado a huir, terminando así de trazar tu perfecto plan. Pero te equivocaste.- Coll sonrió con superioridad.
- Compré la escapolamina porque sabría que lo harías. Desde nuestra discusión vi tu extraño comportamiento, tus preguntas a mis empleados, como te interesaste por el pasado de Enrique... Eres un cretino, hijo, y ahora vas a pasarte el resto de tu vida en la cárcel. Estoy seguro de que alllí conocerás a gente tan retorcida como tú.- Joan parecía calmado, aunque estuviera diciendo esas palabras tan duras.
- Siempre me has odiado, no vengas ahora con eso. Cuando mamá te engañó tuvo sus motivos, nunca estabas en casa, ni siquiera cambió tu comportamiento hacia nosotros tras en intento de secuestro. Seguía en tus negocios y sin hacernos caso. ¿Verdad, Albert?- éste bajó la mirada.
- Puede ser, pero siempre nos dio todo lo que necesitábamos. Colegios privados, médicos, too lo que queríamos...
- Eso es meramente material, no había cariño alguno.
- Creo que tu plan era mucho más frívolo de lo que consideras a papá. Tú si que desconoces que es el amor.- su hermano hizo un gesto a los agentes.
- Ginés Plà queda detenido por el secuestro de Joan Plà, todo lo que diga puede ser utilizado en su contra en un tribunal, tiene derecho a un abogado y si no puede pagarlo se le asignará uno de oficio.- dijo el subinspector esposándole.
El sr Garcés había sido trasladado directamente a los calabozos y Enrique había colaborado con los agentes para montar ese pequeño teatro y así hacer pensar a Ginés que todo salía según su plan. Terminaron cerca de las doce de apurar los últimos informes y desmontar todo el operativo. Había sido un día de lo más estresante para todos, sobre todo para ellos. Sergi había vuelto a ponerse la camisa antes de salir a rescatar a Joan, pues estaba empezando a estornudar con demasiada frecuencia.
- ¡Feliz cumpleaños!- dijo la inspectora cuando el reloj de su móvil marcó las doce.- Ya es veintiocho de noviembre.
Sergi dejó el café sobre su mesa en la que estaba sentado y sonrió.
- Cierto.- la inspectora apuró el último trago de su café Seattle y cogió el regalo de se armario. Lo había guardado antes, con el jaleo de la detención aún reinante en comisaría.- ¿Para mí?- añadió cuando se lo dio.
- Pues claro, tonto.- le sonrió ella.- Rompe el papel, trae buena suerte.
Sergi lo hizo, con la ilusión de un niño de seis años esperándo el juguete que tanto había ansiado.
- Oh, no, no puede ser. Esto es demasiado.- dijo reconociendo la funda. Sacó la cámara.- No puedo aceptarlo, no lo merezco.
- ¿Por qué no? Yo creo que es relativamente comparable a una primera edición de The Beatles.- ella sonrió contenta de haber acertado.- Está lista para hacer fotos, tiene láminas de color.
Sergi apuntó con la cámara hacia ella. Click. La Polaroid imprimió la fotografía. Sergi la sacudió y esbozó una sonrisa satisfecho del resultado. Cogió un boli de su mesa y escribió algo en el espacio en blanco.
- La voy a colgar en mi tablón.- se puso de pie y en su corcho la clavó con una chincheta, junto a una foto de Notre-Damme de la Garde.- ¿Quieres echar una?- ella asintió. Sergi se sentó a su lado y le enseño como funcionaba, cogiendo la cámara también con sus manos, como los profesores que enseñan a jugar al tenis abrazando a las chicas por detrás.
- ¿Probamos un selfie? Yo creo que será divertido.- Sergi le enseñó a desconectar el flash.- Un, dos y … tres.- se escuchó el chasquido y luego la impresión de la fotografía.
- Sacúdela con cuidado. Así.- le indicó. Le recordó por un momento a John, se concentraba en explicar las cosas paso a paso para que las entendiera. Sonrió.- ¿Qué pasa?- dijo él ante su mirada.
- Tienes que darme una copia de esta foto.
- Para ti.- escribió “Nunca dejes ir al que se quedó contigo cuando le diste razones para irse.”
- Qué profundo.- se miraron a los ojos unos instantes pero ella no quiso seguir sosteniéndole la mirada.- Pensaba que ibas a escribir esa frase de Pascal que tienes de estado ¿Qué has escrito en el otro?- Sergi se limitó a sonreír.
- ¿Le coeur a ses raisons que la raison ne connaît point?.- dijo con su francés perfecto.- El otro ya lo descubrirás. Será mejor que volvamos a casa, ha sido un día intenso.
Apagaron las luces y bajaron hasta el parking, Había sido un buen final relativamente para un caso de secuestro, solían acabar en búsqueda de cadáveres.

La comisaría quedó vacía, invadida por cierta kenopsia, la foto que Sergi acababa de colgar era la única cosa que quedaba iluminada por un atisbo de luz, procedente del sensor infrarrojo de la cámara de vigilancia. Se leía claramente la frase que acababa de escribir “Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.”- Antonio Machado.

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