Asesinato en el ascensor.
Su reloj marcaba las tres de la mañana
cuando la llamaron de comisaría. Su trabajo requería su
disponibilidad las veinticuatro horas del día y por ello no llevaba
un hábito normal de sueño. Habían pasado dos semanas desde la
confesión de Diana Villa por el asesinato de Ariadna Fernández y en
ese periodo de tiempo había podido dormir con tranquilidad las siete
horas recomendadas por los especialistas pero ahora, aunque quisiera,
no dormiría mas de cinco ya que su cerebro no descansaba hasta que
hallaban al culpable.
Se vistió y se tomó un café
rápidamente. Cogió la placa, la pistola y tras varios minutos de
búsqueda encontró las esposas, que estaban justo en el cajón de
dónde había sacado la placa. Veinte minutos después de la llamada
estaba en la escena del crimen.
El edificio estaba precintado por la
policía y ya empezaban a llegar algunos periodistas. Pasó por
debajo de la cinta y encontró a Andrés y Sergi examinando el
cadáver.
- ...Un hombre de mediana edad, de
aproximadamente cuarenta años. - le decía Andrés al subinspector.-
No hay que decir que la causa de la muerte es la pérdida de sangre
ocasionada por el disparo en el bazo.- Arantxa se fijó en que el
anticuado ascensor, en el cual se hallaban la víctima, sentada y
apoyada en la pared junto a los interruptores y sus dos compañeros
examinándola, estaba inundado en sangre ya seca.
- Supongo que no habrá cámara en
este edificio, ni mucho menos en el ascensor. Si me dijeras que ha
muerto de una enfermedad infecciosa me lo creería.- contestó con
sarcasmo Sergi.- Este piso está un poco hecho polvo.
- No se dice hecho polvo, se dice que
tiene la pátina de otro tiempo, Coll.- dijo acercándose la
inspectora. - ¿Qué tenemos?
- Tan políticamente correcta como
siempre.- sonrió.- Augusto Marañón, técnico de ascensores.- dijo
tendiéndole una tarjeta ensangrentada.- Es lo único que hemos
encontrado.
- ¡Qué ironía!.. ¿Ni DNI, ni
carnet de conducir?- Sergi negó con la cabeza.
Un técnico le entregó a la inspectora
una bolsa transparente con la bala que había acabado con Augusto
dentro. Era de cuarenta y cinco milímetros.
- Supongo que no tenemos el arma.-
éste le dijo que no.- Ya... ¿Quién encontró el cadáver?
- Una pareja que venía a terminar la
fiesta en casa, ya sabes. Llevaba muerto una hora cuando lo
encontraron. Así que tenéis que centraros en que persona fue la
última en usarlo y si vieron a alguien sospechoso u oyeron algo
desde su último uso hasta su muerte aproximadamente a las una de la
mañana.- respondió el forense.
- Creo que te falta algo importante,
Andrés. ¿Qué hacía un técnico de ascensores a esas horas? ¿Era
vecino del edificio, venía de visita o alguien le llamó? Y además
¿ Dónde están su cartera y su teléfono?- añadió Carmen, que
acaba de terminar de tomar algunas fotografías del escenario del
crimen.
- Me parece que hasta dentro de al
menos cuatro horas no hay mucho más que podamos hacer aquí Dejemos
que los técnicos se encarguen de encontrar huellas y pistas. Ya por
la mañana hablaremos con los vecinos.- dijo el subinspector
poniéndose en pie, bostezando.
- Sé que no quieres molestarles pero
no querrás dejar escapar al asesino.
- Está bien...- dijo suspirando.
Varios agentes ya hablaban con los
vecinos de las dos primeras plantas así que se dirigieron a los del
tercero B, la última vivienda del edificio. Tocaron al timbre y tras
unos instantes se entreabrió la puerta. Tras ella asomó una anciana
que les miró con desconfianza.
- ¿Qué quieren a estas horas
jóvenes? ¿No les han enseñado que de madrugada no se hacen
visitas?
- Señora... ¿Hernández?- dijo Sergi
que había mirado en los buzones del hall como se llamaban los dueños
de esa vivienda.- Ha habido un asesinato en éste edificio. Queríamos
hacerles unas preguntas rápidas.
- Es muy tarde, vuelvan mañana.-
trató de cerrar la puerta pero el subinspector la paró con el pie.
- Lo sabemos pero le conviene
colaborar con nosotros.- Arantxa le enseñó la placa.
La señora Hernández cerró la puerta
y quitó la cadena. La abrió y les indicó a los agentes que
pasaran.
- Yo soy la inspectora Arantxa García
y él es mi compañero el subinspector Sergi Coll. Como ya le ha
indicado antes estamos aquí por un homicidio, concretamente el del
Augusto Marañón, técnico de ascensores. ¿Le conocía?- le mostró
el carnet de identificación de la víctima.
- Encantada, yo soy Eulalia Hernández.
¿Augusto dicen?.. No me suena. Ni tampoco recuerdo ningún fallo
para el que hubiera que llamar a un técnico. Mi Paco y yo lo usamos
a diario.- dijo tomando asiento en la mesa de la cocina
- ¿Está aquí su marido? -dijo Sergi
- ¿Marido? - Eulalia dio una sonora
carcajada.- Mi marido murió hace dos años. Paco es mi perro.
¡Paco, Paquito, ven!- un bulldog
carlino apareció jadeando y moviendo el rabo.
Sergi le hizo un gesto a su compañera,
sonriéndo.
- ¿A qué hora aproximadamente fue la
última vez que utilizó el ascensor? ¿Notó algo extraño?
- Sobre las ocho y como les decía
funcionaba como siempre.
- Escuchó alguna discusión, ¿o un
disparo?- prosiguió la inspectora
- ¿Han dicho un disparo? Ahora que lo
dicen mi perro ladró sin motivo sobre las una, pero no escuché nada
ni vi a nadie al asomarme.
- Seguramente el asesino utilizara
silenciador de forma que sólo un oído tan agudo como el del perro
fuera capaz de escucharlo.- le susurró Coll.
- Entonces, no sabe nada sobre el
asesino ni la víctima.- continuó Arantxa.
- Ya les he dicho todo lo que sé. Por
mi edad me acuesto y me levanto muy temprano y tengo un sueño
ligero, por lo que si hubiera escuchado algo se lo diría.
- Está bien, si recuerda algo más o
si nota algún comportamiento sospechoso en un vecino, llámenos.-
Coll le tendió su tarjeta.- Gracias por su colaboración.
Salieron de la vivienda tras despedirse
de la señora Hernández y bajaron de nuevo hasta la escena del
crimen en la planta baja. Una vez allí le comentaron a sus
compañeros la posibilidad del silenciador y tras una última
revisión del escenario, decidieron marcharse a casa y verse en
comisaría a las nueve.
Era siete de octubre, miércoles. Un
día normal por lo que no debía de haber mucho ajetreo en comisaría
a las nueve de la mañana, pero aquel día era distinto. En la sala
de espera había unas diez personas.
- ¡Arantxa!- la llamó su compañero
desde su mesa.- Mira ésto.
- ¿Sabes por qué hay tanta gente?-
dijo apoyándose en la silla dónde estaba sentado Sergi.
- ¿No te has enterado? Ha habido un
atraco con rehenes. Dos de los cuatro atracadores aún siguen dentro.
Ellos son algunos testigos que han conseguido salir antes de que los
dos que están dentro, acorralados, se encerraron con algunos de los
clientes del banco.
- Supongo que Puig y Verdejo estarán
colaborando, como pertenecieron a esa brigada... ¿Bueno, que me
querías enseñar?
- Ya tenemos los datos de la víctima,
Augusto Marañón Cara, de cuarenta y cuatro años. A parte de
técnico para la compañía Orona mira lo que hacía en sus ratos
libres.- señaló a la pantalla de su ordenador.
- 'Crímenes sin resolver: Capítulo
trece, Asesinato en el ascensor.' - leyó.- ¿Qué es esto?
- Un blog creado por el mismo. Están
comprobando si los casos son verídicos o inventados. Pero eso no es
lo más tétrico. Mira las iniciales de la víctima del capítulo
trece: A.M.
-
¿Cuánto llevas aquí?- dijo apartándole de la frente un mechón de
pelo con la mano.
- No volví a casa
después de salir de la escena del crimen. Quería averiguar algo más
de su identidad por mi mismo. Por cierto, está divorciado y tiene un
hijo de siete años al que apenas veía.
Vivía en la Carrer
de Galileo número veinte y no tenía ninguna relacción estable.
- ¿Cómo has
averiguado tanto?- preguntó asombrada.
-
Encontaron su cartera en un contenedor cercano. En ella había una
foto de carnet en la que ponía Carlos M.V. Segundo A y al lado otra
recortada en la que se veía Augusto con el crío pero unos años
antes. Además, una foto arrugada de una mujer que supongo que era la
recortada de la foto anterior. Llevaba dos condones en el
compartimento con botón, cosa que los hombres solteros y sobretodo
los divorciados siempre llevan. Sí, no me mires así. Ésto es señal
de que no tenía una relación estable ni tampoco esporádica porque
estaban pasados de fecha.
- Y dime,
Sherlock, ¿llevaba dinero o algo más a parte de lo que me has
dicho?- preguntó aún impresionada.
- El DNI del que
saqué la dirección, la tarjeta sanitaria y treinta y siete euros
con cuarenta y cinco céntimos.
- ¿No hallasteis
su móvil en el contenedor?
- ¡Ah sí! Lo
olvidaba. Tiene contraseña, así que cuando venga nuestro hacker
Manolín, podremos ver si había recibido alguna amenaza o se había
metido en algo turbio recientemente. ¡Mira! Hablando del rey de
Roma...- dijo viendo a Gómez llegar a su silla.
- Por la puerta
asoma...- terminó la inspectora. Manuel cogió un papel y, tras
leerlo, les levantó el pulgar en respuesta. Se levantó de su
asiento y se dirigió a la sala de pruebas. Volvió con la bolsita
que contenía el teléfono de la víctima cinco minutos después.
- Es tan fácil
como examinar dónde hay más huellas en la pantalla e intentarlo.-
sacó del bolsillo interior de la chaqueta un pequeño láser azul y
apuntó a la pantalla.- ¡Ajá! Tráeme los guantes especiales para
pantallas del segundo cajón, Coll.- se los puso y deslizó el dedo
en forma de infinito. Nada. Hizo el mismo signo pero hacia el otro
lado. Se escuchó el chasquido propio al desbloquear un móvil.
- Comprobemos si
el correo es el mismo que el del blog. Sí, tiene algunas
notificaciones de la página. En cuanto a contactos busca por la E de
ex-mujer, a ver que te sale.
- Rosa Valdivia.
La tiene configurada como ex-mujer con Cortana. Viene su correo, dos
teléfonos y la dirección de su vivienda. Vaya, Sergi, es vecina
tuya. Vive en Tarragona.
- ¡Lo que se
puede averiguar con un smartphone!- exclamó Arantxa.- recuérdame
que nunca deje mi móvil cerca tuya, Manuel.
- Necesito que
encuentres los usuarios de las siete entradas que tuvo en el capítulo
trece de su blog. Ve descartando por localización y consígueme los
nombres.
- ¿Y como has
descubierto lo de Crímenes sin
resolver?
- Buscando en
Internet su nombre y la palabras técnico de ascensores para
encontrar su empresa, me ha salido la página de un tal augusto_mc
y el susodicho capítulo.
Quince minutos
después, Manuel ya había encontrado la procedencia de los usuarios.
Dos eran mexicanos y otro era un francés que acababa de leerla hacía
apenas unas horas por lo que quedaban descartados. El resto eran
españoles: un almeriense, un salmantino, y dos catalanes,
concretamente uno era de Tarragona y el otro de Barcelona. Decidieron
eliminar como sospechosos a los dos primeros ya que uno se llamaba
anitapink-1D, demasiado infantil, y el otro había
realizado entradas en ese blog justo en el tiempo del asesinato,
desde Almería. Quedaban rvg20_06 y ElAsesinoEsElMayordomo
de Tarragona y de Barcelona respectivamente.
- ¿Se puede
averiguar la identidad de los usuarios?- preguntó la inspectora
García.
- Legalmente
requiere su tiempo.- les guiñó el ojo.
- Bueno, mientras
tú sigues con eso llamaré a los de la empresa de la víctima para
comunicar la noticia y concertar una entrevista.- le dijo a Gómez.
Luego, dirigiéndose a su compañera añadió.- Tú si quieres puedes
investigar el blog o llamar a la familia. Tu mandas.
La comisaría se
fue despejando conforme avanzaba la mañana. Carmen llegó algo más
tarde pues había tenido un pequeño golpe con el coche y tuvo que
rellenar el parte. Arantxa comunicó a la ex-esposa de Augusto la
mala noticia y quedó para verla al día siguiente en comisaría.
Sergi, por su parte, concertó una cita con la empresa esa misma
tarde a las cinco.
A la inspectora le
extrañó la forma de Rosa para aceptar la pérdida del que no hacía
tanto había sido su esposo y con el que había tenido un hijo. Ella
le había dicho que lo dejaron tres años atrás por problemas que la
víctima había tenido con el alcohol, y que tras el divorcio se
había acordado que Augusto visitaría a su hijo cada dos semanas
hasta que superara su problema. Pero, según Rosa Valdivia, el
consumo había aumentado e incluso se había metido en más problemas
por lo que le prohibió ver al crío. Era por eso que su relación
con Augusto era ya casi inexistente.
El asunto del
atraco del banco acabó sobre las once con el arresto de uno de los
dos atracadores que habían quedado en el banco y tomado rehenes. El
otro, al verse acorralado, se había volado la cabeza con una
escopeta. Los rehenes fueron atendidos durante toda la mañana por
psicólogos y muchos agentes. Incluso ellos fueron llamados para
hablar con algunos.
A las tres de la
tarde pudieron dejar el asunto del atraco para comer. Fueron como
siempre a Celler Albert y al terminar decidieron ir andando hasta la
empresa Orona, donde trabajaba la vícitima, que estaba a algo
más de media hora. Aún así llegaron cinco minutos antes a su cita.
La empresa estaba
situada en la segunda planta. Constaba de una recepción, una sala de
reuniones y varias mesas de trabajo. En la recepción había un gran
cartel con el nombre de la compañía y, bajo éste otro que rezaba
Ascensores Thyssen. Un hombre de aproximadamente sesenta años
gritaba por teléfono desde su despacho acristalado. Se le veía
bastante alterado.
- Leonor Rojo, ¿en
qué puedo ayudarles?- dijo una joven tras el mostrador de la
entrada. Sergi le enseñó la placa en respuesta.- Ya recuerdo, hable
con su compañera esta mañana. Esperen un momento.
Leonor marchó
hacia el despacho del señor que gritaba por teléfono. Tocó a la
puerta y tras unos segundos abrió la puerta. Unos minutos después
volvió.
- Pueden pasar,
don Ginés Orona les espera.- les condujo hasta el despacho
acristalado del que acababa de volver y tocó a la puerta. Tras unos
segundos abrió y los dejó a solas con don Ginés
Estaba algo rojo
producto de la reciente alteración.
- El trabajo puede
llegar a ser estresante pero a su edad debería tomarselo mas
relajadamente. Ahora que lo pienso no se que puede hacer que se
estrese tanto en un trabajo como el suyo- Arantxa fulminó con la
mirada a su compañero. ¿A qué venía ese comentario?
- No se meta,
joven, no conoce lo que es liderar un empresa, lidiando con los
trabajadores y acatando las órdenes de arriba.-suspiró.- Hagan
cuanto antes lo que han venido a hacer.- volvía a alterarse.
- Venimos a
hablarle de un trabajador suyo, Augusto Marañón.- dijo la
inspectora.
- ¿Ha vuelto a
tener problemas con el alcohol? Si es así no volveré a pagar su
fianza. Cuando mi secretaria me dijo que dos agentes querían hablar
conmigo sabía que era por ese insensato. Lo despediré cuando
vuelva. A eso me refería cuando hablaba de lidiar con trabajadores.
- No hará falta.
No volverá a trabajar.
- ¿No habrá
cometido alguna locura? Ya me lo advirtió su mujer. Describía
asesinatos con todo detalle. Tuvo que beber demasiado y confundiría
la realidad con sus relatos.
- No, él no es el
asesino, sino el asesinado. Ha sido hallado de madrugada desangrado
por un disparo en uno de sus ascensores vestido con su atuendo de
trabajo.- el señor Orona permaneció en silencio.- Y bien, ¿que le
dijo su mujer?
Arantxa comprendio
en ese momento lo inteligente que había sido su compañero. Pese a
su juventud había demostrado con creces que se merecía su puesto de
subinspector en repetidas ocasiones.
- Hace unos meses
me llamó para decirme que estaba escribiendo historias sobre
crímenes sin resolver que eran bastante tétricas. El otro día me
comunicó que estaba algo preocupada ya que había subido uno que
narraba un asesinato en uno de nuestros ascensores y las iniciales de
la víctima coincidían con las de Alex Montes, uno de nuestros
empleados.
- Explíquese.
- Mantuvo una
relación con Rosa Valdivia tras su ruptura con Augusto. Estuvieron
juntos un año pero terminaron amistosamente por culpa de un tercer
incidente con Marañón.
- ¿Cómo permitió
que un individuo así trabajara para usted?- preguntó Coll. El señor
Orona bajó la mirada.
- Era el más
eficiente de mis trabajadores y no hubo ningún percance durante las
horas en las que trabajó para mí.- concluyó.- Y ahora si me
disculpan tengo bastante papeleo que hacer y más ahora con la muerte
de Marañón.
Estrecharon la mano
del director y salieron del despacho, una vez allí la secretaria les
acompañó hasta la entrada.
- Ha concluido muy
rápido.- comentó Arantxa.- Además con todos los trabajadores que
tiene me extraña mucho que tenga que hacer papeleo.
- Yo también me
he percatado. ¿Tomaremos metro ahora?
- Sí. Me ha
sorprendido tu técnica, si no lo hubieras hecho no nos hubiera
informado de que Rosa Valdivia es uno de los dos usuarios restantes,
rvg20_06, ya que es
de Tarragona y puede que esas sean sus iniciales.
- Creo que me
debes una disculpa por fulminarme con la mirada. ¿Qué tal un café?-
propuso Sergi, ella rió divertida.
- ¿Cómo quieres
que reaccione si atacas así al pobre hombre que estaba al borde del
colapso cuando hemos entrado? Está bien, te invito a un café en el
London Bar.
Eran las seis y
cuarto cuando llegaron a comisaría. El sol empezaba a caer y las
temperaturas eran algo más frescas que la semana anterior, por una
parte la inspectora deseaba que se adentrara el otoño ya que el
veinte de octubre era su vigésimo-sexto cumpleaños y además le
encantaba pasear por la Rambla o el parque Güell viendo los
castañeros y los puestos de frutos secos, los críos jugar entre las
ojas secas o a los abuelos tomar plácidamente el sol en un banco.
Manuel los llamó a
su mesa.
- Tengo noticias
sobre los usuarios que me pedisteis identificar.
- La primera es
Rosa Valdivia, ex mujer de la víctima, lo sabemos. ¿Qué hay de
ElAsesinoEsElMayordomo?
- El perfil
corresponde a Javier Oporto. Al parecer es capitán de la marina. He
hallado una dirección en Carrer dels Cavallers 12.
- Un capitán con
residencia en Pedralbes, por tanto está casado y con hijos. Si no
pisa tierra casi nunca debe tener familia que justifique el porque de
una casa en el barrio más lujoso de Barcelona. Los lobos de mar
están acostumbrados a dormir en estrechos habitáculos así que si
viviera solo no tendría esa casa. Iremos a ver a su familia.
- ¿Ahora?-
preguntó Sergi con cara de niño cansado.
- Tú conduces.-
le lanzó las llaves de su Mazda. Él las atrapó al vuelo.
Volvieron a bajar
al garaje. Sus coches estaban aparcados uno al lado del otro. El BMW
320D rojo del subinspector relucía pues llo había lavado el día
anterior, era un coche precioso y muy cómodo. El de la inspectora
era un Mazda 6 blanco con asientos interiores de piel color crema y
accesorios en madera. Conocía a su compañero desde el veinticinco
de junio de ese año pero ya le había dejado conducir en diversas
ocasiones. Era muy bueno al volante y tenía un don para encontrar
aparcamientos. Sergi y ella habían tenido feeling desde el primer
momento y habían enlazado una fuerte amistad en apenas poco tiempo.
Llegaron a su
destino tras discutir en el trayecto sobre el nuevo modelo de iPhone
que había salido al mercado. La casa del capitán Oporto era grande
y de bonito diseño, con madera de cerezo en puertas y ventanas. La
inspectora tocó al timbre. Una mujer de algo más de la edad de
Sergi abrió la puerta. Era muy guapa, de ojos azules y pelo cobrizo
perfectamente ondulado. Sergi se quedó mirándola sin decir nada.
