sábado, 4 de julio de 2015

Cap.-2 El asesinato en el ascensor

Asesinato en el ascensor.

Su reloj marcaba las tres de la mañana cuando la llamaron de comisaría. Su trabajo requería su disponibilidad las veinticuatro horas del día y por ello no llevaba un hábito normal de sueño. Habían pasado dos semanas desde la confesión de Diana Villa por el asesinato de Ariadna Fernández y en ese periodo de tiempo había podido dormir con tranquilidad las siete horas recomendadas por los especialistas pero ahora, aunque quisiera, no dormiría mas de cinco ya que su cerebro no descansaba hasta que hallaban al culpable.
Se vistió y se tomó un café rápidamente. Cogió la placa, la pistola y tras varios minutos de búsqueda encontró las esposas, que estaban justo en el cajón de dónde había sacado la placa. Veinte minutos después de la llamada estaba en la escena del crimen.
El edificio estaba precintado por la policía y ya empezaban a llegar algunos periodistas. Pasó por debajo de la cinta y encontró a Andrés y Sergi examinando el cadáver.
- ...Un hombre de mediana edad, de aproximadamente cuarenta años. - le decía Andrés al subinspector.- No hay que decir que la causa de la muerte es la pérdida de sangre ocasionada por el disparo en el bazo.- Arantxa se fijó en que el anticuado ascensor, en el cual se hallaban la víctima, sentada y apoyada en la pared junto a los interruptores y sus dos compañeros examinándola, estaba inundado en sangre ya seca.
- Supongo que no habrá cámara en este edificio, ni mucho menos en el ascensor. Si me dijeras que ha muerto de una enfermedad infecciosa me lo creería.- contestó con sarcasmo Sergi.- Este piso está un poco hecho polvo.
- No se dice hecho polvo, se dice que tiene la pátina de otro tiempo, Coll.- dijo acercándose la inspectora. - ¿Qué tenemos?
- Tan políticamente correcta como siempre.- sonrió.- Augusto Marañón, técnico de ascensores.- dijo tendiéndole una tarjeta ensangrentada.- Es lo único que hemos encontrado.
- ¡Qué ironía!.. ¿Ni DNI, ni carnet de conducir?- Sergi negó con la cabeza.
Un técnico le entregó a la inspectora una bolsa transparente con la bala que había acabado con Augusto dentro. Era de cuarenta y cinco milímetros.
- Supongo que no tenemos el arma.- éste le dijo que no.- Ya... ¿Quién encontró el cadáver?
- Una pareja que venía a terminar la fiesta en casa, ya sabes. Llevaba muerto una hora cuando lo encontraron. Así que tenéis que centraros en que persona fue la última en usarlo y si vieron a alguien sospechoso u oyeron algo desde su último uso hasta su muerte aproximadamente a las una de la mañana.- respondió el forense.
- Creo que te falta algo importante, Andrés. ¿Qué hacía un técnico de ascensores a esas horas? ¿Era vecino del edificio, venía de visita o alguien le llamó? Y además ¿ Dónde están su cartera y su teléfono?- añadió Carmen, que acaba de terminar de tomar algunas fotografías del escenario del crimen.
- Me parece que hasta dentro de al menos cuatro horas no hay mucho más que podamos hacer aquí Dejemos que los técnicos se encarguen de encontrar huellas y pistas. Ya por la mañana hablaremos con los vecinos.- dijo el subinspector poniéndose en pie, bostezando.
- Sé que no quieres molestarles pero no querrás dejar escapar al asesino.
- Está bien...- dijo suspirando.

Varios agentes ya hablaban con los vecinos de las dos primeras plantas así que se dirigieron a los del tercero B, la última vivienda del edificio. Tocaron al timbre y tras unos instantes se entreabrió la puerta. Tras ella asomó una anciana que les miró con desconfianza.
- ¿Qué quieren a estas horas jóvenes? ¿No les han enseñado que de madrugada no se hacen visitas?
- Señora... ¿Hernández?- dijo Sergi que había mirado en los buzones del hall como se llamaban los dueños de esa vivienda.- Ha habido un asesinato en éste edificio. Queríamos hacerles unas preguntas rápidas.
- Es muy tarde, vuelvan mañana.- trató de cerrar la puerta pero el subinspector la paró con el pie.
- Lo sabemos pero le conviene colaborar con nosotros.- Arantxa le enseñó la placa.
La señora Hernández cerró la puerta y quitó la cadena. La abrió y les indicó a los agentes que pasaran.
- Yo soy la inspectora Arantxa García y él es mi compañero el subinspector Sergi Coll. Como ya le ha indicado antes estamos aquí por un homicidio, concretamente el del Augusto Marañón, técnico de ascensores. ¿Le conocía?- le mostró el carnet de identificación de la víctima.
- Encantada, yo soy Eulalia Hernández. ¿Augusto dicen?.. No me suena. Ni tampoco recuerdo ningún fallo para el que hubiera que llamar a un técnico. Mi Paco y yo lo usamos a diario.- dijo tomando asiento en la mesa de la cocina
- ¿Está aquí su marido? -dijo Sergi
- ¿Marido? - Eulalia dio una sonora carcajada.- Mi marido murió hace dos años. Paco es mi perro.
¡Paco, Paquito, ven!- un bulldog carlino apareció jadeando y moviendo el rabo.
Sergi le hizo un gesto a su compañera, sonriéndo.
- ¿A qué hora aproximadamente fue la última vez que utilizó el ascensor? ¿Notó algo extraño?
- Sobre las ocho y como les decía funcionaba como siempre.
- Escuchó alguna discusión, ¿o un disparo?- prosiguió la inspectora
- ¿Han dicho un disparo? Ahora que lo dicen mi perro ladró sin motivo sobre las una, pero no escuché nada ni vi a nadie al asomarme.
- Seguramente el asesino utilizara silenciador de forma que sólo un oído tan agudo como el del perro fuera capaz de escucharlo.- le susurró Coll.
- Entonces, no sabe nada sobre el asesino ni la víctima.- continuó Arantxa.
- Ya les he dicho todo lo que sé. Por mi edad me acuesto y me levanto muy temprano y tengo un sueño ligero, por lo que si hubiera escuchado algo se lo diría.
- Está bien, si recuerda algo más o si nota algún comportamiento sospechoso en un vecino, llámenos.- Coll le tendió su tarjeta.- Gracias por su colaboración.
Salieron de la vivienda tras despedirse de la señora Hernández y bajaron de nuevo hasta la escena del crimen en la planta baja. Una vez allí le comentaron a sus compañeros la posibilidad del silenciador y tras una última revisión del escenario, decidieron marcharse a casa y verse en comisaría a las nueve.

Era siete de octubre, miércoles. Un día normal por lo que no debía de haber mucho ajetreo en comisaría a las nueve de la mañana, pero aquel día era distinto. En la sala de espera había unas diez personas.
- ¡Arantxa!- la llamó su compañero desde su mesa.- Mira ésto.
- ¿Sabes por qué hay tanta gente?- dijo apoyándose en la silla dónde estaba sentado Sergi.
- ¿No te has enterado? Ha habido un atraco con rehenes. Dos de los cuatro atracadores aún siguen dentro. Ellos son algunos testigos que han conseguido salir antes de que los dos que están dentro, acorralados, se encerraron con algunos de los clientes del banco.
- Supongo que Puig y Verdejo estarán colaborando, como pertenecieron a esa brigada... ¿Bueno, que me querías enseñar?
- Ya tenemos los datos de la víctima, Augusto Marañón Cara, de cuarenta y cuatro años. A parte de técnico para la compañía Orona mira lo que hacía en sus ratos libres.- señaló a la pantalla de su ordenador.
- 'Crímenes sin resolver: Capítulo trece, Asesinato en el ascensor.' - leyó.- ¿Qué es esto?
- Un blog creado por el mismo. Están comprobando si los casos son verídicos o inventados. Pero eso no es lo más tétrico. Mira las iniciales de la víctima del capítulo trece: A.M.
- ¿Cuánto llevas aquí?- dijo apartándole de la frente un mechón de pelo con la mano.
- No volví a casa después de salir de la escena del crimen. Quería averiguar algo más de su identidad por mi mismo. Por cierto, está divorciado y tiene un hijo de siete años al que apenas veía.
Vivía en la Carrer de Galileo número veinte y no tenía ninguna relacción estable.
- ¿Cómo has averiguado tanto?- preguntó asombrada.
- Encontaron su cartera en un contenedor cercano. En ella había una foto de carnet en la que ponía Carlos M.V. Segundo A y al lado otra recortada en la que se veía Augusto con el crío pero unos años antes. Además, una foto arrugada de una mujer que supongo que era la recortada de la foto anterior. Llevaba dos condones en el compartimento con botón, cosa que los hombres solteros y sobretodo los divorciados siempre llevan. Sí, no me mires así. Ésto es señal de que no tenía una relación estable ni tampoco esporádica porque estaban pasados de fecha.
- Y dime, Sherlock, ¿llevaba dinero o algo más a parte de lo que me has dicho?- preguntó aún impresionada.
- El DNI del que saqué la dirección, la tarjeta sanitaria y treinta y siete euros con cuarenta y cinco céntimos.
- ¿No hallasteis su móvil en el contenedor?
- ¡Ah sí! Lo olvidaba. Tiene contraseña, así que cuando venga nuestro hacker Manolín, podremos ver si había recibido alguna amenaza o se había metido en algo turbio recientemente. ¡Mira! Hablando del rey de Roma...- dijo viendo a Gómez llegar a su silla.
- Por la puerta asoma...- terminó la inspectora. Manuel cogió un papel y, tras leerlo, les levantó el pulgar en respuesta. Se levantó de su asiento y se dirigió a la sala de pruebas. Volvió con la bolsita que contenía el teléfono de la víctima cinco minutos después.
- Es tan fácil como examinar dónde hay más huellas en la pantalla e intentarlo.- sacó del bolsillo interior de la chaqueta un pequeño láser azul y apuntó a la pantalla.- ¡Ajá! Tráeme los guantes especiales para pantallas del segundo cajón, Coll.- se los puso y deslizó el dedo en forma de infinito. Nada. Hizo el mismo signo pero hacia el otro lado. Se escuchó el chasquido propio al desbloquear un móvil.
- Comprobemos si el correo es el mismo que el del blog. Sí, tiene algunas notificaciones de la página. En cuanto a contactos busca por la E de ex-mujer, a ver que te sale.
- Rosa Valdivia. La tiene configurada como ex-mujer con Cortana. Viene su correo, dos teléfonos y la dirección de su vivienda. Vaya, Sergi, es vecina tuya. Vive en Tarragona.
- ¡Lo que se puede averiguar con un smartphone!- exclamó Arantxa.- recuérdame que nunca deje mi móvil cerca tuya, Manuel.
- Necesito que encuentres los usuarios de las siete entradas que tuvo en el capítulo trece de su blog. Ve descartando por localización y consígueme los nombres.
- ¿Y como has descubierto lo de Crímenes sin resolver?
- Buscando en Internet su nombre y la palabras técnico de ascensores para encontrar su empresa, me ha salido la página de un tal augusto_mc y el susodicho capítulo.

Quince minutos después, Manuel ya había encontrado la procedencia de los usuarios. Dos eran mexicanos y otro era un francés que acababa de leerla hacía apenas unas horas por lo que quedaban descartados. El resto eran españoles: un almeriense, un salmantino, y dos catalanes, concretamente uno era de Tarragona y el otro de Barcelona. Decidieron eliminar como sospechosos a los dos primeros ya que uno se llamaba anitapink-1D, demasiado infantil, y el otro había realizado entradas en ese blog justo en el tiempo del asesinato, desde Almería. Quedaban rvg20_06 y ElAsesinoEsElMayordomo de Tarragona y de Barcelona respectivamente.
- ¿Se puede averiguar la identidad de los usuarios?- preguntó la inspectora García.
- Legalmente requiere su tiempo.- les guiñó el ojo.
- Bueno, mientras tú sigues con eso llamaré a los de la empresa de la víctima para comunicar la noticia y concertar una entrevista.- le dijo a Gómez. Luego, dirigiéndose a su compañera añadió.- Tú si quieres puedes investigar el blog o llamar a la familia. Tu mandas.

La comisaría se fue despejando conforme avanzaba la mañana. Carmen llegó algo más tarde pues había tenido un pequeño golpe con el coche y tuvo que rellenar el parte. Arantxa comunicó a la ex-esposa de Augusto la mala noticia y quedó para verla al día siguiente en comisaría. Sergi, por su parte, concertó una cita con la empresa esa misma tarde a las cinco.
A la inspectora le extrañó la forma de Rosa para aceptar la pérdida del que no hacía tanto había sido su esposo y con el que había tenido un hijo. Ella le había dicho que lo dejaron tres años atrás por problemas que la víctima había tenido con el alcohol, y que tras el divorcio se había acordado que Augusto visitaría a su hijo cada dos semanas hasta que superara su problema. Pero, según Rosa Valdivia, el consumo había aumentado e incluso se había metido en más problemas por lo que le prohibió ver al crío. Era por eso que su relación con Augusto era ya casi inexistente.
El asunto del atraco del banco acabó sobre las once con el arresto de uno de los dos atracadores que habían quedado en el banco y tomado rehenes. El otro, al verse acorralado, se había volado la cabeza con una escopeta. Los rehenes fueron atendidos durante toda la mañana por psicólogos y muchos agentes. Incluso ellos fueron llamados para hablar con algunos.

A las tres de la tarde pudieron dejar el asunto del atraco para comer. Fueron como siempre a Celler Albert y al terminar decidieron ir andando hasta la empresa Orona, donde trabajaba la vícitima, que estaba a algo más de media hora. Aún así llegaron cinco minutos antes a su cita.
La empresa estaba situada en la segunda planta. Constaba de una recepción, una sala de reuniones y varias mesas de trabajo. En la recepción había un gran cartel con el nombre de la compañía y, bajo éste otro que rezaba Ascensores Thyssen. Un hombre de aproximadamente sesenta años gritaba por teléfono desde su despacho acristalado. Se le veía bastante alterado.
- Leonor Rojo, ¿en qué puedo ayudarles?- dijo una joven tras el mostrador de la entrada. Sergi le enseñó la placa en respuesta.- Ya recuerdo, hable con su compañera esta mañana. Esperen un momento.
Leonor marchó hacia el despacho del señor que gritaba por teléfono. Tocó a la puerta y tras unos segundos abrió la puerta. Unos minutos después volvió.
- Pueden pasar, don Ginés Orona les espera.- les condujo hasta el despacho acristalado del que acababa de volver y tocó a la puerta. Tras unos segundos abrió y los dejó a solas con don Ginés
Estaba algo rojo producto de la reciente alteración.
- El trabajo puede llegar a ser estresante pero a su edad debería tomarselo mas relajadamente. Ahora que lo pienso no se que puede hacer que se estrese tanto en un trabajo como el suyo- Arantxa fulminó con la mirada a su compañero. ¿A qué venía ese comentario?
- No se meta, joven, no conoce lo que es liderar un empresa, lidiando con los trabajadores y acatando las órdenes de arriba.-suspiró.- Hagan cuanto antes lo que han venido a hacer.- volvía a alterarse.
- Venimos a hablarle de un trabajador suyo, Augusto Marañón.- dijo la inspectora.
- ¿Ha vuelto a tener problemas con el alcohol? Si es así no volveré a pagar su fianza. Cuando mi secretaria me dijo que dos agentes querían hablar conmigo sabía que era por ese insensato. Lo despediré cuando vuelva. A eso me refería cuando hablaba de lidiar con trabajadores.
- No hará falta. No volverá a trabajar.
- ¿No habrá cometido alguna locura? Ya me lo advirtió su mujer. Describía asesinatos con todo detalle. Tuvo que beber demasiado y confundiría la realidad con sus relatos.
- No, él no es el asesino, sino el asesinado. Ha sido hallado de madrugada desangrado por un disparo en uno de sus ascensores vestido con su atuendo de trabajo.- el señor Orona permaneció en silencio.- Y bien, ¿que le dijo su mujer?
Arantxa comprendio en ese momento lo inteligente que había sido su compañero. Pese a su juventud había demostrado con creces que se merecía su puesto de subinspector en repetidas ocasiones.
- Hace unos meses me llamó para decirme que estaba escribiendo historias sobre crímenes sin resolver que eran bastante tétricas. El otro día me comunicó que estaba algo preocupada ya que había subido uno que narraba un asesinato en uno de nuestros ascensores y las iniciales de la víctima coincidían con las de Alex Montes, uno de nuestros empleados.
- Explíquese.
- Mantuvo una relación con Rosa Valdivia tras su ruptura con Augusto. Estuvieron juntos un año pero terminaron amistosamente por culpa de un tercer incidente con Marañón.
- ¿Cómo permitió que un individuo así trabajara para usted?- preguntó Coll. El señor Orona bajó la mirada.
- Era el más eficiente de mis trabajadores y no hubo ningún percance durante las horas en las que trabajó para mí.- concluyó.- Y ahora si me disculpan tengo bastante papeleo que hacer y más ahora con la muerte de Marañón.
Estrecharon la mano del director y salieron del despacho, una vez allí la secretaria les acompañó hasta la entrada.
- Ha concluido muy rápido.- comentó Arantxa.- Además con todos los trabajadores que tiene me extraña mucho que tenga que hacer papeleo.
- Yo también me he percatado. ¿Tomaremos metro ahora?
- Sí. Me ha sorprendido tu técnica, si no lo hubieras hecho no nos hubiera informado de que Rosa Valdivia es uno de los dos usuarios restantes, rvg20_06, ya que es de Tarragona y puede que esas sean sus iniciales.
- Creo que me debes una disculpa por fulminarme con la mirada. ¿Qué tal un café?- propuso Sergi, ella rió divertida.
- ¿Cómo quieres que reaccione si atacas así al pobre hombre que estaba al borde del colapso cuando hemos entrado? Está bien, te invito a un café en el London Bar.