- Buenas tardes,
soy la inspectora Arantxa García y él es mi compañero Sergi Coll.-
pronunció de forma más marcada el nombre del subinspector para que
reaccionara. Le mostró la placa.
- Queríamos
hablar sobre Javier Oporto.- dijo por fin reaccionando. El gesto de
la mujer se tornó algo gris.
- Pasen.- dijo
abriendo la verja del jardín. En el césped jugaban dos niños. El
mayor no tendría más de cuatro años, era rubio y de intensos ojos
verdes. La niña pequeña era una calca de su madre.-¡Nicolás,
Sara! ¿Por qué no pasáis a jugar al cuarto? Ya es tarde para estar
fuera.
Les condujo por la
puerta corredera de cristal por la que entraron los niños hasta un
amplio salón. Los niños se retiraron hasta otra habitación de la
misma planta riendo y corriendo.
- Mis hijos son
muy pequeños aún para saber lo de su padre.- dijo indicándole con
la mano que tomaran asiento.- Así que les pido por favor que no
hablen muy alto. Soy Ana Rubio.- Coll frunció el ceño.
- No se a que se
refiere.- dijo Arantxa
- A qué va a ser,
a lo que han venido a tratar, el homicidio de mi marido.- los dos
agentes se miraron, se habían quedado helados.
- Creo que hay una
gravísima confusión en todo ésto. Hemos venido por el asesinato de
Augusto Marañón.- Sergi le tendió una fotografía.- Era técnico
de ascensores para la compañía Orona y también se dedicaba a
escribir en un blog sobre crímenes sin resolver. Apareció muerto
tal y como describía en su última entrada. Buscábamos a su marido
porque apareció como uno de los usuarios que leyeron la publicación
y por tiempo y lugar podrían haberlo asesinado. Aunque ya veo que
imposible. Mil disculpas.
- Crímenes sin
resolver, que irónico. El asesinato de mi Javier aún está sin
resolver. Apareció hace dos años en la bodega del barco asesinado
de un disparo. La bala no coincidía con la reglamenteria. Se
registró a todos los marinos pero ninguno portaba otra arma. Los que
no estaban de guardia tenían coartada y los que estaban durmiendo
dijeron no escuchar el disparo ni oir levantarse a ninguno durante la
noche. Se sospecha que usara silenciador y luego lo tirara con la
pistola al mar.- los agentes intercambiaron una mirada. Demasiadas
coincidencias con el asesinato en el ascensor.
- Espera, eso me
suena.- Arantxa se introdujo con el móvil en el blog de Marañón.
Leyó el título del capítulo once: El asesinato del capitán
J.O.- Se lo mostró a su compañero y después a Ana.
Todo ese caso era
demasiado macabro. La mujer quedó petrificada.
- Muchas gracias
por su colaboración y perdone por las molestias.- dijo mirando el
reloj.- Creo que este caso se ha complicado pero hemos avanzado
bastante con su ayuda. Nuestros compañeros se pondrán en contacto
con usted para ir informándola si averiguamos algo más de su
marido. Ésta es mi tarjeta si necesita cualquier cosa llámenos.
Subieron
rápidamente al coche y Arantxa marcó a Carmen. Se activó el manos
libres del coche.
- ¿Sí?
- Carmen, soy yo,
voy en el coche con Sergi que te está escuchando. ¿Están ahí los
demás?
- Espera... Aquí
están Manuel, Dani y … Rodrigo, sí todos.
- Vale, reúnelos
y pon el altavoz.- esperó a que Carmen le avisara.- Necesito que os
quedéis un rato más, estamos llegando. El caso se ha complicado de
una manera muy siniestra.
- Decidle a
Castillo si está ahí que se quede. Es algo que debe saber.- añadió
el subinspector.- ¿Manuel, estás seguro de que el usuario
pertenecía al capitán Oporto?
- Completamente.
Lo revisé varias veces ¿por?
- Porque ese
hombre murió hace dos años asesinado como se describe en el
capítulo once.- concluyó Arantxa.
- ¡Joder!¿estáis
de coña?- exclamó Daniel.
- Lamentablemente
no. Ahora os daremos los detalles. Mientras, necesito que busquéis
sobre la muerte del capitán para comprobar que Ana no nos ha
engañado, aunque parecía sincera.
Llegaron en apenas
trece minutos. Subieron las escaleras de dos en dos y avanzaron hasta
la sala de juntas, donde les esperaban todos.
- La muerte del
capitán es un expediente confidencial pero está catalogado como sin
resolver. He dado los detalles a mi contacto del capítulo once y ha
dicho que mañana nos dará más detalles.- dijo Rafael Castillo.
- Arantxa, ¿con
qué usuario te has registrado en el blog?- preguntó Manuel.
- Con el que tu me
dijiste. El falso.
- Bien hecho.
- ¿Ibais a hablar
de todas formas en persona con Rosa Valdivia no es así?- preguntó
Rafael a Dani y Rodrigo. Ellos asintieron.- Está bien. Mañana será
otro día, ha sido una jornada larga y merecéis descansar. Mañana
al mediodía nos reuniremos para aportar la nueva información.
El comisario dio
por terminada la reunión. Tras esto se despidieron y fueron
abandonando. paulatinamente la comisaría. Arantxa se quedó en su
puesto un rato más, buscando más información en el ordenador.
- ¿Vamos? -dijo
una voz familiar devoliéndola a la realidad.
- ¿Qué haces aún
aquí? Deberías irte a casa a dormir, debes de estar agotado.- le
dijo a su compañero.
- Y tú. No creo
que hayas dormido mucho las horas de después del asesinato.- Sergi
se puso la americana y le tendió la chaqueta a la inspectora.-
Vamos.
Arantxa obedeció
sin rechistar. Apagó el ordenador y se puso la chaqueta que le había
tendido su compañero. Bajaron hasta el parking donde se despidieron.
- ¿Te apuntas a
tomar algo? Es tarde para cocinar.
- Mejor otro día.
Ha sido un día muy largo. Me tomaré un menta poleo y me iré a la
cama.
- De acuerdo. Come
algo más que es tan importante alimentarse como descansar.- dijo
abriendo su coche.- Bona nit.
- Hasta mañana.
Despertó
sobresaltada, pues había tenido una pesadilla. Miró el reloj y
comprobó que eran las siete y media. Había dormido bastante debido
al cansancio. Comprobó que no tuviera whatsapps ni llamadas mientras
desayunaba. Sergi le había mandado tres whatsapps, '' Necesito que
vengas cuando puedas a mi casa.'' ''He descubierto algo importante.''
Los mensajes habían sido enviados a las dos de la mañana. Terminó
de vestirse, hacer la cama y demás y marchó intrigada a casa del
subinspector.
Justo cuando se
disponía a tocar a la puerta esta se abrió y una rubia que le
resultaba familiar apareció tras ella.
- Buenos días.-
le dijo. En ese momento reconoció que era la recepcionista de la
piscina del caso de Ariadna Fernández. Sin saber muy bien porqué
sintió una punzada en el pecho.- Sergi, llámame.- le dijo al
subinspector que se abrochaba la camisa a sus espaldas. Arantxa pudo
dislumbrar vagamente el tonificado cuerpo de su compañero.- Es un
dios en la cama. ¡Qué suerte tienes de que sea tu compañero!- le
susurró cuando se marchaba. La inspectora enrojeció a la par que
sentía como el pinchazo se agudizaba.
- Buenos días.
Pasa, ¿café?
- No gracias, ya
he desayunado. Y por lo que veo tu también.- el dio una sonora
carcajada.
- Fue más bien el
postre. No es nada serio, no creo que la llame. No es mi tipo.
- No es tu tipo
pero te acuestas con ella. Muy lógico todo, odio que los hombres
hagáis eso.- dijo claramente enfadada
- Eh, que yo no la
he obligado a nada. No he ido a su casa porqué comparte piso, no
suelo traerme a los ligues de una noche a casa.
- ¿Cuántas copas
bebisteis anoche?
- Pocas. Anoche
estaba cansado.
- Tu mensaje a las
dos de la mañana demuestran lo cansado que estabas. Dime que has
descubierto.
- No te enfades
conmigo. Ella conocía perfectamente mis intenciones. Hay una
diferencia entre hacer el amor y follar y ella sabe que hicimos lo
segundo.- tras un rato de búsqueda encontró el azúcar.- Si hubiera
sido en su casa me hubiera ido pero como era en la mía y se quedó
dormida me levanté de la cama y seguí trabajando.
- Sigue sin
gustarme eso de abandonar a la mujer después de conseguir
complacerte. Me parece sumamente machista y egoísta. Pero es tu vida
así que no me meto, haz lo que te plazca.- estaba molesta por la
actitud de Sergi.
- Anda no me
fulmines más con esos ojos verdes y tráeme por favor un libro de
tapa verde que hay en mi despacho, en la mesa.- Arantxa hizo lo que
le había pedido. Al llegar allí encontró, junto al libro una foto
enmarcada de ellos dos. La foto era de hacía algo más de un mes, el
último día que fueron todos a la playa. Tenía recuerdos muy
agradables de aquella jornada.
- También es para
ti- dijo a sus espaldas Sergi.- Le he puesto dedicatoria por detrás
de la foto.
- '' Para
Arantxa, la mejor compañera que se puede tener. Gracias por aguantar
mis tonterías y por haberte convertido en una amiga tan sincera en
el poco tiempo que nos conocemos. Con cariño, Sergi.'' - de
repente se sintió treméndamente culpable por los reproches que le
había hecho y lo abrazó, sintió dos lágrimas correr por sus
mejillas que no pudo contener. El tener la menstruación en esos días
no ayudaba.
- No llores, si no
te gusta puedes lanzármelo a la cara.- dijo para hacerla reir
abrazándola también.- Sé que los ojos claros resaltan más con los
ojos rojos de llorar pero también da dolor de cabeza y no me quedan
ibuprofenos.- Finalmente lo consiguió
- Gracias a ti por aguantar mis manías y mis cambios de humor irracionales.- le
susurró inspirando su perfume. Él la besó en el pelo, era la
primera vez que la besaba por un motivo a parte de la cortesía al
saludar. Ella se separó y él le tendió un pañuelo con sus
iniciales bordadas, S.C.O.- Me muero de la vergüenza ahora
mismo, perdóname.
- Tengo una
hermana y conozco los motivos de pasar del cabreo infernal a la
hipersensibilidad. No te preocupes.Y de nada.-ella bajó la mirada.-
Por cierto, mira ésto. Es el otro motivo por el que te he pedido que
vengas. Ve a la página doscientos diecisiete, y a la ciento
cincuenta. Lee los títulos en voz alta.
- '' Misterios
sin resolver. Capítulo siete. El cadáver en el Transiberiano.'' ''
Misterios sin resolver. Capítulo cinco. Muerte en la cripta.''
- ¿Son verídicos?
- Sí, y lo mejor
es ésto. Lee los capítulos cinco y siete del blog. Son exactamente
iguales. Y adivina la causa de la muerte.
- Herida de bala
de cuarenta y cinco mm y silenciador.
- Premio para la
señorita. Sé que da mal rollo, pero creo que algunos otros casos
son inventados.- miró su reloj de pulsera.- Tenemos que irnos ya a
comisaría.
Cada uno cogió su
coche. Arantxa guardó la foto en la guantera. Había sido todo un
detalle por su parte. Le encantaba la personalidad de su compañero,
por eso se enfadaba con él cuando tenía un comportamiento
inadecuado que manchaba su perfección.
Llegaron
simultáneamente a comisaría. Los estaban esperando, con semblante
serio.
- ¿Qué pasa?
Sólo son las nueve de la mañana.
- Tenéis que ver
ésto.- dijo el comisario Castillo.- sentaos.- le hizo un gesto a
Carmen que giró el ordenador hacia ellos.
- Alguien ha
publicado una nueva entrada en el blog. Es bastante escalofriante.
- ¿Cómo? ¿Quién
más tenía acceso a la contraseña? - preguntó Coll.
- Ese no es el
mayor problema ahora. Leed el contenido del nuevo capítulo.
- '' Capítulo
catorce. Los agentes abatidos. En la tarde del ocho de octubre, a
plena luz del día, dos agentes de policía de veinticinco y
veintisiete años han sido abatidos misteriosamente. Las balas
encontradas corresponden al calibre cuarenta y cinco. Al parecer se
habían entrometido en un caso sobre una muerte anunciada,
profundizando demasiado y como dice el refrán, la curiosidad mató
al gato, en este caso a los gatos...'' - tragó saliva, mirando a
su compañera que estaba blanca como la pared.- '' La más joven
era la inspectora A.G que falleció antes que su compañero el
subinspector S.C quien luchó por la vida de los dos hasta el fin.''
- ¡Joder!- dijo
pasándose las manos por el cabello.- ¿Y ahora qué?
- Tranquilo Coll,
solo intenta asustarnos, pero no lo va a conseguir. Lo atraparemos.-
le dijo su compañera pasándole la mano por la espalda.
- Por ahora se os
asignará protección. Intentad seguir vuestra vida con normalidad,
si cree que no lo habéis leído os dejará.
- Pero si ya
habéis entrado al blog.- replicó el subinspector.
- Manuel puede
borrar el rastro.- dijo Carmen.- Y al parecer no es el único que
puede hacer cambios. El usuario ElAsesinoEsElMayordomo ya no sale
como vinculado al capitán Oporto, sino a vosotros dos.
- ¡Maldita sea!
Éste caso es un jodido enigma. Es de locos.- Sergi se sentía
frustrado.
- ¿Recordáis que
la cartera estaba en un contenedor cercano? Pues un vecino nos ha
llamado porque ha grabado a quién lo tiró con las cámaras de
seguridad de su parking. Aún hay esperanzas. Además hay que hablar
aún con Rosa Valdivia.- les dijo Daniel Puig.
- Vale, si lo que
quiere es jugar jugaremos. Siempre va un paso por delante y debe
seguir creyendo que lo está aunque deje de ser así. Conseguiremos
las pruebas necesarias para destapar su identidad y encontrarlo.-dijo
Arantxa poniéndose en pie.- Rafael tiene razón, debemos seguir
investigando
con normalidad. ¿A
qué hora viene Mónica?
- A las once.
- Tenemos tiempo
de revisar pruebas entonces. Sergi vamos.
- Esta tarde la
tenéis libre, no os preocupéis por las horas de trabajo. Id a casa
temprano y estad siempre acompañados de otra gente.- Castillo era
conocido por ser un gran agente pero también era una gran persona.-
Ahora cada uno a su puesto.
Revisaron todas las
pruebas y declaraciones. Las horas fueron pasando pero no había
resultados sobre la identificación del hombre que había tirado la
cartera al contenedor, hasta ue finalmente dieron las once. Apenas
cinco minutos después llegó Rosa Valdivia, acompañada de un niño
de unos siete años, de pelo negro corto y de ojos marrones. Era
Carlos, el hijo que tenía en común con la víctima. Daniel y
Verdejo se acercaron hasta ella y condujeron al crío a la sala del
café con Arantxa y Sergi.
- Hola Carlos, yo
soy la inspectora Arantxa y él es el subinspector Sergi.- Arantxa le
tendió la mano y él chico la sacudió enérgicamente. Sergi hizo
otro tanto pero el niño prefirió seguir jugando con su muñeco de
acción, mientras tomaba asiento en un sillón.
- Los niños no se
me dan bien.- dijo el subinspector con clara expresión de agobio. La
inspectora le miró de reojo, sonriendo.
Se sentaron frente
a él.
- Carlos, ¿y ese
muñeco? ¿puedo verlo?.-preguntó la inspectora. El niño asintió y
le tendió el muñeco.- ¡Qué chulo!
- Es el hiper
robot. Lucha contra los malos para salvar el mundo.- dijo con emoción
infantil.- Como mi papá.
- ¿Tú papá?
¿Luchaba contra las poleas y los cables rebeldes que no querían
hacer su trabajo?- preguntó Sergi.
- ¡No, tonto!
-dijo para sorpresa de él. Arantxa trató de contener una risa.- Mi
papá me contó que iba a capturar a un hombre malo gracias a eso en
lo que trabajaba cada noche en su ordenador.- Arantxa miró a su
compañero.
- ¿Cuándo te
dijo eso?- dijo devolviéndole el muñeco.
- Poco después de
que se separara de mamá. Cuando ella empezó a cerrar la puerta de
su cuarto cuando traía a dormir a Alex. A veces no me dejaban
dormir.- titubeó en su inocencia infantil.
Sergi miró a su
compañera alzando las cejas.- ¿Sois novios?
- No, no. Sólo
somos amigos.- dijo la inspectora, enrojeciendo.
- ¿Por qué no?
Lo parecéis.
- Porque él ya
tiene novia.- mintió.- Háblanos de Alex Montes.
- Era un hombre
muy bueno con mi mamá, pero siempre discutía con mi papá. Trabajó
como mecánico en la Armada según me dijo cuando fuimos a ver el San
Sebastián El Cano.
- ¿Cuándo fue la
última vez que lo viste?- preguntó Coll.
- ¿A Alex o a
papá? Hace dos meses los dos tuvieron una pelea delante mía. A mi
padre hacía mucho que no lo veía, pero me seguía llamando. Y a
Alex, un día volvió a hablar con mi mamá, y después volvió a
coger sus cosas y ya no lo ví más. Desde entonces en casa sólo
estamos mamá, Kaï, y yo.
- ¿Kaï?
- Sí, el gato.
Ahora entiendo porque no estáis juntos, Arantxa.- la inspectora no
pudo contener la risa.- ¿De verdad tienes novia?
- No, nada serio.-
respondió el subinspector mordiéndose la lengua.
- No me extraña.
¿Hemos terminado ya?
- Sí, guapo.
Gracias por tu colaboración. Ahora Sergi te va a hacer un chocolate
si te apetece.
- No, gracias.
Ahora voy a ir con mi mamá a un Starbucks. Me voy a pedir uno con
caramelo y nata.
Los dos agentes se
levantaron y acompañaron al niño con el psicólogo para que fuera
informado debidamente de lo ocurrido con su padre.
- Pobrecito. Tan
pequeño.
- Apenas lo veía
y cada vez le llamaba menos. Lo superará pronto pero con la ayuda
adecuada.
- Te ha dicho las
cosas con sinceridad.- le dijo para picarle.
- ¿Qué te decía
de los niños? Por cierto. ¿Por qué le has dicho que tenía novia y
no le has dado tu verdadero motivo?- la inspectora enrojeció, ni
ella misma sabía con claridad que sentía hacia su compañero.
- Es muy pequeño
para entenderlo.- se limitó a decir. Ante la intensa mirada azul de
Sergi que le acosaba añadió - A ti sólo te interesa el sexo y no
buscas nada serio. Y yo no quiero eso. Además, somos compañeros, no
quiero mezclar vida emocional con laboral.
- ¿Estás
admitiendo que al menos te gusto?- preguntó inclinando levemente la
cabeza hacia su hombro derecho.- Además, también he tenido
relaciones serias. Aunque no lo creas tengo sentimientos e incluso me
he enamorado.
- Yo no he dicho
eso. Para mí eres solamente un buen amigo, y no quisiera que eso
cambiara.- no quería seguir hablando del tema.
- Está bien.-
dijo el subinspector encogiéndose de hombros, dándose por
satisfecho. Arantxa suspiró aliviada.
Aproximadamente
media hora después terminaron la entrevista a Rosa Valdivia. Arantxa
y Sergi estuvieron observando el resto de la entrevista desde la sala
que había tras los “espejos” de las salas de interrogatorios uno
y dos. No había aportado apenas nada nuevo para ellos. Había dicho
que se había divorciado de Augusto por sus problemas con la bebida
hacía ya dos años. Tiempo durante el cuál había estado saliendo
con Alejandro “Alex” Montes. Terminaron a causa de una pelea
entre Augusto y Alex, según la víctima, Montes tenía un pasado
siniestro y no lo quería cerca de su ex mujer y mucho menos de su
hijo. Dijo además que incluso llegó a mandarle anónimos con
mensajes como: “Aléjate de ellos, enfermo.” o “Rosa, si
quieres sobrevivir coge al niño y vete lejos”. Al parecer este
último mensaje lo habían tomado como una amenaza y habían estado
cerca de denunciar a la policía. Es más, desde entonces, el niño
permaneció totalmente incomunicado de su padre.
Eran ya las doce
cuando Rosa Valdivia y su hijo abandonaron la comisaría. María
Vélez, la psiquiatra que había atendido al crío, dijo que estaba
en un estado de shock post-traumático y que pese a su relativa
tranquilidad al abandonar comisaría y al recibir la noticia,
estallaría en unos días, cuando lo asimilara realmente. Necesitaría
meses de terapia, pero gracias al factor de la separación en los
últimos meses y de su corta edad podría superarlo sin problemas y
sin muchas secuelas futuras.
Castillo reunió
junto a la pizarra de pruebas, a todos los agentes del caso.
- Como ya saben,
sus compañeros, los agentes Coll y García, han sido amenazados de
muerte indirectamente. Así que ruego la máxima colaboración para
atrapar al asesino, reuniéndo el mayor número de pruebas y
trabajando las horas necesarias. ¿Entendido?.- recibió un sí señor
de una veintena de voces al unísono.
- Rafael,-dijo
Carmen.- visto la declaración de Rosa, creo conveniente entrevistar
a Alex Montes cuanto antes, está demasiado implicado y si esperamos
puede darse a la fuga.
- Tal y como
ordenó Castillo, estamos vigilando sus movimientos. Sigue yendo al
trabajo con normalidad y no ha sacado una cantidad importante de
dinero del banco. Pero aún así, estoy de acuerdo con Berenguer.-
dijo el veterano subinspector Padilla.
- Sí, opino lo
mismo. Castañeda, contacte con el señor Montes a través de los
datos proporcionados por la señora Valdivia. Si no lo consigue,
hable con Orona o acudan a su domicilio.- Adolfo Castañeda y Martina
Domínguez asintieron y se pusieron manos a la obra.
- Castillo,-
intervino Sergi, apoyado en una de las mesas cercanas al corro junto
a la pizarra.- tengo una idea. Arantxa dijo algo bastante inteligente
esta mañana, y que al principio no le presté atención.- la
inspectora, en primera fila junto a Carmen, se volvió hacia su
compañero.- Si el asesino quiere jugar, juguemos. Ella y yo
acudiremos esta tarde a las cinco al callejón en el que ha narrado
nuestras muertes en el blog. El cazador se convertirá en cazado.
- Es una buena
idea, prepararemos los tejados y viviendas cercanos con GEOs y
francotiradores. Tres parejas de agentes de paisano merodearan las
calles cercanas. Necesitamos movernos cuanto antes.
- Rafael, eso le
espantaría, no es tonto. Estamos probablemente ante un asesino
múltiple y dado a que usa la misma técnica, puede que uno en serie.
Creo que lo mejor será que vayamos solos.- dijo la inspectora,
conociendo el modus operandi del subinspector. Se levantó un
murmullo generalizado.
- Ustedes dos
están locos. Son demasiado jóvenes para apreciar la magnitud del
problema. No es una novela ni un juego de niños. Es un asesino que
ha pasado desapercibido tras asesinar al capitán de un barco de la
Armada y ha conseguido entrar en un edificio ajeno y acabar con la
vida del técnico sin que ningún vecino recuerde haber abierto a
ningún extraño.- exclamó Padilla escandalizado. Su compañero,
Carlos Mendía, entregó los informes del caso Oporto al comisario.
- “El
capitán de fragata, Javier Oporto, de cuarenta y un años, fue
hallado muerto el quince de abril del dos mil doce, en la bodega de
la fragata Álvaro de Bazán. Se examinó a todo el rol del barco.
Desde el teniente o los guardia marinas pasando por el médico hasta
los electricistas. Ninguno llevaba un arma de ese calibre. Las
cámaras de seguridad no hallaron nada concluyente y esto originó
leyendas sobre el misterioso asesinato y que las declaraciones
variaran conforme pasaban los meses. El caso queda abierto por falta
de pruebas y por una alta probabilidad de que el asesino se hubiera
lanzado al mar tras finalizar su misión pues se encontró un pedazo
de camisa enganchado de un cabrestante, junto al pasamanos. Cabe la
posibilidad de que viajara de polizón antes de realizar su cometido,
oculto en la bodega cuando fue sorprendido por el capitán. Aunque
por ahora son meras conjeturas. Inspector Guillermo Mazán. Comisaría
de Cádiz. Veintitrés de Julio del dos mil doce.” -
leyó Castillo.
- Aún no tenemos
la certeza de que fuera el actor de ese crimen, ya que quizás es una
técnica para despistar. De todos modos no debéis ir solos.
- Confíe en
nosotros. Todo saldrá bien. Prometemos que si en un plazo de
cuarenta y cinco minutos no aparece nos iremos de ahí. Y no
estaremos solos en ningún momento tras ésto.- dijo Sergi.
- De acuerdo.-
aceptó Castillo.- Llevarán de todas formas su arma cargada y el
chaleco. Si han de disparar porque se ven en peligro no lo duden.-
ambos asintieron.- Bien, son casi las dos. Cada uno a su puesto. Y
recuerden, no me gusta llevar traje y corbata negra.- hubo quien no
entendió el chiste.
Sergi y Arantxa
salieron con todo preparado en el coche a las tres. Comieron con un
nudo en el estómago, en un bar de pintxos cercano al dichoso
callejón. Sergi invitó pese a la negativa inicial de su compañera.
- Si vamos a morir
en aproximadamente una hora déjame invitar a mí.- dijo sonriendo.
- No hagas chistes
con eso.- sujetó la mano del subinspector que sacaba un billete de
la cartera.- Te he dicho que no me invites.
- Te voy a invitar
quieras o no quieras. Suéltame anda.- Arantxa cedió a los profundos
ojos azules de Coll.
Una vez pagó la
cuenta, salieron de la tasca y se prepararon en el coche. Eran las
cuatro y media cuando habían terminado, y las cinco menos cuarto
cuando llegaron hasta el callejón. Arantxa sintió un escalofrío al
percatarse de que en el Born, era muy fácil huir y esconderse. Y más
aún, cometer un crimen sin ser visto. Por eso era la zona preferida
de chulos, putas y camellos.
Dieron las cinco.
Nada. A las cinco y siete el maullido de un gato retumbó por el
estrecho callejón haciendo estremecerse a ambos. Sergi se acercó
hasta Arantxa y la abrazó, justo cuando pasaron tres niños
corriendo tras un balón, lo que les daba la seguridad de que no
serían atacados en ese momento. Ella lo abrazó fuerte. Nunca había
sentido tal miedo, aunque había estado en situaciones más
peligrosas. Pensó otra vez en la regla, aunque ya le estaba
acabando.
- No tengas miedo,
no voy a dejar que te ocurra nada. Que me debes una comida, ya sabes
que soy catalán.- consiguió hacerla reír.
- Ayer te invité
a merendar.- replicó en broma, separándose de sus brazos y volviendo
a adoptar una posición en guardia.
- Eso fue una
disculpa. No cuenta.
Un avión de papel
cruzó entre los dos. Coll miró a ambos lados, pistola en mano,
mientras su compañera abría el avión. Éste contenía un mensaje:
“Cuando el ratón se creyó capaz de engañar al gato...”
- ¡Sergi,
cuidado!- el joven policía pudo esquivar a tiempo una botella que
una figura encapuchada le tiró desde una esquina. Era un cóctel
monotov.
Ambos agentes
salieron en persecución del encapuchado al grito de “¡Policía,
no se mueva!”. Era muy ágil. Cuando parecía que ya lo tenían se
encontraron en medio de una calle abarrotada. Lo habían perdido.
- ¡Mierda!.- dijo
Sergi, jadeando.
Una mano agarró a
la inspectora del hombro.
- ¿La inspectora
Arantxa?.- dijo la voz. Instintivamente Sergi se abalanzó sobre ese
hombre, lanzándolo contra la pared con los ojos llenos de ira,
agarrándolo por el cuello de la camisa.
- ¿Qué coño
haces?- gritó intentando soltarse.
- ¡Sergi, para!
Es mi padre.- dijo Arantxa. El rostro del subinspector cambió por
completo. Soltó al padre de su compañera y la miró a los ojos.
Tras ella había otra señora, que intuyó era su madre, dado el
parecido físico.
- ¡Maldición!
Mil disculpas, señor.- Sergi se percató que ese hombre casi de su
altura, de intensos ojos verdes como su hija, rondaría los cincuenta
y tantos. Era delgado y el tenía el pelo entre negro y canoso,
además de unas pronunciadas entradas.
Ahora eran los ojos
del padre de la inspectora los que estaban inyectados en sangre.
- Papá, él es el
subinspector Sergi Coll, mi compañero. No lo juzgues, acabamos de
hacer una misión bastante peligrosa. Lo ha hecho por defenderme.
- Siento conocerle
así, pero como ha dicho su hija acabamos de estar en una situación
peliaguda.- le tendió la mano derecha. Unos eternos segundos
después, le estrechó la mano con fuerza.
- Germán García,
encantado. Espero que sigas defendiendo con ese ímpetu a mi hija.
Ella es mi mujer.- Sergi no sabía si tenderle la mano o darle dos
besos.
- Arantxa Antolín,
mucho gusto. Nuestra hija nos ha hablado muy bien de ti.- viendo es
estado de confusión de Sergi añadió.- Dame dos besos, anda.
- Mamá, ¿Qué
hacéis aquí? ¿Has vuelto a ITA?.- preguntó la inspectora con cara
de preocupación.
- No, hemos venido
a ver la conferencia de psiquiatría de tu hermano, es mañana. ¿No
te acuerdas?- la cara de inspectora lo dijo todo.- lo suponía.
- De todas formas
me viene fatal.- los walkies sonaron. Tan solo se habían equipado
con arma y walkie para no llama mucho la atención con el chaleco.
Sus padres no se habían dado cuenta, pero en ese momento la madre de
Arantxa le levantó el ala de su americana azul marino y vio la
pistola. Sergi contestó a la llamada a sus espaldas.
- Aquí agente
7464, sospechoso a la fuga en Vía Laietana, junto al Born. Portaba
una sudadera negra lisa y un pantalón del mismo color. No ha
mostrado armas de fuego pero ha atacado con un cóctel monotov.- hubo
una contestación por el walkie.- No, no hay heridos. Mi compañera,
la agente 0899 se encuentra perfectamente.
- ¿Cuando ha sido
eso?- preguntó Germán.
- Justo cuando lo
hemos perdido de vista has aparecido tú, dándonos un susto de
muerte. Bueno, ya, susto el que te ha dado él.
Coll guardó el
walkie y se abrochó los dos botones de su americana color marrón.
Ocultando el arma y el walkie. Tan solo quedaban levemente a la vista
la placa y las esposas, que las llevaba en el cinturón. Ahora
hablaba por teléfono.
- ¿Qué planes
tienes para esta noche?- preguntó su madre.- Si quieres puedes
venirte a cenar con nosotros.
- Castillo dice
que no estemos solos en ningún momento así que obedece a tus
padres.- dijo Sergi apartando el móvil de su oreja y tapando el
micrófono.
- ¿Y tú? Ni se
te pase por la cabeza que te voy a dejar solo. Te conozco demasiado
bien y no quiero que te pongas en peligro.
- Si quieres,
veniros los dos con nosotros.- dijo Germán a regañadientes.
- Creo que va a
ser mucho lío. Llamaré a Carmen y a algunos amigos para cenar
juntos. De todas formas ya mañana nos veremos.- dijo Arantxa. No
quería forzar una cena incómoda para todos.
Se despidió de sus
padres y Sergi hizo otro tanto. El padre de la inspectora le agarró
la mano fuerte y le sostuvo la mirada intimidantemente, Sergi apretó
aún más y fingió una sonrisa, cuando en realidad estaba
fulminándolo con la mirada. Parecían estar marcando territorio.
Volvieron al coche.
Ya eran las seis y cuarto, por lo que decidieron ir a merendar a
algún sitio junto al puerto.
- ¿Irás a lo de
tu hermano?
- No sé. No tengo
vestido, ni acompañante, ni ganas...
- Te vendría bien
despejarte un poco. Últimamente estás algo tensa. Lo del
acompañante no hay problema. Y el vestido tampoco, estás en la
ciudad condal.
- ¿Ah sí? Dime a
alguien a quien a última hora pueda preguntarle si tiene un esmoquin
y si le gustaría venir conmigo a la gala benéfica en la que
participa mi hermano... Espera, ¿tú? ¿No te importa? No, ni
hablar, no quiero ponerte en compromiso.
- Mis padres van,
y yo lo tenía pensado, pero luego no me animé. Pero si tu vas,
puedes ser mi acompañante, al fin y al cabo estamos juntos todo el
día. Tengo un esmoquin que me hicieron a medida, espero haber
mantenido la forma.
- Entonces pediré
cita en la peluquería y me miraré algún vestido. Ya tenemos planes
para esta tarde.- brindó su café con Sergi.
- Promete ser una
velada encantadora. Pruébate éste, pruébate aquel, corre a esa
tienda que cierran...- dijo en tono burlón.
Pagaron sus cafés
y se dirigieron al Paralell, a una tienda de vestidos muy prestigiosa.
Al entrar les atendió una señorita.
- Buscábamos un
vestido para una gala benéfica. Es para ella.- se adelantó Sergi.
- ¿Algún color
en especial?
- A ser posible
algún azul marino, bourdeos o verde oscuro.- volvió a hablar por
ella. La señorita asintió y marchó a buscar unas prendas que
encajaran con la descripción.
- Sé hablar, que
conste.- replicó Arantxa algo molesta.
La dependienta
regresó con dos vestidos, uno largo, azul marino adornado con
pedrería que se enganchaba al cuello, y otro corto rojo bourdeos,
plisado desde su final, que quedaría a la altura de la rodilla, y,
que desde la cintura estaba cubierto por una tela de encaje del mismo
color hasta llegar al pecho. Tenía la espalda descubierta.
- Creo que esta es
su talla, le acompaño al probador. ¿Qué número de pie tiene?
- Normalmente uso
un cuarenta.- contestó.
Entró al probador
acompañada por la señorita. Sergi esperó sentado en un sillón.
- Cuando esté
lista o si necesita ayuda, llámeme. En seguida le traigo sus
zapatos.
Una vez la
dependienta salió del gran probador, miró el precio de los
vestidos. Valían un ojo de la cara. El largo rozaba los seiscientos
y el corto, los trescientos. Decidió que lo mejor sería probárselos
y decir que más adelante pasaría o que se lo tenía que pensar.
Empezó por el bourdeos, le había gustado mucho. Se descalzó, se
desabrochó la camisa celeste y se quitó el vaquero, y con mucho
cuidado se puso la carísima prenda. No tuvo problema para abrocharse
la cremallera. Una vez hubo terminado, descalza asomó la cabeza por
la cortina del cambiador. Le había convencido bastante el vestido,
parecía hecho a medida, y gracias a sus extrañas mangas, no se le
veía el sujetador.
- ¿Está lista?-
preguntó la joven dependienta a la que Sergi no le había quitado el
ojo de encima. La inspectora asintió y ella le dió unos preciosos
zapatos de tacón de exactamente el mismo color del vestido. Se los
puso y comprobó que no le hacían daño. Volvió a contemplar su
imagen en el espejo, le convencía demasiado.
Sergi, esperaba en
el sillón blanco con la chaqueta y el bolso de la inspectora y con
cara de cansancio. Pero cuando la vio salir, silbó
involuntariamente. Se le quedó la boca abierta.
- ¿Por qué no
vienes todos los días a trabajar así? Madre mía.- dijo
boquiabierto.
Aprovechando esto,
la inspectora se acercó sensualmente hasta él y, empujó con
suavidad su barbilla hacia arriba.
- Cierra la boca
que se te cae la baba.- se sentó a su lado, en otro sillón,
cruzando las piernas.- Lo mejor es el precio, si que te vas a quedar
boquiabierto. Trescientos quince euros. Y no te digo los zapatos.
- Yo te lo pago.-
Arantxa se rió, luego se dio cuenta de que hablaba en serio.
- Ni lo sueñes.
Si quiero me lo puedo permitir. Estaba ahorrando para comprarme un
móvil nuevo y creo que me sobra un poco de dinero.
- Te lo vas a
comprar ¿no? Ponte tu ropa y vamos a pagar, no vaya a ser que
cambies de opinión. Cómo lo dejes luego te vas a arrepentir y ya no
estará. Ponte de pie.- ella obedeció.- Da una vuelta despacio...
así. Si es que ni hecho a medida.
- Vale está bien,
tu ganas.- cedió finalmente.- Voy a cambiarme.
Con cuidado volvió
a ponerse su ropa y devolvió el vestido azul a la señorita. Sergi
le devolvió su americana y su bolso y la acompañó hasta la caja.
- ¿Sabía usted
que este vestido tiene un veinte por ciento de descuento si además
adquiere otro producto de precio superior a cuarenta y cinco euros?
- ¿Cuánto valen
estos zapatos?- preguntó entregando los zapatos a juego que se había
probado, la mujer tras el mostrador los pasó por caja.
- Cincuenta y dos
con noventa.- dijo para sorpresa de Arantxa que se los esperaba
rozando la centena.- Vienen con una pequeña tara aquí.- señaló
una costura hecha en hilo de otro color pero que apenas se notaba.-
Si quiere le podemos enseñar otro par.- fulminó a la joven
asistenta que les había atendido por no informarla de nada.
- No, así está
bien.
- Serían
trescientos cuatro con noventa.- dijo. La inspectora pagó con su
tarjeta. Mientras le guardaron el vestido en una bolsa especial y le
dieron la caja de zapatos en otra de tela. Sergi cogió todo esto
para que su compañera no llevara peso.
Llegaron hasta el
coche y dejaron las cosas. Por el camino, Arantxa ,llamó para pedir
cita a su peluquera habitual, que era muy amiga suya y tenía su
establecimiento cerca de su casa. Una vez en el coche, él le
preguntó:
- ¿Qué planes
tienes para esta noche? No quiero que estés sola.
- A ti no hace
falta que te diga que estés acompañado porque ya veo las miraditas
que intercambiabas con la dependienta. Y no, no te preocupes. Quedaré
con mis amigas.- Sergi dio una fuerte carcajada.
- Menudo concepto
tienes de mí. No soy un picaflor.- Arantxa le miró con ironía.-
Bueno, un poco, pero entre chica y chica descanso, además que no me
duran solo una noche.
- No hace falta
que me des detalles de tu vida sexual.
- Bueno, ya lo
sabes. ¿Y por qué no vamos de tapeo tu y yo? Conozco un sitio muy
bueno. Si quieres luego podemos salir con los demás.
- ¿Cenar tú y yo
solos? Estando con el Christian Grey de Barcelona no me da buena
espina.- bromeó.
- Sabes que no
intentaría contigo nada que tu no quisieras.- dijo haciéndola
sonrojar.- Conozco un sitio bueno y barato, que bastante dinero te
has gastado ya. Si quieres te invito.
- Gracias, pero
puedo permitírmelo aún. ¿Dónde dices que está ese sitio?
Fueron a cenar a un
bar de pintxos de la Diagonal. Era un lugar de aire de principios del
siglo XX. La barra del bar y las sillas de hierro parecían de otra
época, pero la presentación con un toque minimalista de los pintxos
contrastaba perfectamente. Comieron de pie, casi al fin de la barra,
junto a un gran póster que anunciaba un concurso gastronómico en el
que participaba el bar y que rezaba: “¡Pida el pintxo estrella y
vote!” acompañado de una foto de éste, que consistía en queso de
cabra, membrillo y nuez coronado con una gota de mermelada de tomate
raf. Decidieron probarlo.
- Tu hermano
Germán estudió medicina, pero ¿en qué se especializó?
¿psiquiatría o neurología?
-
Neuropsiquiatría. Es de los mejores de su promoción. Alguien de los
dos tenía que ser el orgullo de mis padres.- dijo con cierta
tristeza.
- No digas eso.
Eres una chica brillante, yo estoy orgulloso de ti y seguro que tus
padres y hermano también.
- Entre mi hermano
y yo es diferente. No hemos competido nunca por ver quién llegaba
más alto, siempre nos animamos y yo le admiro mucho. Pero mis padres
siempre han valorado más, con motivo, a él. Ha llegado a estar
rodeado de médicos de las altas esferas desde que entró a la
universidad, que le han sabido guiar y abrir puertas. Míralo, con
apenas veintiocho años va a dar una conferencia importantísima en
la Ciudad Condal.- bebió un trago de la caña.
- No es el que la
preside, es tan sólo un colaborador.- dijo enseñándole un folleto
que sacó del bolsillo interior de su americana.- Además, ¿y tú?
Eres inspectora de policía con veinticinco años y ya has resuelto
varios asesinatos con una maestría innata.
- Sabes que sin tu
ayuda no lo hubiera conseguido. Además, tú tienes más mérito.
Eres subinspector a tus veintisiete habiendo empezado desde cero, yo
tan solo me presenté a la escala ejecutiva y la aprobé.
- Te tienes en muy
baja estima. Hay muy pocas plazas para inspector y tu la sacaste a la
primera eso es brillante. Yo, en cambio, llevo casi siete años
siendo policía. Hice la carrera de finanzas y ni si quiera hice el
máster pese a la insistencia de mi padre.- pidió otras dos cervezas
al camarero con un gesto.- Me gusta invertir en bolsa, pero ésta es
mi verdadera vocación y amo demasiado los pequeños placeres de la
vida como para desperdiciar mi existencia trabajando de sol a sol
para aumentar una fortuna ajena y cuyo beneficio no podré
aprovechar. Se que mi elección no les gustó, pero tuvieron que
respetarla.