Eran las seis y cuarto cuando llegaron a comisaría. El sol empezaba a caer y las temperaturas eran algo más frescas que la semana anterior, por una parte la inspectora deseaba que se adentrara el otoño ya que el veinte de octubre era su vigésimo-sexto cumpleaños y además le encantaba pasear por la Rambla o el parque Güell viendo los castañeros y los puestos de frutos secos, los críos jugar entre las ojas secas o a los abuelos tomar plácidamente el sol en un banco.
Manuel los llamó a su mesa.
- Tengo noticias sobre los usuarios que me pedisteis identificar.
- La primera es Rosa Valdivia, ex mujer de la víctima, lo sabemos. ¿Qué hay de ElAsesinoEsElMayordomo?
- El perfil corresponde a Javier Oporto. Al parecer es capitán de la marina. He hallado una dirección en Carrer dels Cavallers 12.
- Un capitán con residencia en Pedralbes, por tanto está casado y con hijos. Si no pisa tierra casi nunca debe tener familia que justifique el porque de una casa en el barrio más lujoso de Barcelona. Los lobos de mar están acostumbrados a dormir en estrechos habitáculos así que si viviera solo no tendría esa casa. Iremos a ver a su familia.
- ¿Ahora?- preguntó Sergi con cara de niño cansado.
- Tú conduces.- le lanzó las llaves de su Mazda. Él las atrapó al vuelo.
Volvieron a bajar al garaje. Sus coches estaban aparcados uno al lado del otro. El BMW 320D rojo del subinspector relucía pues llo había lavado el día anterior, era un coche precioso y muy cómodo. El de la inspectora era un Mazda 6 blanco con asientos interiores de piel color crema y accesorios en madera. Conocía a su compañero desde el veinticinco de junio de ese año pero ya le había dejado conducir en diversas ocasiones. Era muy bueno al volante y tenía un don para encontrar aparcamientos. Sergi y ella habían tenido feeling desde el primer momento y habían enlazado una fuerte amistad en apenas poco tiempo.
Llegaron a su destino tras discutir en el trayecto sobre el nuevo modelo de iPhone que había salido al mercado. La casa del capitán Oporto era grande y de bonito diseño, con madera de cerezo en puertas y ventanas. La inspectora tocó al timbre. Una mujer de algo más de la edad de Sergi abrió la puerta. Era muy guapa, de ojos azules y pelo cobrizo perfectamente ondulado. Sergi se quedó mirándola sin decir nada.
- Buenas tardes, soy la inspectora Arantxa García y él es mi compañero Sergi Coll.- pronunció de forma más marcada el nombre del subinspector para que reaccionara. Le mostró la placa.
- Queríamos hablar sobre Javier Oporto.- dijo por fin reaccionando. El gesto de la mujer se tornó algo gris.
- Pasen.- dijo abriendo la verja del jardín. En el césped jugaban dos niños. El mayor no tendría más de cuatro años, era rubio y de intensos ojos verdes. La niña pequeña era una calca de su madre.-¡Nicolás, Sara! ¿Por qué no pasáis a jugar al cuarto? Ya es tarde para estar fuera.
Les condujo por la puerta corredera de cristal por la que entraron los niños hasta un amplio salón. Los niños se retiraron hasta otra habitación de la misma planta riendo y corriendo.
- Mis hijos son muy pequeños aún para saber lo de su padre.- dijo indicándole con la mano que tomaran asiento.- Así que les pido por favor que no hablen muy alto. Soy Ana Rubio.- Coll frunció el ceño.
- No se a que se refiere.- dijo Arantxa
- A qué va a ser, a lo que han venido a tratar, el homicidio de mi marido.- los dos agentes se miraron, se habían quedado helados.
- Creo que hay una gravísima confusión en todo ésto. Hemos venido por el asesinato de Augusto Marañón.- Sergi le tendió una fotografía.- Era técnico de ascensores para la compañía Orona y también se dedicaba a escribir en un blog sobre crímenes sin resolver. Apareció muerto tal y como describía en su última entrada. Buscábamos a su marido porque apareció como uno de los usuarios que leyeron la publicación y por tiempo y lugar podrían haberlo asesinado. Aunque ya veo que imposible. Mil disculpas.
- Crímenes sin resolver, que irónico. El asesinato de mi Javier aún está sin resolver. Apareció hace dos años en la bodega del barco asesinado de un disparo. La bala no coincidía con la reglamenteria. Se registró a todos los marinos pero ninguno portaba otra arma. Los que no estaban de guardia tenían coartada y los que estaban durmiendo dijeron no escuchar el disparo ni oir levantarse a ninguno durante la noche. Se sospecha que usara silenciador y luego lo tirara con la pistola al mar.- los agentes intercambiaron una mirada. Demasiadas coincidencias con el asesinato en el ascensor.
- Espera, eso me suena.- Arantxa se introdujo con el móvil en el blog de Marañón. Leyó el título del capítulo once: El asesinato del capitán J.O.- Se lo mostró a su compañero y después a Ana.
Todo ese caso era demasiado macabro. La mujer quedó petrificada.
- Muchas gracias por su colaboración y perdone por las molestias.- dijo mirando el reloj.- Creo que este caso se ha complicado pero hemos avanzado bastante con su ayuda. Nuestros compañeros se pondrán en contacto con usted para ir informándola si averiguamos algo más de su marido. Ésta es mi tarjeta si necesita cualquier cosa llámenos.
Subieron rápidamente al coche y Arantxa marcó a Carmen. Se activó el manos libres del coche.
- ¿Sí?
- Carmen, soy yo, voy en el coche con Sergi que te está escuchando. ¿Están ahí los demás?
- Espera... Aquí están Manuel, Dani y … Rodrigo, sí todos.
- Vale, reúnelos y pon el altavoz.- esperó a que Carmen le avisara.- Necesito que os quedéis un rato más, estamos llegando. El caso se ha complicado de una manera muy siniestra.
- Decidle a Castillo si está ahí que se quede. Es algo que debe saber.- añadió el subinspector.- ¿Manuel, estás seguro de que el usuario pertenecía al capitán Oporto?
- Completamente. Lo revisé varias veces ¿por?
- Porque ese hombre murió hace dos años asesinado como se describe en el capítulo once.- concluyó Arantxa.
- ¡Joder!¿estáis de coña?- exclamó Daniel.
- Lamentablemente no. Ahora os daremos los detalles. Mientras, necesito que busquéis sobre la muerte del capitán para comprobar que Ana no nos ha engañado, aunque parecía sincera.
Llegaron en apenas trece minutos. Subieron las escaleras de dos en dos y avanzaron hasta la sala de juntas, donde les esperaban todos.
- La muerte del capitán es un expediente confidencial pero está catalogado como sin resolver. He dado los detalles a mi contacto del capítulo once y ha dicho que mañana nos dará más detalles.- dijo Rafael Castillo.
- Arantxa, ¿con qué usuario te has registrado en el blog?- preguntó Manuel.
- Con el que tu me dijiste. El falso.
- Bien hecho.
- ¿Ibais a hablar de todas formas en persona con Rosa Valdivia no es así?- preguntó Rafael a Dani y Rodrigo. Ellos asintieron.- Está bien. Mañana será otro día, ha sido una jornada larga y merecéis descansar. Mañana al mediodía nos reuniremos para aportar la nueva información.
El comisario dio por terminada la reunión. Tras esto se despidieron y fueron abandonando. paulatinamente la comisaría. Arantxa se quedó en su puesto un rato más, buscando más información en el ordenador.
- ¿Vamos? -dijo una voz familiar devoliéndola a la realidad.
- ¿Qué haces aún aquí? Deberías irte a casa a dormir, debes de estar agotado.- le dijo a su compañero.
- Y tú. No creo que hayas dormido mucho las horas de después del asesinato.- Sergi se puso la americana y le tendió la chaqueta a la inspectora.- Vamos.
Arantxa obedeció sin rechistar. Apagó el ordenador y se puso la chaqueta que le había tendido su compañero. Bajaron hasta el parking donde se despidieron.
- ¿Te apuntas a tomar algo? Es tarde para cocinar.
- Mejor otro día. Ha sido un día muy largo. Me tomaré un menta poleo y me iré a la cama.
- De acuerdo. Come algo más que es tan importante alimentarse como descansar.- dijo abriendo su coche.- Bona nit.
- Hasta mañana.

Despertó sobresaltada, pues había tenido una pesadilla. Miró el reloj y comprobó que eran las siete y media. Había dormido bastante debido al cansancio. Comprobó que no tuviera whatsapps ni llamadas mientras desayunaba. Sergi le había mandado tres whatsapps, '' Necesito que vengas cuando puedas a mi casa.'' ''He descubierto algo importante.'' Los mensajes habían sido enviados a las dos de la mañana. Terminó de vestirse, hacer la cama y demás y marchó intrigada a casa del subinspector.

Justo cuando se disponía a tocar a la puerta esta se abrió y una rubia que le resultaba familiar apareció tras ella.
- Buenos días.- le dijo. En ese momento reconoció que era la recepcionista de la piscina del caso de Ariadna Fernández. Sin saber muy bien porqué sintió una punzada en el pecho.- Sergi, llámame.- le dijo al subinspector que se abrochaba la camisa a sus espaldas. Arantxa pudo dislumbrar vagamente el tonificado cuerpo de su compañero.- Es un dios en la cama. ¡Qué suerte tienes de que sea tu compañero!- le susurró cuando se marchaba. La inspectora enrojeció a la par que sentía como el pinchazo se agudizaba.
- Buenos días. Pasa, ¿café?
- No gracias, ya he desayunado. Y por lo que veo tu también.- el dio una sonora carcajada.
- Fue más bien el postre. No es nada serio, no creo que la llame. No es mi tipo.
- No es tu tipo pero te acuestas con ella. Muy lógico todo, odio que los hombres hagáis eso.- dijo claramente enfadada
- Eh, que yo no la he obligado a nada. No he ido a su casa porqué comparte piso, no suelo traerme a los ligues de una noche a casa.
- ¿Cuántas copas bebisteis anoche?
- Pocas. Anoche estaba cansado.
- Tu mensaje a las dos de la mañana demuestran lo cansado que estabas. Dime que has descubierto.
- No te enfades conmigo. Ella conocía perfectamente mis intenciones. Hay una diferencia entre hacer el amor y follar y ella sabe que hicimos lo segundo.- tras un rato de búsqueda encontró el azúcar.- Si hubiera sido en su casa me hubiera ido pero como era en la mía y se quedó dormida me levanté de la cama y seguí trabajando.
- Sigue sin gustarme eso de abandonar a la mujer después de conseguir complacerte. Me parece sumamente machista y egoísta. Pero es tu vida así que no me meto, haz lo que te plazca.- estaba molesta por la actitud de Sergi.
- Anda no me fulmines más con esos ojos verdes y tráeme por favor un libro de tapa verde que hay en mi despacho, en la mesa.- Arantxa hizo lo que le había pedido. Al llegar allí encontró, junto al libro una foto enmarcada de ellos dos. La foto era de hacía algo más de un mes, el último día que fueron todos a la playa. Tenía recuerdos muy agradables de aquella jornada.
- También es para ti- dijo a sus espaldas Sergi.- Le he puesto dedicatoria por detrás de la foto.
- '' Para Arantxa, la mejor compañera que se puede tener. Gracias por aguantar mis tonterías y por haberte convertido en una amiga tan sincera en el poco tiempo que nos conocemos. Con cariño, Sergi.'' - de repente se sintió treméndamente culpable por los reproches que le había hecho y lo abrazó, sintió dos lágrimas correr por sus mejillas que no pudo contener. El tener la menstruación en esos días no ayudaba.
- No llores, si no te gusta puedes lanzármelo a la cara.- dijo para hacerla reir abrazándola también.- Sé que los ojos claros resaltan más con los ojos rojos de llorar pero también da dolor de cabeza y no me quedan ibuprofenos.- Finalmente lo consiguió
- Gracias a ti por aguantar mis manías y mis cambios de humor irracionales.- le susurró inspirando su perfume. Él la besó en el pelo, era la primera vez que la besaba por un motivo a parte de la cortesía al saludar. Ella se separó y él le tendió un pañuelo con sus iniciales bordadas, S.C.O.- Me muero de la vergüenza ahora mismo, perdóname.
- Tengo una hermana y conozco los motivos de pasar del cabreo infernal a la hipersensibilidad. No te preocupes.Y de nada.-ella bajó la mirada.- Por cierto, mira ésto. Es el otro motivo por el que te he pedido que vengas. Ve a la página doscientos diecisiete, y a la ciento cincuenta. Lee los títulos en voz alta.
- '' Misterios sin resolver. Capítulo siete. El cadáver en el Transiberiano.'' '' Misterios sin resolver. Capítulo cinco. Muerte en la cripta.''
- ¿Son verídicos?
- Sí, y lo mejor es ésto. Lee los capítulos cinco y siete del blog. Son exactamente iguales. Y adivina la causa de la muerte.
- Herida de bala de cuarenta y cinco mm y silenciador.
- Premio para la señorita. Sé que da mal rollo, pero creo que algunos otros casos son inventados.- miró su reloj de pulsera.- Tenemos que irnos ya a comisaría.
Cada uno cogió su coche. Arantxa guardó la foto en la guantera. Había sido todo un detalle por su parte. Le encantaba la personalidad de su compañero, por eso se enfadaba con él cuando tenía un comportamiento inadecuado que manchaba su perfección.