- Mis padres
siempre han apoyado a Germán desde que dijo que quería ser. Sin
embargo, desde que yo dejé clara mi vocación no han hecho nada más
que desmotivarme con cada cosa que hacía. Pero, bueno, como todo el
mundo. Eso me hizo luchar aún más por mis metas.- levantó la
cerveza.- Un brindis por el apoyo incondicional de nuestros
progenitores.
Sergi sonrió
alzando la suya y brindando.
- Cambiando el
tema, estoy impaciente por entrevistar a Montes. ¿Escuchaste al
crío? Trabajó con la Armada. Podría ser nuestro hombre.- dijo la
inspectora.
- Lo que no me
cuadra es el joven que nos ha atacado hoy. Tenía pinta de tener unos
dicisiete años aproximadamente, podría ser un mandado ya que no
encaja con el perfil del asesino, demasiado joven. ¿pero qué le
habrá ofrecido a cambio?
- Ni idea, Manuel
contactará con algún local cercano a donde estábamos para ver las
grabaciones de seguridad.
- Espero que la
juez no tarde mucho en dar la orden.- suspiró. El camarero trajo la
cuenta y cada uno pagó lo suyo. Les salió a cinco euros por cabeza.
El teléfono de
Arantxa sonó. Era Carmen.
- ¿Dónde estáis?
Nosotros estamos en el O'Connell´s.
- Estamos saliendo
de La Tasca, en la Diagonal. Vamos para allá.- colgó,
saliendo del restaurante.
En menos de veinte
minutos llegaron al pub irlandés donde solían quedar los viernes
por la noche o cuando resolvían un caso. Era pequeño y de madera,
adornado con motivos irlandeses. En el centro, una mesa de billar
iluminada y en las paredes dos dianas. Había varias mesas de madera
en la esquina de la ventana, donde había en aquel momento algunos
estudiantes y otro grupo de amigos. Carmen, Andrés y los demás
esperaban junto a la mesa de billar, cerveza, cóctel o whisky en
mano. Coll pidió un beefeater y ella un cóctel irlandés
especialidad de la casa. Jugaron varias partidas al billar y la
inspectora, ganaba aquella noche a todos.
- Me apuesto lo
que quieras a que te gano.- le dijo su compañero, algo animado por
la bebida.
- Trato hecho.- le
estrechó la mano. Colocaron las bolas en el triángulo.- ¿Rompes
tú?
- Las damas
primero.- acompañó sus palabras extendiendo la mano señalando el
tapete y retrocediendo un paso hacia atrás. La inspectora tendió su
americana a Carmen.
Arantxa rompió
metiendo en las troneras superior derecha e izquierda dos bolas
rayadas simultáneamente. Observó el resto de bolas y apuntó a la
bola doce, que tras hacer una carambola metiendo a la bola nueve por
el camino por poco no entró en la tronera.
- ¿Con que esas
tenemos eh?.- Sergi, frunciendo el ceño, se concentró en la bola
tres, que con un fuerte estruendo quedó en su lugar girando sobre
si misma, pero que impulsó a las bolas siete y seis hasta la
tronera. Sonrió orgulloso a su compañera. Sus amigos observaban
atentos la batalla. Sin ángulo de tiro, el subinspector hizo una
carambola que metió a la dos, y en el siguiente tiro se encargó de
dejar a la bola blanca en un punto imposible para la inspectora de
rematar la jugada que había dejado a medias.
-
Cabrón...-maculló. Sergi se remangó la mangas de su camisa blanca.
Ella se desabrochó un botón del cuello y se subió ligeramente las
mangas. Dio una vuelta alrededor de la mesa y finalmente golpeo la
bola blanca. Ésta sacó a la bola cuatro de la posición peligrosa
junto a la tronera y dejó vía libre a la bola quince, previamente
golpeada, pero que avanzaba más lento, girando de forma extraña,
hasta finalmente colarse.
- Eso es potra y
lo demás es tontería.- dijo Fernando, otro de los mejores amigos
del subinspector.
- Pues bien que te
ha ganado, no seas fantasma.- replicó Sergi para picarle.- Bueno,
Arantxa, es hora de ponerse serios. No voy a permitir que me ganes,
nunca me habías dicho que jugaras tan bien.
- Tuve un buen
maestro, eso es todo.- contestó, con gesto pensativo.- Y una mesa de
billar en casa de mis padres.- hacía un calor increíble en el
local. Se desabrochó otro botón asegurándose de que no se le veía
nada. Se sentó sobre el borde de la mesa, y, picando la bola
sentenció a la bola diez.- ¿Contras o iguales?
- Contras.-
contestó mordiéndose la lengua.
Se acercó hasta
ella y agarrándola de la cadera, desde atrás, la ayudó a bajarse de
la mesa. Ella sintió su electrizante tacto, quería despistarla pues
sabía que ella tenía cierta debilidad hacia él. “Si quieres
jugar, jugaremos” -pensó. Volvió a apuntar, ésta vez, se agachó
excesivamente, dejando entrever su pecho. Notó la mirada de Sergi,
pero la ignoró. La bola blanca colocó a la catorce muy cerca de
entrar.
Ahora era el turno
del subinspector, que se deshizo de las bolas uno, cinco y cuatro en
apenas tres jugadas, tras ésto la miró con expresión feroz.
Arantxa consiguió meter por fin la doce y como golpeó con tanta
fuerza, la bola blanca rebotó y cruzó todo el tapete hasta meter la
última bola rayada.
- ¿Contras
decías?- dijo preparándose para tirar. Si lo hacía bien podría
ganar con aquel tiro. Era difícil, pero no imposible.
- ¡Esperad!- dijo
Carmen.- Descanso, como Arantxa va a ganarte, necesitamos negociar
con ella las condiciones de tu derrota.
- No vendáis la
piel del oso antes de cazarla.- dijo Sergi sonriendo
maquiavélicamente.
La inspectora se
acercó hasta Carmen y sus amigas.
- Propongo que te limpie el coche. Tiene que se digno de ver a modo
'camiseta mojada'.- dijo Sofía, entre risas.
- O que te invite a desayunar una semana entera.- dijo María.
- Bueno, no tienes
porque decidirlo precipitadamente, piénsalo. Ahora ánimo.- sus
amigas e desearon también suerte. Cuando se disponía a volver a la
mesa Carmen la paró.- Espera, Arantxa, ¿qué estáis haciendo?
- Jugar al billar.
- Sabes que no me
refiero a eso. Te quiere llevar a la cama, y tú le estás siguiendo
el juego. Ten cuidado, tú le conoces y sabes como juega con las
mujeres.
- No le voy a
dejar, no quiero que me utilice, ya te lo he dicho. No te preocupes
más por mi.
Volvió al juego y
Sergi, viendo la duda de su compañera ante la jugada se acercó por
detrás, abrazándola para guiar su posición y obligado a situar sus
glúteos contra su cadera.
- Así.- le dijo
al oído. Arantxa falló el tiro a drede.
- ¡Qué pena!
Casi lo tenía.- lo separó de ella al incorporarse.- No me gusta que
me dejen ganar.- le susurró. Sergi contuvo la risa, pero no pudo
evitar una sonrisa.
Metió la bola que
le restaba y falló a posta el siguiente turno.
Arantxa tampoco la
quiso meter, pese a que sabía como hacerlo.
- Tengo curiosidad
por saber que conseguirás al ganar.- le dijo en voz baja. Sergi
sonrió diabólicamente y con una increíble técnica finalizó la
partida introduciendo la negra en el agujero contrario al que había
introducido la última bola, con un tremendo golpe. Hubo un vitoreo
de sus amigos y estuvieron bromeando todos un rato. Eran casi las una
de la noche.
- Y bien, ¿cuál
es el castigo que le impones?- preguntó Andrés.
- Tengo que
pensarlo, ya se lo haré saber mañana por la mañana. Bien jugado.-
estrecharon la mano, retándose con la mirada.- Ahora, si me
disculpáis mañana tengo un interrogatorio importante y tengo que
estar fresco.
- Tienes razón,
yo también tengo que irme. ¿Me llevas hasta mi coche?- él asintió.
Se despidieron de
todos y salieron del bar. Ahora estaban solos y un poco contentos por
el alcohol. Hacía fresco, comparado con la temperatura del pub. La
inspectora se abrochó la americana.
- ¿Quién fue tu
maestro?- pregunto rompiendo el hielo.- En el billar, antes has dicho
que tuviste un buen maestro.
- Un novio que
tuve...- Sergi notó el tono preocupado.- Era británico, John Crowe,
fue profesor mío cuando estuve de Erasmus. Tranquilo, era tan sólo
cinco años mayor.
- ¿Puedo
preguntarte por qué lo dejásteis?
- Teníamos vidas
muy diferentes, a pesar de que vino el año siguiente a trabajar a
España a mi universidad, él era inglés, yo española, y ambos
teníamos unos sueños que no queríamos abandonar, así que
decidimos de mutuo acuerdo que lo mejor sería no llegar lejos en
nuestra relación porque no queríamos que ninguno de los dos dejara
sus metas a un lado.
- ¿Cuándo fue
eso?
- Hace diez meses.
Él fue mi maestro en muchos sentidos, me enseñó a jugar al billar
americano, al inglés, estadística obviamente, y a dejar de ser una
niña.- sonrió amargamente.
- Él fue tu
primer amor.- dijo con aspecto dolido.
- Sí, pero eso
queda ya en el pasado. Ahora no me interesa ningún tipo de relación
sentimental, siempre me ha resultado muy difícil enamorarme y más
aún confiar en un hombre.
- Yo puedo
ayudarte a cambiar eso.- abrió el coche con el mando. A continuación
le abrió la puerta del acompañante.- Si me dejas.
Mantuvieron la
mirada. Sergi la acorraló contra el coche. La inspectora solo quería
dejarse llevar por la pasión y despertarse desnuda en su cama, pero
no quería ser una más de su lista, un objeto sexual del que se
aburriría a las dos noches. Se metió en el coche aprovechando que
la puerta estaba abierta. Él rio desconcertado y subió al asiento
del conductor. Puso la radio para romper el silencio, sonaba “Title”
de Meghan Trainor.
Llegaron hasta el
coche de Arantxa en comisaría. Sergi abrió el maletero y sacó el
vestido y los zapatos. Ella mientras abrió el suyo. Dio un grito que
sonó por todo el parking. Sergi rápidamente soltó las bolsas y
desenfundó su arma.
- ¡Arantxa!
¿Estás bien?- corrió hasta donde estaba la inspectora, sorteando
la columna que obstaculizaba su ángulo de visión.
- Sí, tienes que
ver esto.- en el maletero de la inspectora había una foto de ellos
dos saliendo de la tienda de vestidos, otra de La Tasca y otra a la
entrada del pub. Éstas tenían sus caras tachadas en tinta roja, y
un mensaje que decía: “No os metáis donde no os llaman. No
llaméis a los técnicos, no soy tan imbécil como para dejar
pruebas. En el apartado de correos del papel adjunto podréis
encontrar un informe que os ayudará a salvar vuestras almas. Es una
advertencia.”
- Definitivamente
hoy no te quedas sola en casa. Vendrás conmigo digas lo que digas.
- Fíjate, ésto
está escrito por un zurdo. ¿Ves ese borrón de tinta? Sí ha dejado
pruebas. Ha tratado de hacer una letra diferente con la mano con la
que escribe por lo que debe ser muy inepto con la mano derecha.
- Ahora no es
momento. Deja los papeles y cierra el maletero, vamos a mi casa.
- Espera.- cogió
de la guantera la foto dedicada del subinspector.- Ahora.
Volvieron a subir
en el BMW de Sergi.
- No exageres, no
creo que sea necesario.- el subinspector no contestó y cogió el
camino hasta su casa.-¡Sergi! Aunque sea déjame coger algo de ropa
y mi neceser.
- Si vamos a tu
casa no querrás venir conmigo.
- Normal, estás
actuando de manera paranoide. Te ordeno que des la vuelta.
- ¡No! Han sido
capaces de abrir tu coche, que está en el parking de comisaría y de
perseguirnos toda la tarde sin que nos demos cuenta. No voy a dejarte
correr más riesgos, digas lo que digas.- exclamó con tonalidad
enfadada.- Por la ropa no te preocupes, te dejaré algo mío para
dormir. Como sabes tengo habitación y baño de invitados, toallas
limpias y mañana sábado pasaremos antes del interrogatorio por tu
casa para que te pongas ropa limpia.
- Está bien.-
cedió la inspectora sorprendida por su compañero.
Sergi paró en una
farmacia.
- ¿Necesitas
algo? ¿Compresas o tampones?
- No, ya he
acabado con la regla, gracias, de todas formas siempre llevo de
repuesto en el bolso. Lo que si te agradecería eternamente es que me
compraras un cepillo de dientes.
- Está bien,
¿algo más?- ella negó con la cabeza. A su compañero le
caracterizaba la ausencia de tapujos. En apenas dos minutos Sergi
regresó con la bolsita de la farmacia.- No me pagues nada.- dijo al
ver que ella sacaba algunas monedas.
Arantxa decidió no
rechistar más durante el trayecto.
Sergi abrió la
puerta, le dio a su compañera las bolsas y entró pistola en mano,
pidiéndole que se quedara en la puerta. Unos minutos después, una
vez hubo comprobado que estaba todo despejado la hizo pasar.
- Estás
volviéndote un esquizofrénico.
Con cara de enfado
cogió las bolsas que le había dado y la condujo hasta la habitación
de invitados. Dejó la bolsa del vestido y los zapatos sobre la cama,
sacó el cepillo de dientes de la bolsa de la farmacia y se lo dio en
la mano.
- ¿No vas a
pedirme que duerma contigo, no vaya que me secuestren mientras
duermo?- preguntó ella sarcásticamente.
- No me des ideas.
Como te pase algo no me lo perdonaría, estaré despierto toda la
noche.
- Ni de broma,
llevas mucho sin dormir. Si quieres defenderme te necesito al cien
por cien de tus fuerzas. No soy una princesa a la que tengas que
rescatar pero agradezco tu preocupación y protección.
- No hay nada que
agradecer, espíritu libre.- añadió sonriendo.- Ahora te traigo
una muda.
Arantxa abrió el
armario y colgó el vestido nuevo y su americana. Dejó la caja de
los zapatos en el fondo del armario. La luz se apagó. Al volver a
incorporarse, cuando se disponía a llamar a Sergi, notó una
presencia detrás suya que le cogió de la cintura. Instintivamente
hizo una llave de las que le habían enseñado en la academia, pero
para su sorpresa la silueta supo pararla, atrapándola contra sí.
- Soy yo,
tranquila.- reconoció la voz, era él.- Se ha ido la luz y te había
agarrado para que no te dieras al levantarte a oscuras.
Sus ojos, más
acostumbrados ahora a la falta de luz, se encontraron con los de su
compañero, que seguía abrazándola.
- ¿Son los
plomos?- preguntó. Sergi miró por la ventana. Las luces de los
edificios contiguos estaban en su mayoría apagadas debido a la hora,
pero había algunas que si estaban encendidas.
- Las farolas
están encendidas, aunque van por un sistema diferente, los demás
edificios tienen luz así que o es éste piso o han saltado los
plomos. No me da buena espina.- Arantxa se llevó la mano hasta la
reglamentaria, cuando su compañero la soltó, y se puso delante de
ella pistola en mano.-Quédate aquí. Voy a ver los plomos del
pasillo y a comprobar la puerta. No saltan así porque sí y yo no he
enchufado nada. Si no funciona tendré que bajar hasta el sistema
central.
- Ni lo sueñes,
voy contigo.- Avanzaron hasta la cajeta. La inspectora enfocó con la
linterna del móvil y para su alivio comprobaron que un diferencial
estaba hacia abajo. Al subirlo volvió la corriente eléctrica. El
subinspector corroboró que la puerta estaba cerrada, pero para su
sorpresa la llave no estaba echada al completo, tan sólo tenía una
vuelta y el juraría haberle dado las tres.
- Definitivamente
duermes conmigo.
- Puede que no la
hayas cerrado bien, es muy tarde y ha sido un día estresante. Pero
no te voy a decir que no. Me estoy comenzando a asustar.
- Te he dejado
sobre la cama una camiseta de licra blanca, una sudadera por si te da
frío y para que elijas dos pantalones. Uno es de pijama que
seguramente te venga grande y largo, y el otro es de deporte corto,
con elástico. Está todo limpio. Hay pasta de dientes sin empezar en
el armario del cuarto de baño.
- Me imagino que
está limpia, gracias. Me cambio y me lavo los dientes mientras te
pones tu pijama.
La inspectora se
puso la camiseta de Sergi, le quedaba un poco grande pero al ser de
licra no le daba frío. Aún así se puso la sudadera color mostaza
que le estaba larga de mangas y ancha. Parecía que se había puesto
la ropa de un jugador de fútbol americano. Pensó que su compañero
era un hombre bastante alto y fuerte. Eligió el pantalón corto azul
marino. Se fijó en que tenía el mismo emblema que la sudadera
cuando se miró al espejo: Equipo de Rugby Universidad de
Barcelona. “Casi” pensó.
- ¿Qué número
eras?- preguntó, tocando a la puerta que estaba abierta. Su
compañero, abriendo la cama con el pijama ya puesto.
- El trece.- dijo
sonriendo.
- Cuando jugaba al
baloncesto elegí el trece.- dijo la inspectora ayudándolo.- Casi
nunca me sacaban, sólo sirvo para tirar tiros libres y hacer
asistencias.
- Eso no es
verdad, yo te he visto jugar y no se te da mal. A mi si me sacaban,
porque se me daba bien placar a los rivales. Liberaba mi rabia.
Arantxa se quedó
quieta, esperando a que Sergi eligiera su lado de la cama.
- Me da igual,
escoge tú.- dijo al darse cuenta de la situación.- Nunca duermo
acompañado. Hace años que no tengo una novia formal con la que me
quede toda la noche.
La inspectora,
indecisa, eligió finalmente el lado derecho de la cama que para
ella, desde dentro, era el izquierdo. Se acomodó lo más próxima al
borde de la cama posible. Las palabras de Carmen sobre su compañero
sonaban en su cabeza, aunque pensó que ya había pasado algo más de
una hora y muchos acontecimientos desde que terminaron su provocativa
partida.
Coll se tumbó al
otro lado, pero algo más centrado.
- Te vas a caer.
Prometo no morderte si te acercas un poco más.- dijo tumbado de
lado, mirándola, consciente de que le resultaba incómodo.
- Bueno si tú lo
dices te creeré.- contestó riendo. Se acercó un poco más a él.-
Buenas noches y gracias por todo. Aunque te diga todo lo que te digo
te estoy muy agradecida.
- No hay de que.
¿Recuerdas tu derrota en el billar?- ella asintió.- Gané yo, por
tanto tienes que hacer lo que te pida.
- ¿Qué me vas a
pedir?- preguntó tragando saliva.
- Quiero que me
prepares uno de los famosos ajetes que te enseñó a hacer tu abuela.
- ¿Sólo eso?-
preguntó sorprendida.- Me parece bien. ¿Cuándo?
- ¿Tienes planes
para el domingo? Si quieres puedes prepararlo aquí y luego tocamos
la guitarra o vemos la película que me recomendaste.
- En principio no
tengo nada que hacer, ya lo hablaremos. Descansa.
Se acomodó de
lado, de espaldas a su compañero. Él se quedó también de lado,
mirándola. Ella se dio cuenta pero lo ignoró.
- No puedo
dormir.- dijo tras quince minutos. La verdad es que ella tampoco
podía.
- Sergi, son las
dos, inténtalo.
- Se me ha pasado
el sueño. No me apetece dormir precisamente.
- A mi también,
ha sido un día cargado de emociones y tensión.- añadió
volviéndose hacia él como si no hubiera pillado la indirecta.
- Podríamos
descargar esa tensión de alguna manera.- se insinuó.
- Necesitas
descansar, te he dicho que te necesito al cien por cien. En todos los
sentidos.- se incorporó para quitarse la sudadera. Él le pasó la
mano por la espalda, haciéndole sentir un escalofrío. Sin previo
aviso, ella se puso encima suya, de rodillas sobre su pelvis.- ¿Es
esto lo que quieres? ¿follarme y luego actuar como si nada hubiera
pasado? No, gracias. Ahora duérmete o no volveré a compartir cama
contigo.
El subinspector aún
estaba incrédulo.
- ¡Qué
carácter!- musitó. Ella volvió a su posición, con gesto de
enfado.- Perdóname, ha sido un día agotador y de lo más confuso.
No me lo tengas en cuenta.
- No pasa nada, he
podido darte una impresión equivocada.
- No
me des la espalda, por favor, parece que estés enfadada.- ella
cambió su postura, poniéndose boca abajo ,mirándole.- Gracias.-
dijo, en la misma posición que ella pero en espejo. La besó en la
frente.- Bona nit.
- Buenas noches, subinspector Coll.