Llegaron simultáneamente a comisaría. Los estaban esperando, con semblante serio.
- ¿Qué pasa? Sólo son las nueve de la mañana.
- Tenéis que ver ésto.- dijo el comisario Castillo.- sentaos.- le hizo un gesto a Carmen que giró el ordenador hacia ellos.
- Alguien ha publicado una nueva entrada en el blog. Es bastante escalofriante.
- ¿Cómo? ¿Quién más tenía acceso a la contraseña? - preguntó Coll.
- Ese no es el mayor problema ahora. Leed el contenido del nuevo capítulo.
- '' Capítulo catorce. Los agentes abatidos. En la tarde del ocho de octubre, a plena luz del día, dos agentes de policía de veinticinco y veintisiete años han sido abatidos misteriosamente. Las balas encontradas corresponden al calibre cuarenta y cinco. Al parecer se habían entrometido en un caso sobre una muerte anunciada, profundizando demasiado y como dice el refrán, la curiosidad mató al gato, en este caso a los gatos...'' - tragó saliva, mirando a su compañera que estaba blanca como la pared.- '' La más joven era la inspectora A.G que falleció antes que su compañero el subinspector S.C quien luchó por la vida de los dos hasta el fin.''
- ¡Joder!- dijo pasándose las manos por el cabello.- ¿Y ahora qué?
- Tranquilo Coll, solo intenta asustarnos, pero no lo va a conseguir. Lo atraparemos.- le dijo su compañera pasándole la mano por la espalda.
- Por ahora se os asignará protección. Intentad seguir vuestra vida con normalidad, si cree que no lo habéis leído os dejará.
- Pero si ya habéis entrado al blog.- replicó el subinspector.
- Manuel puede borrar el rastro.- dijo Carmen.- Y al parecer no es el único que puede hacer cambios. El usuario ElAsesinoEsElMayordomo ya no sale como vinculado al capitán Oporto, sino a vosotros dos.
- ¡Maldita sea! Éste caso es un jodido enigma. Es de locos.- Sergi se sentía frustrado.
- ¿Recordáis que la cartera estaba en un contenedor cercano? Pues un vecino nos ha llamado porque ha grabado a quién lo tiró con las cámaras de seguridad de su parking. Aún hay esperanzas. Además hay que hablar aún con Rosa Valdivia.- les dijo Daniel Puig.
- Vale, si lo que quiere es jugar jugaremos. Siempre va un paso por delante y debe seguir creyendo que lo está aunque deje de ser así. Conseguiremos las pruebas necesarias para destapar su identidad y encontrarlo.-dijo Arantxa poniéndose en pie.- Rafael tiene razón, debemos seguir investigando
con normalidad. ¿A qué hora viene Mónica?
- A las once.
- Tenemos tiempo de revisar pruebas entonces. Sergi vamos.
- Esta tarde la tenéis libre, no os preocupéis por las horas de trabajo. Id a casa temprano y estad siempre acompañados de otra gente.- Castillo era conocido por ser un gran agente pero también era una gran persona.- Ahora cada uno a su puesto.
Revisaron todas las pruebas y declaraciones. Las horas fueron pasando pero no había resultados sobre la identificación del hombre que había tirado la cartera al contenedor, hasta ue finalmente dieron las once. Apenas cinco minutos después llegó Rosa Valdivia, acompañada de un niño de unos siete años, de pelo negro corto y de ojos marrones. Era Carlos, el hijo que tenía en común con la víctima. Daniel y Verdejo se acercaron hasta ella y condujeron al crío a la sala del café con Arantxa y Sergi.
- Hola Carlos, yo soy la inspectora Arantxa y él es el subinspector Sergi.- Arantxa le tendió la mano y él chico la sacudió enérgicamente. Sergi hizo otro tanto pero el niño prefirió seguir jugando con su muñeco de acción, mientras tomaba asiento en un sillón.
- Los niños no se me dan bien.- dijo el subinspector con clara expresión de agobio. La inspectora le miró de reojo, sonriendo.
Se sentaron frente a él.
- Carlos, ¿y ese muñeco? ¿puedo verlo?.-preguntó la inspectora. El niño asintió y le tendió el muñeco.- ¡Qué chulo!
- Es el hiper robot. Lucha contra los malos para salvar el mundo.- dijo con emoción infantil.- Como mi papá.
- ¿Tú papá? ¿Luchaba contra las poleas y los cables rebeldes que no querían hacer su trabajo?- preguntó Sergi.
- ¡No, tonto! -dijo para sorpresa de él. Arantxa trató de contener una risa.- Mi papá me contó que iba a capturar a un hombre malo gracias a eso en lo que trabajaba cada noche en su ordenador.- Arantxa miró a su compañero.
- ¿Cuándo te dijo eso?- dijo devolviéndole el muñeco.
- Poco después de que se separara de mamá. Cuando ella empezó a cerrar la puerta de su cuarto cuando traía a dormir a Alex. A veces no me dejaban dormir.- titubeó en su inocencia infantil.
Sergi miró a su compañera alzando las cejas.- ¿Sois novios?
- No, no. Sólo somos amigos.- dijo la inspectora, enrojeciendo.
- ¿Por qué no? Lo parecéis.
- Porque él ya tiene novia.- mintió.- Háblanos de Alex Montes.
- Era un hombre muy bueno con mi mamá, pero siempre discutía con mi papá. Trabajó como mecánico en la Armada según me dijo cuando fuimos a ver el San Sebastián El Cano.
- ¿Cuándo fue la última vez que lo viste?- preguntó Coll.
- ¿A Alex o a papá? Hace dos meses los dos tuvieron una pelea delante mía. A mi padre hacía mucho que no lo veía, pero me seguía llamando. Y a Alex, un día volvió a hablar con mi mamá, y después volvió a coger sus cosas y ya no lo ví más. Desde entonces en casa sólo estamos mamá, Kaï, y yo.
- ¿Kaï?
- Sí, el gato. Ahora entiendo porque no estáis juntos, Arantxa.- la inspectora no pudo contener la risa.- ¿De verdad tienes novia?
- No, nada serio.- respondió el subinspector mordiéndose la lengua.
- No me extraña. ¿Hemos terminado ya?
- Sí, guapo. Gracias por tu colaboración. Ahora Sergi te va a hacer un chocolate si te apetece.
- No, gracias. Ahora voy a ir con mi mamá a un Starbucks. Me voy a pedir uno con caramelo y nata.
Los dos agentes se levantaron y acompañaron al niño con el psicólogo para que fuera informado debidamente de lo ocurrido con su padre.
- Pobrecito. Tan pequeño.
- Apenas lo veía y cada vez le llamaba menos. Lo superará pronto pero con la ayuda adecuada.
- Te ha dicho las cosas con sinceridad.- le dijo para picarle.
- ¿Qué te decía de los niños? Por cierto. ¿Por qué le has dicho que tenía novia y no le has dado tu verdadero motivo?- la inspectora enrojeció, ni ella misma sabía con claridad que sentía hacia su compañero.
- Es muy pequeño para entenderlo.- se limitó a decir. Ante la intensa mirada azul de Sergi que le acosaba añadió - A ti sólo te interesa el sexo y no buscas nada serio. Y yo no quiero eso. Además, somos compañeros, no quiero mezclar vida emocional con laboral.
- ¿Estás admitiendo que al menos te gusto?- preguntó inclinando levemente la cabeza hacia su hombro derecho.- Además, también he tenido relaciones serias. Aunque no lo creas tengo sentimientos e incluso me he enamorado.
- Yo no he dicho eso. Para mí eres solamente un buen amigo, y no quisiera que eso cambiara.- no quería seguir hablando del tema.
- Está bien.- dijo el subinspector encogiéndose de hombros, dándose por satisfecho. Arantxa suspiró aliviada.
Aproximadamente media hora después terminaron la entrevista a Rosa Valdivia. Arantxa y Sergi estuvieron observando el resto de la entrevista desde la sala que había tras los “espejos” de las salas de interrogatorios uno y dos. No había aportado apenas nada nuevo para ellos. Había dicho que se había divorciado de Augusto por sus problemas con la bebida hacía ya dos años. Tiempo durante el cuál había estado saliendo con Alejandro “Alex” Montes. Terminaron a causa de una pelea entre Augusto y Alex, según la víctima, Montes tenía un pasado siniestro y no lo quería cerca de su ex mujer y mucho menos de su hijo. Dijo además que incluso llegó a mandarle anónimos con mensajes como: “Aléjate de ellos, enfermo.” o “Rosa, si quieres sobrevivir coge al niño y vete lejos”. Al parecer este último mensaje lo habían tomado como una amenaza y habían estado cerca de denunciar a la policía. Es más, desde entonces, el niño permaneció totalmente incomunicado de su padre.
Eran ya las doce cuando Rosa Valdivia y su hijo abandonaron la comisaría. María Vélez, la psiquiatra que había atendido al crío, dijo que estaba en un estado de shock post-traumático y que pese a su relativa tranquilidad al abandonar comisaría y al recibir la noticia, estallaría en unos días, cuando lo asimilara realmente. Necesitaría meses de terapia, pero gracias al factor de la separación en los últimos meses y de su corta edad podría superarlo sin problemas y sin muchas secuelas futuras.
Castillo reunió junto a la pizarra de pruebas, a todos los agentes del caso.
- Como ya saben, sus compañeros, los agentes Coll y García, han sido amenazados de muerte indirectamente. Así que ruego la máxima colaboración para atrapar al asesino, reuniéndo el mayor número de pruebas y trabajando las horas necesarias. ¿Entendido?.- recibió un sí señor de una veintena de voces al unísono.
- Rafael,-dijo Carmen.- visto la declaración de Rosa, creo conveniente entrevistar a Alex Montes cuanto antes, está demasiado implicado y si esperamos puede darse a la fuga.
- Tal y como ordenó Castillo, estamos vigilando sus movimientos. Sigue yendo al trabajo con normalidad y no ha sacado una cantidad importante de dinero del banco. Pero aún así, estoy de acuerdo con Berenguer.- dijo el veterano subinspector Padilla.
- Sí, opino lo mismo. Castañeda, contacte con el señor Montes a través de los datos proporcionados por la señora Valdivia. Si no lo consigue, hable con Orona o acudan a su domicilio.- Adolfo Castañeda y Martina Domínguez asintieron y se pusieron manos a la obra.
- Castillo,- intervino Sergi, apoyado en una de las mesas cercanas al corro junto a la pizarra.- tengo una idea. Arantxa dijo algo bastante inteligente esta mañana, y que al principio no le presté atención.- la inspectora, en primera fila junto a Carmen, se volvió hacia su compañero.- Si el asesino quiere jugar, juguemos. Ella y yo acudiremos esta tarde a las cinco al callejón en el que ha narrado nuestras muertes en el blog. El cazador se convertirá en cazado.
- Es una buena idea, prepararemos los tejados y viviendas cercanos con GEOs y francotiradores. Tres parejas de agentes de paisano merodearan las calles cercanas. Necesitamos movernos cuanto antes.
- Rafael, eso le espantaría, no es tonto. Estamos probablemente ante un asesino múltiple y dado a que usa la misma técnica, puede que uno en serie. Creo que lo mejor será que vayamos solos.- dijo la inspectora, conociendo el modus operandi del subinspector. Se levantó un murmullo generalizado.
- Ustedes dos están locos. Son demasiado jóvenes para apreciar la magnitud del problema. No es una novela ni un juego de niños. Es un asesino que ha pasado desapercibido tras asesinar al capitán de un barco de la Armada y ha conseguido entrar en un edificio ajeno y acabar con la vida del técnico sin que ningún vecino recuerde haber abierto a ningún extraño.- exclamó Padilla escandalizado. Su compañero, Carlos Mendía, entregó los informes del caso Oporto al comisario.
- “El capitán de fragata, Javier Oporto, de cuarenta y un años, fue hallado muerto el quince de abril del dos mil doce, en la bodega de la fragata Álvaro de Bazán. Se examinó a todo el rol del barco. Desde el teniente o los guardia marinas pasando por el médico hasta los electricistas. Ninguno llevaba un arma de ese calibre. Las cámaras de seguridad no hallaron nada concluyente y esto originó leyendas sobre el misterioso asesinato y que las declaraciones variaran conforme pasaban los meses. El caso queda abierto por falta de pruebas y por una alta probabilidad de que el asesino se hubiera lanzado al mar tras finalizar su misión pues se encontró un pedazo de camisa enganchado de un cabrestante, junto al pasamanos. Cabe la posibilidad de que viajara de polizón antes de realizar su cometido, oculto en la bodega cuando fue sorprendido por el capitán. Aunque por ahora son meras conjeturas. Inspector Guillermo Mazán. Comisaría de Cádiz. Veintitrés de Julio del dos mil doce.” - leyó Castillo.
- Aún no tenemos la certeza de que fuera el actor de ese crimen, ya que quizás es una técnica para despistar. De todos modos no debéis ir solos.
- Confíe en nosotros. Todo saldrá bien. Prometemos que si en un plazo de cuarenta y cinco minutos no aparece nos iremos de ahí. Y no estaremos solos en ningún momento tras ésto.- dijo Sergi.
- De acuerdo.- aceptó Castillo.- Llevarán de todas formas su arma cargada y el chaleco. Si han de disparar porque se ven en peligro no lo duden.- ambos asintieron.- Bien, son casi las dos. Cada uno a su puesto. Y recuerden, no me gusta llevar traje y corbata negra.- hubo quien no entendió el chiste.
Sergi y Arantxa salieron con todo preparado en el coche a las tres. Comieron con un nudo en el estómago, en un bar de pintxos cercano al dichoso callejón. Sergi invitó pese a la negativa inicial de su compañera.
- Si vamos a morir en aproximadamente una hora déjame invitar a mí.- dijo sonriendo.
- No hagas chistes con eso.- sujetó la mano del subinspector que sacaba un billete de la cartera.- Te he dicho que no me invites.
- Te voy a invitar quieras o no quieras. Suéltame anda.- Arantxa cedió a los profundos ojos azules de Coll.
Una vez pagó la cuenta, salieron de la tasca y se prepararon en el coche. Eran las cuatro y media cuando habían terminado, y las cinco menos cuarto cuando llegaron hasta el callejón. Arantxa sintió un escalofrío al percatarse de que en el Born, era muy fácil huir y esconderse. Y más aún, cometer un crimen sin ser visto. Por eso era la zona preferida de chulos, putas y camellos.
Dieron las cinco. Nada. A las cinco y siete el maullido de un gato retumbó por el estrecho callejón haciendo estremecerse a ambos. Sergi se acercó hasta Arantxa y la abrazó, justo cuando pasaron tres niños corriendo tras un balón, lo que les daba la seguridad de que no serían atacados en ese momento. Ella lo abrazó fuerte. Nunca había sentido tal miedo, aunque había estado en situaciones más peligrosas. Pensó otra vez en la regla, aunque ya le estaba acabando.
- No tengas miedo, no voy a dejar que te ocurra nada. Que me debes una comida, ya sabes que soy catalán.- consiguió hacerla reír.
- Ayer te invité a merendar.- replicó en broma, separándose de sus brazos y volviendo a adoptar una posición en guardia.
- Eso fue una disculpa. No cuenta.
Un avión de papel cruzó entre los dos. Coll miró a ambos lados, pistola en mano, mientras su compañera abría el avión. Éste contenía un mensaje: “Cuando el ratón se creyó capaz de engañar al gato...”
- ¡Sergi, cuidado!- el joven policía pudo esquivar a tiempo una botella que una figura encapuchada le tiró desde una esquina. Era un cóctel monotov.
Ambos agentes salieron en persecución del encapuchado al grito de “¡Policía, no se mueva!”. Era muy ágil. Cuando parecía que ya lo tenían se encontraron en medio de una calle abarrotada. Lo habían perdido.
- ¡Mierda!.- dijo Sergi, jadeando.
Una mano agarró a la inspectora del hombro.
- ¿La inspectora Arantxa?.- dijo la voz. Instintivamente Sergi se abalanzó sobre ese hombre, lanzándolo contra la pared con los ojos llenos de ira, agarrándolo por el cuello de la camisa.
- ¿Qué coño haces?- gritó intentando soltarse.
- ¡Sergi, para! Es mi padre.- dijo Arantxa. El rostro del subinspector cambió por completo. Soltó al padre de su compañera y la miró a los ojos. Tras ella había otra señora, que intuyó era su madre, dado el parecido físico.
- ¡Maldición! Mil disculpas, señor.- Sergi se percató que ese hombre casi de su altura, de intensos ojos verdes como su hija, rondaría los cincuenta y tantos. Era delgado y el tenía el pelo entre negro y canoso, además de unas pronunciadas entradas.
Ahora eran los ojos del padre de la inspectora los que estaban inyectados en sangre.
- Papá, él es el subinspector Sergi Coll, mi compañero. No lo juzgues, acabamos de hacer una misión bastante peligrosa. Lo ha hecho por defenderme.
- Siento conocerle así, pero como ha dicho su hija acabamos de estar en una situación peliaguda.- le tendió la mano derecha. Unos eternos segundos después, le estrechó la mano con fuerza.
- Germán García, encantado. Espero que sigas defendiendo con ese ímpetu a mi hija. Ella es mi mujer.- Sergi no sabía si tenderle la mano o darle dos besos.
- Arantxa Antolín, mucho gusto. Nuestra hija nos ha hablado muy bien de ti.- viendo es estado de confusión de Sergi añadió.- Dame dos besos, anda.
- Mamá, ¿Qué hacéis aquí? ¿Has vuelto a ITA?.- preguntó la inspectora con cara de preocupación.
- No, hemos venido a ver la conferencia de psiquiatría de tu hermano, es mañana. ¿No te acuerdas?- la cara de inspectora lo dijo todo.- lo suponía.
- De todas formas me viene fatal.- los walkies sonaron. Tan solo se habían equipado con arma y walkie para no llama mucho la atención con el chaleco. Sus padres no se habían dado cuenta, pero en ese momento la madre de Arantxa le levantó el ala de su americana azul marino y vio la pistola. Sergi contestó a la llamada a sus espaldas.
- Aquí agente 7464, sospechoso a la fuga en Vía Laietana, junto al Born. Portaba una sudadera negra lisa y un pantalón del mismo color. No ha mostrado armas de fuego pero ha atacado con un cóctel monotov.- hubo una contestación por el walkie.- No, no hay heridos. Mi compañera, la agente 0899 se encuentra perfectamente.
- ¿Cuando ha sido eso?- preguntó Germán.
- Justo cuando lo hemos perdido de vista has aparecido tú, dándonos un susto de muerte. Bueno, ya, susto el que te ha dado él.
Coll guardó el walkie y se abrochó los dos botones de su americana color marrón. Ocultando el arma y el walkie. Tan solo quedaban levemente a la vista la placa y las esposas, que las llevaba en el cinturón. Ahora hablaba por teléfono.
- ¿Qué planes tienes para esta noche?- preguntó su madre.- Si quieres puedes venirte a cenar con nosotros.
- Castillo dice que no estemos solos en ningún momento así que obedece a tus padres.- dijo Sergi apartando el móvil de su oreja y tapando el micrófono.
- ¿Y tú? Ni se te pase por la cabeza que te voy a dejar solo. Te conozco demasiado bien y no quiero que te pongas en peligro.
- Si quieres, veniros los dos con nosotros.- dijo Germán a regañadientes.
- Creo que va a ser mucho lío. Llamaré a Carmen y a algunos amigos para cenar juntos. De todas formas ya mañana nos veremos.- dijo Arantxa. No quería forzar una cena incómoda para todos.
Se despidió de sus padres y Sergi hizo otro tanto. El padre de la inspectora le agarró la mano fuerte y le sostuvo la mirada intimidantemente, Sergi apretó aún más y fingió una sonrisa, cuando en realidad estaba fulminándolo con la mirada. Parecían estar marcando territorio.