El iPhone de Sergi sonó, despertándolos. Él alargó la mano hasta
su mesita sin incorporarse, miró el nombre del contacto y colgó,
volviendo a dejarlo sobre la mesita. Ella, aún en adormilada se dió
cuenta de que estaba apoyada sobre el pecho de su compañero. Hizo
ademán de alejarse.
- Tss, no te levantes. Aún es temprano, son las seis y media.
- ¿Quién era?.- preguntó, cambiando de postura, separándose de
él.
- Número desconocido.- Sergi recortó la distancia.
Se volvieron a dormir.
A las ocho y veinte la inspectora se despertó alarmada. Se acordó
donde estaba cuando, frente al espejo vio a Sergi cambiándose de
camiseta. Definitivamente no tenía tapujos. Se puso un polo blanco
de manga corta. “Esto está mal, no debería mirarle mientras se
cambia.” pensó. “Aunque, es él el que ha decidido vestirse
aquí.” Afortunadamente ya se había cambiado de pantalones antes
de que ella se despertara, allí o en otro lugar, lo desconocía. Una
vez hubo terminado se incorporó, esperando no estar muy despeinada.
- Buenos días, Sergi.- dijo, acercándose sigilosa por detrás. Él
dio un respingo.
- Buenas.- disimuló.- ¿Has dormido bien? Ahora preparo algo para
desayunar.
- ¿Qué planes tenemos? ¿A que hora es la entrevista?
- A las once, hay tiempo todavía, cuando quieras pasamos por tu
casa.
- Necesito ducharme.
- Ya te dije que podías usar mi ducha, tanto la del baño de
invitados como la de mi habitación, no me importa.
- No quiero abusar de tu confianza.- pensar en ducharse en la misma
ducha en la que Sergi se lavaba le resultaba algo erótico, pero
inmediatamente se le pasó la idea de que tal vez se hubiera duchado
con alguna de sus conquistas y esa sensación se convirtió en un
molesto pinchazo en el estómago.- Lo haré en mi casa. Por cierto,
me llevo la ropa que me has dejado y te la devuelvo ya lavada, ¿vale?
- No hace falta, solo has dormido una noche con ella, la sudadera no
la has llevado ni media hora. Para hacer deporte me la puedo poner.
Si quieres te la dejo por si quieres pasar otra noche conmigo, y con
ropa.- musitó casi inteligiblemente, pero ella lo escuchó, aunque
haciéndose la sueca. No sabía que le pasaba últimamente con su
compañero, tal vez se estaba enamorando o estaba confundiendo la
extraña amistad que tenían. Pensó que pese a su lucha interna, si
seguía así conseguiría llevársela a la cama.
Fueron hasta el salón- comedor, que se separaba de la cocina tan
solo por una barra. El diseño de la casa era algo minimalista a la
vez que clásico. En el salón, había un piano acústico de pared y
a su lado, en su expositor, la guitarra Gretsch Nashville naranja.
Tenía una smart TV, que quedaba separada de los dos sofás biplaza
de diseño rococó verdoso (cosa que Sergi odiaba) por una mesita.
Tras el respaldo de este sillón había un espacio de unos dos metros
y medio hasta la barra de la cocina, con dos taburetes en el lado del
salón. Junto a la puerta del pasillo y junto a los instrumentos
estaba la mesa del comedor, de la misma madera de los muebles y la
pequeña biblioteca abarrotada de libros que estaba contra la pared,
cerca de la puerta de entrada. A su derecha había dos pequeños
sillones del mismo diseño rococó, una mesita y una lámpara. Era un
apartamento bastante amplio, ya que además contaba con dos baños y
tres dormitorios, uno de ellos utilizado como despacho.
Sergi preparó café y mientras la inspectora fue a vestirse. Al
coger el móvil se percató de que no tenía batería. Esperaba que
no le hubiera llamado nadie. Entonces se acordó de la llamada de
número desconocido de aquella mañana.
- ¡Sergi!- lo llamó. Fue hasta la mesa del comedor donde su
compañero terminaba de servir los cafés y las tostadas que había
preparado.- ¿Puedes decirme el número desconocido que ha llamado
esta mañana? Sospecho que sea mi padre, porque mi teléfono estaba
apagado.- se sentaron a la mesa.
- Sí, búscalo tu misma. Mi contraseña es mi fecha de nacimiento.-
introdujo el código y corroboró sus sospechas.
- Es mi padre, debería llamarlo, si ha marcado tan temprano debe
ser algo importante. Me pidieron tu número por si alguna
emergencia.- se excusó.
- Mierda, tu padre me odia y como sepa que has pasado la noche
conmigo va a matarme, aunque no haya pasado nada entre nosotros.- dio
un sorbo al café humeante.
- No te odia, sólo que no os habéis conocido de la manera más
apropiada. ¿Me dejas llamar?- su compañero asintió. Ella se
levantó de la silla, para ir a otra habitación pero él la detuvo.
- No me molestas, quédate y así puedo hacerme a la idea de si
llevar chaleco a la conferencia bajo el esmoquin.- ella sonrió,
aguantando la risa, con el teléfono en la oreja.
- ¿Sí?- contestó la voz de su padre.
- Papá, soy yo, Arantxa. ¿Ha pasado algo?
- Eso me gustaría saber a mí. Tu teléfono apagado, no contestabas
al fijo de la casa, estábamos preocupados.
- Lo siento, no tenía batería. Decidme, ¿qué ha ocurrido?
- Tu madre se ha preocupado por una noticia que ha ocurrido esta
noche. No sé si lo sabrás pero han abatido a dos agentes esta
madrugada en el barrio gótico. Una inspectora herida en el hombro y
su compañero leve ya que le ha rozado una bala la pierna solamente.
- ¿Cómo? ¿Eran nacionales? ¿Han dicho brigada o comisaría?
- Sí, nacionales, pero solo han dicho que están en el
Universitario de Barcelona ingresados. ¿Dónde estás? Tu madre
quiere verte.
- Ahora no estoy en comisaría, iré hacia las once ya que tengo un
interrogatorio. Tengo una mañana ajetreada. Pásamela.
- No hasta que me aclares que te traes con ese. No me gusta nada. Sé
que habéis pasado la noche juntos. Tu móvil sin batería, que no
contestaras al de tu casa, que estemos hablando desde el suyo, y que
escuche perfectamente como desayunáis y no en una cafetería.- Sergi,
que escuchó esto se atragantó con el café.
- Estás sacando conclusiones precipitadas. Sólo somos compañeros y
sí, muy buenos amigos, pero nada más. Tienes razón, he pasado la
noche en su casa, pero no en el sentido que tu piensas. Os dije que
estamos llevando un caso complicado, y anoche pasaron... ciertos
acontecimientos que propiciaron que, por seguridad de los dos, era
mejor que estuviéramos bajo el mismo techo. Y aunque así lo fuera,
ya soy mayor para hacer lo que quiera. Más tarde llamo a mamá.
Buenos días.- colgó malhumorada.
Estaba roja como un tomate, en parte por la ira, pero
mayoritariamente por lo vergonzosa de la situación. Dejó el móvil
sobre la mesa y se llevó las manos a la cara.
- No te preocupes, mi padre es igual con mi hermana. Lleva un año
con un amigo de la universidad, y cuando mi padre no lo sabía aún
se creía que estaba con su mejor amigo, que es gay, pero en aquel
momento solo lo sabía mi hermana y sus amigos más cercanos.
- El problema es que tu no eres gay, y no cuela que lo seas. Da
igual, qué importa ya.
- ¿Puedo hacerte una pregunta muy personal?- ella, arqueó una
ceja, pero finalmente asintió.- ¿Llevas sin follar desde que lo
dejaste con tu novio?
- ¿Qué? ¡No! John fue el primero, pero no el único. Yo también
tengo mis ligues, Sergi, y si quiero puedo llevarme a un hombre a la
cama.
- Luego me criticas a mí.
- Lo tuyo es distinto, suelo conocer a mis parejas sexuales antes de
acostarme con ellos, y además, ellos saben lo que busco y buscan lo
mismo. Tú engañas a las mujeres, y cuando te cansas buscas otra
flor que picar. ¿Algo más que quieras saber de mi vida sexual?
¿Postura? La flor de loto.
- ¿En serio?- abrió mucho sus ojos azules.
- No, ¿crees que te lo diría? Tendrías que averiguarlo.-
enseguida se dio cuenta del doble sentido de la frase.- como
investigador que eres.-Él dio una carcajada.
- ¿Sabes? Dicen que la biblia te enseña a amar al prójimo, pero
que es el kamasutra el que te dice como hacerlo, así que como hombre
práctico solo compraría el segundo.
- Sí, te gusta la práctica en demasiados sentidos y no tanto la
teoría. Como los informes, éste te toca a ti.- apuró el desayuno.
Ahora, si no te importa, recogemos y me acompañas a casa.
Sergi asintió levantándose de la mesa y retirando ambos platos.
Ella retiró las tazas. En menos de cinco minutos recogieron y
fregaron, hacían muy buen equipo para todo.
No tardó mucho en ducharse y arreglarse, así que aprovechó ara
colocar su vestido y encontrarle un lugar a la foto dedicada de su
compañero. Bajó, veinte minutos después de que su compañero la
dejara en el portal. Él la esperaba aparcado junto a la puerta,
fumando.
- Espero que no te hayas fumado más de dos, dijo señalando las
colillas que había en el suelo, cerca de él.
- No son mías, éste es el primero de la mañana, te lo prometo. He
aprovechado para hacer unas llamadas.- abrió la puerta del
acompañante, junto a la cuál estaba apoyado.- Sube.
Hizo lo que le pedía. Él enseguida subió en el asiento del
conductor.
- Lo primero que tenemos que hacer es revisar que la nota del
asesino siga en tu maletero y hablarlo con Castillo esté o no
todavía. Por cierto, pasaré a recogerte para la conferencia de tu
hermano sobre las siete y media esta tarde.
- Creo que deberíamos seguirle el juego, e ir al apartado de
correos indicado. Debemos adelantarnos a sus pasos.
- Por eso mismo, él espera que como es normal en nosotros vayamos
lo antes posible ante esa nueva pista, pero no lo vamos a hacer.
Iremos esta tarde.
- Podría haber pistas que inculpen a Montes.- insistió.- No
tenemos otra prueba fuerte contra él.
- Dijiste que si quería jugar jugaríamos, pues bien, vamos a jugar
a nuestro juego, ignorando sus provocaciones. No vamos a ir, al menos
esta mañana a la dirección. Vamos a ignorarla.- Arantxa se quedó
pensativa.- Bueno, inspectora, al fin y al cabo tu mandas. ¿Qué
opinas?
- Que eres brillante. Estoy de acuerdo.
Llegaron a comisaría. Comprobaron que el coche de la inspectora
continuaba sin más cambios respecto al día anterior y subieron
hasta la segunda planta, donde trabajaban.
Eran las nueve y media, el sospechoso llegaría a las diez y media
aunque el interrogatorio no empezaría hasta las once. Decidieron
preguntarle a Manuel por los resultados de la grabación de la cámara
que había en el callejón donde se encontraron el móvil y la
cartera de la víctima.
- Coll, Arantxa, venid a ver esto.- dijo Carmen nada más verlos
acercarse.- ¿Era éste el chico que os atacó en el Born?
Se acercaron hasta la pantalla del Mac de Manuel, en la cual se
proyectaba un vídeo en el que se veía a un joven encapuchado,
abriendo el contenedor y metiendo en él los objetos que encontraron
pertenecientes a la víctima.
- ¿Está fichado?- preguntó Sergi, apoyándose en la mesa, rozando
el brazo de su compañera. Ella pudo aspirar su embriagador perfume
Ralph Lauren.
- No, pero el que si lo está es vuestro sospechoso.- dijo Daniel a
sus espaldas entregándole a la inspectora el expediente.
- Alejandro Montes Ruíz, detenido por tenencia ilícita de armas y
oposición a la justicia. Resultado del juicio, en libertad tras pagar
una fianza de tres mil euros.- leyó
- Más claro el agua, es el culpable. Sólo nos queda hallar el
móvil del crimen que sigue sin estar claro y la relación con el
encapuchado.
- No saques conclusiones precipitadas, Dani.- dijo Sergi.- Yo
también tengo esa corazonada pero no queremos encarcelar a un
inocente. Por ahora céntrate en averiguar quién es. Lo quiero para
esta tarde sin falta.
- Pero, Sergi, es muy difícil que lo consigamos en tan poco tiempo.
- No me importa, buscad por las vestimentas, los rasgos, preguntad a
quien haga falta. ¿Oído, oficial?
- Sí, subinspector.- contestó volviendo con su compañero.
Arantxa notó que su compañero estaba raro, quizá algo obsesionado
con el caso, y más desde que recibieron la amenaza. La hiperprotegía
pese a que ella dijera no necesitarlo. Pensó en que si aquella noche
el culpable no estaba en el calabozo, él la obligaría a que
durmiera ora vez en su cama y sintió un escalofrío ya que no sabía
si aguantaría esa presión que el ejercía sobre ella mucho más
tiempo.
- ¿Qué pasa si esta noche no hemos atrapado al culpable?.- se
atrevió a preguntar.
- Lo mismo que esta noche. Dormirás conmigo.- dijo con seguridad.
- ¿En la misma cama?
- Me quedo más tranquilo, sí. No pasa nada porque compartamos el
lecho, ya lo has visto. No hay nada malo en ello.
- Ya. Por cierto, ¿ sabes si han conseguido las grabaciones de la
cámara de los comercios colindantes al callejón?
- La cámara pertenece a una ferretería que ahora está cerrada.
Sufrieron tres robos el año pasado y por eso instalaron la cámara.
El dueño nos ha dicho que contactará con la empresa de seguridad
por si puede conseguir algunas grabaciones pero que canceló el
servicio hace dos semanas, por eso aún la tiene instalada.- dijo
Rodrigo, acercándose al oír la pregunta de la inspectora. Esperaba
que no hubiera oído más parte de la conversación.- Es difícil que
consigamos algo más esta mañana. Esas cosas tardan un tiempo y sin
la presión que ejerce una orden judicial...
- ¿Y sobre el registro de la casa de Alex Montes?- preguntó Sergi.
- Hasta que no tengáis la entrevista será mejor no actuar.
Castillo lo prefiere así, será mejor que intentéis sacarle toda la
información que podáis sin dejarle tiempo para pensar. Queda algo
más de media hora para que llegue.
Nunca se preparaban a fondo los interrogatorios, sino que
improvisaban, cosa que se les daba bastante bien, pero acordaron
centrarse primeramente en su coartada y su relacción con la víctima
antes de profundizar en su pasado con la Armada y el asesinato del
capitán Oporto.
Según lo previsto el sospechosos llegó a comisaría cerca de las
diez y media. Rellenó el papeleo burocrático habitual y entró en
la sala de interrogatorios a las menos cuarto.
- Recuerda que dividiremos el interrogatorio en dos rondas. Primero
será relajado, como si no supiéramos nada más que el asesinato y la
existencia de la página web. Nada de Oporto ni del encapuchado. Con
esto se confiará y procederemos a una segunda parte donde le
atacaremos sin tiempo para pensar.- le recordó Coll, antes de
dirigirse a la sala de interrogatorios número dos.
Entraron con una puntualidad británica cuando el reloj del iPhone de
la inspectora cambiaba a marcar las once en punto. Bloqueó el móvil
y lo guardó en el bolsillo interior de su americana. Se sentó
frente a Montes y a la izquierda de su compañero. Alejandro Montes
era un tipo joven de complexión media, más bien delgado y de un
metro ochenta de altura aproximadamente. Su pelo era negro, rizado y
más bien corto. Los ojos almendrados y de cejas finas y marcadas.
Ahora fruncía el ceño.
- Señor Montes, yo soy la inspectora Arantxa García y él es mi
compañero, el subinspector Sergi Coll.- se presentó terminando de
abrir la carpeta y tendiéndole la mano. Aunque tardó en reaccionar,
mostrándose distante, al final le apretó la mano y después al
subinspector.- Como sabrá estamos aquí por la muerte de su
compañero de trabajo, Augusto Marañón, que murió asesinado
mientras arreglaba un ascensor.
- ¿De qué se me acusa? ¿Por qué me han metido en la sala de
interrogatorios?- preguntó con cierto nerviosismo quizá fingido.
- Tranquilícese, no se le acusa de nada.
- No soy un criminal para estar aquí.- añadió.
- Su expediente policial dice lo contrario.- dijo Coll.- Tenencia
ilícita de armas y oposición a la justicia.
- Salí absuelto
- Tras pagar una fianza. Si no colaboras con nosotros para encontrar
al asesino, no te servirá ese truco.- amenazó sutilmente.
- Dinos, ¿Por qué peleasteis exactamente? Rosa y el pequeño nos
han dicho que tuvisteis un enfrentamiento.
- Él estaba obsesionando, no quería verme con su ex mujer y estaba
haciendo cosas muy raras para que ella me dejara. Llegó incluso a
amenazarme y a llamarme asesino. No me quería cerca de su familia,
ni mucho menos de su hijo, Carlos.
- La sra Valdivia nos contó algo sobre eso. También comentó que
Augusto escarbaba en su pasado continuamente. ¿Qué descubrió
exactamente que le asustaba tanto?- inquirió la inspectora.
- Es eso de la tenencia de armas. Mata a un perro y te llaman
mataperros... Ese arma no era mía, fue un malentendido, por eso
opuse resistencia. El tipo con el que compartía piso se marchó sin
avisar y la dejó allí. La policía vino al día siguiente y me
detuvieron a mí. Yo no sabía nada, trabajaba muchas horas al día,
tenía dos trabajos.
- Ya, nada de nada.- murmuró Sergi.
- Empezó a buscar fantasmas de mi pasado y a causar cierta tensión
en mi relación con Rosa, así que de mutuo acuerdo decidimos
aparcarla por un tiempo.
- Por eso y por la pelea.
- Estaba algo bebido, y harto de sus estupideces y su paranoia, así
que, cuando me gritó que me alejara de su mujer y su hijo no pude
contenerme y le pegué un puñetazo, reventándole la nariz.- hizo
una mueca.- Rosa me echó entonces de la casa, pero tras hablarlo, me
perdonó y me pidió algo de tiempo. Pero aunque le pegara, yo sería
incapaz de matarle, motivos no me faltaban para odiarle pero no hasta
ese extremo. Había recaído en la bebida y se estaba volviendo loco.
- Entonces, ¿conoce a alguien que tuviera también roces con él?-
preguntó Arantxa, sin terminar de creerle
- No era muy amigable pero no se me ocurre nadie.- dijo pensativo. O
fingía muy bien o no era el culpable. No hacía ningún gesto que lo
delatara.
- No te dejes engañar.- le susurró al oído Sergi poniéndose de
pie. Tenían una telepatía que no era natural. Ella también se puso
de pie.
- Está bien, muchas gracias. Volvemos en cinco minutos, si quieres
agua o algo para beber ahora te lo traerán.
Salieron a la salita
del café. Sergi cerró la puerta a sus espaldas.
- Esa historia no
se la cree nadie. Es verdad que es lo que testificó, pero ni el juez
lo creyó. Adivina el calibre del arma.
- Cuarenta y cinco
milímetros.
- Premio para la
señorita. Recuerda que ahora viene la ronda de ataque, ¿preparada?-
le tendió su café. Ella asintió. Sergi cogió una pelota de goma
roja, que guardaba en su cajón antes de entrar. Ante la cara de su compañera añadió.- Espera y verás.
Entraron, Arantxa la
primera, tomando asiento con el café en mano y él detrás
sosteniendo su taza con la mano derecha y juguetenado con la pelota
con la otra mano. De repente la lanzó hacia Montes que la cogió con
la mano izquierda.
- ¿Juegas como
pitcher?- preguntó.- En tu coartada, dijiste que estabas jugando al
béisbol, a media noche y entre semana.
- Ya sé que no es
muy creíble, pero es lo que pasó, si quieren preguntarle a los
chicos. Emilio Medina Sánchez puede decírselo.- Sergi hizo un gesto
al cristal. Rodrigo, desde el otro lado, corrió a comprobarlo.
- ¿Qué hay de tu
pasado como electricista en la fragata Álvarez de Bazán? Carlos nos
lo dijo.- Arantxa había dicho el nombre de la fragata, cosa que
realmente no había nombrado el niño.
- Trabajé sólo
unos meses en esa fragata.
- Hasta el
asesinato del capitán Oporto, ¿cierto?- dijo Sergi
- Con una calibre
cuarenta y cinco, como por la que le detuvieron.- añadió ella.
- No conozco a
ningún capitán Oporto, puede que no coincidiésemos durante el
tiempo en el que trabajé. ¿Qué están insinuando?
- Murió hace dos
años, tiempo desde el cuál llevas trabajando para Orona. ¿Mucha
coincidencia, no, Sergi?
- Y nosotros no
creemos en las coincidencias.- sonrió ladeando la cabeza, de forma
siniestra.
- ¿Es por ese
maldito blog que escribía? Estaba obsesionado, buscaba los tres pies
al gato.
- No encontramos su
usuario en los lectores de la página.- señaló la inspectora
- Entré con el de
Rosa, se defendió.
- Rosa no leyó ese
capítulo.- continúo.
- ¡Basta! Quiero
un abogado si van a seguir con esas insinuaciones, no tienen motivos
para retenerme aquí.
- Sí que lo
tenemos, a ti y a tu pequeño cómplice. Está cantando en la sala
de al lado.
- Eso es
imposible.- rió.- No tengo ningún cómplice.- sonrió con
superioridad. Sí lo tenía y estaba muy seguro de que no cantaría,
¿por qué?- Porque yo no maté a Augusto, y el caso Oporto no les
corresponde. Así que si no tienen una orden para retenerme me
retiro.
- Procure quedarse
en la ciudad. Si es inocente no tiene motivos para huir.- dijo el
subinspector.
El sospechoso
abandonó la sala, acompañado por los agentes.
Una vez se hubo
marchado, decidieron volver a investigar lo hallado en el maletero de
la inspectora.
- Es zurdo, ha
tenido que ser él, podemos comparar su letra con la de los papeles
que ha firmado,
- Pudo falsificar
la letra o incluso cambiarse de mano el bolígrafo.- dijo cogiendo
un post-it que había en su mesa, de Rodrigo, y dándoselo a su
compañero mientras cogía las llaves del coche. Él leyó: “Emilio
M.S. ha corroborado la coartada. Jugaban con el equipo Helldogs, que
también confirman su asistencia.”- No es nuestro hombre, Sergi. No
lo mató.
- No puede ser, es
él, maldita sea. Mira sus gestos y su comportamiento, el arma, su
pasado, todo.- dijo incrédulo.
- Puede que matara
a Oporto, pero como ha dicho no es nuestro caso. El menos dos, por
favor.- dijo al agente que estaba cerca de los botones del anscensor.
- Tal vez encargara
el trabajo. Estaba muy seguro de que su cómplice no hablaría así
que o es muy bueno o está muerto.
- Sólo podemos
averiguarlo yendo a la dirección que hallamos en el papel.- salieron
del anscensor, en el que ya estaban sólos y avanzaron hasta el Mazda
de la inspectora tras comprobar que el parking estuviera desierto.
Abrieron el maletero y encontraron lo mismo que la noche anterior.
- Gran Vía de les
Corts Catalans, 214. Apartado número cuarenta y cinco.- leyó Sergi,
metió la llave adjunta al bolsillo de su pantalón.- Será mejor que
hasta que no descubramos que hay no toquemos el resto de fotos.
- No quiero que
esto se quede para siempre en mi coche.- hizo una mueca.
Ella se puso al
volante, y Sergi, en el asiento del acompañante encendió la radio.
Sonaba Don't de Ed Sheeran. Se alegraba de que fuera el único
hombre de confianza que nunca le hubiera dicho nada de su forma de
conducir. Con su padre se ponía histérica y su hermano seguía el
mismo camino de su padre. Sin embargo, Coll nunca le decía nada al
respecto, ni ella a él cuando él conducía.
Llegaron a su
destino, y aparcaron en un parking público que había a pocas
manzanas. El apartado de correos, se encontraba juto a una farmacia
veinticuatro horas y frente aun kiosko, por lo que, entre el panel
luminoso de la primera y el toldo y las estanterías móviles del
segundo, no lo vieron hasta estar frente a él. El subinspector abrió
la puerta y le cedió el paso.
- Gracias.- dijo
entrando.
- Bon día.- saludó
una mujer de mediana edad tras un pequeño mostrador
- Buenos días, ¿el
apartado cuarenta y cinco?- preguntó Coll.
- Por aquí.
¿Podría decirme a que nombre está, es por motivos de seguridad?
- Emilio Medina
Sanchez.- probó. La mujer introdujo el nombre en su ordenador.
- Es correcto.
¿Tienen su llave?.- García asintió.- Acompáñenme.
Les condujo por un
largo pasillo lleno de cajas a los lados hasta llegar a una sala,
presidida por un cartel que rezaba: Apartados 31-45. Introdujo una
llave en una de las dos cerraduras de ese apartado
- Nosotros
funcionamos de forma parecida a las cajas de seguridad, que ya no
existen en España. Les dejo solos, cuando se marchen solo tienen que
avisarme.
Abandonó la sala,
Sergi la miró buscando su aprobación e introdujo la llave en la
cerradura roja. Se escuchó un click y la puerta se abrió. Sacaron
del bolsillo un par de guantes de látex y se los pusieron para no
dejar huellas. Dentro había tan solo una caja de cartón del tamaño
de un ordenador. La abrieron con sumo cuidado y encontraron un
maletín negro con un emblema de lo que parecía un perro en color
rojo, que tenía contraseña.
- Déjame a mí.-
dijo la inspectora, que puso el número de cinco cifras 51421. El
maletín se abrió.
- ¿Cómo lo has
sabido?- preguntó asombrado.
- Asignando números
a las iniciales del supuesto dueño de la caja.- dijo quitándole
importancia aunque sonriendo orgullosa internamente.
Quitaron una tela de
terciopelo rojo que cubría el contenido, hallando para su sorpresa
una pistola calibre cuarenta y cinco y una carta. Se miraron y
procedieron a abrirla, afortunadamente ya estaba abierta. “Haz tu
trabajo” decía y aportaba una foto de la víctima.
- Esta prueba es de
vital importancia para el caso, ¿pero por qué querría el mismo
Montes darnos esa pista?- dijo Sergi, extrañado
- Tal vez no fue
él. Recuerda que dijo que no tenía ningún cómplice y que rió
cuando le dijimos que estaba hablando en la sala de al lado. Mira,-
señaló el mismo emblema rojo al final de la carta y en el sobre,
igual que el del exterior del maletín.- parece obra de una
organización, y él pertenece a ella. ¿Recuerdas el nombre del
equipo? Helldogs.
- Lo que quiere
decir que alguien se fue de la lengua, que quería ayudarnos. Debemos
llevarnos todo esto y entregarlo en comisaría. Espero que no nos
hayan seguido.
- Como le hayan
hecho algo a mi coche te vas a enterar. Vamos.
Recogieron el
maletín y cerraron con su llave el apartado.
- No la
llames.-dijo cogiéndola del brazo.- Nos hará firmar papeles para
sacar la caja. Corre ahora que está en otro almacén.
Salieron
rápidamente de la tienda y corrieron sintiendo la adrenalina como
dos niños que roban un caramelo en una tienda de chucherías.
Llegaron hasta el coche, que esperaba intacto y comprobaron el
maletero. Estaba tal y como lo dejaron así que pusieron en la parte
de atrás del coche el maletín y arrancaron dirección comisaría.
Eran casi las dos de la tarde.
Llegaron,
encontrando la comisaría semivacía. Por suerte aún estaba
Castillo.
- ¡Comisario!-
llamó Sergi.- Tenemos algo muy importante.
- Seguro que puede
esperar, es mi hora de comer.- dijo poniéndose la chaqueta.
- No comisario, ya
ha esperado bastante, acompáñenos.- añadió la inspectora. Con un
poco de mala gana hizo lo que le pedían. Arantxa abrió el maletero
mostrando las fotos y la carta.
- ¿Qué demonios?
Cuando les dije que no pasaran la noche solos me referería a que
estuvieran con más gente.- dijo algo enfadado.
- Así lo hicimos,
pero no todo el tiempo pues nos dijo que siguiéramos nuestra vida
normal.
- Y pasaron la
noche los dos juntos, no sabía que fueran pareja.
- No, no lo somos,
pero era mejor que fuéramos dos bajo el mismo techo, después de ver
esto.- ante el gesto de Rafael, Sergi añadió.- Sí, lo descubrimos
anoche.
Le tendieron el
papel e inmediatamente la caja.
- Allí encontramos
esto. Será mejor que lo abramos en su despacho.- recogieron todo y
lo metieron en bolsas de pruebas, subiendo al despacho del comisario.
Le mostraron el arma y le explicaron su teoría. El comisario les
riñó por no haber avisado a los técnicos al momento aunque admitió
que había merecido la pena que todo pasara por desapercibido y que
Montes no supiera nada.
Guardaron todo en la
sala de pruebas, a buen recaudo y, tras ser aconsejados por Castillo
sobre que no investigaran más hasta el día siguiente, marcharon a
comer. Eran las tres y media.
Comieron en El
Guindilla, muy cerca de la playa de la Barceloneta. En aquella época
del año la gran mayoría de los turistas ya se habían ido por lo
que la zona estaba bastante tranquila.
Pidieron una caña y
dos tapas cada uno, pues ya no estaban de servicio y el día era
apacible.
- ¿Que quieres
hacer ahora? ¿Damos un paseo por la playa o tienes ya con la
peluquera?
- Sergi,- dijo
cogiéndole la mano.- Pasamos demasiado tiempo juntos.
- ¿Y qué? Los dos
estamos solteros y sin compromiso, somos buenos amigos y compañeros
de trabajo. No hay nada malo en ello.- Sergi le acarició los
nudillos.
- Hasta el
comisario ha pensado que eramos pareja.- retiró la mano.
- Entiendo, no
quieres que te vean conmigo.- frunció el ceño.
- No quiero que
piensen que somos pareja si no lo somos. Recuerda que asuntos
internos separaron a esos dos agentes que eran pareja. Ahora él
trabaja en Asturias.
- Dos cosas.
Primero, cometieron una negligencia máxima cuando se les escapó un
sospechoso por estar haciendo otras cosas. Segundo, si fuera amor
verdadero él no hubiera aceptado el cargo en Asturias. Yo hubiera
abandonado el Cuerpo.- la miró fijamente a los ojos, intimidándola.
- A mi no me
hubiera gustado que lo hiciera, aunque tampoco me hubiera liado con
él de servicio mientras se escapaba el culpable.- le mantuvo la
mirada.
- Yo no haría
eso.- no apartó sus ojos del color del mediterráneo de los de ella.
- ¿Qué estás
insinuando?- el camarero los interrumpió trayéndoles la vuelta y
unos chupitos de la casa.
- Para la chica de
maravillosos ojos color verde oliva.- dijo siviéndole su chupito de
hierbas, haciéndola enrojecer. La ira podía leerse en la cara del
subinspector.- Y para su acompañante.
El camarero era
alto, de ojos también claros y rubio como Sergi, aunque el pelo algo
más corto y escaso. Coll iba a decirle alguna palabra grosera o a
romperle la nariz si ella no hacía nada así que le agarró las dos
manos con firmeza a la vez que con dulzura. Cuando por fin el
camarero se fue añadió.
- Lo hace con
todas, ya he venido aquí antes. Es como los top manta de las
ramblas. Dicen piropos para vender.
- Sólo quiero
protegerte.- dijo con total sinceridad.
- ¿De algo que tu
también haces?- le salió solo, se arrepintió al momento de
decirlo.
- ¿Vamos?- soltó
sus manos y se puso de pie.- Te acompaño al coche.
Ella lo siguió, no
quería haberle echo enfadar, es más, prefería dar el paseo con él.
- ¡Coll!- le llamó
sin éxito. Iba a unos pasos por delante de ella, con el ceño
fruncido.- ¡Sergi! Por el amor de dios, no seas crío, lo siento.
Daremos ese maldito paseo si quieres.- consiguió alcanzarlo. Él
paró en seco para mirarla.
- No, ya no me
apetece, te acompaño hasta tu coche, si no te molesta, claro.- dijo
sarcásticamente.
- ¿Por qué haces
esto?- le acarició la mejilla. Sostuvieron la mirada un rato. Él la
besó en la frente.
- Perdóname.- se
limitó a contestar. Y se separó de ella.
En ese momento, la
inspectora se dio cuenta de que le quería, hubiera deseado que la
besara en los labios no en la frente, pero sabía que él también
estaba confuso. Finalmente si dieron ese paseo por la playa de la Barceloneta, semidesierta comparada a como estaba en verano.
Estuvieron caminando algo más de una hora, hasta que ella tuvo que
ir a su cita en la peluquería a las cinco y media.
Volvió a casa hacia
las seis, se duchó rápidamente sin mojarse el pelo, se maquilló y
se puso el vestido y los zapatos con mucho cuidado. Eran las seis y
media y ya estaba lista, así que se sentó a esperar a que él
llegara en su sillón de piel marrón, pensando en todo lo acontecido
en los últimos días entre su compañero y ella.
El portero sonó
exactamente a las siete menos cuarto. “¿Cómo puede ser tan
puntual este hombre?” pensó. Contestó al interfono:
- ¿Sí?
- ¿Está lista la
señorita?- preguntó. Estaba de mejor humor, pues el paseo le había
relajado.
- En seguida bajo,
caballero.- contestó. Estaba algo nerviosa ante como se comportaría
con ella durante la velada, y por el enfado de su padre. En ese
momento cayó en la cuenta de que no había llamado a su madre para
decirle que estaba bien, pero supuso que ya lo habría hecho él..
Bajó y encontró a
su compañero junto al portal, le ayudó a abrir la puerta y la miró
de arriba abajo, haciendo que se ruborizara. Se le escapó un
silbido.
- Usted también
está muy guapo y elegante, subinspector.- dijo en respuesta. Sergi
llevaba un elegante esmoquin negro, hecho a medida, camisa blanca
almidonada y pajarita negra. Era perfecto para la ocasión y le daba
un aspecto muy sexy.
- Estas preciosa.-
consiguió titubear.- Como cambia un vestido.
- Si vinieras en
traje todos los días yo también te haría más caso.- bromeó.
Viendo en su cara que se lo estaba planteando añadió.- Pero son más
cómodos unos vaqueros y pasan más desapercibidos.
El coche estaba
aparcado no muy lejos del portal, a escasos metros. Coll le abrió la
puerta del acompañante y subió luego al del conductor. Al arrancar
el coche la radio se encendió sola. Estaban dando las últimas
noticias sobre los agentes abatidos. Estaban fuera de peligro. Al
parecer, eran agentes de de narcóticos, en una operación para
destapar una redada de tráfico de cocaína y heroína.
Sergi cambió de
emisora, sintonizando una cadena de música en la que sonaba
Wonderful World de Sam Cooke. Siguió bajando la calle de Pau
Claris, donde ella vivía hasta tomar la Vía Laietana dirección al
mar. Llegar hasta el final de esta larga avenida les llevó al menos
quince minutos en los que disfrutaron de la música que los
acompañaba. Comenzó a sonar una canción de Aretha Franklin, (You
Make Me Feel Like) A Natural Woman cuando Sergi tomó el Paseig
de Joan de Borbó Comte de Barcelona. Llegaron finalmente al Hotel W
a las siete y cinco. La conferencia empezaba a las siete y cuarto y
los alrededores del hotel estaban abarrotados de mujeres con lujosos
vestidos largos y más cortos, hombres trajeados, con corbata o
pajarita, esmoquin o incluso con americanas que se estrechaban la
mano o se daban dos besos de cortesía. Parecía una boda, pero era
una de las conferencias más prestigiosas del año.
- Tengo miedo a
este tipo de actos sociales, por eso no pensaba venir. Me siento
incómoda y perdida.-dijo ella. Su compañero paró el coche junto a
la puerta principal, donde estaba uno de los aparcacoches, ataviado
con una chaqueta roja de botones dorados con gorrito a juego y
pantalón y zapatos negros.
- A mi tampoco me
suelen gustar, aunque no lo creas. No te preocupes, me tienes a mí
para protegerte de toda esa masa de gente desconocida, hablándote
del tema que quieras.- se desabrochó el cinturón.
Abrieron sus
puertas otros dos muchachos con el mismo uniforme, tendiéndole la
mano a ella para ayudarla. Al volver a reuinirse con su compañero en
la puerta del hotel contempló el BMW rojo, lo había lavado pues
relucía. Entraron al hall, tan abarrotado como el exterior o más.
Buscó con la mirada a sus padres o su hermano en vano. Él la cogió
de la mano con fuerza para que no se perdieran entre el gentío.
Atravesaron el hall y siguieron los carteles que rezaban: X
Conferencia de Neuropsiquiatría Barcelona hasta llegar a la sala
de conferencias, en la planta menos uno.
En la puerta de la
sala, Sergi se acercó, aún sin soltarle la mano, a una pareja de
edad parecida a los padres de la inspectora. En seguida reconoció los
rasgos de su hijo en su padre y los ojos azul océano en su madre.
- Mamá, papá.-
saludó cortésmente, sonriendo ampliamente. El señor Coll llevaba
un traje gris oscuro y una corbata del mismo color decorada con
puntitos blancos. Como Sergi, llevaba una camisa blanca almidonada.
La sra Otegui, llevaba un vestido gris claro, liso hasta la rodilla.
Se fijo en que la tela era algo brilllante. Además, portaba un bolso
de mano a juego. Iban bastante elegantes y apropiados para la gala.
Esperaba que sus padres fueran a la altura.- Ella es la inspectora
Arantxa García, mi compañera.- la soltó finalmente, y posó la
mano sobre su espalda.- Arantxa, ellos son Miguel Ángel Coll y Marta
Otegui.
- Encantada.- le
dio dos besos a cada uno.
- Sergi nos ha
hablado mucho y muy bien de ti- dijo Marta.- Teníamos ganas de
conocerte.
- Muchas gracias.-
enrojeció.
- ¿Y cómo que
habéis venido juntos?- preguntó Miguel Ángel.
- Su hermano,
Germán García, es uno de los médicos que participan en la
conferencia.- contestó Sergi.
- ¡Vaya,
enhorabuena!- exclamó el sr Coll.- Bueno, chicos, disfrutad de la
velada, Hijo, ya me contarás.- le guiñó un ojo. Sergi se ruborizó
ligeramente.
Se despidieron y
siguieron avanzando hasta la sala. La gente comenzaba a ocupar sus
asientos, así que decidieron sentarse. Eran ya las siete y cuarto
pero de los quinientos asistentes no habían entrado aún ni la
mitad, así que la espera se prolongó entre unas cosas y otras hasta
cerca de las y media.
- No veo a mis
padres por ningún lado.- miró el móvil.- Tampoco me han mandado
ningún mensaje. ¿Seguirán enfadados?
- A saber. Mándales
tú uno diciendo que estás ya sentada. Tal vez estuvieran esperando
que confirmaras que venías.- contestó Sergi, mientras usaba también
su teléfono.- Hablo con mi hermana.- añadió, al suponer que ella
leería el nombre de chica y pensaría que estaría hablado con algún
ligue.
- ¿Cómo está?-
se interesó.
- Está con vómitos
y mareos desde hace una semana. El médico le hace una ecografía hoy
y le da los resultados del segundo análisis que le mandó.
- Vaya...- en
seguida pensó en la posibilidad del embarazo pero no se lo dijo
pues su hermana no estaba casada y estaba terminando sus estudios.
- ¿Qué? ¿Ese
tono?
- Nada, sólo que
espero que no sea nada grave.- puso en silencio su móvil.
- Seguro que no. No
te preocupes.- apagó el suyo, guardándolo en el bolsillo interior
de la chaqueta.
El grado de
iluminación del patio de butacas disminuyó un poco y en el
escenario, el presidente de la conferencia pidió silencio e hizo una
introducción. En la pantalla de detrás se leía el mimo rótulo de
los carteles. La conferencia duraría dos horas y media. Su hermano,
fue presentado al principio de la segunda hora. Llevaba la barba
recortada y su pelo castaño oscuro y ya algo largo recogido en una
pequeña coleta. Portaba lentillas y no gafas, sus ojos negros
chispeaban de la emoción. Explicó un nuevo descubrimiento
científico para la detección de los genes del Parkinson a edades
tempranas para así poder tomar las medidas lo antes posible. Fue
muy aplaudido.
- Discúlpame un
momento, tengo que hacer una llamada.- dijo levantándose. Quedaba
menos de un cuarto de hora para que empezaran los ruegos y
preguntas.- No tardo, espérame aquí.
Veinticinco minutos
después, estalló un fuerte aplauso en la platea y volvió a subir
el nivel de iluminción pero Sergi no había vuelto. La gente se
ponía de pie, así que decidió buscar a su hermano en la sala o a
sus padres y luego esperar a Sergi en la puerta. Reconoció a Germán
junto al escenario, aún con su bata de médico, saludando a su
novia, Elena. Se acercó cautelósamente en cuanto ella se fue un
momento.
- ¡Enhorabuena,
hermanito!- dijo aunque era tres años mayor que ella.
- Al final has
venido, ¿eh?- dijo abrazándola.- Papá y mamá estaban aquí ahora
mismo, ¿has venido sola?
- Ha venido
conmigo, Sergi Coll, encantado.- dijo apareciendo por detrás de la
inspectora justo en ese momento.- Enhorabuena por tu teoría sobre el
Parkinson. Aunque estudiara finanzas, estos temas me apasionan.
- Es mi compañero,
el subinspector Coll, te he hablado de él.
- Bastante, sí.
Encantado de conocerte por fin.- bromeó.- ¿Os quedáis al cóctel,
verdad?