Volvieron al coche. Ya eran las seis y cuarto, por lo que decidieron ir a merendar a algún sitio junto al puerto.
- ¿Irás a lo de tu hermano?
- No sé. No tengo vestido, ni acompañante, ni ganas...
- Te vendría bien despejarte un poco. Últimamente estás algo tensa. Lo del acompañante no hay problema. Y el vestido tampoco, estás en la ciudad condal.
- ¿Ah sí? Dime a alguien a quien a última hora pueda preguntarle si tiene un esmoquin y si le gustaría venir conmigo a la gala benéfica en la que participa mi hermano... Espera, ¿tú? ¿No te importa? No, ni hablar, no quiero ponerte en compromiso.
- Mis padres van, y yo lo tenía pensado, pero luego no me animé. Pero si tu vas, puedes ser mi acompañante, al fin y al cabo estamos juntos todo el día. Tengo un esmoquin que me hicieron a medida, espero haber mantenido la forma.
- Entonces pediré cita en la peluquería y me miraré algún vestido. Ya tenemos planes para esta tarde.- brindó su café con Sergi.
- Promete ser una velada encantadora. Pruébate éste, pruébate aquel, corre a esa tienda que cierran...- dijo en tono burlón.
Pagaron sus cafés y se dirigieron al Paralell, a una tienda de vestidos muy prestigiosa. Al entrar les atendió una señorita.
- Buscábamos un vestido para una gala benéfica. Es para ella.- se adelantó Sergi.
- ¿Algún color en especial?
- A ser posible algún azul marino, bourdeos o verde oscuro.- volvió a hablar por ella. La señorita asintió y marchó a buscar unas prendas que encajaran con la descripción.
- Sé hablar, que conste.- replicó Arantxa algo molesta.
La dependienta regresó con dos vestidos, uno largo, azul marino adornado con pedrería que se enganchaba al cuello, y otro corto rojo bourdeos, plisado desde su final, que quedaría a la altura de la rodilla, y, que desde la cintura estaba cubierto por una tela de encaje del mismo color hasta llegar al pecho. Tenía la espalda descubierta.
- Creo que esta es su talla, le acompaño al probador. ¿Qué número de pie tiene?
- Normalmente uso un cuarenta.- contestó.
Entró al probador acompañada por la señorita. Sergi esperó sentado en un sillón.
- Cuando esté lista o si necesita ayuda, llámeme. En seguida le traigo sus zapatos.
Una vez la dependienta salió del gran probador, miró el precio de los vestidos. Valían un ojo de la cara. El largo rozaba los seiscientos y el corto, los trescientos. Decidió que lo mejor sería probárselos y decir que más adelante pasaría o que se lo tenía que pensar. Empezó por el bourdeos, le había gustado mucho. Se descalzó, se desabrochó la camisa celeste y se quitó el vaquero, y con mucho cuidado se puso la carísima prenda. No tuvo problema para abrocharse la cremallera. Una vez hubo terminado, descalza asomó la cabeza por la cortina del cambiador. Le había convencido bastante el vestido, parecía hecho a medida, y gracias a sus extrañas mangas, no se le veía el sujetador.
- ¿Está lista?- preguntó la joven dependienta a la que Sergi no le había quitado el ojo de encima. La inspectora asintió y ella le dió unos preciosos zapatos de tacón de exactamente el mismo color del vestido. Se los puso y comprobó que no le hacían daño. Volvió a contemplar su imagen en el espejo, le convencía demasiado.
Sergi, esperaba en el sillón blanco con la chaqueta y el bolso de la inspectora y con cara de cansancio. Pero cuando la vio salir, silbó involuntariamente. Se le quedó la boca abierta.
- ¿Por qué no vienes todos los días a trabajar así? Madre mía.- dijo boquiabierto.
Aprovechando esto, la inspectora se acercó sensualmente hasta él y, empujó con suavidad su barbilla hacia arriba.
- Cierra la boca que se te cae la baba.- se sentó a su lado, en otro sillón, cruzando las piernas.- Lo mejor es el precio, si que te vas a quedar boquiabierto. Trescientos quince euros. Y no te digo los zapatos.
- Yo te lo pago.- Arantxa se rió, luego se dio cuenta de que hablaba en serio.
- Ni lo sueñes. Si quiero me lo puedo permitir. Estaba ahorrando para comprarme un móvil nuevo y creo que me sobra un poco de dinero.
- Te lo vas a comprar ¿no? Ponte tu ropa y vamos a pagar, no vaya a ser que cambies de opinión. Cómo lo dejes luego te vas a arrepentir y ya no estará. Ponte de pie.- ella obedeció.- Da una vuelta despacio... así. Si es que ni hecho a medida.
- Vale está bien, tu ganas.- cedió finalmente.- Voy a cambiarme.
Con cuidado volvió a ponerse su ropa y devolvió el vestido azul a la señorita. Sergi le devolvió su americana y su bolso y la acompañó hasta la caja.
- ¿Sabía usted que este vestido tiene un veinte por ciento de descuento si además adquiere otro producto de precio superior a cuarenta y cinco euros?
- ¿Cuánto valen estos zapatos?- preguntó entregando los zapatos a juego que se había probado, la mujer tras el mostrador los pasó por caja.
- Cincuenta y dos con noventa.- dijo para sorpresa de Arantxa que se los esperaba rozando la centena.- Vienen con una pequeña tara aquí.- señaló una costura hecha en hilo de otro color pero que apenas se notaba.- Si quiere le podemos enseñar otro par.- fulminó a la joven asistenta que les había atendido por no informarla de nada.
- No, así está bien.
- Serían trescientos cuatro con noventa.- dijo. La inspectora pagó con su tarjeta. Mientras le guardaron el vestido en una bolsa especial y le dieron la caja de zapatos en otra de tela. Sergi cogió todo esto para que su compañera no llevara peso.
Llegaron hasta el coche y dejaron las cosas. Por el camino, Arantxa ,llamó para pedir cita a su peluquera habitual, que era muy amiga suya y tenía su establecimiento cerca de su casa. Una vez en el coche, él le preguntó:
- ¿Qué planes tienes para esta noche? No quiero que estés sola.
- A ti no hace falta que te diga que estés acompañado porque ya veo las miraditas que intercambiabas con la dependienta. Y no, no te preocupes. Quedaré con mis amigas.- Sergi dio una fuerte carcajada.
- Menudo concepto tienes de mí. No soy un picaflor.- Arantxa le miró con ironía.- Bueno, un poco, pero entre chica y chica descanso, además que no me duran solo una noche.
- No hace falta que me des detalles de tu vida sexual.
- Bueno, ya lo sabes. ¿Y por qué no vamos de tapeo tu y yo? Conozco un sitio muy bueno. Si quieres luego podemos salir con los demás.
- ¿Cenar tú y yo solos? Estando con el Christian Grey de Barcelona no me da buena espina.- bromeó.
- Sabes que no intentaría contigo nada que tu no quisieras.- dijo haciéndola sonrojar.- Conozco un sitio bueno y barato, que bastante dinero te has gastado ya. Si quieres te invito.
- Gracias, pero puedo permitírmelo aún. ¿Dónde dices que está ese sitio?
Fueron a cenar a un bar de pintxos de la Diagonal. Era un lugar de aire de principios del siglo XX. La barra del bar y las sillas de hierro parecían de otra época, pero la presentación con un toque minimalista de los pintxos contrastaba perfectamente. Comieron de pie, casi al fin de la barra, junto a un gran póster que anunciaba un concurso gastronómico en el que participaba el bar y que rezaba: “¡Pida el pintxo estrella y vote!” acompañado de una foto de éste, que consistía en queso de cabra, membrillo y nuez coronado con una gota de mermelada de tomate raf. Decidieron probarlo.
- Tu hermano Germán estudió medicina, pero ¿en qué se especializó? ¿psiquiatría o neurología?
- Neuropsiquiatría. Es de los mejores de su promoción. Alguien de los dos tenía que ser el orgullo de mis padres.- dijo con cierta tristeza.
- No digas eso. Eres una chica brillante, yo estoy orgulloso de ti y seguro que tus padres y hermano también.
- Entre mi hermano y yo es diferente. No hemos competido nunca por ver quién llegaba más alto, siempre nos animamos y yo le admiro mucho. Pero mis padres siempre han valorado más, con motivo, a él. Ha llegado a estar rodeado de médicos de las altas esferas desde que entró a la universidad, que le han sabido guiar y abrir puertas. Míralo, con apenas veintiocho años va a dar una conferencia importantísima en la Ciudad Condal.- bebió un trago de la caña.
- No es el que la preside, es tan sólo un colaborador.- dijo enseñándole un folleto que sacó del bolsillo interior de su americana.- Además, ¿y tú? Eres inspectora de policía con veinticinco años y ya has resuelto varios asesinatos con una maestría innata.
- Sabes que sin tu ayuda no lo hubiera conseguido. Además, tú tienes más mérito. Eres subinspector a tus veintisiete habiendo empezado desde cero, yo tan solo me presenté a la escala ejecutiva y la aprobé.
- Te tienes en muy baja estima. Hay muy pocas plazas para inspector y tu la sacaste a la primera eso es brillante. Yo, en cambio, llevo casi siete años siendo policía. Hice la carrera de finanzas y ni si quiera hice el máster pese a la insistencia de mi padre.- pidió otras dos cervezas al camarero con un gesto.- Me gusta invertir en bolsa, pero ésta es mi verdadera vocación y amo demasiado los pequeños placeres de la vida como para desperdiciar mi existencia trabajando de sol a sol para aumentar una fortuna ajena y cuyo beneficio no podré aprovechar. Se que mi elección no les gustó, pero tuvieron que respetarla.
- Mis padres siempre han apoyado a Germán desde que dijo que quería ser. Sin embargo, desde que yo dejé clara mi vocación no han hecho nada más que desmotivarme con cada cosa que hacía. Pero, bueno, como todo el mundo. Eso me hizo luchar aún más por mis metas.- levantó la cerveza.- Un brindis por el apoyo incondicional de nuestros progenitores.
Sergi sonrió alzando la suya y brindando.
- Cambiando el tema, estoy impaciente por entrevistar a Montes. ¿Escuchaste al crío? Trabajó con la Armada. Podría ser nuestro hombre.- dijo la inspectora.
- Lo que no me cuadra es el joven que nos ha atacado hoy. Tenía pinta de tener unos dicisiete años aproximadamente, podría ser un mandado ya que no encaja con el perfil del asesino, demasiado joven. ¿pero qué le habrá ofrecido a cambio?
- Ni idea, Manuel contactará con algún local cercano a donde estábamos para ver las grabaciones de seguridad.
- Espero que la juez no tarde mucho en dar la orden.- suspiró. El camarero trajo la cuenta y cada uno pagó lo suyo. Les salió a cinco euros por cabeza.
El teléfono de Arantxa sonó. Era Carmen.
- ¿Dónde estáis? Nosotros estamos en el O'Connell´s.
- Estamos saliendo de La Tasca, en la Diagonal. Vamos para allá.- colgó, saliendo del restaurante.
En menos de veinte minutos llegaron al pub irlandés donde solían quedar los viernes por la noche o cuando resolvían un caso. Era pequeño y de madera, adornado con motivos irlandeses. En el centro, una mesa de billar iluminada y en las paredes dos dianas. Había varias mesas de madera en la esquina de la ventana, donde había en aquel momento algunos estudiantes y otro grupo de amigos. Carmen, Andrés y los demás esperaban junto a la mesa de billar, cerveza, cóctel o whisky en mano. Coll pidió un beefeater y ella un cóctel irlandés especialidad de la casa. Jugaron varias partidas al billar y la inspectora, ganaba aquella noche a todos.
- Me apuesto lo que quieras a que te gano.- le dijo su compañero, algo animado por la bebida.
- Trato hecho.- le estrechó la mano. Colocaron las bolas en el triángulo.- ¿Rompes tú?
- Las damas primero.- acompañó sus palabras extendiendo la mano señalando el tapete y retrocediendo un paso hacia atrás. La inspectora tendió su americana a Carmen.
Arantxa rompió metiendo en las troneras superior derecha e izquierda dos bolas rayadas simultáneamente. Observó el resto de bolas y apuntó a la bola doce, que tras hacer una carambola metiendo a la bola nueve por el camino por poco no entró en la tronera.
- ¿Con que esas tenemos eh?.- Sergi, frunciendo el ceño, se concentró en la bola tres, que con un fuerte estruendo quedó en su lugar girando sobre si misma, pero que impulsó a las bolas siete y seis hasta la tronera. Sonrió orgulloso a su compañera. Sus amigos observaban atentos la batalla. Sin ángulo de tiro, el subinspector hizo una carambola que metió a la dos, y en el siguiente tiro se encargó de dejar a la bola blanca en un punto imposible para la inspectora de rematar la jugada que había dejado a medias.
- Cabrón...-maculló. Sergi se remangó la mangas de su camisa blanca. Ella se desabrochó un botón del cuello y se subió ligeramente las mangas. Dio una vuelta alrededor de la mesa y finalmente golpeo la bola blanca. Ésta sacó a la bola cuatro de la posición peligrosa junto a la tronera y dejó vía libre a la bola quince, previamente golpeada, pero que avanzaba más lento, girando de forma extraña, hasta finalmente colarse.
- Eso es potra y lo demás es tontería.- dijo Fernando, otro de los mejores amigos del subinspector.
- Pues bien que te ha ganado, no seas fantasma.- replicó Sergi para picarle.- Bueno, Arantxa, es hora de ponerse serios. No voy a permitir que me ganes, nunca me habías dicho que jugaras tan bien.
- Tuve un buen maestro, eso es todo.- contestó, con gesto pensativo.- Y una mesa de billar en casa de mis padres.- hacía un calor increíble en el local. Se desabrochó otro botón asegurándose de que no se le veía nada. Se sentó sobre el borde de la mesa, y, picando la bola sentenció a la bola diez.- ¿Contras o iguales?
- Contras.- contestó mordiéndose la lengua.
Se acercó hasta ella y agarrándola de la cadera, desde atrás, la ayudó a bajarse de la mesa. Ella sintió su electrizante tacto, quería despistarla pues sabía que ella tenía cierta debilidad hacia él. “Si quieres jugar, jugaremos” -pensó. Volvió a apuntar, ésta vez, se agachó excesivamente, dejando entrever su pecho. Notó la mirada de Sergi, pero la ignoró. La bola blanca colocó a la catorce muy cerca de entrar.
Ahora era el turno del subinspector, que se deshizo de las bolas uno, cinco y cuatro en apenas tres jugadas, tras ésto la miró con expresión feroz. Arantxa consiguió meter por fin la doce y como golpeó con tanta fuerza, la bola blanca rebotó y cruzó todo el tapete hasta meter la última bola rayada.
- ¿Contras decías?- dijo preparándose para tirar. Si lo hacía bien podría ganar con aquel tiro. Era difícil, pero no imposible.
- ¡Esperad!- dijo Carmen.- Descanso, como Arantxa va a ganarte, necesitamos negociar con ella las condiciones de tu derrota.
- No vendáis la piel del oso antes de cazarla.- dijo Sergi sonriendo maquiavélicamente.
La inspectora se acercó hasta Carmen y sus amigas.
- Propongo que te limpie el coche. Tiene que se digno de ver a modo 'camiseta mojada'.- dijo Sofía, entre risas.
- O que te invite a desayunar una semana entera.- dijo María.
- Bueno, no tienes porque decidirlo precipitadamente, piénsalo. Ahora ánimo.- sus amigas e desearon también suerte. Cuando se disponía a volver a la mesa Carmen la paró.- Espera, Arantxa, ¿qué estáis haciendo?
- Jugar al billar.
- Sabes que no me refiero a eso. Te quiere llevar a la cama, y tú le estás siguiendo el juego. Ten cuidado, tú le conoces y sabes como juega con las mujeres.
- No le voy a dejar, no quiero que me utilice, ya te lo he dicho. No te preocupes más por mi.
Volvió al juego y Sergi, viendo la duda de su compañera ante la jugada se acercó por detrás, abrazándola para guiar su posición y obligado a situar sus glúteos contra su cadera.
- Así.- le dijo al oído. Arantxa falló el tiro a drede.
- ¡Qué pena! Casi lo tenía.- lo separó de ella al incorporarse.- No me gusta que me dejen ganar.- le susurró. Sergi contuvo la risa, pero no pudo evitar una sonrisa.
Metió la bola que le restaba y falló a posta el siguiente turno.
Arantxa tampoco la quiso meter, pese a que sabía como hacerlo.
- Tengo curiosidad por saber que conseguirás al ganar.- le dijo en voz baja. Sergi sonrió diabólicamente y con una increíble técnica finalizó la partida introduciendo la negra en el agujero contrario al que había introducido la última bola, con un tremendo golpe. Hubo un vitoreo de sus amigos y estuvieron bromeando todos un rato. Eran casi las una de la noche.
- Y bien, ¿cuál es el castigo que le impones?- preguntó Andrés.
- Tengo que pensarlo, ya se lo haré saber mañana por la mañana. Bien jugado.- estrecharon la mano, retándose con la mirada.- Ahora, si me disculpáis mañana tengo un interrogatorio importante y tengo que estar fresco.
- Tienes razón, yo también tengo que irme. ¿Me llevas hasta mi coche?- él asintió.
Se despidieron de todos y salieron del bar. Ahora estaban solos y un poco contentos por el alcohol. Hacía fresco, comparado con la temperatura del pub. La inspectora se abrochó la americana.
- ¿Quién fue tu maestro?- pregunto rompiendo el hielo.- En el billar, antes has dicho que tuviste un buen maestro.
- Un novio que tuve...- Sergi notó el tono preocupado.- Era británico, John Crowe, fue profesor mío cuando estuve de Erasmus. Tranquilo, era tan sólo cinco años mayor.
- ¿Puedo preguntarte por qué lo dejásteis?
- Teníamos vidas muy diferentes, a pesar de que vino el año siguiente a trabajar a España a mi universidad, él era inglés, yo española, y ambos teníamos unos sueños que no queríamos abandonar, así que decidimos de mutuo acuerdo que lo mejor sería no llegar lejos en nuestra relación porque no queríamos que ninguno de los dos dejara sus metas a un lado.
- ¿Cuándo fue eso?
- Hace diez meses. Él fue mi maestro en muchos sentidos, me enseñó a jugar al billar americano, al inglés, estadística obviamente, y a dejar de ser una niña.- sonrió amargamente.
- Él fue tu primer amor.- dijo con aspecto dolido.
- Sí, pero eso queda ya en el pasado. Ahora no me interesa ningún tipo de relación sentimental, siempre me ha resultado muy difícil enamorarme y más aún confiar en un hombre.
- Yo puedo ayudarte a cambiar eso.- abrió el coche con el mando. A continuación le abrió la puerta del acompañante.- Si me dejas.
Mantuvieron la mirada. Sergi la acorraló contra el coche. La inspectora solo quería dejarse llevar por la pasión y despertarse desnuda en su cama, pero no quería ser una más de su lista, un objeto sexual del que se aburriría a las dos noches. Se metió en el coche aprovechando que la puerta estaba abierta. Él rio desconcertado y subió al asiento del conductor. Puso la radio para romper el silencio, sonaba “Title” de Meghan Trainor.
Llegaron hasta el coche de Arantxa en comisaría. Sergi abrió el maletero y sacó el vestido y los zapatos. Ella mientras abrió el suyo. Dio un grito que sonó por todo el parking. Sergi rápidamente soltó las bolsas y desenfundó su arma.
- ¡Arantxa! ¿Estás bien?- corrió hasta donde estaba la inspectora, sorteando la columna que obstaculizaba su ángulo de visión.
- Sí, tienes que ver esto.- en el maletero de la inspectora había una foto de ellos dos saliendo de la tienda de vestidos, otra de La Tasca y otra a la entrada del pub. Éstas tenían sus caras tachadas en tinta roja, y un mensaje que decía: “No os metáis donde no os llaman. No llaméis a los técnicos, no soy tan imbécil como para dejar pruebas. En el apartado de correos del papel adjunto podréis encontrar un informe que os ayudará a salvar vuestras almas. Es una advertencia.”
- Definitivamente hoy no te quedas sola en casa. Vendrás conmigo digas lo que digas.
- Fíjate, ésto está escrito por un zurdo. ¿Ves ese borrón de tinta? Sí ha dejado pruebas. Ha tratado de hacer una letra diferente con la mano con la que escribe por lo que debe ser muy inepto con la mano derecha.
- Ahora no es momento. Deja los papeles y cierra el maletero, vamos a mi casa.
- Espera.- cogió de la guantera la foto dedicada del subinspector.- Ahora.
Volvieron a subir en el BMW de Sergi.
- No exageres, no creo que sea necesario.- el subinspector no contestó y cogió el camino hasta su casa.-¡Sergi! Aunque sea déjame coger algo de ropa y mi neceser.
- Si vamos a tu casa no querrás venir conmigo.
- Normal, estás actuando de manera paranoide. Te ordeno que des la vuelta.
- ¡No! Han sido capaces de abrir tu coche, que está en el parking de comisaría y de perseguirnos toda la tarde sin que nos demos cuenta. No voy a dejarte correr más riesgos, digas lo que digas.- exclamó con tonalidad enfadada.- Por la ropa no te preocupes, te dejaré algo mío para dormir. Como sabes tengo habitación y baño de invitados, toallas limpias y mañana sábado pasaremos antes del interrogatorio por tu casa para que te pongas ropa limpia.
- Está bien.- cedió la inspectora sorprendida por su compañero.
Sergi paró en una farmacia.
- ¿Necesitas algo? ¿Compresas o tampones?
- No, ya he acabado con la regla, gracias, de todas formas siempre llevo de repuesto en el bolso. Lo que si te agradecería eternamente es que me compraras un cepillo de dientes.
- Está bien, ¿algo más?- ella negó con la cabeza. A su compañero le caracterizaba la ausencia de tapujos. En apenas dos minutos Sergi regresó con la bolsita de la farmacia.- No me pagues nada.- dijo al ver que ella sacaba algunas monedas.
Arantxa decidió no rechistar más durante el trayecto.

Sergi abrió la puerta, le dio a su compañera las bolsas y entró pistola en mano, pidiéndole que se quedara en la puerta. Unos minutos después, una vez hubo comprobado que estaba todo despejado la hizo pasar.
- Estás volviéndote un esquizofrénico.
Con cara de enfado cogió las bolsas que le había dado y la condujo hasta la habitación de invitados. Dejó la bolsa del vestido y los zapatos sobre la cama, sacó el cepillo de dientes de la bolsa de la farmacia y se lo dio en la mano.
- ¿No vas a pedirme que duerma contigo, no vaya que me secuestren mientras duermo?- preguntó ella sarcásticamente.
- No me des ideas. Como te pase algo no me lo perdonaría, estaré despierto toda la noche.
- Ni de broma, llevas mucho sin dormir. Si quieres defenderme te necesito al cien por cien de tus fuerzas. No soy una princesa a la que tengas que rescatar pero agradezco tu preocupación y protección.
- No hay nada que agradecer, espíritu libre.- añadió sonriendo.- Ahora te traigo una muda.
Arantxa abrió el armario y colgó el vestido nuevo y su americana. Dejó la caja de los zapatos en el fondo del armario. La luz se apagó. Al volver a incorporarse, cuando se disponía a llamar a Sergi, notó una presencia detrás suya que le cogió de la cintura. Instintivamente hizo una llave de las que le habían enseñado en la academia, pero para su sorpresa la silueta supo pararla, atrapándola contra sí.
- Soy yo, tranquila.- reconoció la voz, era él.- Se ha ido la luz y te había agarrado para que no te dieras al levantarte a oscuras.
Sus ojos, más acostumbrados ahora a la falta de luz, se encontraron con los de su compañero, que seguía abrazándola.
- ¿Son los plomos?- preguntó. Sergi miró por la ventana. Las luces de los edificios contiguos estaban en su mayoría apagadas debido a la hora, pero había algunas que si estaban encendidas.
- Las farolas están encendidas, aunque van por un sistema diferente, los demás edificios tienen luz así que o es éste piso o han saltado los plomos. No me da buena espina.- Arantxa se llevó la mano hasta la reglamentaria, cuando su compañero la soltó, y se puso delante de ella pistola en mano.-Quédate aquí. Voy a ver los plomos del pasillo y a comprobar la puerta. No saltan así porque sí y yo no he enchufado nada. Si no funciona tendré que bajar hasta el sistema central.
- Ni lo sueñes, voy contigo.- Avanzaron hasta la cajeta. La inspectora enfocó con la linterna del móvil y para su alivio comprobaron que un diferencial estaba hacia abajo. Al subirlo volvió la corriente eléctrica. El subinspector corroboró que la puerta estaba cerrada, pero para su sorpresa la llave no estaba echada al completo, tan sólo tenía una vuelta y el juraría haberle dado las tres.
- Definitivamente duermes conmigo.
- Puede que no la hayas cerrado bien, es muy tarde y ha sido un día estresante. Pero no te voy a decir que no. Me estoy comenzando a asustar.
- Te he dejado sobre la cama una camiseta de licra blanca, una sudadera por si te da frío y para que elijas dos pantalones. Uno es de pijama que seguramente te venga grande y largo, y el otro es de deporte corto, con elástico. Está todo limpio. Hay pasta de dientes sin empezar en el armario del cuarto de baño.
- Me imagino que está limpia, gracias. Me cambio y me lavo los dientes mientras te pones tu pijama.
La inspectora se puso la camiseta de Sergi, le quedaba un poco grande pero al ser de licra no le daba frío. Aún así se puso la sudadera color mostaza que le estaba larga de mangas y ancha. Parecía que se había puesto la ropa de un jugador de fútbol americano. Pensó que su compañero era un hombre bastante alto y fuerte. Eligió el pantalón corto azul marino. Se fijó en que tenía el mismo emblema que la sudadera cuando se miró al espejo: Equipo de Rugby Universidad de Barcelona. “Casi” pensó.
- ¿Qué número eras?- preguntó, tocando a la puerta que estaba abierta. Su compañero, abriendo la cama con el pijama ya puesto.
- El trece.- dijo sonriendo.
- Cuando jugaba al baloncesto elegí el trece.- dijo la inspectora ayudándolo.- Casi nunca me sacaban, sólo sirvo para tirar tiros libres y hacer asistencias.
- Eso no es verdad, yo te he visto jugar y no se te da mal. A mi si me sacaban, porque se me daba bien placar a los rivales. Liberaba mi rabia.
Arantxa se quedó quieta, esperando a que Sergi eligiera su lado de la cama.
- Me da igual, escoge tú.- dijo al darse cuenta de la situación.- Nunca duermo acompañado. Hace años que no tengo una novia formal con la que me quede toda la noche.
La inspectora, indecisa, eligió finalmente el lado derecho de la cama que para ella, desde dentro, era el izquierdo. Se acomodó lo más próxima al borde de la cama posible. Las palabras de Carmen sobre su compañero sonaban en su cabeza, aunque pensó que ya había pasado algo más de una hora y muchos acontecimientos desde que terminaron su provocativa partida.
Coll se tumbó al otro lado, pero algo más centrado.
- Te vas a caer. Prometo no morderte si te acercas un poco más.- dijo tumbado de lado, mirándola, consciente de que le resultaba incómodo.
- Bueno si tú lo dices te creeré.- contestó riendo. Se acercó un poco más a él.- Buenas noches y gracias por todo. Aunque te diga todo lo que te digo te estoy muy agradecida.
- No hay de que. ¿Recuerdas tu derrota en el billar?- ella asintió.- Gané yo, por tanto tienes que hacer lo que te pida.
- ¿Qué me vas a pedir?- preguntó tragando saliva.
- Quiero que me prepares uno de los famosos ajetes que te enseñó a hacer tu abuela.
- ¿Sólo eso?- preguntó sorprendida.- Me parece bien. ¿Cuándo?
- ¿Tienes planes para el domingo? Si quieres puedes prepararlo aquí y luego tocamos la guitarra o vemos la película que me recomendaste.
- En principio no tengo nada que hacer, ya lo hablaremos. Descansa.
Se acomodó de lado, de espaldas a su compañero. Él se quedó también de lado, mirándola. Ella se dio cuenta pero lo ignoró.
- No puedo dormir.- dijo tras quince minutos. La verdad es que ella tampoco podía.
- Sergi, son las dos, inténtalo.
- Se me ha pasado el sueño. No me apetece dormir precisamente.
- A mi también, ha sido un día cargado de emociones y tensión.- añadió volviéndose hacia él como si no hubiera pillado la indirecta.
- Podríamos descargar esa tensión de alguna manera.- se insinuó.
- Necesitas descansar, te he dicho que te necesito al cien por cien. En todos los sentidos.- se incorporó para quitarse la sudadera. Él le pasó la mano por la espalda, haciéndole sentir un escalofrío. Sin previo aviso, ella se puso encima suya, de rodillas sobre su pelvis.- ¿Es esto lo que quieres? ¿follarme y luego actuar como si nada hubiera pasado? No, gracias. Ahora duérmete o no volveré a compartir cama contigo.
El subinspector aún estaba incrédulo.
- ¡Qué carácter!- musitó. Ella volvió a su posición, con gesto de enfado.- Perdóname, ha sido un día agotador y de lo más confuso. No me lo tengas en cuenta.
- No pasa nada, he podido darte una impresión equivocada.
- No me des la espalda, por favor, parece que estés enfadada.- ella cambió su postura, poniéndose boca abajo ,mirándole.- Gracias.- dijo, en la misma posición que ella pero en espejo. La besó en la frente.- Bona nit.
- Buenas noches, subinspector Coll.

El iPhone de Sergi sonó, despertándolos. Él alargó la mano hasta su mesita sin incorporarse, miró el nombre del contacto y colgó, volviendo a dejarlo sobre la mesita. Ella, aún en adormilada se dió cuenta de que estaba apoyada sobre el pecho de su compañero. Hizo ademán de alejarse.
- Tss, no te levantes. Aún es temprano, son las seis y media.
- ¿Quién era?.- preguntó, cambiando de postura, separándose de él.
- Número desconocido.- Sergi recortó la distancia.
Se volvieron a dormir.
A las ocho y veinte la inspectora se despertó alarmada. Se acordó donde estaba cuando, frente al espejo vio a Sergi cambiándose de camiseta. Definitivamente no tenía tapujos. Se puso un polo blanco de manga corta. “Esto está mal, no debería mirarle mientras se cambia.” pensó. “Aunque, es él el que ha decidido vestirse aquí.” Afortunadamente ya se había cambiado de pantalones antes de que ella se despertara, allí o en otro lugar, lo desconocía. Una vez hubo terminado se incorporó, esperando no estar muy despeinada.
- Buenos días, Sergi.- dijo, acercándose sigilosa por detrás. Él dio un respingo.
- Buenas.- disimuló.- ¿Has dormido bien? Ahora preparo algo para desayunar.
- ¿Qué planes tenemos? ¿A que hora es la entrevista?
- A las once, hay tiempo todavía, cuando quieras pasamos por tu casa.
- Necesito ducharme.
- Ya te dije que podías usar mi ducha, tanto la del baño de invitados como la de mi habitación, no me importa.
- No quiero abusar de tu confianza.- pensar en ducharse en la misma ducha en la que Sergi se lavaba le resultaba algo erótico, pero inmediatamente se le pasó la idea de que tal vez se hubiera duchado con alguna de sus conquistas y esa sensación se convirtió en un molesto pinchazo en el estómago.- Lo haré en mi casa. Por cierto, me llevo la ropa que me has dejado y te la devuelvo ya lavada, ¿vale?
- No hace falta, solo has dormido una noche con ella, la sudadera no la has llevado ni media hora. Para hacer deporte me la puedo poner. Si quieres te la dejo por si quieres pasar otra noche conmigo, y con ropa.- musitó casi inteligiblemente, pero ella lo escuchó, aunque haciéndose la sueca. No sabía que le pasaba últimamente con su compañero, tal vez se estaba enamorando o estaba confundiendo la extraña amistad que tenían. Pensó que pese a su lucha interna, si seguía así conseguiría llevársela a la cama.
Fueron hasta el salón- comedor, que se separaba de la cocina tan solo por una barra. El diseño de la casa era algo minimalista a la vez que clásico. En el salón, había un piano acústico de pared y a su lado, en su expositor, la guitarra Gretsch Nashville naranja. Tenía una smart TV, que quedaba separada de los dos sofás biplaza de diseño rococó verdoso (cosa que Sergi odiaba) por una mesita. Tras el respaldo de este sillón había un espacio de unos dos metros y medio hasta la barra de la cocina, con dos taburetes en el lado del salón. Junto a la puerta del pasillo y junto a los instrumentos estaba la mesa del comedor, de la misma madera de los muebles y la pequeña biblioteca abarrotada de libros que estaba contra la pared, cerca de la puerta de entrada. A su derecha había dos pequeños sillones del mismo diseño rococó, una mesita y una lámpara. Era un apartamento bastante amplio, ya que además contaba con dos baños y tres dormitorios, uno de ellos utilizado como despacho.
Sergi preparó café y mientras la inspectora fue a vestirse. Al coger el móvil se percató de que no tenía batería. Esperaba que no le hubiera llamado nadie. Entonces se acordó de la llamada de número desconocido de aquella mañana.
- ¡Sergi!- lo llamó. Fue hasta la mesa del comedor donde su compañero terminaba de servir los cafés y las tostadas que había preparado.- ¿Puedes decirme el número desconocido que ha llamado esta mañana? Sospecho que sea mi padre, porque mi teléfono estaba apagado.- se sentaron a la mesa.
- Sí, búscalo tu misma. Mi contraseña es mi fecha de nacimiento.- introdujo el código y corroboró sus sospechas.
- Es mi padre, debería llamarlo, si ha marcado tan temprano debe ser algo importante. Me pidieron tu número por si alguna emergencia.- se excusó.
- Mierda, tu padre me odia y como sepa que has pasado la noche conmigo va a matarme, aunque no haya pasado nada entre nosotros.- dio un sorbo al café humeante.
- No te odia, sólo que no os habéis conocido de la manera más apropiada. ¿Me dejas llamar?- su compañero asintió. Ella se levantó de la silla, para ir a otra habitación pero él la detuvo.
- No me molestas, quédate y así puedo hacerme a la idea de si llevar chaleco a la conferencia bajo el esmoquin.- ella sonrió, aguantando la risa, con el teléfono en la oreja.
- ¿Sí?- contestó la voz de su padre.
- Papá, soy yo, Arantxa. ¿Ha pasado algo?
- Eso me gustaría saber a mí. Tu teléfono apagado, no contestabas al fijo de la casa, estábamos preocupados.
- Lo siento, no tenía batería. Decidme, ¿qué ha ocurrido?
- Tu madre se ha preocupado por una noticia que ha ocurrido esta noche. No sé si lo sabrás pero han abatido a dos agentes esta madrugada en el barrio gótico. Una inspectora herida en el hombro y su compañero leve ya que le ha rozado una bala la pierna solamente.
- ¿Cómo? ¿Eran nacionales? ¿Han dicho brigada o comisaría?
- Sí, nacionales, pero solo han dicho que están en el Universitario de Barcelona ingresados. ¿Dónde estás? Tu madre quiere verte.
- Ahora no estoy en comisaría, iré hacia las once ya que tengo un interrogatorio. Tengo una mañana ajetreada. Pásamela.
- No hasta que me aclares que te traes con ese. No me gusta nada. Sé que habéis pasado la noche juntos. Tu móvil sin batería, que no contestaras al de tu casa, que estemos hablando desde el suyo, y que escuche perfectamente como desayunáis y no en una cafetería.- Sergi, que escuchó esto se atragantó con el café.
- Estás sacando conclusiones precipitadas. Sólo somos compañeros y sí, muy buenos amigos, pero nada más. Tienes razón, he pasado la noche en su casa, pero no en el sentido que tu piensas. Os dije que estamos llevando un caso complicado, y anoche pasaron... ciertos acontecimientos que propiciaron que, por seguridad de los dos, era mejor que estuviéramos bajo el mismo techo. Y aunque así lo fuera, ya soy mayor para hacer lo que quiera. Más tarde llamo a mamá. Buenos días.- colgó malhumorada.
Estaba roja como un tomate, en parte por la ira, pero mayoritariamente por lo vergonzosa de la situación. Dejó el móvil sobre la mesa y se llevó las manos a la cara.
- No te preocupes, mi padre es igual con mi hermana. Lleva un año con un amigo de la universidad, y cuando mi padre no lo sabía aún se creía que estaba con su mejor amigo, que es gay, pero en aquel momento solo lo sabía mi hermana y sus amigos más cercanos.
- El problema es que tu no eres gay, y no cuela que lo seas. Da igual, qué importa ya.
- ¿Puedo hacerte una pregunta muy personal?- ella, arqueó una ceja, pero finalmente asintió.- ¿Llevas sin follar desde que lo dejaste con tu novio?
- ¿Qué? ¡No! John fue el primero, pero no el único. Yo también tengo mis ligues, Sergi, y si quiero puedo llevarme a un hombre a la cama.
- Luego me criticas a mí.
- Lo tuyo es distinto, suelo conocer a mis parejas sexuales antes de acostarme con ellos, y además, ellos saben lo que busco y buscan lo mismo. Tú engañas a las mujeres, y cuando te cansas buscas otra flor que picar. ¿Algo más que quieras saber de mi vida sexual? ¿Postura? La flor de loto.
- ¿En serio?- abrió mucho sus ojos azules.
- No, ¿crees que te lo diría? Tendrías que averiguarlo.- enseguida se dio cuenta del doble sentido de la frase.- como investigador que eres.-Él dio una carcajada.
- ¿Sabes? Dicen que la biblia te enseña a amar al prójimo, pero que es el kamasutra el que te dice como hacerlo, así que como hombre práctico solo compraría el segundo.
- Sí, te gusta la práctica en demasiados sentidos y no tanto la teoría. Como los informes, éste te toca a ti.- apuró el desayuno. Ahora, si no te importa, recogemos y me acompañas a casa.
Sergi asintió levantándose de la mesa y retirando ambos platos. Ella retiró las tazas. En menos de cinco minutos recogieron y fregaron, hacían muy buen equipo para todo.