- Claro.-
contestaron a la vez.- Nos vemos allí, entonces.- se despidió
Arantxa.
Salieron de la sala
y subieron hasta el jardín donde tendría lugar el cóctel.
- ¿Dónde has
estado tanto rato?- se atrevió a preguntar.
- Tuve que hacer
una llamada, como te dije, pero ya está solucionado. Nada grave.-
cogió dos copas de champán de la bandeja del camarero que pasaba
ofreciéndolo y le entregó una copa. Bebió un trago y añadió.-
Freixenet.
- Gracias.- bebió
también un sorbo.- Cuánta gente...
- Es fácil
socializar cuando nadie se conoce, sería mejor si el tema de la
entrevista fuera más de mi alcance pero, aún así, no todo el mundo
tiene porque saber sobre el tema de la conferencia.- le puso la mano
sobre la espalda, guiándola.- Verás.
Se acercó hasta un
grupo de gente compuesto por tres parejas, de entre treinta años
hasta cerca de los setenta. Charlaban animadamente sobre la misión
Marte 2030. Ese tema había salido en las noticias con frecuencia así
que pudieron engancharse a la conversación. Con su don natural de
hacer gentes los presentó a ambos y consiguió prolongar la
conversación al menos quince minutos, tras los cuales había
averiguado, que el más mayor de todos, el señor Puertas, había
trabajado en EEUU como físico, e incluso colaborado con la NASA en
su juventud, su mujer, era puerto riqueña y tenía parkinson desde
hacía un año. Las otras dos parejas eran españolas, otro hombre
era bombero, pero apasionado por el espacio desde crío y su mujer
neurocirujana. De la última pareja, y más joven sacó que se
casaban en Marzo del año siguiente, que tenían un Labrador y un
Pastor Belga, y que había ido por que el tío de Sonia, que así se
llamaba la mujer, había participado como sujeto experimental en el
estudio sobre el Alzehimer y su heredabilidad.
Se retiraron, cuando
el quinteto de cuerda comenzó a tocar el Minueto en Mi Mayor de
Luigi Boccherini, uno de los favoritos del subinspector. Una mujer de
pelo largo y rubio muy claro, tocaba con maestría el violín, en el
centro del quinteto. Llevaba un vestido largo color perla. Los demás
músicos llevaban esmoquin blanco y pajarita negra y tampoco tocaban
nada mal.
Para su sorpresa,
Sergi no prestó demasiada atención a la mujer como fémina, sino
como violinista.
- Son las diez y
media, deberías tomar algo. Seguro que no habrás merendado.- dijo
de repente.
- Deberíamos, yo
creo que ambos tenemos hambre.- contestó. Él sonrió.
Cogieron varios
canapés de los que ofrecían los camareros. Estaban deliciosos. El
cuarteto de cuerda siguió tocando diferentes piezas clásicas
durante la velada, junto al escenario, algunas parejas bailaban.
- ¿Te apetece?-
preguntó Coll tendiéndole la mano.- Es el Danubio Azul.
- No se bailar, te
pisaría estrepitosamente.
- No te creo,
bailar un vals es muy fácil, sólo tienes que dejarte llevar, yo te
guiaré.- dijo sin retirar la mano. Luego añadió.- Sería un honor
que me concediera este baile inspectora.
- Está bien...-
cedió, dándole finalmente la mano. Él la levó hasta la pista y,
poniéndole una mano en su espalda descubierta,cosa que le hizo
sentir un escalofrío, mientras ella situaba su mano opuesta en su
hombro, unió su palma izquierda a la derecha de ella y empezaron a
moverse al compás del vals.
- ¿Ves? Bailas muy
bien.- dijo sonriendo ampliamente.
- Eso es gracias a
ti, si tu no me guiaras no podría.
- Te hace falta una
inyección de autoestima, eres mucho más de lo que piensas.
Mantuvieron la
mirada, ojos verdes y azules. Estaba tan sumamente guapo con ese
esmoquin, estaba siendo un caballero con ella. Pensó en todo lo que
había pasado los últimos días, necesitaba consultarlo con Carmen,
ella era su mejor amiga y sabría aconsejarla.
- Tengo curiosidad
por investigar la organización en la que estaba involucrado Alex,
los Helldogs.- dijo cambiando el tema.
- Castillo les ha
pedido a los de bandas que investiguen. Los técnicos buscaran
huellas en las pruebas que hemos aportado, pero tu y yo sabemos que
no van a encontrar nada.
- Me da rabia que
cuando más cerca estamos del culpable, sea fin de semana y no
podamos seguir avanzando.
- Contra eso solo
puedes hacer una cosa.- dijo seriamente.- Enseñarme la receta de tu
abuela, mañana en mi casa como me prometiste.
- Cierto.- rió
ella. El vals terminó, por lo que tuvieron que separarse, aunque él
tardó en soltarla.
Salieron de la pista
y fueron hasta un espacio con sillones. Eran de mimbre con cojines
blancos.
Estaban todos
ocupados en su mayoría, ya fuera por grupos de gente que charlaban
animadamente, que descansaban un poco o incluso parejas jóvenes que
buscaban algo de intimidad. La inspectora reconoció a sus padres
justo cuando pasaba junto a ellos.- Sergi.- le avisó.
- Hola, hija, al
final has venido.- saludó su madre sonriente.
- Y acompañada.-
masculló su padre.
- Sentaos, Germán
y Elena han ido a por una copa, no tardarán.
Sergi buscó la
mirada de su compañera y tomaron asiento.
- ¿Habéis venido
juntos?- preguntó la madre de la inspectora.
- Sí, mis padres
también iban a venir, y como de todas formas pasamos todo el día
trabajando juntos.- dijo Sergi.- Ha sido fascinante el estudio de su
hijo, enhorabuena.
Germán y su novia
llegaron justo entonces. Las dos parejas se saludaron y se
presentaron. Arantxa ya conocía a Elena, algo más bajita que ella,
delgada y de intensos ojos color avellana. Era guapísima y
encantadora. Llevaba un vestido verde menta de corte asiático que le
llegaba por el tobillo. Su hermano, ya no llevaba la bata así que
pudo observar con claridad su traje gris marengo, camisa celeste y
corbata oscura a juego. Se presentaron Sergi y Elena. Y se sentaron
alrededor de la pequeña mesita en torno a la cual estaba dispuesto
el sofá en forma de U. Estuvieron hablando largo rato, de muchos
temas. El padre de la inspectora no apartó la mirada del
subinspector en todo el rato. El camarero pasó ofreciendo bebidas.
Él tomó un Martini y ella un Cosmopolitan.
Tras media hora de
conversación, Arantxa se excusó pues iba a ir un momento al aseo.
Sergi se puso en pie para dejarle paso, ella pasó rozando la pelvis
de su compañero sin querer, él le acarició la espalda en signo de
afecto, expresando un “No pasa nada”.
Avanzó hasta el
interior del hotel, no tardó en localizar el baño, pues había
cierto movimiento de mujeres alrededor. Al salir, se quedó viendo el
piano de cola, que había en el hall. Se sentó en la banqueta del
piano, la tapa estaba levantada. Tocó pianísimo un fragmento de la
Sonata Catorce en Do Mayor de Beethoven, también conocido como Luz
de Luna.
- Veo que sigues no
podiéndote contener al ver un piano.- dijo una voz familiar, tardó
en darse cuenta de que lo había dicho en un perfecto inglés
británico. Se dio la vuelta, y ahí estaba él, John Crowe, su
primer amor con el que lo había dejado hacía diez meses. No pudo
decir nada.- ¿Puedo?- preguntó señalándo el lado de la banqueta
que quedaba libre.
- John, ¿qué
estás haciendo aquí?- consiguió que el inglés saliera de su boca.
Estaba tan guapo como siempre. Con su pelo cobrizo alborotado y sus
ojos atigrados entre verdes y grises. Llevaba un elegante esmoquin
azul marino. Se sentó a su lado.
- Sabía que
vendrías a ver a tu hermano, leí su nombre en un folleto que me pasó
un compañero, que iba a venir a ver la conferencia, y vine con él.
- ¿Por qué?- él
seguía intimidándola. Tenía treinta años pero aparentaba menos
por su forma de llevar el pelo siempre alborotado y tener ciertos
comportamientos impulsivos.
- Por que aún te
quiero.- dijo cogiéndola de la barbilla y besándola.
- John, no me hagas
esto, por favor.- dijo separándolo, tras cierto debate interno.- Yo
tampoco te olvido, tuvimos una relación muy larga y muy buena, pero
nuestras vidas no encajan. Yo quiero seguir mi sueño, que es éste,
ser inspectora de policía aquí en Barcelona, y quiero que tú sigas
luchando por el tuyo, conseguir tu cátedra en Cambridge. Tu vida
está en Reino Unido, y la mía en España.- acarició su rostro. Él
seguía significando tanto...
- Ese ya no es mi
sueño. Tú y yo hemos sido muy felices juntos, y estos diez meses me
he dado cuenta de lo triste que es mi vida sin ti. Quiero estar
contigo.
- ¿Crees que
encontrarás trabajo tan fácilmente en la Universidad de Barcelona?
Además, no sabes español. Encontrarías trabajos miseros, yo no
quiero eso para tí.- apoyó la cabeza en su hombro. Él comenzó a
tocar.
- Me han ofrecido
un puesto en una empresa bancaria. Tendría un buen sueldo, y no
necesitan que sepa español al instante, lo iré aprendiendo.- la
inspectora reconoció entonces la Tocata y Fuga de Bach.
- John, tu sigues
significando mucho para mí, te debo muchas cosas, tu has sido mi
primer hombre, mi primer amor y amante. Pero, estoy confusa, no se lo
que quiero. Hay ciertos acontecimientos que han ocurrido está ultima
semana.
- Te has enamorado
de otro, ¿verdad?- dejó de tocar, y la miró a los ojos,
profundamente dolido.
- No, bueno, no lo
sé.- tenía el corazón dividido en dos.
- ¿Cómo se
llama?- preguntó.- ¿Puedo saberlo?
- Sergi Coll, es mi
compañero.- nunca había conseguido mentirle.- No estoy segura de lo
que siento por él, estoy muy confusa ahora mismo. ¿Por qué has
tenido que volver ahora? Ya casi te había olvidado.
Sergi apareció en
ese momento. Ambos se pusieron de pie.
- Estabas aquí.-
dijo. Luego miró a John entrecerrando un ojo.- Tú debes de ser John
Crowe, ¿me equivoco?- añadió en inglés. Tenía un perfecto
acento.
- Exacto.- dijo
éste. Se estrecharon la mano, con mirada desafiante.- ¿Sergi Coll?
- Correcto.- la
tensión se mascaba en el ambiente. Arantxa seguía queriendo a su
ex, y le seguía resultando muy atractivo. Pero estaba empezando a
sentir algo intenso por su compañero, por quién también daría la
vida. Ambos eran casi igual de altos, puede que Sergi lo fuera unos
centímetros más. Aunque John era algo más delgado. Ambos eran
fuertes y mayores que ella, aunque el británico le llevaba más
edad. No sabía que demonios hacer, quería terminar la conversación
con John, pero no quería dejar a Sergi solo, ni tampoco quería lo
contrario.- Os dejo un momento, cuando vuelva te llevo a casa.- dijo
para su alivio. Hizo un gesto y se marchó, dejándolos solos.
- Interesante,
marca territorio pero no te presiona para que elijas libremente.- se
frotó la barbilla.- Por lo que veo te ha traído él. Tengo suite en
este hotel si te quieres quedar.
- Trabajo con él
todos los días, y ahora estamos pasando por un caso difícil y lo
necesito de buen humor. No puedo quedarme.
- ¿Vas a ayudarle
a mejorar su humor como hacías conmigo? Usa protección.- dijo para
hacer daño. Ella le pegó una bofetada, que sonó en un momento en
el que había algo menos de ruido.
- Eres un capullo.-
cogió su bolso sobre el borde del piano y se alejó de él.
- ¡Espera, lo
siento!- fue tras ella, y la agarró por el brazo, atrayéndola
contra él.- Estoy celoso, perdóname. Tenemos que hablarlo con más
calma.- ella quiso soltarse.
- ¡Suéltala!-
Sergi lo apartó de un empujón. En su mirada se leía la ira. John
se acercó hasta él.
- Ella es mía.-
susurró.- Nunca la conseguirás porque su corazón aún me
pertenece.
- No estés tan
seguro de eso.- le respondió.- Vamos, Arantxa.- dijo ya en español,
la cogió de la mano. Ella intercambió una última mirada con John.
- Piénsalo.- le
dijo a sus espaldas.
Coll no la soltó
hasta que subieron al coche. Tampoco pronunció palabra.
- Sergi.- dijo
ella. Él seguía atento a la carretera, con el ceño fruncido.- Lo
siento mucho.
- ¿Por? No tienes
que darme explicaciones de lo que hagas o dejes de hacer con él.
Creía que ya no había nada entre vosotros, pero me equivocaba.
- Sergi, yo no le
quiero, no como antes. Sigo sintiendo algo, pero no volvería a sus
brazos.- lo miró fijamente.- Creo que me he enamorado de otro. Estoy
confusa.
- Yo igual. Hace un
rato sabía lo que quería, ahora no estoy seguro.- dijo aún
enfadado. Ella no quería perderlo, nunca pensó que se vería en tal
encrucijada. Su decisión haría mucho daño a uno de los dos y a su
relación.
- ¿Puedo saber qué
planes tienes para mí? ¿Vas a dejarme dormir en casa o me vas a
llevar a la tuya?
- Que esté
molesto no implica que me despreocupe. Claro que no te voy a dejar
sola. Si prefieres llamar a Carmen u otra amiga en vez de quedarte
conmigo lo entenderé.
- Es muy tarde,
cogeré una muda y mi pijama e iré contigo. Tampoco quiero que
duermas sólo o mal acompañado. Si te pasara algo por dejarte solo
me daría algo, aunque no lo creas significas mucho para mí.
- Tu también, por
eso me enfada que él vuelva a reconquistarte. Tengo miedo de que te
aleje de mí.- la cogió de la mano, al llegar a un semáforo en
rojo. Cuando la soltó, para cambiar la marcha, ella encendió la
radio. Acababa Grenade, de Bruno Mars. Seguidamente empezó A
Thousand Years de Christina Perri. Sergi llegó a casa de la
inspectora justo al final de la romántica canción.
Aparcó junto al
portal, le abrió la puerta del acompañante para ayudarla a bajarse.
- ¿Subes? No te
quedes aquí solo.- preguntó. Él asintió.
Subieron en el
ascensor en silencio hasta la cuarta planta, donde ella vivía.
Introdujo la llave en la cerradura y abrió, se apartó para dejarle
pasar, pero él le indicó que pasara ella primero. Cerró la puerta
tras él.
- Dime una cosa,
Arantxa. ¿De quién estás enamorada?- se acercó hasta ella,
haciéndola retroceder.
- Creo que lo sabes
perfectamente.- contestó apartando la mirada
- ¿Eligirías a
John si esa persona te dijera que siente lo mismo?- la cogió por la
barbilla, obligándola a mantener el contacto visual. Se le aceleró
el pulso y la respiración. Podía respirar su embriagador aroma.
- No lo sé.
Tendría que demostrarme que me quiere más que él.
- ¿Cómo?
- John me ha besado
esta noche, dejándome muy confusa.- recordó que la a última vez
que le reconquistó le dedicó la versión de You Belong To Me
de Jason Wade, tocándola y cantándola para ella.
- Entiendo...- la
empotró contra la pared, manteniendo la mirada, esa mirada ardiente.
Ella se quedó quieta, aún debatiendo su cabeza si aquella era la
decisión correcta. Él la besó apasionadamente, se desabrochó la
chaqueta y ella le ayudó a quitársela, sin parar de besarlo. Era
adictivo. Se percató entonces de que llevaba el arma reglamentaria.-
Quiero protegerte.- susurró leyéndole la mente. A Arantxa se le
vino a la cabeza lo que le había dicho John y por lo que le había
pegado una bofetada, las palabras de Carmen del día anterior y un
fuerte miedo a que la estuviera utilizando. Lo separó de ella.-
Confía en mí.- dijo Sergi.
- Esto no está
bien. No quiero que te arrepientas, piénsalo.
- Nunca he estado
más seguro.- volvió a besarla. El deseo se estaba adueñando de
ella cuando sus móviles sonaron simultáneamente. Él emitió un
gruñido.- No me lo puedo creer.
Ella contestó con
rapidez.
- Inspectora
García.
- Tenéis que venir
ahora mismo.- dijo la voz al otro lado del aparato. Era Carmen. Se
alegraba de oirla.- Hay un cuerpo que tenéis que examinar. Es
urgente. Te mando la ubicación.
- Vamos enseguida.-
colgó el teléfono y miró a Sergi. Éste también colgó el suyo.
- Llevamos la ropa
perfecta para examinar un cadáver, perfecto.- dijo irónicamente el
subinspector. Recogió la chaqueta del suelo y se la puso.
- No seas
cascarrabias, vamos.- abrió la puerta.
- No se como puedes
actuar como si no pasara nada.- la volvió a acorralar.
- Porque no ha
pasado nada.- susurró, mirándole a los ojos.- Y es mejor que no
pase, lo siento. No estoy preparada para esto, necesito estar sola
un tiempo más.- le acarició la mejilla.
- Está bien, no te
preocupes. Esperaré lo que haga falta.- le besó la mano.
Llegaron a la
ubicación que Carmen les había enviado, Carrer de l'Oest, en el
puerto comercial. Eran las doce y media de la noche. Sergi aparcó
junto al resto de coches, algunos con las luces de las sirenas
encendidas.
- ¿Qué tenemos?-
preguntó la inspectora, pasando bajo la cinta.
- Eso mismo digo
yo. ¿De dónde venís los dos tan elegantes?- preguntó Manuel,
sujetándo aún la cinta policial que había levantado para que ella
pasara.
- De una
conferencia médica. Su hermano participaba.- dijo Sergi sin dar más
explicaciones.- ¿Quién es el muerto, y porque tanta urgencia?
- Miradlo vosotros
mismos.- los condujo hasta detrás de un gran montón de chatarra,
allí, en el suelo, yacía un joven de menos de veinte años,
semidesnudo. Tenía el cuello partido, las uñas arrancadas y la
lengua cortada.- La imagen es algo desagradable.- advirtió. Se
pusieron los guantes. En el suelo había dibujado el emblema del
maletín en color rojo que no sabían si era sangre pues era bastante
grande.
- Tiene varias
costillas y huesos rotos, ha sido torturado.-indicó Andrés.- Mirad
esta marca en las muñecas y los moratones que tiene visibles.
- Ese tatuaje...-
Arantxa levantó la mano del cadáver para observarla mejor.- Es el
del cóctel monotov, Sergi.
- Ha debido de ser
torturado hace apenas unas horas.- concluyó Andrés.
- Se llama,-dijo
Carmen.- llamaba.- corrigió.- Julius Tchaikovsky, Tchaikovsky como
el compositor, sí.
- ¿Antecedentes?
- Un historial
sorprendentemente limpio. Lo único que sabemos es que hace dos años
que le dieron la nacionalidad española, a la muerte de sus padres en
un accidente de tráfico. Hoy cumplía dieciocho.- agitó la bolsa
con el DNI de la víctima dentro.- Encontramos su documentación en
un contenedor cercano.
- ¿Alguna nota
aparte de este símbolo?- preguntó Sergi, agachado junto al emblema
pintado en el suelo.
- Sí.- dijo
Castillo, que había estado hablando con otro agente hasta el
momento.- Por eso os hemos llamado con tanta urgencia.
Les tendió un papel
en una bolsa de pruebas igual que el que encontraron en el maletero
del Mazda de la inspectora
- “Al parecer
el muy insensato se fue de la lengua creyendo que no le
descubriríamos. Creyéndose independiente al resto y en los buenos
equipos no se aceptan este tipo de comportamientos. Sabemos a quién
les contó algo muy importante, así que esto quede como advertencia
de que es lo que les puede pasar si hablan.”- leyó el
subinspector.- Tarde...
- Debemos detener a
Montes cuanto antes, él nos dijo que estaba con Emilio y los
Helldogs, un supuesto equipo de béisbol.- dijo entonces Arantxa.-
Pertenece a una organización criminal.
- Ese es el
problema.- dijo serio.- No está en su casa, sus cosas han
desaparecido, pero no se irá sin terminar el trabajo que se le ha
encomendado, que es mataros. Será mejor que os toméis unas
vacaciones. Dejaremos este caso a los de bandas y os asignaremos
protección policial. Id con vuestras familias esta noche, o en su
defecto con amigos de confanza.- volvieron a reclamar su atención
por otro lado.
- Llama a John,
dile que venga a recogerte.- le dijo Sergi.
- ¿Estás loco? No
pienso irme con él.
- Comprendo que no
quieras involucrarle pero él estará encantado de ayudarte. Llama.