No tardó mucho en ducharse y arreglarse, así que aprovechó ara colocar su vestido y encontrarle un lugar a la foto dedicada de su compañero. Bajó, veinte minutos después de que su compañero la dejara en el portal. Él la esperaba aparcado junto a la puerta, fumando.
- Espero que no te hayas fumado más de dos, dijo señalando las colillas que había en el suelo, cerca de él.
- No son mías, éste es el primero de la mañana, te lo prometo. He aprovechado para hacer unas llamadas.- abrió la puerta del acompañante, junto a la cuál estaba apoyado.- Sube.
Hizo lo que le pedía. Él enseguida subió en el asiento del conductor.
- Lo primero que tenemos que hacer es revisar que la nota del asesino siga en tu maletero y hablarlo con Castillo esté o no todavía. Por cierto, pasaré a recogerte para la conferencia de tu hermano sobre las siete y media esta tarde.
- Creo que deberíamos seguirle el juego, e ir al apartado de correos indicado. Debemos adelantarnos a sus pasos.
- Por eso mismo, él espera que como es normal en nosotros vayamos lo antes posible ante esa nueva pista, pero no lo vamos a hacer. Iremos esta tarde.
- Podría haber pistas que inculpen a Montes.- insistió.- No tenemos otra prueba fuerte contra él.
- Dijiste que si quería jugar jugaríamos, pues bien, vamos a jugar a nuestro juego, ignorando sus provocaciones. No vamos a ir, al menos esta mañana a la dirección. Vamos a ignorarla.- Arantxa se quedó pensativa.- Bueno, inspectora, al fin y al cabo tu mandas. ¿Qué opinas?
- Que eres brillante. Estoy de acuerdo.
Llegaron a comisaría. Comprobaron que el coche de la inspectora continuaba sin más cambios respecto al día anterior y subieron hasta la segunda planta, donde trabajaban.
Eran las nueve y media, el sospechoso llegaría a las diez y media aunque el interrogatorio no empezaría hasta las once. Decidieron preguntarle a Manuel por los resultados de la grabación de la cámara que había en el callejón donde se encontraron el móvil y la cartera de la víctima.
- Coll, Arantxa, venid a ver esto.- dijo Carmen nada más verlos acercarse.- ¿Era éste el chico que os atacó en el Born?
Se acercaron hasta la pantalla del Mac de Manuel, en la cual se proyectaba un vídeo en el que se veía a un joven encapuchado, abriendo el contenedor y metiendo en él los objetos que encontraron pertenecientes a la víctima.
- ¿Está fichado?- preguntó Sergi, apoyándose en la mesa, rozando el brazo de su compañera. Ella pudo aspirar su embriagador perfume Ralph Lauren.
- No, pero el que si lo está es vuestro sospechoso.- dijo Daniel a sus espaldas entregándole a la inspectora el expediente.
- Alejandro Montes Ruíz, detenido por tenencia ilícita de armas y oposición a la justicia. Resultado del juicio, en libertad tras pagar una fianza de tres mil euros.- leyó
- Más claro el agua, es el culpable. Sólo nos queda hallar el móvil del crimen que sigue sin estar claro y la relación con el encapuchado.
- No saques conclusiones precipitadas, Dani.- dijo Sergi.- Yo también tengo esa corazonada pero no queremos encarcelar a un inocente. Por ahora céntrate en averiguar quién es. Lo quiero para esta tarde sin falta.
- Pero, Sergi, es muy difícil que lo consigamos en tan poco tiempo.
- No me importa, buscad por las vestimentas, los rasgos, preguntad a quien haga falta. ¿Oído, oficial?
- Sí, subinspector.- contestó volviendo con su compañero.
Arantxa notó que su compañero estaba raro, quizá algo obsesionado con el caso, y más desde que recibieron la amenaza. La hiperprotegía pese a que ella dijera no necesitarlo. Pensó en que si aquella noche el culpable no estaba en el calabozo, él la obligaría a que durmiera ora vez en su cama y sintió un escalofrío ya que no sabía si aguantaría esa presión que el ejercía sobre ella mucho más tiempo.
- ¿Qué pasa si esta noche no hemos atrapado al culpable?.- se atrevió a preguntar.
- Lo mismo que esta noche. Dormirás conmigo.- dijo con seguridad.
- ¿En la misma cama?
- Me quedo más tranquilo, sí. No pasa nada porque compartamos el lecho, ya lo has visto. No hay nada malo en ello.
- Ya. Por cierto, ¿ sabes si han conseguido las grabaciones de la cámara de los comercios colindantes al callejón?
- La cámara pertenece a una ferretería que ahora está cerrada. Sufrieron tres robos el año pasado y por eso instalaron la cámara. El dueño nos ha dicho que contactará con la empresa de seguridad por si puede conseguir algunas grabaciones pero que canceló el servicio hace dos semanas, por eso aún la tiene instalada.- dijo Rodrigo, acercándose al oír la pregunta de la inspectora. Esperaba que no hubiera oído más parte de la conversación.- Es difícil que consigamos algo más esta mañana. Esas cosas tardan un tiempo y sin la presión que ejerce una orden judicial...
- ¿Y sobre el registro de la casa de Alex Montes?- preguntó Sergi.
- Hasta que no tengáis la entrevista será mejor no actuar. Castillo lo prefiere así, será mejor que intentéis sacarle toda la información que podáis sin dejarle tiempo para pensar. Queda algo más de media hora para que llegue.
Nunca se preparaban a fondo los interrogatorios, sino que improvisaban, cosa que se les daba bastante bien, pero acordaron centrarse primeramente en su coartada y su relacción con la víctima antes de profundizar en su pasado con la Armada y el asesinato del capitán Oporto.
Según lo previsto el sospechosos llegó a comisaría cerca de las diez y media. Rellenó el papeleo burocrático habitual y entró en la sala de interrogatorios a las menos cuarto.
- Recuerda que dividiremos el interrogatorio en dos rondas. Primero será relajado, como si no supiéramos nada más que el asesinato y la existencia de la página web. Nada de Oporto ni del encapuchado. Con esto se confiará y procederemos a una segunda parte donde le atacaremos sin tiempo para pensar.- le recordó Coll, antes de dirigirse a la sala de interrogatorios número dos.
Entraron con una puntualidad británica cuando el reloj del iPhone de la inspectora cambiaba a marcar las once en punto. Bloqueó el móvil y lo guardó en el bolsillo interior de su americana. Se sentó frente a Montes y a la izquierda de su compañero. Alejandro Montes era un tipo joven de complexión media, más bien delgado y de un metro ochenta de altura aproximadamente. Su pelo era negro, rizado y más bien corto. Los ojos almendrados y de cejas finas y marcadas. Ahora fruncía el ceño.
- Señor Montes, yo soy la inspectora Arantxa García y él es mi compañero, el subinspector Sergi Coll.- se presentó terminando de abrir la carpeta y tendiéndole la mano. Aunque tardó en reaccionar, mostrándose distante, al final le apretó la mano y después al subinspector.- Como sabrá estamos aquí por la muerte de su compañero de trabajo, Augusto Marañón, que murió asesinado mientras arreglaba un ascensor.
- ¿De qué se me acusa? ¿Por qué me han metido en la sala de interrogatorios?- preguntó con cierto nerviosismo quizá fingido.
- Tranquilícese, no se le acusa de nada.
- No soy un criminal para estar aquí.- añadió.
- Su expediente policial dice lo contrario.- dijo Coll.- Tenencia ilícita de armas y oposición a la justicia.
- Salí absuelto
- Tras pagar una fianza. Si no colaboras con nosotros para encontrar al asesino, no te servirá ese truco.- amenazó sutilmente.
- Dinos, ¿Por qué peleasteis exactamente? Rosa y el pequeño nos han dicho que tuvisteis un enfrentamiento.
- Él estaba obsesionando, no quería verme con su ex mujer y estaba haciendo cosas muy raras para que ella me dejara. Llegó incluso a amenazarme y a llamarme asesino. No me quería cerca de su familia, ni mucho menos de su hijo, Carlos.
- La sra Valdivia nos contó algo sobre eso. También comentó que Augusto escarbaba en su pasado continuamente. ¿Qué descubrió exactamente que le asustaba tanto?- inquirió la inspectora.
- Es eso de la tenencia de armas. Mata a un perro y te llaman mataperros... Ese arma no era mía, fue un malentendido, por eso opuse resistencia. El tipo con el que compartía piso se marchó sin avisar y la dejó allí. La policía vino al día siguiente y me detuvieron a mí. Yo no sabía nada, trabajaba muchas horas al día, tenía dos trabajos.
- Ya, nada de nada.- murmuró Sergi.
- Empezó a buscar fantasmas de mi pasado y a causar cierta tensión en mi relación con Rosa, así que de mutuo acuerdo decidimos aparcarla por un tiempo.
- Por eso y por la pelea.
- Estaba algo bebido, y harto de sus estupideces y su paranoia, así que, cuando me gritó que me alejara de su mujer y su hijo no pude contenerme y le pegué un puñetazo, reventándole la nariz.- hizo una mueca.- Rosa me echó entonces de la casa, pero tras hablarlo, me perdonó y me pidió algo de tiempo. Pero aunque le pegara, yo sería incapaz de matarle, motivos no me faltaban para odiarle pero no hasta ese extremo. Había recaído en la bebida y se estaba volviendo loco.
- Entonces, ¿conoce a alguien que tuviera también roces con él?- preguntó Arantxa, sin terminar de creerle
- No era muy amigable pero no se me ocurre nadie.- dijo pensativo. O fingía muy bien o no era el culpable. No hacía ningún gesto que lo delatara.
- No te dejes engañar.- le susurró al oído Sergi poniéndose de pie. Tenían una telepatía que no era natural. Ella también se puso de pie.
- Está bien, muchas gracias. Volvemos en cinco minutos, si quieres agua o algo para beber ahora te lo traerán.
Salieron a la salita del café. Sergi cerró la puerta a sus espaldas.
- Esa historia no se la cree nadie. Es verdad que es lo que testificó, pero ni el juez lo creyó. Adivina el calibre del arma.
- Cuarenta y cinco milímetros.
- Premio para la señorita. Recuerda que ahora viene la ronda de ataque, ¿preparada?- le tendió su café. Ella asintió. Sergi cogió una pelota de goma roja, que guardaba en su cajón antes de entrar. Ante la cara de su compañera añadió.- Espera y verás.
Entraron, Arantxa la primera, tomando asiento con el café en mano y él detrás sosteniendo su taza con la mano derecha y juguetenado con la pelota con la otra mano. De repente la lanzó hacia Montes que la cogió con la mano izquierda.
- ¿Juegas como pitcher?- preguntó.- En tu coartada, dijiste que estabas jugando al béisbol, a media noche y entre semana.
- Ya sé que no es muy creíble, pero es lo que pasó, si quieren preguntarle a los chicos. Emilio Medina Sánchez puede decírselo.- Sergi hizo un gesto al cristal. Rodrigo, desde el otro lado, corrió a comprobarlo.
- ¿Qué hay de tu pasado como electricista en la fragata Álvarez de Bazán? Carlos nos lo dijo.- Arantxa había dicho el nombre de la fragata, cosa que realmente no había nombrado el niño.
- Trabajé sólo unos meses en esa fragata.
- Hasta el asesinato del capitán Oporto, ¿cierto?- dijo Sergi
- Con una calibre cuarenta y cinco, como por la que le detuvieron.- añadió ella.
- No conozco a ningún capitán Oporto, puede que no coincidiésemos durante el tiempo en el que trabajé. ¿Qué están insinuando?
- Murió hace dos años, tiempo desde el cuál llevas trabajando para Orona. ¿Mucha coincidencia, no, Sergi?
- Y nosotros no creemos en las coincidencias.- sonrió ladeando la cabeza, de forma siniestra.
- ¿Es por ese maldito blog que escribía? Estaba obsesionado, buscaba los tres pies al gato.
- No encontramos su usuario en los lectores de la página.- señaló la inspectora
- Entré con el de Rosa, se defendió.
- Rosa no leyó ese capítulo.- continúo.
- ¡Basta! Quiero un abogado si van a seguir con esas insinuaciones, no tienen motivos para retenerme aquí.
- Sí que lo tenemos, a ti y a tu pequeño cómplice. Está cantando en la sala de al lado.
- Eso es imposible.- rió.- No tengo ningún cómplice.- sonrió con superioridad. Sí lo tenía y estaba muy seguro de que no cantaría, ¿por qué?- Porque yo no maté a Augusto, y el caso Oporto no les corresponde. Así que si no tienen una orden para retenerme me retiro.
- Procure quedarse en la ciudad. Si es inocente no tiene motivos para huir.- dijo el subinspector.
El sospechoso abandonó la sala, acompañado por los agentes.
Una vez se hubo marchado, decidieron volver a investigar lo hallado en el maletero de la inspectora.
- Es zurdo, ha tenido que ser él, podemos comparar su letra con la de los papeles que ha firmado,
- Pudo falsificar la letra o incluso cambiarse de mano el bolígrafo.- dijo cogiendo un post-it que había en su mesa, de Rodrigo, y dándoselo a su compañero mientras cogía las llaves del coche. Él leyó: “Emilio M.S. ha corroborado la coartada. Jugaban con el equipo Helldogs, que también confirman su asistencia.”- No es nuestro hombre, Sergi. No lo mató.
- No puede ser, es él, maldita sea. Mira sus gestos y su comportamiento, el arma, su pasado, todo.- dijo incrédulo.
- Puede que matara a Oporto, pero como ha dicho no es nuestro caso. El menos dos, por favor.- dijo al agente que estaba cerca de los botones del anscensor.
- Tal vez encargara el trabajo. Estaba muy seguro de que su cómplice no hablaría así que o es muy bueno o está muerto.
- Sólo podemos averiguarlo yendo a la dirección que hallamos en el papel.- salieron del anscensor, en el que ya estaban sólos y avanzaron hasta el Mazda de la inspectora tras comprobar que el parking estuviera desierto. Abrieron el maletero y encontraron lo mismo que la noche anterior.
- Gran Vía de les Corts Catalans, 214. Apartado número cuarenta y cinco.- leyó Sergi, metió la llave adjunta al bolsillo de su pantalón.- Será mejor que hasta que no descubramos que hay no toquemos el resto de fotos.
- No quiero que esto se quede para siempre en mi coche.- hizo una mueca.
Ella se puso al volante, y Sergi, en el asiento del acompañante encendió la radio. Sonaba Don't de Ed Sheeran. Se alegraba de que fuera el único hombre de confianza que nunca le hubiera dicho nada de su forma de conducir. Con su padre se ponía histérica y su hermano seguía el mismo camino de su padre. Sin embargo, Coll nunca le decía nada al respecto, ni ella a él cuando él conducía.
Llegaron a su destino, y aparcaron en un parking público que había a pocas manzanas. El apartado de correos, se encontraba juto a una farmacia veinticuatro horas y frente aun kiosko, por lo que, entre el panel luminoso de la primera y el toldo y las estanterías móviles del segundo, no lo vieron hasta estar frente a él. El subinspector abrió la puerta y le cedió el paso.
- Gracias.- dijo entrando.
- Bon día.- saludó una mujer de mediana edad tras un pequeño mostrador
- Buenos días, ¿el apartado cuarenta y cinco?- preguntó Coll.
- Por aquí. ¿Podría decirme a que nombre está, es por motivos de seguridad?
- Emilio Medina Sanchez.- probó. La mujer introdujo el nombre en su ordenador.
- Es correcto. ¿Tienen su llave?.- García asintió.- Acompáñenme.
Les condujo por un largo pasillo lleno de cajas a los lados hasta llegar a una sala, presidida por un cartel que rezaba: Apartados 31-45. Introdujo una llave en una de las dos cerraduras de ese apartado
- Nosotros funcionamos de forma parecida a las cajas de seguridad, que ya no existen en España. Les dejo solos, cuando se marchen solo tienen que avisarme.
Abandonó la sala, Sergi la miró buscando su aprobación e introdujo la llave en la cerradura roja. Se escuchó un click y la puerta se abrió. Sacaron del bolsillo un par de guantes de látex y se los pusieron para no dejar huellas. Dentro había tan solo una caja de cartón del tamaño de un ordenador. La abrieron con sumo cuidado y encontraron un maletín negro con un emblema de lo que parecía un perro en color rojo, que tenía contraseña.
- Déjame a mí.- dijo la inspectora, que puso el número de cinco cifras 51421. El maletín se abrió.
- ¿Cómo lo has sabido?- preguntó asombrado.
- Asignando números a las iniciales del supuesto dueño de la caja.- dijo quitándole importancia aunque sonriendo orgullosa internamente.
Quitaron una tela de terciopelo rojo que cubría el contenido, hallando para su sorpresa una pistola calibre cuarenta y cinco y una carta. Se miraron y procedieron a abrirla, afortunadamente ya estaba abierta. “Haz tu trabajo” decía y aportaba una foto de la víctima.
- Esta prueba es de vital importancia para el caso, ¿pero por qué querría el mismo Montes darnos esa pista?- dijo Sergi, extrañado
- Tal vez no fue él. Recuerda que dijo que no tenía ningún cómplice y que rió cuando le dijimos que estaba hablando en la sala de al lado. Mira,- señaló el mismo emblema rojo al final de la carta y en el sobre, igual que el del exterior del maletín.- parece obra de una organización, y él pertenece a ella. ¿Recuerdas el nombre del equipo? Helldogs.
- Lo que quiere decir que alguien se fue de la lengua, que quería ayudarnos. Debemos llevarnos todo esto y entregarlo en comisaría. Espero que no nos hayan seguido.
- Como le hayan hecho algo a mi coche te vas a enterar. Vamos.
Recogieron el maletín y cerraron con su llave el apartado.
- No la llames.-dijo cogiéndola del brazo.- Nos hará firmar papeles para sacar la caja. Corre ahora que está en otro almacén.
Salieron rápidamente de la tienda y corrieron sintiendo la adrenalina como dos niños que roban un caramelo en una tienda de chucherías. Llegaron hasta el coche, que esperaba intacto y comprobaron el maletero. Estaba tal y como lo dejaron así que pusieron en la parte de atrás del coche el maletín y arrancaron dirección comisaría. Eran casi las dos de la tarde.
Llegaron, encontrando la comisaría semivacía. Por suerte aún estaba Castillo.
- ¡Comisario!- llamó Sergi.- Tenemos algo muy importante.
- Seguro que puede esperar, es mi hora de comer.- dijo poniéndose la chaqueta.
- No comisario, ya ha esperado bastante, acompáñenos.- añadió la inspectora. Con un poco de mala gana hizo lo que le pedían. Arantxa abrió el maletero mostrando las fotos y la carta.
- ¿Qué demonios? Cuando les dije que no pasaran la noche solos me referería a que estuvieran con más gente.- dijo algo enfadado.
- Así lo hicimos, pero no todo el tiempo pues nos dijo que siguiéramos nuestra vida normal.
- Y pasaron la noche los dos juntos, no sabía que fueran pareja.
- No, no lo somos, pero era mejor que fuéramos dos bajo el mismo techo, después de ver esto.- ante el gesto de Rafael, Sergi añadió.- Sí, lo descubrimos anoche.
Le tendieron el papel e inmediatamente la caja.
- Allí encontramos esto. Será mejor que lo abramos en su despacho.- recogieron todo y lo metieron en bolsas de pruebas, subiendo al despacho del comisario. Le mostraron el arma y le explicaron su teoría. El comisario les riñó por no haber avisado a los técnicos al momento aunque admitió que había merecido la pena que todo pasara por desapercibido y que Montes no supiera nada.
Guardaron todo en la sala de pruebas, a buen recaudo y, tras ser aconsejados por Castillo sobre que no investigaran más hasta el día siguiente, marcharon a comer. Eran las tres y media.
Comieron en El Guindilla, muy cerca de la playa de la Barceloneta. En aquella época del año la gran mayoría de los turistas ya se habían ido por lo que la zona estaba bastante tranquila.
Pidieron una caña y dos tapas cada uno, pues ya no estaban de servicio y el día era apacible.
- ¿Que quieres hacer ahora? ¿Damos un paseo por la playa o tienes ya con la peluquera?
- Sergi,- dijo cogiéndole la mano.- Pasamos demasiado tiempo juntos.
- ¿Y qué? Los dos estamos solteros y sin compromiso, somos buenos amigos y compañeros de trabajo. No hay nada malo en ello.- Sergi le acarició los nudillos.
- Hasta el comisario ha pensado que eramos pareja.- retiró la mano.
- Entiendo, no quieres que te vean conmigo.- frunció el ceño.
- No quiero que piensen que somos pareja si no lo somos. Recuerda que asuntos internos separaron a esos dos agentes que eran pareja. Ahora él trabaja en Asturias.
- Dos cosas. Primero, cometieron una negligencia máxima cuando se les escapó un sospechoso por estar haciendo otras cosas. Segundo, si fuera amor verdadero él no hubiera aceptado el cargo en Asturias. Yo hubiera abandonado el Cuerpo.- la miró fijamente a los ojos, intimidándola.
- A mi no me hubiera gustado que lo hiciera, aunque tampoco me hubiera liado con él de servicio mientras se escapaba el culpable.- le mantuvo la mirada.
- Yo no haría eso.- no apartó sus ojos del color del mediterráneo de los de ella.
- ¿Qué estás insinuando?- el camarero los interrumpió trayéndoles la vuelta y unos chupitos de la casa.
- Para la chica de maravillosos ojos color verde oliva.- dijo siviéndole su chupito de hierbas, haciéndola enrojecer. La ira podía leerse en la cara del subinspector.- Y para su acompañante.
El camarero era alto, de ojos también claros y rubio como Sergi, aunque el pelo algo más corto y escaso. Coll iba a decirle alguna palabra grosera o a romperle la nariz si ella no hacía nada así que le agarró las dos manos con firmeza a la vez que con dulzura. Cuando por fin el camarero se fue añadió.
- Lo hace con todas, ya he venido aquí antes. Es como los top manta de las ramblas. Dicen piropos para vender.
- Sólo quiero protegerte.- dijo con total sinceridad.
- ¿De algo que tu también haces?- le salió solo, se arrepintió al momento de decirlo.
- ¿Vamos?- soltó sus manos y se puso de pie.- Te acompaño al coche.
Ella lo siguió, no quería haberle echo enfadar, es más, prefería dar el paseo con él.
- ¡Coll!- le llamó sin éxito. Iba a unos pasos por delante de ella, con el ceño fruncido.- ¡Sergi! Por el amor de dios, no seas crío, lo siento. Daremos ese maldito paseo si quieres.- consiguió alcanzarlo. Él paró en seco para mirarla.
- No, ya no me apetece, te acompaño hasta tu coche, si no te molesta, claro.- dijo sarcásticamente.
- ¿Por qué haces esto?- le acarició la mejilla. Sostuvieron la mirada un rato. Él la besó en la frente.
- Perdóname.- se limitó a contestar. Y se separó de ella.
En ese momento, la inspectora se dio cuenta de que le quería, hubiera deseado que la besara en los labios no en la frente, pero sabía que él también estaba confuso. Finalmente si dieron ese paseo por la playa de la Barceloneta, semidesierta comparada a como estaba en verano. Estuvieron caminando algo más de una hora, hasta que ella tuvo que ir a su cita en la peluquería a las cinco y media.
Volvió a casa hacia las seis, se duchó rápidamente sin mojarse el pelo, se maquilló y se puso el vestido y los zapatos con mucho cuidado. Eran las seis y media y ya estaba lista, así que se sentó a esperar a que él llegara en su sillón de piel marrón, pensando en todo lo acontecido en los últimos días entre su compañero y ella.
El portero sonó exactamente a las siete menos cuarto. “¿Cómo puede ser tan puntual este hombre?” pensó. Contestó al interfono:
- ¿Sí?
- ¿Está lista la señorita?- preguntó. Estaba de mejor humor, pues el paseo le había relajado.
- En seguida bajo, caballero.- contestó. Estaba algo nerviosa ante como se comportaría con ella durante la velada, y por el enfado de su padre. En ese momento cayó en la cuenta de que no había llamado a su madre para decirle que estaba bien, pero supuso que ya lo habría hecho él..
Bajó y encontró a su compañero junto al portal, le ayudó a abrir la puerta y la miró de arriba abajo, haciendo que se ruborizara. Se le escapó un silbido.
- Usted también está muy guapo y elegante, subinspector.- dijo en respuesta. Sergi llevaba un elegante esmoquin negro, hecho a medida, camisa blanca almidonada y pajarita negra. Era perfecto para la ocasión y le daba un aspecto muy sexy.
- Estas preciosa.- consiguió titubear.- Como cambia un vestido.
- Si vinieras en traje todos los días yo también te haría más caso.- bromeó. Viendo en su cara que se lo estaba planteando añadió.- Pero son más cómodos unos vaqueros y pasan más desapercibidos.
El coche estaba aparcado no muy lejos del portal, a escasos metros. Coll le abrió la puerta del acompañante y subió luego al del conductor. Al arrancar el coche la radio se encendió sola. Estaban dando las últimas noticias sobre los agentes abatidos. Estaban fuera de peligro. Al parecer, eran agentes de de narcóticos, en una operación para destapar una redada de tráfico de cocaína y heroína.
Sergi cambió de emisora, sintonizando una cadena de música en la que sonaba Wonderful World de Sam Cooke. Siguió bajando la calle de Pau Claris, donde ella vivía hasta tomar la Vía Laietana dirección al mar. Llegar hasta el final de esta larga avenida les llevó al menos quince minutos en los que disfrutaron de la música que los acompañaba. Comenzó a sonar una canción de Aretha Franklin, (You Make Me Feel Like) A Natural Woman cuando Sergi tomó el Paseig de Joan de Borbó Comte de Barcelona. Llegaron finalmente al Hotel W a las siete y cinco. La conferencia empezaba a las siete y cuarto y los alrededores del hotel estaban abarrotados de mujeres con lujosos vestidos largos y más cortos, hombres trajeados, con corbata o pajarita, esmoquin o incluso con americanas que se estrechaban la mano o se daban dos besos de cortesía. Parecía una boda, pero era una de las conferencias más prestigiosas del año.
- Tengo miedo a este tipo de actos sociales, por eso no pensaba venir. Me siento incómoda y perdida.-dijo ella. Su compañero paró el coche junto a la puerta principal, donde estaba uno de los aparcacoches, ataviado con una chaqueta roja de botones dorados con gorrito a juego y pantalón y zapatos negros.
- A mi tampoco me suelen gustar, aunque no lo creas. No te preocupes, me tienes a mí para protegerte de toda esa masa de gente desconocida, hablándote del tema que quieras.- se desabrochó el cinturón.
Abrieron sus puertas otros dos muchachos con el mismo uniforme, tendiéndole la mano a ella para ayudarla. Al volver a reuinirse con su compañero en la puerta del hotel contempló el BMW rojo, lo había lavado pues relucía. Entraron al hall, tan abarrotado como el exterior o más. Buscó con la mirada a sus padres o su hermano en vano. Él la cogió de la mano con fuerza para que no se perdieran entre el gentío. Atravesaron el hall y siguieron los carteles que rezaban: X Conferencia de Neuropsiquiatría Barcelona hasta llegar a la sala de conferencias, en la planta menos uno.
En la puerta de la sala, Sergi se acercó, aún sin soltarle la mano, a una pareja de edad parecida a los padres de la inspectora. En seguida reconoció los rasgos de su hijo en su padre y los ojos azul océano en su madre.
- Mamá, papá.- saludó cortésmente, sonriendo ampliamente. El señor Coll llevaba un traje gris oscuro y una corbata del mismo color decorada con puntitos blancos. Como Sergi, llevaba una camisa blanca almidonada. La sra Otegui, llevaba un vestido gris claro, liso hasta la rodilla. Se fijo en que la tela era algo brilllante. Además, portaba un bolso de mano a juego. Iban bastante elegantes y apropiados para la gala. Esperaba que sus padres fueran a la altura.- Ella es la inspectora Arantxa García, mi compañera.- la soltó finalmente, y posó la mano sobre su espalda.- Arantxa, ellos son Miguel Ángel Coll y Marta Otegui.
- Encantada.- le dio dos besos a cada uno.
- Sergi nos ha hablado mucho y muy bien de ti- dijo Marta.- Teníamos ganas de conocerte.
- Muchas gracias.- enrojeció.
- ¿Y cómo que habéis venido juntos?- preguntó Miguel Ángel.
- Su hermano, Germán García, es uno de los médicos que participan en la conferencia.- contestó Sergi.
- ¡Vaya, enhorabuena!- exclamó el sr Coll.- Bueno, chicos, disfrutad de la velada, Hijo, ya me contarás.- le guiñó un ojo. Sergi se ruborizó ligeramente.
Se despidieron y siguieron avanzando hasta la sala. La gente comenzaba a ocupar sus asientos, así que decidieron sentarse. Eran ya las siete y cuarto pero de los quinientos asistentes no habían entrado aún ni la mitad, así que la espera se prolongó entre unas cosas y otras hasta cerca de las y media.
- No veo a mis padres por ningún lado.- miró el móvil.- Tampoco me han mandado ningún mensaje. ¿Seguirán enfadados?
- A saber. Mándales tú uno diciendo que estás ya sentada. Tal vez estuvieran esperando que confirmaras que venías.- contestó Sergi, mientras usaba también su teléfono.- Hablo con mi hermana.- añadió, al suponer que ella leería el nombre de chica y pensaría que estaría hablado con algún ligue.
- ¿Cómo está?- se interesó.
- Está con vómitos y mareos desde hace una semana. El médico le hace una ecografía hoy y le da los resultados del segundo análisis que le mandó.
- Vaya...- en seguida pensó en la posibilidad del embarazo pero no se lo dijo pues su hermana no estaba casada y estaba terminando sus estudios.
- ¿Qué? ¿Ese tono?
- Nada, sólo que espero que no sea nada grave.- puso en silencio su móvil.
- Seguro que no. No te preocupes.- apagó el suyo, guardándolo en el bolsillo interior de la chaqueta.
El grado de iluminación del patio de butacas disminuyó un poco y en el escenario, el presidente de la conferencia pidió silencio e hizo una introducción. En la pantalla de detrás se leía el mimo rótulo de los carteles. La conferencia duraría dos horas y media. Su hermano, fue presentado al principio de la segunda hora. Llevaba la barba recortada y su pelo castaño oscuro y ya algo largo recogido en una pequeña coleta. Portaba lentillas y no gafas, sus ojos negros chispeaban de la emoción. Explicó un nuevo descubrimiento científico para la detección de los genes del Parkinson a edades tempranas para así poder tomar las medidas lo antes posible. Fue muy aplaudido.
- Discúlpame un momento, tengo que hacer una llamada.- dijo levantándose. Quedaba menos de un cuarto de hora para que empezaran los ruegos y preguntas.- No tardo, espérame aquí.
Veinticinco minutos después, estalló un fuerte aplauso en la platea y volvió a subir el nivel de iluminción pero Sergi no había vuelto. La gente se ponía de pie, así que decidió buscar a su hermano en la sala o a sus padres y luego esperar a Sergi en la puerta. Reconoció a Germán junto al escenario, aún con su bata de médico, saludando a su novia, Elena. Se acercó cautelósamente en cuanto ella se fue un momento.
- ¡Enhorabuena, hermanito!- dijo aunque era tres años mayor que ella.
- Al final has venido, ¿eh?- dijo abrazándola.- Papá y mamá estaban aquí ahora mismo, ¿has venido sola?
- Ha venido conmigo, Sergi Coll, encantado.- dijo apareciendo por detrás de la inspectora justo en ese momento.- Enhorabuena por tu teoría sobre el Parkinson. Aunque estudiara finanzas, estos temas me apasionan.
- Es mi compañero, el subinspector Coll, te he hablado de él.
- Bastante, sí. Encantado de conocerte por fin.- bromeó.- ¿Os quedáis al cóctel, verdad?
- Claro.- contestaron a la vez.- Nos vemos allí, entonces.- se despidió Arantxa.
Salieron de la sala y subieron hasta el jardín donde tendría lugar el cóctel.
- ¿Dónde has estado tanto rato?- se atrevió a preguntar.
- Tuve que hacer una llamada, como te dije, pero ya está solucionado. Nada grave.- cogió dos copas de champán de la bandeja del camarero que pasaba ofreciéndolo y le entregó una copa. Bebió un trago y añadió.- Freixenet.
- Gracias.- bebió también un sorbo.- Cuánta gente...
- Es fácil socializar cuando nadie se conoce, sería mejor si el tema de la entrevista fuera más de mi alcance pero, aún así, no todo el mundo tiene porque saber sobre el tema de la conferencia.- le puso la mano sobre la espalda, guiándola.- Verás.
Se acercó hasta un grupo de gente compuesto por tres parejas, de entre treinta años hasta cerca de los setenta. Charlaban animadamente sobre la misión Marte 2030. Ese tema había salido en las noticias con frecuencia así que pudieron engancharse a la conversación. Con su don natural de hacer gentes los presentó a ambos y consiguió prolongar la conversación al menos quince minutos, tras los cuales había averiguado, que el más mayor de todos, el señor Puertas, había trabajado en EEUU como físico, e incluso colaborado con la NASA en su juventud, su mujer, era puerto riqueña y tenía parkinson desde hacía un año. Las otras dos parejas eran españolas, otro hombre era bombero, pero apasionado por el espacio desde crío y su mujer neurocirujana. De la última pareja, y más joven sacó que se casaban en Marzo del año siguiente, que tenían un Labrador y un Pastor Belga, y que había ido por que el tío de Sonia, que así se llamaba la mujer, había participado como sujeto experimental en el estudio sobre el Alzehimer y su heredabilidad.
Se retiraron, cuando el quinteto de cuerda comenzó a tocar el Minueto en Mi Mayor de Luigi Boccherini, uno de los favoritos del subinspector. Una mujer de pelo largo y rubio muy claro, tocaba con maestría el violín, en el centro del quinteto. Llevaba un vestido largo color perla. Los demás músicos llevaban esmoquin blanco y pajarita negra y tampoco tocaban nada mal.
Para su sorpresa, Sergi no prestó demasiada atención a la mujer como fémina, sino como violinista.
- Son las diez y media, deberías tomar algo. Seguro que no habrás merendado.- dijo de repente.
- Deberíamos, yo creo que ambos tenemos hambre.- contestó. Él sonrió.
Cogieron varios canapés de los que ofrecían los camareros. Estaban deliciosos. El cuarteto de cuerda siguió tocando diferentes piezas clásicas durante la velada, junto al escenario, algunas parejas bailaban.
- ¿Te apetece?- preguntó Coll tendiéndole la mano.- Es el Danubio Azul.
- No se bailar, te pisaría estrepitosamente.
- No te creo, bailar un vals es muy fácil, sólo tienes que dejarte llevar, yo te guiaré.- dijo sin retirar la mano. Luego añadió.- Sería un honor que me concediera este baile inspectora.
- Está bien...- cedió, dándole finalmente la mano. Él la levó hasta la pista y, poniéndole una mano en su espalda descubierta,cosa que le hizo sentir un escalofrío, mientras ella situaba su mano opuesta en su hombro, unió su palma izquierda a la derecha de ella y empezaron a moverse al compás del vals.
- ¿Ves? Bailas muy bien.- dijo sonriendo ampliamente.
- Eso es gracias a ti, si tu no me guiaras no podría.
- Te hace falta una inyección de autoestima, eres mucho más de lo que piensas.
Mantuvieron la mirada, ojos verdes y azules. Estaba tan sumamente guapo con ese esmoquin, estaba siendo un caballero con ella. Pensó en todo lo que había pasado los últimos días, necesitaba consultarlo con Carmen, ella era su mejor amiga y sabría aconsejarla.
- Tengo curiosidad por investigar la organización en la que estaba involucrado Alex, los Helldogs.- dijo cambiando el tema.
- Castillo les ha pedido a los de bandas que investiguen. Los técnicos buscaran huellas en las pruebas que hemos aportado, pero tu y yo sabemos que no van a encontrar nada.
- Me da rabia que cuando más cerca estamos del culpable, sea fin de semana y no podamos seguir avanzando.
- Contra eso solo puedes hacer una cosa.- dijo seriamente.- Enseñarme la receta de tu abuela, mañana en mi casa como me prometiste.
- Cierto.- rió ella. El vals terminó, por lo que tuvieron que separarse, aunque él tardó en soltarla.
Salieron de la pista y fueron hasta un espacio con sillones. Eran de mimbre con cojines blancos.
Estaban todos ocupados en su mayoría, ya fuera por grupos de gente que charlaban animadamente, que descansaban un poco o incluso parejas jóvenes que buscaban algo de intimidad. La inspectora reconoció a sus padres justo cuando pasaba junto a ellos.- Sergi.- le avisó.
- Hola, hija, al final has venido.- saludó su madre sonriente.
- Y acompañada.- masculló su padre.
- Sentaos, Germán y Elena han ido a por una copa, no tardarán.
Sergi buscó la mirada de su compañera y tomaron asiento.
- ¿Habéis venido juntos?- preguntó la madre de la inspectora.
- Sí, mis padres también iban a venir, y como de todas formas pasamos todo el día trabajando juntos.- dijo Sergi.- Ha sido fascinante el estudio de su hijo, enhorabuena.
Germán y su novia llegaron justo entonces. Las dos parejas se saludaron y se presentaron. Arantxa ya conocía a Elena, algo más bajita que ella, delgada y de intensos ojos color avellana. Era guapísima y encantadora. Llevaba un vestido verde menta de corte asiático que le llegaba por el tobillo. Su hermano, ya no llevaba la bata así que pudo observar con claridad su traje gris marengo, camisa celeste y corbata oscura a juego. Se presentaron Sergi y Elena. Y se sentaron alrededor de la pequeña mesita en torno a la cual estaba dispuesto el sofá en forma de U. Estuvieron hablando largo rato, de muchos temas. El padre de la inspectora no apartó la mirada del subinspector en todo el rato. El camarero pasó ofreciendo bebidas. Él tomó un Martini y ella un Cosmopolitan.
Tras media hora de conversación, Arantxa se excusó pues iba a ir un momento al aseo. Sergi se puso en pie para dejarle paso, ella pasó rozando la pelvis de su compañero sin querer, él le acarició la espalda en signo de afecto, expresando un “No pasa nada”.
Avanzó hasta el interior del hotel, no tardó en localizar el baño, pues había cierto movimiento de mujeres alrededor. Al salir, se quedó viendo el piano de cola, que había en el hall. Se sentó en la banqueta del piano, la tapa estaba levantada. Tocó pianísimo un fragmento de la Sonata Catorce en Do Mayor de Beethoven, también conocido como Luz de Luna.
- Veo que sigues no podiéndote contener al ver un piano.- dijo una voz familiar, tardó en darse cuenta de que lo había dicho en un perfecto inglés británico. Se dio la vuelta, y ahí estaba él, John Crowe, su primer amor con el que lo había dejado hacía diez meses. No pudo decir nada.- ¿Puedo?- preguntó señalándo el lado de la banqueta que quedaba libre.
- John, ¿qué estás haciendo aquí?- consiguió que el inglés saliera de su boca. Estaba tan guapo como siempre. Con su pelo cobrizo alborotado y sus ojos atigrados entre verdes y grises. Llevaba un elegante esmoquin azul marino. Se sentó a su lado.
- Sabía que vendrías a ver a tu hermano, leí su nombre en un folleto que me pasó un compañero, que iba a venir a ver la conferencia, y vine con él.
- ¿Por qué?- él seguía intimidándola. Tenía treinta años pero aparentaba menos por su forma de llevar el pelo siempre alborotado y tener ciertos comportamientos impulsivos.
- Por que aún te quiero.- dijo cogiéndola de la barbilla y besándola.
- John, no me hagas esto, por favor.- dijo separándolo, tras cierto debate interno.- Yo tampoco te olvido, tuvimos una relación muy larga y muy buena, pero nuestras vidas no encajan. Yo quiero seguir mi sueño, que es éste, ser inspectora de policía aquí en Barcelona, y quiero que tú sigas luchando por el tuyo, conseguir tu cátedra en Cambridge. Tu vida está en Reino Unido, y la mía en España.- acarició su rostro. Él seguía significando tanto...
- Ese ya no es mi sueño. Tú y yo hemos sido muy felices juntos, y estos diez meses me he dado cuenta de lo triste que es mi vida sin ti. Quiero estar contigo.
- ¿Crees que encontrarás trabajo tan fácilmente en la Universidad de Barcelona? Además, no sabes español. Encontrarías trabajos miseros, yo no quiero eso para tí.- apoyó la cabeza en su hombro. Él comenzó a tocar.
- Me han ofrecido un puesto en una empresa bancaria. Tendría un buen sueldo, y no necesitan que sepa español al instante, lo iré aprendiendo.- la inspectora reconoció entonces la Tocata y Fuga de Bach.
- John, tu sigues significando mucho para mí, te debo muchas cosas, tu has sido mi primer hombre, mi primer amor y amante. Pero, estoy confusa, no se lo que quiero. Hay ciertos acontecimientos que han ocurrido está ultima semana.
- Te has enamorado de otro, ¿verdad?- dejó de tocar, y la miró a los ojos, profundamente dolido.
- No, bueno, no lo sé.- tenía el corazón dividido en dos.
- ¿Cómo se llama?- preguntó.- ¿Puedo saberlo?
- Sergi Coll, es mi compañero.- nunca había conseguido mentirle.- No estoy segura de lo que siento por él, estoy muy confusa ahora mismo. ¿Por qué has tenido que volver ahora? Ya casi te había olvidado.
Sergi apareció en ese momento. Ambos se pusieron de pie.
- Estabas aquí.- dijo. Luego miró a John entrecerrando un ojo.- Tú debes de ser John Crowe, ¿me equivoco?- añadió en inglés. Tenía un perfecto acento.
- Exacto.- dijo éste. Se estrecharon la mano, con mirada desafiante.- ¿Sergi Coll?
- Correcto.- la tensión se mascaba en el ambiente. Arantxa seguía queriendo a su ex, y le seguía resultando muy atractivo. Pero estaba empezando a sentir algo intenso por su compañero, por quién también daría la vida. Ambos eran casi igual de altos, puede que Sergi lo fuera unos centímetros más. Aunque John era algo más delgado. Ambos eran fuertes y mayores que ella, aunque el británico le llevaba más edad. No sabía que demonios hacer, quería terminar la conversación con John, pero no quería dejar a Sergi solo, ni tampoco quería lo contrario.- Os dejo un momento, cuando vuelva te llevo a casa.- dijo para su alivio. Hizo un gesto y se marchó, dejándolos solos.
- Interesante, marca territorio pero no te presiona para que elijas libremente.- se frotó la barbilla.- Por lo que veo te ha traído él. Tengo suite en este hotel si te quieres quedar.
- Trabajo con él todos los días, y ahora estamos pasando por un caso difícil y lo necesito de buen humor. No puedo quedarme.
- ¿Vas a ayudarle a mejorar su humor como hacías conmigo? Usa protección.- dijo para hacer daño. Ella le pegó una bofetada, que sonó en un momento en el que había algo menos de ruido.
- Eres un capullo.- cogió su bolso sobre el borde del piano y se alejó de él.
- ¡Espera, lo siento!- fue tras ella, y la agarró por el brazo, atrayéndola contra él.- Estoy celoso, perdóname. Tenemos que hablarlo con más calma.- ella quiso soltarse.
- ¡Suéltala!- Sergi lo apartó de un empujón. En su mirada se leía la ira. John se acercó hasta él.
- Ella es mía.- susurró.- Nunca la conseguirás porque su corazón aún me pertenece.
- No estés tan seguro de eso.- le respondió.- Vamos, Arantxa.- dijo ya en español, la cogió de la mano. Ella intercambió una última mirada con John.
- Piénsalo.- le dijo a sus espaldas.
Coll no la soltó hasta que subieron al coche. Tampoco pronunció palabra.
- Sergi.- dijo ella. Él seguía atento a la carretera, con el ceño fruncido.- Lo siento mucho.
- ¿Por? No tienes que darme explicaciones de lo que hagas o dejes de hacer con él. Creía que ya no había nada entre vosotros, pero me equivocaba.
- Sergi, yo no le quiero, no como antes. Sigo sintiendo algo, pero no volvería a sus brazos.- lo miró fijamente.- Creo que me he enamorado de otro. Estoy confusa.
- Yo igual. Hace un rato sabía lo que quería, ahora no estoy seguro.- dijo aún enfadado. Ella no quería perderlo, nunca pensó que se vería en tal encrucijada. Su decisión haría mucho daño a uno de los dos y a su relación.
- ¿Puedo saber qué planes tienes para mí? ¿Vas a dejarme dormir en casa o me vas a llevar a la tuya?
- Que esté molesto no implica que me despreocupe. Claro que no te voy a dejar sola. Si prefieres llamar a Carmen u otra amiga en vez de quedarte conmigo lo entenderé.
- Es muy tarde, cogeré una muda y mi pijama e iré contigo. Tampoco quiero que duermas sólo o mal acompañado. Si te pasara algo por dejarte solo me daría algo, aunque no lo creas significas mucho para mí.
- Tu también, por eso me enfada que él vuelva a reconquistarte. Tengo miedo de que te aleje de mí.- la cogió de la mano, al llegar a un semáforo en rojo. Cuando la soltó, para cambiar la marcha, ella encendió la radio. Acababa Grenade, de Bruno Mars. Seguidamente empezó A Thousand Years de Christina Perri. Sergi llegó a casa de la inspectora justo al final de la romántica canción.
Aparcó junto al portal, le abrió la puerta del acompañante para ayudarla a bajarse.
- ¿Subes? No te quedes aquí solo.- preguntó. Él asintió.
Subieron en el ascensor en silencio hasta la cuarta planta, donde ella vivía. Introdujo la llave en la cerradura y abrió, se apartó para dejarle pasar, pero él le indicó que pasara ella primero. Cerró la puerta tras él.
- Dime una cosa, Arantxa. ¿De quién estás enamorada?- se acercó hasta ella, haciéndola retroceder.
- Creo que lo sabes perfectamente.- contestó apartando la mirada
- ¿Eligirías a John si esa persona te dijera que siente lo mismo?- la cogió por la barbilla, obligándola a mantener el contacto visual. Se le aceleró el pulso y la respiración. Podía respirar su embriagador aroma.
- No lo sé. Tendría que demostrarme que me quiere más que él.
- ¿Cómo?
- John me ha besado esta noche, dejándome muy confusa.- recordó que la a última vez que le reconquistó le dedicó la versión de You Belong To Me de Jason Wade, tocándola y cantándola para ella.
- Entiendo...- la empotró contra la pared, manteniendo la mirada, esa mirada ardiente. Ella se quedó quieta, aún debatiendo su cabeza si aquella era la decisión correcta. Él la besó apasionadamente, se desabrochó la chaqueta y ella le ayudó a quitársela, sin parar de besarlo. Era adictivo. Se percató entonces de que llevaba el arma reglamentaria.- Quiero protegerte.- susurró leyéndole la mente. A Arantxa se le vino a la cabeza lo que le había dicho John y por lo que le había pegado una bofetada, las palabras de Carmen del día anterior y un fuerte miedo a que la estuviera utilizando. Lo separó de ella.- Confía en mí.- dijo Sergi.
- Esto no está bien. No quiero que te arrepientas, piénsalo.
- Nunca he estado más seguro.- volvió a besarla. El deseo se estaba adueñando de ella cuando sus móviles sonaron simultáneamente. Él emitió un gruñido.- No me lo puedo creer.
Ella contestó con rapidez.
- Inspectora García.
- Tenéis que venir ahora mismo.- dijo la voz al otro lado del aparato. Era Carmen. Se alegraba de oirla.- Hay un cuerpo que tenéis que examinar. Es urgente. Te mando la ubicación.
- Vamos enseguida.- colgó el teléfono y miró a Sergi. Éste también colgó el suyo.
- Llevamos la ropa perfecta para examinar un cadáver, perfecto.- dijo irónicamente el subinspector. Recogió la chaqueta del suelo y se la puso.
- No seas cascarrabias, vamos.- abrió la puerta.
- No se como puedes actuar como si no pasara nada.- la volvió a acorralar.
- Porque no ha pasado nada.- susurró, mirándole a los ojos.- Y es mejor que no pase, lo siento. No estoy preparada para esto, necesito estar sola un tiempo más.- le acarició la mejilla.
- Está bien, no te preocupes. Esperaré lo que haga falta.- le besó la mano.
Llegaron a la ubicación que Carmen les había enviado, Carrer de l'Oest, en el puerto comercial. Eran las doce y media de la noche. Sergi aparcó junto al resto de coches, algunos con las luces de las sirenas encendidas.
- ¿Qué tenemos?- preguntó la inspectora, pasando bajo la cinta.
- Eso mismo digo yo. ¿De dónde venís los dos tan elegantes?- preguntó Manuel, sujetándo aún la cinta policial que había levantado para que ella pasara.
- De una conferencia médica. Su hermano participaba.- dijo Sergi sin dar más explicaciones.- ¿Quién es el muerto, y porque tanta urgencia?
- Miradlo vosotros mismos.- los condujo hasta detrás de un gran montón de chatarra, allí, en el suelo, yacía un joven de menos de veinte años, semidesnudo. Tenía el cuello partido, las uñas arrancadas y la lengua cortada.- La imagen es algo desagradable.- advirtió. Se pusieron los guantes. En el suelo había dibujado el emblema del maletín en color rojo que no sabían si era sangre pues era bastante grande.
- Tiene varias costillas y huesos rotos, ha sido torturado.-indicó Andrés.- Mirad esta marca en las muñecas y los moratones que tiene visibles.
- Ese tatuaje...- Arantxa levantó la mano del cadáver para observarla mejor.- Es el del cóctel monotov, Sergi.
- Ha debido de ser torturado hace apenas unas horas.- concluyó Andrés.
- Se llama,-dijo Carmen.- llamaba.- corrigió.- Julius Tchaikovsky, Tchaikovsky como el compositor, sí.
- ¿Antecedentes?
- Un historial sorprendentemente limpio. Lo único que sabemos es que hace dos años que le dieron la nacionalidad española, a la muerte de sus padres en un accidente de tráfico. Hoy cumplía dieciocho.- agitó la bolsa con el DNI de la víctima dentro.- Encontramos su documentación en un contenedor cercano.
- ¿Alguna nota aparte de este símbolo?- preguntó Sergi, agachado junto al emblema pintado en el suelo.
- Sí.- dijo Castillo, que había estado hablando con otro agente hasta el momento.- Por eso os hemos llamado con tanta urgencia.
Les tendió un papel en una bolsa de pruebas igual que el que encontraron en el maletero del Mazda de la inspectora
- “Al parecer el muy insensato se fue de la lengua creyendo que no le descubriríamos. Creyéndose independiente al resto y en los buenos equipos no se aceptan este tipo de comportamientos. Sabemos a quién les contó algo muy importante, así que esto quede como advertencia de que es lo que les puede pasar si hablan.”- leyó el subinspector.- Tarde...
- Debemos detener a Montes cuanto antes, él nos dijo que estaba con Emilio y los Helldogs, un supuesto equipo de béisbol.- dijo entonces Arantxa.- Pertenece a una organización criminal.
- Ese es el problema.- dijo serio.- No está en su casa, sus cosas han desaparecido, pero no se irá sin terminar el trabajo que se le ha encomendado, que es mataros. Será mejor que os toméis unas vacaciones. Dejaremos este caso a los de bandas y os asignaremos protección policial. Id con vuestras familias esta noche, o en su defecto con amigos de confanza.- volvieron a reclamar su atención por otro lado.
- Llama a John, dile que venga a recogerte.- le dijo Sergi.
- ¿Estás loco? No pienso irme con él.
- Comprendo que no quieras involucrarle pero él estará encantado de ayudarte. Llama.
- No pienso dejarte sólo, si te pasara algo nunca me lo podría perdonar.- dijo agarrándole del brazo. Él tiró de ella y la abrazó, besándola en el pelo. La separó con suavidad y, tras guiñarle un ojo, acudió con Verdejo que le buscaba.
Carmen se acercó y le puso afectuosamente la mano en el hombro.
- Necesito hablar contigo, ¿podemos ir a un lugar más apartado?-su amiga asintió. Una vez en un lugar con más intimidad procedió a expresarle sus dudas y miedos.- Tras el billar de ayer me llevó a su casa, en principio para dormir en la cama de invitados, pero, tras un extraño corte de luz decidimos compartir lecho.
- ¿Os habéis acostado?- ahogó un grito.
- De forma meramente literal. No pasó nada entre nosotros, tranquila.- aclaró.- Hoy, hemos ido a la conferencia médica de mi hermano. ¿No te dije que me acompañó a comprar el vestido?- preguntó viendo la cara de Carmen. Ésta negó con la cabeza.- Bueno, pues luego se ofreció a ser mi acompañante, por eso fuimos juntos. Iba a ir de todas maneras porque iban sus padres, a los que por cierto conocí esta noche. Son muy majos.
- Ya, y él habrá conocido también a tus padres y hermano.
- ¿Cómo lo sabes?- preguntó.
- Pensaba que sólo quería sexo contigo, pero ya veo que busca algo serio.
- Estoy confusa, en la conferencia estaba John. Me ha pedido que vuelva con él, tras decirme que tiene una oferta de trabajo en Barcelona y me ha besado
- ¿John Crowe? ¿Y tú que has hecho?- dijo asombrada.
- Abofetearle tras un comentario grosero y vivir en primera persona como dos machos alfa marcaban territorio. Sí, hubo algo de tensión con Sergi.
- Más claro el agua. No sé como no os habéis besado aún.- la inspectora hizo una mueca.- ¿O sí? Ahora me estas diciendo qué me he perdido.
- Ha sido extraño y más confuso. Pero le he dicho que aún no estoy preparada. Ahora pretende que John venga a recogerme y solucionar él sólo lo de Alex Montes.
- Si buscas mi consejo, te diré que aunque no hubiera un motivo mayor para vuestra ruptura, John queda en el pasado. Sergi puede ser un cabrón pero se nota que te quiere con locura. Habla con John cuando sea e intenta no hacer esperar mucho a Sergi si de verdad sientes algo por él.- la abrazó. Tras separarse añadió.- Esta noche tienes que hacer lo que te diga tu corazón, ayudar a Coll, o refugiarte en Crowe como te han aconsejado. Ánimo.
- Gracias.- sonrió con sinceridad a su amiga. Obviamente no iba a dejar solo a Sergi, le ayudaría dijera lo que dijera. Volvió con su compañero que hablaba por teléfono, no tardó en colgar la llamada.
- ¿Qué haces aún aquí? ¿Viene ya?
- No, me quedaré contigo. Sé lo que pretendes hacer y soy tu compañera y superior, así que estaré a tu lado hasta que todo esto termine.
- Por favor, haz por una vez lo que te pido.- dijo con un tono mezcla de preocupación y enfado.- Pueden dispararte, y no van a apuntar al chaleco. Yo sé lo que es esto, estoy acostumbrado y sé como hay que actuar.
- Pues enséñame, en tiro soy casi tan buena como tú.
- Es muy distinto. He dicho que no.- cortó tajante.
- Eres un tozudo, pero yo lo soy más.- él puso los ojos en blanco.- ¿Cual es su plan, subinspector?
- Ponernos ropa cómoda e ir hasta el encuentro de los Helldogs. El Estadio Olímpico Lluís Companys.- desistió finalmente.- Llevaremos armas y chalecos e iremos solos. Procuraremos no llamar la atención.
- ¿Por qué ahí? ¿Una corazonada? No hay campo de béisbol.- volvieron a pasar bajo la cinta para dirigirse hacia el coche.
- Había un mensaje cifrado en la segunda frase.- indicó bajando el tono de voz.- Hablaba de equipo, y ellos “entrenaban” en la ciudad olímpica, y además decía la palabra independiente, y todos sabemos quién fue Lluís Companys.
- Es todo tan esquizofrénicamente rebuscado... Brillante, Coll.
- ¡Inspectora!- llamó el joven agente Hidalgo, a sus espaldas.- Han secuestrado al pequeño Carlos. Castillo tiene claro que ha sido Montes, el inspector Manuel me ha ordenado que se lo dijera a espaldas del comisario, así que por favor actuen con cautela.
- Gracias, Cristian.- le hizo un gesto con el pulgar hacia arriba. Subió al coche de su compañero. El plan estaba en marcha.

Eran las una y media de la noche. El silencio reinaba en la Ciudad Olímpica, tan sólo un gato de ojos brillantes observaba desde debajo de un coche. Llevaban munición, las armas con linterna acoplada, chaleco y walkie. Ella llevaba ahora sus vaqueros azul oscuro Tommy Hilfiger, con los que iba más cómoda, y una camisa vaquera con la que tamién podía realizar más movimiento con los brazos. Su compañero llevaba también un vaquero, pero de color más claro y una camiseta corta de licra color gris oscuro. La noche era algo fresca pero él parecía no tener frío. Pararon a unos metros del estadio aunque el aparcamiento estuviera semivacío y llegaron junto a la valla del estadio. Las puertas estaban abiertas.
El plan era encontrar a Montes y abatirlo, rescatando al niño, antes de que pidiera un rescate por él. No sabían si se encontrarían al resto de la banda allí, pero iban preparados y podían pedir refuerzos en cualquier momento.
- Arantxa, te recuerdo que no tienes porque hacer esto.- dijo Sergi antes de entrar.
- No seas tonto.- se apretó la coleta.- Siempre nos salen bien las cosas que hacemos juntos.
- Si en algún momento estamos rodeados y ves que puedes escapar con el niño no lo dudes. Corre hasta el coche sin esperarme.- le entregó las llaves.- Necesito que me lo prometas.
- No puedo.- sintió un vacío al imaginar que a él pudiera pasarle algo.
- Hazlo, por favor.- la acercó hasta él y acariciándole la mejilla con el revés de la mano añadió.- Inspectora, prométamelo.
- Está bien. Se lo prometo, Coll.- el sonrió y la besó en los labios.
- Lo sé, necesitas un tiempo, pero yo necesitaba esto.- le susurró apartándola con delicadeza.- ¿Preparada?- ella se limitó a asentir.
Entraron, pistola en mano y fueron avanzando por los pasillos con la linterna encendida, en silencio. Enfocaron en una puerta, con un cartél de alta tensión unas huellas de sangre bajo la puerta. Se miraron e intentaron abrirla. Estaba echada con llave. Contaron hasta tres y el subinspector abrió la puerta de una patada. Seguía reinando un silencio absoluto.
- Éste pasillo debe ser el núcleo eléctrico del estadio.- musitó.- Hay un rastro de sangre enorme, espero que no sea del niño.- sintió un escalofrío
Siguieron andando, cada vez había más sangre. Entonces escucharon unas voces al fondo del pasillo. De una puerta salieron dos hombres, que por lo que hablaban, eran miembros de la banda. Coll la metió en una habitación que quedaba a su derecha, de la cuál provenía el rastro de sangre.
Se escondió tras una columna, protegido por la oscuridad y justo cuando los dos hombres pasaron por su lado golpeó al más cercano con la culata del arma, dejándolo inconsciente y se lanzó sobre el otro, rodeándole el cuello con el brazo, hasta también dejarlo en el mismo estado. Volvió luego con su compañera, que estaba bocabierta.
- Te dije que estaba acostumbrado, ayúdame a moverlos.- los dejaron en otra habitación pequeña en la que había cosas de limpieza, atrancándo la puerta desde fuera. Les habían quitado las armas, de cuarenta y cinco milímetros.
- Sergi, en la habitación de antes, de la cual provenía la sangre. Creo que torturaron a Julius ahí.- le llevó hasta ella y encontraron una mesa llena de sangre, que tenía dos cintas para sujetar las muñecas y otras para los tobillos. En la sala había además diversos instrumentos de tortura.
Siguieron la puerta de la que habían salido. Daba directamente a un pasillo que accedía al campo.
Se escuchó un grito desgarrador, de un niño, llamando a su madre.
- Viene del pasillo izquierdo, el de los vomitorios del uno al cinco. Ve con cuidado, hay gente en el otro pasillo, nos dividiremos.
- Te quiero...- hizo un parón entre la siguiente palabra.- vivo y entero.
- Yo también te quiero entera.- dijo con segundas, como despedida. Se separaron yendo cada uno hacia un lado.
Se escuchó otro grito que le sirvió para averiguar la sala de la que provenía. Dentro de a sala se escuchaban a dos hombres, no reconoció la voz de Montes. Contó hasta tres y abrió la puerta de una patada, pistola en mano. Un hombre se echó sobre ella, pero con una llave lo tiró al suelo golpeándolo con el arma rompiéndole la nariz. El otro miembro de la banda sujetó al niño que tenía un hombro dislocado, apuntándole con el arma.
- Suelta el arma o le mato.- amenazó
- Está bien, tranquilo.- hizo ademán de soltar el arma, agachándose despacio, levantando la mano derecha, que era la mano con la que no sujetaba la pistola.
En el último momento, cuando ya le quedaba soltar el arma, disparó a una cuerda que agarraba una anilla de gimnasia rítmica, que cayó sobre la cabeza de éste, se desmayó soltando al niño. La inspectora corrió a cogerlo. Lloraba de terror y dolor debido a la luxación
- Carlos, esto te va a doler un poquito, voy a curarte el hombro, ¿de acuerdo?.- el niño asintió entre sollozos.- Cuenta hasta tres conmigo. Uno, ¡dos!- le colocó bien el brazo, sin esperar al tercer número. Él niño dió un pequeño grito.- ¡Muy bien, campeón! Vámonos de aquí.
Tomó al niño en brazos, y salió del vomitorio. A su izquierda, en el pasillo por el que había ido Sergi, se escuchó un disparo, y luego varios más. Ella se quedó inmóvil. Se abrió una puerta y distiguió a Sergi. La miró y le gritó:
- ¡Corre, Arantxa!- lo hizo con todas sus fuerzas, haciéndola reaccionar. Un último disparo que vio atravesar, a contraluz, su cara lo hizo caer, inmóvil, al suelo.
Corrió con todas sus fuerzas haciendo el camino en el sentido inverso, le temblaban las piernas y lloraba, las lágrimas le nublaban la vista. No podía haber sobrevivido a un tiro así. A punto de llegar a la salida recibió dos tiros por la espalda, llevaba el chaleco pero la hizo caer.
- ¡Vete, Carlos, corre y no pares!- dijo. El niño quedó quieto, aterrado.
Pudo darse la vuelta y reconoció a Alex Montes.- le apuntaba a la frente, a bocajarro.
- Hola inspectora, ¿no sabe no meterse donde no le llaman?
- No.- le dió una patada en la espinilla, doblándole el tobillo.- ¡Carlos corre!- el niño reaccionó y huyó, girando por otro pasillo.
Pudo ponerse en pie pero él la agarró por la cadera, tirándola. Consiguió sujetarla y ponerse encima de ella.
- Es una pena que tenga que matarte como a tu compañero, tienes un cuerpo precioso.- ella quiso quitárselo de encima pero Alex le puso la mano en el cuello, afixiándola.- No te niegues, o te mataré.
- Prefiero que me mates antes de que me toques con tus sucias manos.- consiguió decir casi ya sin aire.
Levantó el puño para pegarle pero un disparo le atravesó la mano. Gritó y soltó a la inspectora que pudo zafarse, poniéndose en pie. El autor del disparo era Sergi, le sangraba la oreja derecha, y permanecía tras ellos, con el arma aún apuntándole con la mirada ligeramente perdida. Volvió a dispararle cuando se volvió, en el dedo, que por poco se lo cercena.
- ¡Sergi!- Arantxa se lanzó a sus brazos.- ¡Estás vivo!- le examinó la oreja. Una bala le había rozado, por lo que necesitaba puntos pero no era nada grave.
Alex se incorporó, retorciéndose del dolor, apuntándoles.
- ¡Qué romántico! Cómo vuestra muerte. Al imbécil de Augusto le habría gustado escribirlo, como la muerte de Oporto. Ese cabrón merecía morir, y el estúpido de Augusto cayó en su propia trampa, la muerte que él había descrito.
- ¡Mi padre no era imbécil!- Carlos apareció con un bate de béisbol en la mano y le golpeó haciéndole caer, momento que aprovechó la inspectora para esposarle.
- La ironía de la vida es que te haya golpeado con un bate de béisbol el hijo del que ha desembocado la perdición de tu organización, cuya tapadera era un club de béisbol.- le susurró Arantxa.
- Bien hecho Carlos, eres un valiente.- Sergi se agachó y le puso la palma de la mano para que la chocara. Éste la chocó con fuerza.
- Ahora si que deberías estar con ella. No eres tan tonto como pensaba.- le hizo reír. El subinspector lo tomó en brazos y pidió refuerzos.