- No pienso dejarte
sólo, si te pasara algo nunca me lo podría perdonar.- dijo
agarrándole del brazo. Él tiró de ella y la abrazó, besándola en
el pelo. La separó con suavidad y, tras guiñarle un ojo, acudió
con Verdejo que le buscaba.
Carmen se acercó y
le puso afectuosamente la mano en el hombro.
- Necesito hablar
contigo, ¿podemos ir a un lugar más apartado?-su amiga asintió.
Una vez en un lugar con más intimidad procedió a expresarle sus
dudas y miedos.- Tras el billar de ayer me llevó a su casa, en
principio para dormir en la cama de invitados, pero, tras un extraño
corte de luz decidimos compartir lecho.
- ¿Os habéis
acostado?- ahogó un grito.
- De forma
meramente literal. No pasó nada entre nosotros, tranquila.- aclaró.-
Hoy, hemos ido a la conferencia médica de mi hermano. ¿No te dije
que me acompañó a comprar el vestido?- preguntó viendo la cara de
Carmen. Ésta negó con la cabeza.- Bueno, pues luego se ofreció a
ser mi acompañante, por eso fuimos juntos. Iba a ir de todas maneras
porque iban sus padres, a los que por cierto conocí esta noche. Son
muy majos.
- Ya, y él habrá
conocido también a tus padres y hermano.
- ¿Cómo lo
sabes?- preguntó.
- Pensaba que sólo
quería sexo contigo, pero ya veo que busca algo serio.
- Estoy confusa, en
la conferencia estaba John. Me ha pedido que vuelva con él, tras
decirme que tiene una oferta de trabajo en Barcelona y me ha besado
- ¿John Crowe? ¿Y
tú que has hecho?- dijo asombrada.
- Abofetearle tras
un comentario grosero y vivir en primera persona como dos machos alfa
marcaban territorio. Sí, hubo algo de tensión con Sergi.
- Más claro el
agua. No sé como no os habéis besado aún.- la inspectora hizo una
mueca.- ¿O sí? Ahora me estas diciendo qué me he perdido.
- Ha sido extraño
y más confuso. Pero le he dicho que aún no estoy preparada. Ahora
pretende que John venga a recogerme y solucionar él sólo lo de Alex
Montes.
- Si buscas mi
consejo, te diré que aunque no hubiera un motivo mayor para vuestra
ruptura, John queda en el pasado. Sergi puede ser un cabrón pero se
nota que te quiere con locura. Habla con John cuando sea e intenta no
hacer esperar mucho a Sergi si de verdad sientes algo por él.- la
abrazó. Tras separarse añadió.- Esta noche tienes que hacer lo que
te diga tu corazón, ayudar a Coll, o refugiarte en Crowe como te han
aconsejado. Ánimo.
- Gracias.- sonrió
con sinceridad a su amiga. Obviamente no iba a dejar solo a Sergi, le
ayudaría dijera lo que dijera. Volvió con su compañero que hablaba
por teléfono, no tardó en colgar la llamada.
- ¿Qué haces aún
aquí? ¿Viene ya?
- No, me quedaré
contigo. Sé lo que pretendes hacer y soy tu compañera y superior,
así que estaré a tu lado hasta que todo esto termine.
- Por favor, haz
por una vez lo que te pido.- dijo con un tono mezcla de preocupación
y enfado.- Pueden dispararte, y no van a apuntar al chaleco. Yo sé
lo que es esto, estoy acostumbrado y sé como hay que actuar.
- Pues enséñame,
en tiro soy casi tan buena como tú.
- Es muy distinto.
He dicho que no.- cortó tajante.
- Eres un tozudo,
pero yo lo soy más.- él puso los ojos en blanco.- ¿Cual es su
plan, subinspector?
- Ponernos ropa
cómoda e ir hasta el encuentro de los Helldogs. El Estadio Olímpico
Lluís Companys.- desistió finalmente.- Llevaremos armas y chalecos
e iremos solos. Procuraremos no llamar la atención.
- ¿Por qué ahí?
¿Una corazonada? No hay campo de béisbol.- volvieron a pasar bajo
la cinta para dirigirse hacia el coche.
- Había un mensaje
cifrado en la segunda frase.- indicó bajando el tono de voz.-
Hablaba de equipo, y ellos “entrenaban” en la ciudad olímpica, y
además decía la palabra independiente, y todos sabemos quién fue
Lluís Companys.
- Es todo tan
esquizofrénicamente rebuscado... Brillante, Coll.
- ¡Inspectora!-
llamó el joven agente Hidalgo, a sus espaldas.- Han secuestrado al
pequeño Carlos. Castillo tiene claro que ha sido Montes, el
inspector Manuel me ha ordenado que se lo dijera a espaldas del
comisario, así que por favor actuen con cautela.
- Gracias,
Cristian.- le hizo un gesto con el pulgar hacia arriba. Subió al
coche de su compañero. El plan estaba en marcha.
Eran las una y media
de la noche. El silencio reinaba en la Ciudad Olímpica, tan sólo un
gato de ojos brillantes observaba desde debajo de un coche. Llevaban
munición, las armas con linterna acoplada, chaleco y walkie. Ella
llevaba ahora sus vaqueros azul oscuro Tommy Hilfiger, con los que
iba más cómoda, y una camisa vaquera con la que tamién podía
realizar más movimiento con los brazos. Su compañero llevaba
también un vaquero, pero de color más claro y una camiseta corta de
licra color gris oscuro. La noche era algo fresca pero él parecía
no tener frío. Pararon a unos metros del estadio aunque el
aparcamiento estuviera semivacío y llegaron junto a la valla del
estadio. Las puertas estaban abiertas.
El plan era
encontrar a Montes y abatirlo, rescatando al niño, antes de que
pidiera un rescate por él. No sabían si se encontrarían al resto
de la banda allí, pero iban preparados y podían pedir refuerzos en
cualquier momento.
- Arantxa, te
recuerdo que no tienes porque hacer esto.- dijo Sergi antes de
entrar.
- No seas tonto.-
se apretó la coleta.- Siempre nos salen bien las cosas que hacemos
juntos.
- Si en algún
momento estamos rodeados y ves que puedes escapar con el niño no lo
dudes. Corre hasta el coche sin esperarme.- le entregó las llaves.-
Necesito que me lo prometas.
- No puedo.- sintió
un vacío al imaginar que a él pudiera pasarle algo.
- Hazlo, por
favor.- la acercó hasta él y acariciándole la mejilla con el revés
de la mano añadió.- Inspectora, prométamelo.
- Está bien. Se lo
prometo, Coll.- el sonrió y la besó en los labios.
- Lo sé, necesitas
un tiempo, pero yo necesitaba esto.- le susurró apartándola con
delicadeza.- ¿Preparada?- ella se limitó a asentir.
Entraron, pistola en
mano y fueron avanzando por los pasillos con la linterna encendida,
en silencio. Enfocaron en una puerta, con un cartél de alta tensión
unas huellas de sangre bajo la puerta. Se miraron e intentaron
abrirla. Estaba echada con llave. Contaron hasta tres y el
subinspector abrió la puerta de una patada. Seguía reinando un
silencio absoluto.
- Éste pasillo
debe ser el núcleo eléctrico del estadio.- musitó.- Hay un rastro
de sangre enorme, espero que no sea del niño.- sintió un escalofrío
Siguieron andando,
cada vez había más sangre. Entonces escucharon unas voces al fondo
del pasillo. De una puerta salieron dos hombres, que por lo que
hablaban, eran miembros de la banda. Coll la metió en una habitación
que quedaba a su derecha, de la cuál provenía el rastro de sangre.
Se escondió tras
una columna, protegido por la oscuridad y justo cuando los dos
hombres pasaron por su lado golpeó al más cercano con la culata del
arma, dejándolo inconsciente y se lanzó sobre el otro, rodeándole
el cuello con el brazo, hasta también dejarlo en el mismo estado.
Volvió luego con su compañera, que estaba bocabierta.
- Te dije que
estaba acostumbrado, ayúdame a moverlos.- los dejaron en otra
habitación pequeña en la que había cosas de limpieza, atrancándo
la puerta desde fuera. Les habían quitado las armas, de cuarenta y
cinco milímetros.
- Sergi, en la
habitación de antes, de la cual provenía la sangre. Creo que
torturaron a Julius ahí.- le llevó hasta ella y encontraron una
mesa llena de sangre, que tenía dos cintas para sujetar las muñecas
y otras para los tobillos. En la sala había además diversos
instrumentos de tortura.
Siguieron la puerta
de la que habían salido. Daba directamente a un pasillo que accedía
al campo.
Se escuchó un grito
desgarrador, de un niño, llamando a su madre.
- Viene del pasillo
izquierdo, el de los vomitorios del uno al cinco. Ve con cuidado, hay
gente en el otro pasillo, nos dividiremos.
- Te quiero...-
hizo un parón entre la siguiente palabra.- vivo y entero.
- Yo también te
quiero entera.- dijo con segundas, como despedida. Se separaron yendo
cada uno hacia un lado.
Se escuchó otro
grito que le sirvió para averiguar la sala de la que provenía.
Dentro de a sala se escuchaban a dos hombres, no reconoció la voz de
Montes. Contó hasta tres y abrió la puerta de una patada, pistola
en mano. Un hombre se echó sobre ella, pero con una llave lo tiró
al suelo golpeándolo con el arma rompiéndole la nariz. El otro
miembro de la banda sujetó al niño que tenía un hombro dislocado,
apuntándole con el arma.
- Suelta el arma o
le mato.- amenazó
- Está bien,
tranquilo.- hizo ademán de soltar el arma, agachándose despacio,
levantando la mano derecha, que era la mano con la que no sujetaba la
pistola.
En el último
momento, cuando ya le quedaba soltar el arma, disparó a una cuerda
que agarraba una anilla de gimnasia rítmica, que cayó sobre la
cabeza de éste, se desmayó soltando al niño. La inspectora corrió
a cogerlo. Lloraba de terror y dolor debido a la luxación
- Carlos, esto te
va a doler un poquito, voy a curarte el hombro, ¿de acuerdo?.- el
niño asintió entre sollozos.- Cuenta hasta tres conmigo. Uno,
¡dos!- le colocó bien el brazo, sin esperar al tercer número. Él
niño dió un pequeño grito.- ¡Muy bien, campeón! Vámonos de
aquí.
Tomó al niño en
brazos, y salió del vomitorio. A su izquierda, en el pasillo por el
que había ido Sergi, se escuchó un disparo, y luego varios más.
Ella se quedó inmóvil. Se abrió una puerta y distiguió a Sergi.
La miró y le gritó:
- ¡Corre,
Arantxa!- lo hizo con todas sus fuerzas, haciéndola reaccionar. Un
último disparo que vio atravesar, a contraluz, su cara lo hizo
caer, inmóvil, al suelo.
Corrió con todas
sus fuerzas haciendo el camino en el sentido inverso, le temblaban
las piernas y lloraba, las lágrimas le nublaban la vista. No podía
haber sobrevivido a un tiro así. A punto de llegar a la salida
recibió dos tiros por la espalda, llevaba el chaleco pero la hizo
caer.
- ¡Vete, Carlos,
corre y no pares!- dijo. El niño quedó quieto, aterrado.
Pudo darse la vuelta
y reconoció a Alex Montes.- le apuntaba a la frente, a bocajarro.
- Hola inspectora,
¿no sabe no meterse donde no le llaman?
- No.- le dió una
patada en la espinilla, doblándole el tobillo.- ¡Carlos corre!- el
niño reaccionó y huyó, girando por otro pasillo.
Pudo ponerse en pie
pero él la agarró por la cadera, tirándola. Consiguió sujetarla y
ponerse encima de ella.
- Es una pena que
tenga que matarte como a tu compañero, tienes un cuerpo precioso.-
ella quiso quitárselo de encima pero Alex le puso la mano en el
cuello, afixiándola.- No te niegues, o te mataré.
- Prefiero que me
mates antes de que me toques con tus sucias manos.- consiguió decir
casi ya sin aire.
Levantó el puño
para pegarle pero un disparo le atravesó la mano. Gritó y soltó a
la inspectora que pudo zafarse, poniéndose en pie. El autor del
disparo era Sergi, le sangraba la oreja derecha, y permanecía tras
ellos, con el arma aún apuntándole con la mirada ligeramente
perdida. Volvió a dispararle cuando se volvió, en el dedo, que por
poco se lo cercena.
- ¡Sergi!-
Arantxa se lanzó a sus brazos.- ¡Estás vivo!- le examinó la
oreja. Una bala le había rozado, por lo que necesitaba puntos pero
no era nada grave.
Alex se incorporó,
retorciéndose del dolor, apuntándoles.
- ¡Qué romántico!
Cómo vuestra muerte. Al imbécil de Augusto le habría gustado
escribirlo, como la muerte de Oporto. Ese cabrón merecía morir, y
el estúpido de Augusto cayó en su propia trampa, la muerte que él
había descrito.
- ¡Mi padre no era
imbécil!- Carlos apareció con un bate de béisbol en la mano y le
golpeó haciéndole caer, momento que aprovechó la inspectora para
esposarle.
- La ironía de la
vida es que te haya golpeado con un bate de béisbol el hijo del que
ha desembocado la perdición de tu organización, cuya tapadera era
un club de béisbol.- le susurró Arantxa.
- Bien hecho
Carlos, eres un valiente.- Sergi se agachó y le puso la palma de la
mano para que la chocara. Éste la chocó con fuerza.
- Ahora si que
deberías estar con ella. No eres tan tonto como pensaba.- le hizo
reír. El subinspector lo tomó en brazos y pidió refuerzos.
Despertó a las once
de la mañana. Sergi aún dormía a su lado, profundamente con la
oreja vendada. Se habían acostado a las cuatro de la mañana. Los
miembros de la banda, habían confesado los crímenes. En total
siete. El capitán Oporto era el tercero y el único de Alex. Julius
había matado a Augusto por órden de Montes y el cabeza de la banda,
Emilio. Luego, se arrepintió y colocó las fotos y notas en el coche
de la inspectora, pero lo descubrieron y lo torturaron y asesinaron.
A Arantxa y a Sergi, en castigo por su arriesgada acción y en parte
en recompensa por su esfuerzo, les suspendieron una semana.
Habían vuelto a
pasar la noche juntos, de nuevo sin componente sexual de por medio.
Le reconfortaba sentir su seguridad. Le dolían los dos moratones que
tenía en la espalda a causa de los disparos. Nunca le habían
alcanzado. Alex le disparó al chaleco para que cayera sin tener que
matarla, contarle que había abatido a su compañero y torturarla,
tal vez violándola. Sergi había entrado en la sala donde se
encontraban Emilio, Alex y dos hombres más. Abatió a dos, que
sobrevivierom, pero mató a Emilio Medina, jefe de los Helldogs. Se
le acabaron las balas y Montes no le dio tiempo para recargar, pues
le apuntó obligándole a retroceder. Entonces fue cuando se encontró
con Arantxa y le dijo que huyera. Alex le disparó y el subinspector
aprovechó la sangre que le salía del oído y de la propia herida
para simular su muerte, una vez se hubo ido, medio mareado y sin
apenas audición por el disparo recargó el arma y se dirigió hasta
donde había acorralado a su compañera contra el suelo. Le disparó
a sangre fría.
Castillo tenía los
contactos suficientes como para que Sergi no tuviera que enfrentarse
a ninguna investigación por haber matado a Emilio pues, aunque fue en
defensa propia, no tenían orden de intervenir ni de entrar al
estadio sin autorización.
Pensó que debía
llamar a sus padres para tranquilizarlos, y a John, él también
estaría preocupado. Se levantó de la cama, con mucho cuidado de no
hacer ruido, para no despertarle. Llamó primero a
sus padres para
tranquilizarles. Tuvo que decirles que era secreto de sumario, pero
que estaba bien. Los medios habían hablado de un tiroteo en el
Estadio Olímpico de Lluís Companys, las cámaras les habían
enfocado junto a la ambulancia, por lo que tuvo que explicarles que
el chaleco le había salvado.
Llamó después a
John, se alejó más aún de la habitación de Sergi, yendo hasta el
cuarto de la lavadora, dentro de la cocina, cerrándo la puerta al
entrar.
- ¿Estás bien?-
contestó alarmado, al primer toque.- Dios mío, nunca me ha gustado
la idea de que seas policía por esto.
- John, no te
preocupes. Recibí dos disparos en el chaleco, aunque si no fuera por
Sergi no lo hubiera contado.
- Vaya... me alegro
de que te haya salvado. Aunque hubiera preferido que te quedaras
conmigo en el hotel, nada de esto hubiera pasado.
- Hubiera tenido
que ir de todas formas a la llamada que recibí de comisaría.-
argumentó
- No me refiero a
eso. Coll me pidió que fuera a recogerte porque estabais en
peligro.- aclaró.
- ¿Cómo? ¿Tenéis
vuestros teléfonos?- preguntó ella extrañada.
- No, llamó al
hotel y preguntó por mí. Le dí mi teléfono por si acaso.-
suspiró.- Luego me mandó un mensaje diciendo que no fuera, que ya
me lo explicarías. Ví las noticias esperando tu llamada y lo
comprendí todo.
- Lo siento.- tragó
saliva.- No iba a dejarlo sólo, ni tampoco quería implicarte a ti.
- Tu y yo sabemos
que hay otro motivo. No importa, pasado mañana vuelvo a Londres.
- John, tenemos que
hablar en persona, por favor.
- Ya, dime una
cosa. ¿Has pasado la noche con él?
- No hemos tenido
sexo, si es lo que quieres saber. Vosotros dos ejercéis demasiada
presión sobre mí. Necesito tiempo.
La tensión era
palpable. Ella seguía teniéndole mucho cariño, pero ahora sabía
que sólo era eso. Ya no era amor, pero él si seguía enamorado, o
tal vez estaba aún tan confuso como ella.
- Lo que no tengo
es eso, tiempo. El lunes nos veremos. ¿Te parece bien aquí en el
Hotel W?
- Sí. ¿A la hora
del té, Lord Nelson?- bromeó.
- Me parece bien,
nos vemos, France Nelson- dijo, despidiéndose. France era la esposa
del almirante Horatio Nelson.
- Hasta el lunes.-
dijo colgando el teléfono.
Quedó un rato en la
misma posición. Sentada en el suelo, jugueteando con el teléfono en
la mano.
Sergi abrió la
puerta, despeinado y estirándose.
- ¿Juegas al
escondite?- preguntó.
- No.- rió.-
Estaba haciendo algunas llamadas para tranquilizar al personal.- le
tendió la mano para que le ayudara a levantarse. Él tiró con
fuerza, atrayéndola contra él.
- ¿Desayunamos?-
preguntó, con su sonrisa de anuncio dental.
- Claro.
Prepararon café y
tostadas. Estaban hambrientos.
- ¿Sabes una
cosa?- dijo el subinspector llenándole la taza a ella y luego
sirviéndose él.- Julius Tchaikovsky trabajaba como aprendiz de
mayordomo. El nombre del usuario nos estaba diciendo la respuesta. Él
fue quien llamó a Marañón que tenía turno especial de
veinticuatro horas. Me ha mandado un whatsapp Puig.
- Este caso ha sido
demasiado paranoico.- dijo dándole un sorbo al humeante café.
Pasaron el resto de
la mañana tocando. Sergi cantó, acompañado de su Grestch Nasville
6120, Beryl de Mark Knopfler, ella tocó al piano I Know
You de Skylar Grey. Tocaron muchas canciones más, la gran
mayoría juntos. Un poco más tarde de las una, llevaron a cabo el
pago de la apuesta, enseñándole la inspectora a preparar la receta
de su abuela, que él ya había probado una vez.
Comieron entre las
dos y media y las tres, después vieron una película, al fin y
al cabo tenían una semana entera de vacaciones. El tiempo necesario
para que la inspectora aclarara sus sentimientos.¿Decidiría
finalmente darle una oportunidad a Sergi? ¿Sería más fuerte el
antiguo amor que sentía por John? ¿O quizás preferiría estar sola
por el momento? Ni ella misma lo sabía.
Hey, es exactamente 1 año mi amante volvió a mí, que estoy dejando que usted sabe lo que me dieron a mi ex, porque este día de fiesta a todos la Navidad tiene por qué existe el amor que está alrededor de ellos no sólo sus seres queridos, pero su amante, hace un año me partió el corazón y yo sabía que no podía pasar las vacaciones a solas que es cuando yo estaba buscando cómo puedo hacer que mi amante vuelve a mí para que podamos hacer las cosas bien, para cortar la larga historia corta en un día fiel me encontré con los detalles voy a estar disminuyendo en el Internet, alguien hablando de cómo había llegado a su ex atrás, de modo que tomé esta información estoy cayendo a través del correo electrónico: ekpentemple@gmail.com o 2347050270218 y yo en contacto con él y le dije que yo quiero que mi amante volver a mí, hoy estoy con mi amante. Gracias usted Dr. EKPEN TEMPLO por la ayuda.
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