Despertó a las once de la mañana. Sergi aún dormía a su lado, profundamente con la oreja vendada. Se habían acostado a las cuatro de la mañana. Los miembros de la banda, habían confesado los crímenes. En total siete. El capitán Oporto era el tercero y el único de Alex. Julius había matado a Augusto por órden de Montes y el cabeza de la banda, Emilio. Luego, se arrepintió y colocó las fotos y notas en el coche de la inspectora, pero lo descubrieron y lo torturaron y asesinaron. A Arantxa y a Sergi, en castigo por su arriesgada acción y en parte en recompensa por su esfuerzo, les suspendieron una semana.
Habían vuelto a pasar la noche juntos, de nuevo sin componente sexual de por medio. Le reconfortaba sentir su seguridad. Le dolían los dos moratones que tenía en la espalda a causa de los disparos. Nunca le habían alcanzado. Alex le disparó al chaleco para que cayera sin tener que matarla, contarle que había abatido a su compañero y torturarla, tal vez violándola. Sergi había entrado en la sala donde se encontraban Emilio, Alex y dos hombres más. Abatió a dos, que sobrevivierom, pero mató a Emilio Medina, jefe de los Helldogs. Se le acabaron las balas y Montes no le dio tiempo para recargar, pues le apuntó obligándole a retroceder. Entonces fue cuando se encontró con Arantxa y le dijo que huyera. Alex le disparó y el subinspector aprovechó la sangre que le salía del oído y de la propia herida para simular su muerte, una vez se hubo ido, medio mareado y sin apenas audición por el disparo recargó el arma y se dirigió hasta donde había acorralado a su compañera contra el suelo. Le disparó a sangre fría.
Castillo tenía los contactos suficientes como para que Sergi no tuviera que enfrentarse a ninguna investigación por haber matado a Emilio pues, aunque fue en defensa propia, no tenían orden de intervenir ni de entrar al estadio sin autorización.
Pensó que debía llamar a sus padres para tranquilizarlos, y a John, él también estaría preocupado. Se levantó de la cama, con mucho cuidado de no hacer ruido, para no despertarle. Llamó primero a
sus padres para tranquilizarles. Tuvo que decirles que era secreto de sumario, pero que estaba bien. Los medios habían hablado de un tiroteo en el Estadio Olímpico de Lluís Companys, las cámaras les habían enfocado junto a la ambulancia, por lo que tuvo que explicarles que el chaleco le había salvado.
Llamó después a John, se alejó más aún de la habitación de Sergi, yendo hasta el cuarto de la lavadora, dentro de la cocina, cerrándo la puerta al entrar.
- ¿Estás bien?- contestó alarmado, al primer toque.- Dios mío, nunca me ha gustado la idea de que seas policía por esto.
- John, no te preocupes. Recibí dos disparos en el chaleco, aunque si no fuera por Sergi no lo hubiera contado.
- Vaya... me alegro de que te haya salvado. Aunque hubiera preferido que te quedaras conmigo en el hotel, nada de esto hubiera pasado.
- Hubiera tenido que ir de todas formas a la llamada que recibí de comisaría.- argumentó
- No me refiero a eso. Coll me pidió que fuera a recogerte porque estabais en peligro.- aclaró.
- ¿Cómo? ¿Tenéis vuestros teléfonos?- preguntó ella extrañada.
- No, llamó al hotel y preguntó por mí. Le dí mi teléfono por si acaso.- suspiró.- Luego me mandó un mensaje diciendo que no fuera, que ya me lo explicarías. Ví las noticias esperando tu llamada y lo comprendí todo.
- Lo siento.- tragó saliva.- No iba a dejarlo sólo, ni tampoco quería implicarte a ti.
- Tu y yo sabemos que hay otro motivo. No importa, pasado mañana vuelvo a Londres.
- John, tenemos que hablar en persona, por favor.
- Ya, dime una cosa. ¿Has pasado la noche con él?
- No hemos tenido sexo, si es lo que quieres saber. Vosotros dos ejercéis demasiada presión sobre mí. Necesito tiempo.
La tensión era palpable. Ella seguía teniéndole mucho cariño, pero ahora sabía que sólo era eso. Ya no era amor, pero él si seguía enamorado, o tal vez estaba aún tan confuso como ella.
- Lo que no tengo es eso, tiempo. El lunes nos veremos. ¿Te parece bien aquí en el Hotel W?
- Sí. ¿A la hora del té, Lord Nelson?- bromeó.
- Me parece bien, nos vemos, France Nelson- dijo, despidiéndose. France era la esposa del almirante Horatio Nelson.
- Hasta el lunes.- dijo colgando el teléfono.
Quedó un rato en la misma posición. Sentada en el suelo, jugueteando con el teléfono en la mano.
Sergi abrió la puerta, despeinado y estirándose.
- ¿Juegas al escondite?- preguntó.
- No.- rió.- Estaba haciendo algunas llamadas para tranquilizar al personal.- le tendió la mano para que le ayudara a levantarse. Él tiró con fuerza, atrayéndola contra él.
- ¿Desayunamos?- preguntó, con su sonrisa de anuncio dental.
- Claro.
Prepararon café y tostadas. Estaban hambrientos.
- ¿Sabes una cosa?- dijo el subinspector llenándole la taza a ella y luego sirviéndose él.- Julius Tchaikovsky trabajaba como aprendiz de mayordomo. El nombre del usuario nos estaba diciendo la respuesta. Él fue quien llamó a Marañón que tenía turno especial de veinticuatro horas. Me ha mandado un whatsapp Puig.
- Este caso ha sido demasiado paranoico.- dijo dándole un sorbo al humeante café.
Pasaron el resto de la mañana tocando. Sergi cantó, acompañado de su Grestch Nasville 6120, Beryl de Mark Knopfler, ella tocó al piano I Know You de Skylar Grey. Tocaron muchas canciones más, la gran mayoría juntos. Un poco más tarde de las una, llevaron a cabo el pago de la apuesta, enseñándole la inspectora a preparar la receta de su abuela, que él ya había probado una vez.

Comieron entre las dos y media y las tres, después vieron una película, al fin y al cabo tenían una semana entera de vacaciones. El tiempo necesario para que la inspectora aclarara sus sentimientos.¿Decidiría finalmente darle una oportunidad a Sergi? ¿Sería más fuerte el antiguo amor que sentía por John? ¿O quizás preferiría estar sola por el momento? Ni ella misma lo sabía.

1 comentario:

  1. Hey, es exactamente 1 año mi amante volvió a mí, que estoy dejando que usted sabe lo que me dieron a mi ex, porque este día de fiesta a todos la Navidad tiene por qué existe el amor que está alrededor de ellos no sólo sus seres queridos, pero su amante, hace un año me partió el corazón y yo sabía que no podía pasar las vacaciones a solas que es cuando yo estaba buscando cómo puedo hacer que mi amante vuelve a mí para que podamos hacer las cosas bien, para cortar la larga historia corta en un día fiel me encontré con los detalles voy a estar disminuyendo en el Internet, alguien hablando de cómo había llegado a su ex atrás, de modo que tomé esta información estoy cayendo a través del correo electrónico: ekpentemple@gmail.com o 2347050270218 y yo en contacto con él y le dije que yo quiero que mi amante volver a mí, hoy estoy con mi amante. Gracias usted Dr. EKPEN TEMPLO por la ayuda.

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